<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233</id><updated>2012-02-15T10:45:44.941-08:00</updated><category term='La televitina'/><category term='Un recuerdo de la infancia'/><category term='Una novela en marcha.'/><category term='Ha fallecido mi vecino y amigo Herbert. A él va dedicada esta página de mis Diarios'/><category term='La abuela Encarna 1'/><category term='Cementerio de Salobreña'/><category term='carta abierta a la hija de....'/><category term='La sabiduria de los sueños'/><category term='La maravillosa aventura de escribir en un blog'/><category term='¿Una premonición?'/><category term='Necrológica de mi hermano Guillermo'/><category term='El Locutor'/><category term='Diario de Spandau'/><title type='text'>los Diarios de Jean Valjean</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>44</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7728139068464904069</id><published>2012-01-26T00:20:00.000-08:00</published><updated>2012-01-26T00:26:27.416-08:00</updated><title type='text'>El último tranvía  (Memorias)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Pa4vhveqDZk/TyENys9AfwI/AAAAAAAAAOc/Xq6uKu6sD1k/s1600/cine-terramar.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 247px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701853767939424002" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-Pa4vhveqDZk/TyENys9AfwI/AAAAAAAAAOc/Xq6uKu6sD1k/s400/cine-terramar.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Con lo facil que ha sido..!:He subido a la biblioteca, he tomado el listín de números de teléfonos, he bajado nuevamente al salón, he marcado el número elegido y, después de que una voz gangosa me preguntase que es lo qué quería, y exponer yo mi pregunta, en dos segundos me lo ha dicho: "Si, si. El Premio de Novela X***, se falló el pasado dia 15, y la novela ganadora ha sido la titulada tal y tal....¡Gracias! De nada. Adios. Clic. Facil y rápido¿Por qué, sin embargo, he tardado tantos días en hacerlo? ¿Por qué he dejado pasar tanto tiempo sin preguntar, -mejor dicho- sin atreverme a preguntar? En la respuesta a esta pregunta se podría resumir toda mi vida. La palabra huída para referirme a este comportamiento mío tan pusilánime no me gustaría utilizarla por lo sobada y manida que ha sido en toda la bibliografía novelesca pero es que no encuentro otra. Mi vida de neurótico autovigilado (autovigilado a partir de mis primeras lecturas de Freud; hasta ese momento un neurótico desbocado) ha sido siempre muy semejante a la diabólica danza de aquellos cochecitos (creo que les llamábamos coches locos) que hasta que no se les acababa la cuerda (en mi caso, al llegar la noche y refugiarme en la cama) iban tropezando con las patas de las sillas o mesas, o con la pared, quedándose a veces golpeándose insistentemente en un mismo punto de la pared o de un mueble (o de la maquina de coser) hasta que un espectador piadoso, con un suave empujoncito con el pie lo desviaba hacia otro punto de la habitación donde volvía otra vez a rebotar con un afán suicida. Ya digo, algo muy parecido al baile maldito de este inocente juguete ha sido mi vida hasta hace poco (muy poquito) tiempo. El infantil comportamiento que he presentado en mis espaciadas participaciones en los certámenes literarios han sido en todos los casos de un patetismo evidente. Por alimentar unas ilusiones morbosas prolongaba la espera del fallo del concurso, llegando a veces a ni siquiera preguntar. Durante ese a veces largo interregno entre el envio del original y el fallo del Jurado calificador yo vivía (y digo “vivía”, en pasado, porque hace ya mucho tiempo que he renunciado a participar en cualquier contienda literaria y deseo que esa renuncia sea ya la definitiva) yo vivía de mis ilusiones, creándome mi cuento de hadas particular en el que –sueño- voy a salir con la palma del triunfador; una manera como otra cualquier de disfrazar ese miedo al fracaso que hunde sus raices en las capas más profundas de mi infancia. Me viene ahora a la mente la imagen de aquella compañera de estudios de la que anduve enamoriscado bastante tiempo sin atreverme nunca a manifestarle mis simpatías platónicas hacia su gracil persona, pues no ignoraba que ella, a su vez, suspiraba por conseguir los amores de otro miembro de la tribu juvenil de nuestro barrio que con su belleza de talla renacentista coqueteaba con todas y nos hacía sufrir a sus competidores, sobre todo a los que como yo no habíamos sido agraciados por la Naturaleza. Y para colmo tocaba la guitarra –este amigo al que sigo apreciando- como los propios ángeles. Pero sigo: ese mismo miedo fue el que me alejó definitivamente de las Oposiciones al Magisterio Nacional después de suspenderlas por primera vez; por ese mismo miedo que me impedía aproximarme a la compañera de estudios con la que llevaba ya dos años soñando despierto sin atreverme a preguntarle claramente si accedía a mis ofertas de paseo por el Parque, o si me permitía acompañarla en el camino al Instituto o a sentarme junto a ella en la sesión del Cine de los domingos, sin atreverme nunca a dar el primer paso, a declarle mis apetencias estéticas y sentimentales hacia su angelical persona; por ese miedo que desde niño me llevaba a encerrarme en casa huyendo del contacto con los otros niños ante los que podía fracasar, como fracasaba siempre en mis intentos de ser un buen jugador de futbol o en las peleas casi liturgicas de las pandillas que se organizaban a la salida de la escuela y que me llevaría a refugiarme en la lectura, afición que tan buenos ratos llegará a brindarme. Por ese miedo que, siendo adolescente me alejó de la escritura después de recibir, -enmudecido por la rabia) los desprecios y las burlas que por todo comentario recibía de mi padre cuando le mostraba mis cuadernos garabateados con aquellos mis primeros intentos grafomaníacos; recuerdo con dolor la palabra “calamidad” con la que era recibido ante cualquier acercamiento al padre, un padre inmaduro que nunca supo ponerse al nivel de un niño al que sin darse cuenta estaba mutilando para el resto de su vida. No volví a escribir más, aunque afortunadamente no sucedió lo mismo con la lectura y autores como Azorín, Valle-Inclán, Baroja, Pla....me acompañarían toda mi adolescencia. Pero en lo referente a la escritura, insisto, habrían de transcurrir por lo menos diez o quince años hasta que, viviendo ya en Barcelona y dando clases como Profesor en un colegio público, me arrancase de nuevo con el intento de enhebrar algo de prosa. Recuerdo que eso ocurrió el año en que nació mi hija Clara.&lt;br /&gt;...Pero estaba diciendo que llevaba días esperando el fallo de un Premio literario al que había concurrido con mi novela inédita Martín Requena in Memoriam. Cuando me he levantado esta mañana, ya sabía que habría tenido que salir pero no me atrevía a descolgar el teléfono, marcar el número y recibir la respuesta. Tal como me ocurría en mis años de infante cuando la Naturaleza me llevó hacia los camaradas de juego del otro sexo. Cuando aún vivía mi hermano Pepe y compartíamos clases en el Colegio de los Padres Agustinos, me rompí en las duras aceras de su claustro cubierto las esquinas de mis dos dientes frontales, que trajo consigo la rechifla de los demás niños del barrio y consecuentemente un complejo de inferioridad que me alejó de las chicas de forma lenta pero inexorable.&lt;br /&gt;Mis amigos de pandilla eran bastante más resolutivos que yo en las situaciones conflictivas que la vida en nuestro pequeño barrio nos iba planteando diariamente. Por ser el más doloroso y humillante para mí y que marcaría para los días por venir mis relaciones con las mujeres he de hablar del amor, o para ser más exactos, de aquellos primeros ensayos amorosos con las niñas que vivían en la cercana Casa Cuartel de la Guardia Civil, y que como las golondrínas aparecían y desaparecían cada primavera siguiendo el curso de los destinos de sus respectivos padres, lo que las cubría a nuestros ojos de un encanto especial que ninguno supimos explicarnos pues en nuestra supina ignorancia pensábamos que los desiertos de Asia y las selvas amazónicas eran un invento de la Editorial Vicens Vives que nos vendía todos los años los libros “de texto” que pintarrajeábamos sin piedad durante los nueve meses del curso escolar. Pero estaba hablando de la actitud que mis compañeros de pandilla presentaban ante el problema amoroso. Cuando les gustaba una chica, se acercaban y se lo decían, unas veces riéndose, otras más serios, no faltaba el que declaraba su amor con un deje de desprecio hacia la joven. Y si recibían un no por respuesta, cosa por otro lado bastante frecuente, continuaban su vida normal de juegos y estudios hasta que aparecía una nueva dulcinea en su horizonte amatorio a la que le reclamaban su atención con guiños y con sonrisas o tratando de comprar sus favores con caramelos o con refrescos. A veces ocurría que la pequeña damisela respondía con un NO cuando en el fondo de su joven corazoncito gritaba SI pero en su corta vida ya había aprendido la pícola rapazuela, quizás por imitación de lo que hacían sus hermanas mayores, que a veces un primer NO servía para intensificar el interés de su joven pretendiente por ella, y ese NO al día siguiente se transformaba en un brillante y reluciente SI...Yo carecía por completo de la elasticidad de alma suficiente para encajar los golpes; mis enamoramientos eran verdaderos desgarros de mi infantil personalidad, y los fracasos, que los demás compañeros de pandilla remojaban con una limonada o anestesiaban con un cartucho de pipas, a mí me dejaba marcado y como en un estado de triste ensoñación durante meses, hasta que aparecía otra doncella calzada con zapatos &amp;lt;&lt;gorila&gt;&amp;gt; y con las rodillas llenas de churretes, pero con un rostro (enmarcado por dos trenzas) donde ya se adivinaban los más bellos esbozos de las vírgenes de Leonardo y me sacaba de mi adormecimiento con una fugaz mirada.&lt;br /&gt;La caída que sufrí en uno de los recreos del Colegio de Padres Agustinos, y que me fracturó las esquinas de las dos paletas dentales y la correspondiente, cruel e implacable chufla de la que fui víctima a partir de aquel accidente por parte de todos los niños de la calle, vinieron a agravar esa timidez que me imposibilitaba de todo punto para recoger de cualquier compañera de estudios el fruto de mis deseos. Poco tardaron los niños de la calle en buscar un apodo adecuado al nuevo aspecto que presentaba mi rostro con aquella fea mella que amanecía en cada sonrisa mía, y me apodaron “el dienteburro”. Casi sin darme cuenta, me fui alejando del contacto con mis semejantes. El mayor de mis hermanos era un lector voraz, y con su primer sueldo de precoz funcionario –con diecisiete años- se suscribió a una editorial de esas que te mandaban las obras completas de los autores en boga, impresos sobre papel biblia y encuadernados en piel (por entonces ya en falsa piel) . De la Editorial Molino, adquirió para mí ocho o nueve libros del escritor Emilio Salgari. La lectura se convirtió en mi refugio. Con doce años ya llevaba al menos dos, disfrutando de la misantropía más firme. Cada libro que abría, me sumía en un Universo donde me sucedían las aventuras más fantásticas y donde ningún personaje salía del papel a llamarme “dienteburro” y cosas así. Y ahora mismo, mientras tomo estas notas, si levanto la vista del ordenador, me encuentro rodeado de cuatro paredes forradas de libros del suelo al techo, que me recuerdan, modestamente, la biblioteca del Instituto de Ceuta, donde pasaba las tardes de sábado enfrascado, por ejemplo, en los veinte volúmenes de las Mil y Una Noches que me dieron mil y una tardes de maravillosas lecturas, o las obras completas de Julio Verne alguna de las cuales releí varias veces. Muchas veces me ha dado por pensar que si no hubiera fracasado en aquellos mis primeros intentos de integrarme en un grupo de niños de mi calle, y si no me hubiera fracturado los dientes con aquel diseño tan feo, posiblemente no sería ahora el lector compulsivo que soy, ni me pasaría la vejez tecleando en mi ordenador portatil recuerdos que solo a mí me pueden interesar.&lt;br /&gt;Mi padre, sorprendido por aquella fiebre lectora que me había invadido y estimulado sin duda por el ejemplo de mi hermano cuando me regaló aquellos ocho libros de Salgari, me estuvo regalando durante dos o tres años, una edición juvenil que editaba la Reader’s Digest española, en colores muy atractivos y del formato casi de un atlas escolar, donde entre páginas de pasatiempos y sugerencias para trabajos manuales, los mejores autores clásicos norteamericanos figuraban con relatos cortos. Cuando transcurrido un mes desde la festividad de los Reyes Magos, ya me había leido mi Reader’s juvenil la emprendía entonces con la edición para adultos que venía –como se dice ahora- en un pack indivisible junto con la edición juvenil, y también me lo leía. Y ahora, visto desde el prólogo de mi vejez, he de anotar que me siento orgulloso del sentido estético que disfrutaba ya, pues uno de los relatos que más me impresionó por su belleza y la calidad de su prosa y al que vuelvo de vez en cuando fue Dos soldados del escritor William Faulkner, nombre que a mí en aquella época no me decía absolutamente nada, pero que la magia de cuyas páginas me hizo sospechar que en la Literatura había otro placer distinto y quizas más intenso del que proporcionaban los libros llamados “de aventuras”. Esta lectura supuso en mi vida de lector, el final de una etapa y el comienzo de otra. Después de leer a Faulkner ya no podía dar marcha atrás, y los libros de Salgari y Verne me parecieron de una ñoñez insoportable, fue entonces cuando comencé a picotear las estanterías de mi hermano, devorando autores como Somerset Maugham, Lajos Zilahy, Hugo Wast....que eran los autores que por entonces leían los funcionarios públicos y los viajantes de comercio en las tardes de sábado.&lt;br /&gt;Junto con el Seat Seiscientos y la semanita de vacaciones en Santa Pola o Peñíscola hizo su aparición en la geografía nacional, la literatura de kiosco. Aquellos autores cuyas fechas y lugares de nacimiento habíamos tenido que memorizar en los manuales de Historia de la Literatura de Lázaro Carreter –un clásico, como decía la mujer que hace años limpiaba en casa- tomaban vida ahora en unos modestos ejemplares de papel de estraza y modestas encuadernaciones que malamente resistían dos o tres lecturas. Una tarde de agosto, en la que me encontraba junto con el mayor de mis hermanos en la playa de Piedra Gorda, él, interrumpiendo su lectura me señaló a un hombre manco del brazo derecho que se remojaba los pies en la orilla.&lt;br /&gt;-¿Sabes quién es ese hombre?&lt;br /&gt;-No&lt;br /&gt;-Se llama don Antonio Rico y es el director de la Biblioteca del Instituto.&lt;br /&gt;Se acercó a saludar a mi hermano y estuvieron hablando de las últimas ordenanzas editadas en el Boletín Oficial del Estado que tenía en mi hermano uno de sus lectores más adictos.&lt;br /&gt;Don Antonio, la primera tarde que visité la Biblioteca, me estuvo explicando cómo se buscaba el libro apetecido en aquel enorme palacio forrado de cretona y papel impreso, y al final me llevó a la estantería donde se encontraba lo que él denominaba la joya de la corona, la Colección Austral completa; un arco iris de diversos colores, donde se hallaba resumida toda la Cultura Occidental, desde libros de viajes hasta novelas de Stevenson, pasando por pequeñas guias de arte, memorias y biografías....Mi encuentro aquella tarde con La Colección Austral ha sido el impacto más fenomenal que he recibido en mi formación como lector. Hasta que abandonara Ceuta, con mis estudios ya concluidos, fui asiduo visitante de esta hermosa biblioteca. Y para mayor placer de mi amor por el silencio y la soledad, eran tiempos en los que las bibliotecas eran salas completamente desiertas donde transitaban, dos o tres estudiantes, nada que ver con el mercado persa en que se han convertido hoy día las bibliotecas públicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7728139068464904069?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7728139068464904069/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2012/01/el-ultimo-tranvia-memorias.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7728139068464904069'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7728139068464904069'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2012/01/el-ultimo-tranvia-memorias.html' title='El último tranvía  (Memorias)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-Pa4vhveqDZk/TyENys9AfwI/AAAAAAAAAOc/Xq6uKu6sD1k/s72-c/cine-terramar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3869320854937831762</id><published>2011-11-03T02:43:00.000-07:00</published><updated>2011-11-03T02:58:17.719-07:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Belle-de-Mar (4)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-w0IXwtI7kHk/TrJljcPa4HI/AAAAAAAAAOQ/masX8WC8xv0/s1600/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 361px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5670706540363571314" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-w0IXwtI7kHk/TrJljcPa4HI/AAAAAAAAAOQ/masX8WC8xv0/s400/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hasta ayer daba todas las mañanas un paseo por la planta acompañado de Mario y de mi fiel amante, esa percha de aluminio, con ruedas de goma, del que cuelgan los sueros que me tienen enchufada a la vida. Íbamos hasta la puerta del ascensor y regresábamos hasta el final del pasillo; así una y otra vez, saludando en cada vuelta y en el mismo punto del pasillo las mismas caras y respondiendo con los mismos gestos. No. No me agrada salir al pasillo. Lo poco que ando es casi obligada por Mario. Me deprime mucho ver el aspecto que ofrecen los otros enfermos, que es, por otra parte, el mismo que debo ofrecer yo. Con la compañera de habitación si intimamos algo más y es, no me cabe duda, porque en ese caso la intimidad ya te viene impuesta por las circunstancias. No se puede estar todo el día acostada al lado de otra persona sin hablar con ella, sin dirigirle la palabra; sería una situación insostenible. Al pasillo, en cambio, procuro salir cuando no hay nadie y aún así casi todo el tiempo que estoy fuera de la habitación lo paso en la sala de espera para pacientes poniendo algo de orden en estas páginas.Papá nos contaba que cuando él era niño, había un paseo en el Puerto, cerca de la Farola, sembrado de plataneras y acunado por el rumor del mar y al que se conocía en el lenguaje popular por el poetico nombre de La Alameda de los Tristes porque a él -nos decía papá- se venían a pasear, después de darle tierra al difunto, los acompañantes de todos los sepelios que tenían lugar en la ciudad. Y estos días, y sin duda que asociandolo al estado de ánimo en que me encuentro lo he recordado cuando ayer hacía mis ejercicios diarios por el pasillo, y así lo he bautizado al reflejarlo en estos diarios: La Alameda de los Tristes. Otra alameda de los tristes por donde caminamos embutidos en estos horribles camisones ya desteñidos por los lavados, cogidos de la mano a nuestro esqueleto de aluminio y vidrio, negro presagio, hermano gemelo de ese al que esperamos todos mientras arrastramos la poca salud que nos queda por estos pasillos marcando las horas del día y usando como reloj los repartos de comida, los cambios de sueros o las visitas diarias de los médicos.Los que más despiertan la commiseración de los visitantes e incluso de los mismos pacientes son los enfermos más jóvenes. Tenemos asociada la juventud a una explosión y un derroche tal de vida que debe parecernos sin duda un robo, un fraude, casi un atraco con nocturnidad y alevosía lo que le hace el Destino a estos jóvenes de entre dieciocho y veinte años que cuando comienzan a asomarse a la vida con una explosión de alegría y de optimismo reciben tamaño golpe. Nos da la sensación de que alguien o mejor dicho: Alguien, con mayúsculas, les ha hecho trampa en el juego de su vida, les ha escamoteado alguna casilla en este juego de la oca que comienza con nuestro nacimiento, con ese cachete que nos da el médico en nuestras pequeñas nalgas para que firmemos nuestra acta de nacimiento con el primer grito que siempre es de protesta. Y es que nuestros residuos religiosos nos llevan a pensar que debieran estar exentos de la muerte. Buscamos un Orden y un Ordenador al que culpar de tal desaguisado. A mí al menos me impresionó la presencia entre los internos de un joven, que no tendría más de dieciocho años, alto y delgado, y más delgado aún por la enfermedad, que con la cabeza afeitada y el pijama a rayas paseaba arrastrando su percha ambulante cargada de sueros. Cuando se cruzaba conmigo en el pasillo hacía verdaderos esfuerzos por que la mueca de su rostro se pareciera todo lo posible a una sonrisa. Si en lugar de la percha de sueros le hubiesemos echado por encima una manta raida y le hubiesemos pintado unas ojeras saldría exactamente la imagen del espectro de uno de aquellos judios que espantaron a los soldados americanos cuando se los vieron venir encima al abrir las puertas de los Campos de Mauthaussen o de Auswchitz en el año 1944 caminando por entre los escombros, como si estuvieran saliendo de sus propias tumbas. Hace ya casi dos semanas que no lo veo por el pasillo. La duda que me viene comiendo por dentro me empuja constantemente a preguntar por él a cualquier enfermero de la planta, pero al final no me atrevo a preguntarle nada a nadie. ¿Para qué? La verdad no me la van a decir, ni yo la quiero saber. Y si el enfermero al que pregunte no es lo suficientemente sagaz, es posible que intentando mentirme deje traslucir una verdad que, ya lo he dicho, no quiero saber por nada del mundo. Prefiero vivir en la creencia de que se ha marchado a casa para descansar del tratamiento y que en cualquier momento se va a incorporar, o que me lo voy a encontrar alguna de esas mañanas que me bajan para hacerme análisis a la primera planta y he de pasar por el pabellón de las consultas externas. También vengo observando que en esta alameda de los tristes, una alameda de tubos fluorescentes y árboles de penicilina, no nos saludamos nadie, ya lo hacen por nosotros los familiares que nos acompañan. Los pacientes, entre nosotros, aparentamos ignorarnos, y a lo más que llegamos es a echarnos una sonrisita timida para salir del paso si alguna vez, al cruzarnos en el pasillo se enrredan las gomas de nuestros respectivos sueros. Claro que siempre acude algún auxiliar en nuestra ayuda y nos separamos sin tener que darnos demasiadas explicaciones. Si lo hicieramos nuestra conversación giraria irremediablemente en torno a nuestro mal. Y ¿quién quiere hablar de eso? Supongo que nadie en su sano juicio. Preferimos hablar con los sanos que nos traen el aire fresco de la calle. Debe ser por eso que los fines de semana, que hay entrada libre y los pasillos y habitaciones se llenan de risas de todos los colores, y de perfumes lejanos al interno parece como si le asomara a la cara unas tímidas ganas de vivir, tampoco muchas, ciertamente. Las puertas de las habitaciones permanecen abiertas y en sus umbrales se forman las tertulias con aquellos que ya no caben en su interior. Hay un ir y venir de bolsas con comidas, un oleaje de revistas por sus pasillos que no cesan durante esos dos días. El expendedor de bebidas que se encuentra junto al ascensor, estará todo el día lanzando al aire, como un reloj enloquecido, su "clon-clón" de latas de cocacola y botellas de agua mineral. Y, a medida que vaya muriendo el domingo, con la atardecida, así como se deja a cada muerto en su nicho, así se irá quedando vacía nuestra alameda de los tristes y con un suave parpadeo de sus puertas todas se irán cerrando poco a poco.Durante las tres semana que ha durado el tratamiento con "la quimio" (nombre que si escribiéramos con mayúsculas y a remolque de ese artículo determinado parecería un nombre de prostituta para una novela de Cela) he tenido presente a mamá, sobre todo los últimos días que pasó entre nosotros. A pesar de lo mal que nos hemos llevado siempre, sentí durante su horrible y larga agonía que en esos momentos me sentía algo más unida a ella. Cuando la llevaron a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Civil, uno de mis hermanos (no recuerdo ahora cual de ellos) me llamó por teléfono al pueblo en el que entonces estaba yo destinada. No tuvo que ser muy explícito, lo comprendí enseguida; nos llamamos tan pocas veces...No sé quien condujo por mí pero, milagrosamente, llegué a la ciudad sin sufrir ningún percance. Para entonces ya la tenían completamente sedada y casi no me reconoció. Me hubiera gustado hablar con ella, que, al menos, una vez en la vida, nos hubieramos tomado de las manos, así, nada más, sin hablar, sin decirnos siquiera una palabra. Sólo con una sonrisa de ella me hubiera bastado, y conseguir que las peleas que nos consumieron a ella y a mí durante tantos años quedaran anuladas o al menos como olvidadas en el momento de despedirnos....No, no pude hablar con ella. Ya lo he dicho: estaba ya sedada y preparándose para morir, eso al menos nos decían para intentar consolarnos, los enfermeros que la atendían. Respiraba con cierta dificultad, mientras una mujer joven le tenía tomada una mano y le murmuraba algo al oido. Una de las frases alcancé a oirla.: Déjate llevar, Conce, -le decían- déjate llevar....y la besaba en la sien. Una de mis hermanas, con un algodón impregnado de agua de rosas entre sus dedos, le bajaba uno de los párpados que se le subía hacia arriba mostrando un ojo frío, que quien sabe si no estaría ya contemplando la otra orilla de la vida. Una de las pocas palabras que pronunció, antes de llegar yo, se refería a alguien que se empeñaba en querer cerrarle los ojos. La noche antes, todavía en la casa pero ya muy malita, había tenido una pesadilla y con gran dificultad se la contó a papá que, me contarían después mis hermanos, hacía grandes esfuerzos por no llorar en su presencia. En realidad, ella no lo narró con la riqueza de detalles con que yo lo transcribo en este Diario; fue, naturalmente, mucho más escueta, más telegráfica. Según esa pesadilla ella se encontraba acostada en su cama y que, de pronto le entró un acceso de pánico por algo desconocido y se quiso levantar, pero al intentar salir de la cama descubrió que no podía mover ni un solo músculo de su cuerpo. Dice que tenía todos sus miembros paralizados, que le resultaba completamente imposible mover siquiera un dedo, o inclinar la cabeza hacia un lado, o torcer algo un hombro. Tampoco respiraba. Intentó gritar pero sus labios estaban sellados, ni la más leve fisura conseguía abrir entre ellos, era como si los hubieran soldado o cosido. Los ojos, los tenía completamente abiertos y no había perdido la visión pero no podía tampoco moverlos, y por más esfuerzos que hacía no conseguía mover ni siquiera las pupilas para llamar la atención. Sentía como si su cuerpo fuese una pesada estatua de piedra clavada en el lecho, con ella misma, su mente, sepultada en su interior. Alrededor de la cama estábamos nosotros, su familia, y algunos, dice, llorábamos con el rostro hundido entre las manos pero a ninguno de ellos les llamaba la atención el estado de su inmovilidad y no hacían caso de sus mudos gritos llenos de angustia, se comportaban como si ella no estuviera allí; solo atendían a la lectura que de una biblia hacía un señor joven vestido de negro que estaba a los pies de la cama. Ya al final de su relato le dijo a papá casi en un susurro que aunque ella no lo veía si sentía muy cerca la presencia de un hombre que le resultaba muy familiar, y que aunque no lo veía por la habitación estaba segura de que de alguna forma estaba allí, junto a ella. Es evidente que mamá había soñado aquella noche con su propia muerte. Y esa persona no podía ser nadie más que su padre, el abuelo, que a ella la adoraba, la había querido mucho, había sido su hija predilecta, su "ojito derecho" como suele decirse. Salí un instante al pasillo para fumar. Papá, junto a una ventana, con la mirada perdida, lloraba desconsoladamente ¡Que pequeña se veía la figura de papá en aquel pasillo tan largo, tan frío, tan eterno. Fue en ese instante, al ver la imagen de pura soledad que traspiraba su persona, cuando comprendí inmediatamente que papá tardaría muy poco tiempo en acompañar a mamá en aquel viaje sin retorno que estaba a punto de emprender. Nunca papá me había mirado así. Cuanta soledad, Dios mío, en aquellos ojos. ¡Cómo gritaban, mudos, que alguien, no importaba si angel o diablo, bajara a esta Tierra e impidiera la muerte de su compañera. Y además cometí la indiscreción, creyendo que ayudaría a distraerlo algo, de recordarle que el otro día, trasteando entre la ropa de mi armario encontré aquel viejo vestido de mamá, el que ella misma se confeccionó, cuando vivíamos en Morón de la Frontera, con aquella tela que él le trajo de Nueva Orleans. No resistió el recuerdo de esa imagen. Se derrumbó literalmente en uno de los bancos y comenzó a llorar como no lo había hecho hasta ese momento. Apareció una enfermera que con mucha delicadeza consiguió convencerlo para que se fuera con ella a tomar un calmante con una infusión y hasta creo recordar que le ofreció un cigarrillo, cigarrillo que papá, tratando de ser amable, rechazó con una sonrisa y un gesto de la mano. Balbuceó algo parecido a que ya no fumaba. Después de esta cruda escena a mamá le pusieron una dosis mayor de calmantes y ya casi no podía hablar. Así permaneció hasta su fallecimiento. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3869320854937831762?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3869320854937831762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/11/los-diarios-de-belle-de-mar-4.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3869320854937831762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3869320854937831762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/11/los-diarios-de-belle-de-mar-4.html' title='Los Diarios de Belle-de-Mar (4)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-w0IXwtI7kHk/TrJljcPa4HI/AAAAAAAAAOQ/masX8WC8xv0/s72-c/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-5421422107776057300</id><published>2011-04-01T12:36:00.000-07:00</published><updated>2011-04-01T12:41:17.485-07:00</updated><title type='text'>El Torcón de los buitres  (un programa de radio de Rodríguez de la Fuente)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/--y4fJOho94c/TZYqTU-PKoI/AAAAAAAAAOE/VwMR1Je3rm0/s1600/flizrodrguezdelafuente.jpg-2.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 300px; FLOAT: left; HEIGHT: 329px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5590702498962680450" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/--y4fJOho94c/TZYqTU-PKoI/AAAAAAAAAOE/VwMR1Je3rm0/s400/flizrodrguezdelafuente.jpg-2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de varios años de viajar por las carreteras de España y Europa a bordo de mi autocaravana, y hacerlo –desde que perdí a Conchi- en la más absoluta soledad, me he ido haciendo, con el tiempo, de una pequeña pero selecta discoteca de tertulias y programas culturales y cientificos que me voy bajando regularmente de los podcats de las direrentes emisoras de radio y que me hacen grata compañía cuando navego por esas carreteras de nuestra querida España. La última adquisición y que estoy oyendo repetidamente con mucha delectación son unos programas que para la radio grabó en el año mil novecientos setenta y cuatro nuestro entrañable Felix Rodriguez de la Fuente. En aquella España del desarrollismo, y cuyos adolescentes comenzábamos ya a respirar aires europeos abanicados por los tenues y perfumados sujetadores de las turistas y sus caderas de efebos que nos visitaban en los calurosos meses de verano y a las que los más espabilados de la pandilla –y emulando con ello a los héroes de nuestras películas del neorrealismo italiano- acosaban con los requiebros más manidos sacados de la literatura romántica indigena todo ello con la sana intención de llevarlas al atardecer a los pinares de Garcia Aldave o a los jardines de San Amaro a bordo del “renol” con matrícula negra (o amarilla) que las había traido desde las provincias más septentrionales de la democrática Europa, en aquella España –digo- en la que estrenábamos el “gin tonic” y los zapatitos de piel vuelta, nos asomábamos a la ventana de nuestro televisor para ver qué de bueno y qué de malo ocurría por esos mundos de Dios. Yo, además de otras cosas descubrí los magnificos videos de Félix Rodríguez de la Fuente. Adios para siempre a aquellos pobres y raquíticos cromos de Ciencias Naturales de la Editorial Bruguera (la de los tebeos) que colecionábamos en el carrillo del barrio. La fauna ibérica, dirigida sabiamente por este amante de la Naturaleza patria nos venía a visitar puntualmente a la hora del café, en nuestra salita de gutapercha perfumada por los humos del “chesterfield” de papá y de la colonia Varón Dandy del hermano mayor, de aquel que ya tenía novia...o así. Pero me pierdo en el relato.....¡me disuelvo! Les quería decir que por aquellos años en los que yo era un espigado adolescente que leía a Baroja esperaba con ansiedad durante toda la semana para ver en el televisor Silvania en blanco y negro con brillos de cama rectoral para ver la entrega de El Hombre y la Tierra tan genial y magistralmente presentada por nuestro amigo Félix. Y a pesar de que las imágenes nos venían servidas aún en el monótono blanco y negro, era tal la fuerza de las escenas que rodaba este amante de los animales que la calidad narrativa de Félix Rodríguez de la Fuente me pasó entonces desapercibida como creo le ocurriría también a aquellos de mis paisanos que ya eran lectores compulsivos. Ha tenido que ser con estos programas de radio, en el silencio nocturno de mi biblioteca, con la voz grave y monótona de sacristán bueno del bueno de Félix cuando he llegado a descubrir en él, un escritor de una talla inalcanzable para muchos de los que fusilamos impíamente las teclas de nuestro ordenador de vez en cuando. Yo ignoraba por completo que Félix grabara estos programas para la radio. Y ahora que lo pienso detenidamente es lógico que ello sucediera pues la radio como medio de divulgación de sus trabajos lo comenzó a utilizar en una época en la que yo no freuentaba ni la radio ni la televisión pues me dedicaba en cuerpo y alma a hacer la revolución en la alegre y cálida ciudad de Barcelona. Por eso ha sido una muy agradable sorpresa encontrarme con mi antiguo amigo, y poder recrear su voz (y solo su voz) en los altavoces de mi MP4. Y ha sido en uno de sus primeros relatos, el titulado –creo- EL VIEJO PUEBLO DE LOS BUITRES cuando se me ha presentado un escritor del más rancio sabor castellano de la altura de un Gutierrez Solana, de un Baroja, o de aquel vagabundo simpático que junto con los dos hermanos Baroja (creo que Valle-Inclán rehusó sumarse al grupo) recorrió los pueblos de la Sierra de Madrid a pie y acompañados de un manso pollino que cargaba con todo el bastimento y utillaje de comida y cama; se llamaba Ciro Bayo, y tiene un libro genial donde cuenta sus correrías por España comiendo y durmiendo de la caridad de los conventos por los que transita. Ya les hablaré otro día del bueno de Ciro. Pero a lo que iba: En este relato, Félix nos cuenta la terrible escena de la ejecución, despellejamiento (y devoración posterior por los buitres) de un viejo rocín con el que él y sus amigos hacían sus escapadas por los riscos y vaguadas del pequeño caserío de Poza de la Sal donde transcurriera –nos dice- su infancia hasta que fue llevado al Internado para cursar sus estudios. Las pequeñas pero certeras pinceladas impresionistas de la prosa de este magnifico escritor toman su verdadera dimensión cuando, desnuda de toda imagen, se presenta ante los ojos de nuestra imaginación. Nos habla del Torcón que era por lo visto el altar de Isaac donde los propietarios de las viejas caballerías entregaban al compañero de trabajo al cuchillo afilado del albardero que a cambio de dar muerte al animal se quedaba con la piel del pobre bicho que luego pasará a convefrtirse en el taller del viejo artesano en otra albarda para otro caballero que terminará como éste, también en el Torcón. La escena se desarrolla en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil y nos lo refleja con dos pinceladas certeras y de una fuerza impresionista digna del mejor cuadro de Gutierrez Solana. Detrás de la procesión formada por el albardero y su víctima caminan cuatro o cinco niños del pueblo (él entre ellos) calzados con las rudas alpargatas de esparto y las dos velas de moco colgándoles de las narices..Mejor no se puede describir como transcurría la infancia de nuestros paisanos en la España rural de la posguerra. El regreso al caserío –que se recorta en el violaceo atardecer del otoño- es aún más fuerte que la ida. Ya no está el caballejo entre nosotros que una espesa capa palpitante y grisacea de buitres se ha abatido sobre sus carnes despellejadas. En las espaldas del albardero, aún caliente, la piel sangrienta y el cuchillo discretamente oculto entre las solapas de un viejo saco de esparto. El bueno de nuestro profesor se queja al principio del programa de que no nos podamos ver...¡qué equivocado andaba! No era consciente de la fuerza que tomaba su narrativa cuando apelaba a la única pero grande imaginación del oyente, sobre todo de un empedernido lector como yo que prefiere la palabra a la imagen. Hay una escena en la España Negra de Gutierrez Solana en la que el pintor nos describe la agonía de otro caballejo viejo y cansado. Y nuestro querido cineasta ya desaparecido, el genial Berlanga también acude al animal muerto entre dos bandos de hombres; en este caso una vaquilla agonizando entre los dos bandos enfrentados en la guerra civil en la película La Vaquilla. Con cuánta ternura nos describe el aspecto que ofrece el pobre caballo cuando camina detrás de su verdugo que lleva ya entre las manos la cuerda rebozada en sangres viejas para atarle las manos a la inocente víctima de cuatro patas. En lo alto de la sierra asoman ya los abanicos negros de los buitres que presienten ya el cercano festín haciendo la rueda sobre la meseta castellana. El pobre caballejo, que ya debía de ser viejo cuando nuestro Feíx se limpiaba sus primeros mocos, lo paseó por todos los alrededores de la aldea natal. Pero quería insistir en la capacidad narrativa de este medico injertado en naturalista. Si en lugar de trabajar con la imagen lo hubiera hecho con la palabra escrita nos habría dejado una obra literaria –o de divulgación cientifica como fue el caso del doctor Marañón- tejida con una prosa de una calidad digna de los mejores muestrarios de la generación del 98. Cuando nos describe la terrible escena le sale la sobriedad del escritor castellano, mesetario. Y, para terminar, sirvan estas pobres lineas como un sentido homenaje a este gran hombre que tantó amó a su tierra que es la nuestra. Por desgracia, en el momento actual, se echan de menos (al menos a mí si me sucede) se echan a faltar –digo- hombres de la talla de un Félix Rodriguez de la Fuente. Salve mi querido amigo donde quiera Dios que te encuentres. Jean Valjean, &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-5421422107776057300?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/5421422107776057300/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/04/el-torcon-de-los-buitres-un-programa-de.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5421422107776057300'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5421422107776057300'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/04/el-torcon-de-los-buitres-un-programa-de.html' title='El Torcón de los buitres  (un programa de radio de Rodríguez de la Fuente)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/--y4fJOho94c/TZYqTU-PKoI/AAAAAAAAAOE/VwMR1Je3rm0/s72-c/flizrodrguezdelafuente.jpg-2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-6024853645099441934</id><published>2011-03-07T12:20:00.000-08:00</published><updated>2011-03-07T12:50:45.605-08:00</updated><title type='text'>Rosicler o el elogio de la bicicleta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi primera bicicleta fue un patín, ¡sí, sí, un patín!, un hermoso patín de dos ruedas blancas y rotundas como una pareja de donuts de leche del país de los gigantes, un manillar con freno a la rueda delantera y un transportín para llevar el bocadillo, o para sentarse, según corriera el viento. El encuentro con este maravilloso corcel metálico que hizo volar mis huesos infantiles por todas las calles y callejas de mi barriada natal tuvo lugar en los escaparates de la Casa Ros, uno de los comercios más añejos y prestigiosos de mi ciudad que abría puntual cada mañana sus cierres metalicos en la Calle Real cerca del cine Apolo y donde todos mis paisanos que ejercían profesiones relacionadas con la salud pública....y privada se abastecían allí de sus instrumentos de alta precisión que la ciencia de la optimetría y la audiometría ponía al alcance de sus clínicas particulares. El señor Ros, seguramente que para aprovechar y amortizar la licencia de importación que tenía concedida para comerciar con el pais de los tudescos (véase: Alemania) traía por Navidades las pequeñas y no tan pequeñas delicatessen que la industria juguetera de este país arrimaba cada año al mercado europeo. Allí estaba mi hermoso patín cegándome con los brillos de su manillar cromado y haciendome cosquillas en las burbujas de mi imaginación con sus rotundas (ya se ha dicho) ruedas blancas sumergidas entre los últimos modelos de microscopios Zeiss o de un elegante telescopio con el que redescubrir otra vez la luna de los poetas; o aquellas perfectas miniaturas de aldeas alemanas ferroviarias por donde discurrían las soberbías maquinas Franklin con sus vagones de todos los colores y con las que todos los niños de Ceuta hemos soñado alguna vez, ¡si, si, tú también mi querido lector! Si hoy día, a la hora de escribir sobre aquella Ceuta o aquel Hadú de mi infancia recorro con el barco de mi memoria todos los rincones y recovecos de mi barriada natal se lo debo a aquel hermoso patín que me llevó a descubrir los callejones y patios vecinales de la barriada musulmana pegada ya a los montes de García Aldave.&lt;br /&gt;Cuando ya tomé la suficiente confianza y autoridad sobre mi patín y para hacer los honores a mi ascendencia fenicia (ni más ni menos que como todos los habitantes de esta península ibérica) comencé a comerciar con las apetencias casi eróticas que mi hermoso vehículo despertaba en toda la canalla infantil del barrio; así que no me lo pensé ni dos veces: por una perra gorda admitía a bordo de mi patín al pedigüeño de turno y, emulando a los coolies chinos, yo, también a fuerza de peinar el suelo con una de mis piernas paseaba al cliente por las callejas del barrio; había días que me lo alquilaba “sin conductor” el niño de la Farmacia que, como todo hijo de boticario era un ser dotado de posibles y por dos reales le prestaba mi patín por todo el tiempo que cabía en media hora y que yo cronometraba con un viejo reloj de pared que colgaba de la entradita de la casa de mis padres. Cuando comencé a unirme al tráfico rodado y llegaron a las dependencias familiares las quejas de mi tío Pepe, conductor de autobuses, relatando mis rallis por la cuesta de la Puerta del Campo, mis padres entonces, en las tertulias de la comida discutieron entre las dos posibilidades, a saber: o levantarme consejo sumarísimo y mandarme de por vida a las Islas Chafarinas o...lo que era más razonable comprarme una bicicleta que me diera la seguridad precisa frente al trafico motorizado que, como cualquier lector de mi edad sabe, en aquella época era bastante eximio. La bicicleta era de color verde y el recuerdo que guardo de ella es que olía muy bien, o al menos a mí así me lo parecía. Si dejo de escribir y tanteo con los dedos de mi mano izquierda en la mi sien del lado correspondiente aún puedo teclear con mis dedos alguna arruga resto de la cicatriz que me dejara en la cabeza el accidente más serio que tuve con esta bicicleta; era, creo una mañana de verano en la que los niños conquistábamos las calles antes que los mismos gatos. No sé qué diabolica inspiración me movió hacia el fatal experimento pero el caso es que me tiré por una pendiente muy pronunciada que terminaba en el enrejado de la Huerta de Azuhara o Azuhaga que el nombre se ha ido despintando en la memoria. Como un niño de la guerra después de un bombardeo fui llevado a la Casa de Socorro de mi entrañable barriada de Haddú con todo un coro de plañideras vecinas que sostenían entre los brazos a mi madre. Este pequeño encontronazo de mi infantil parietal contra la verja de la Huerta de Azuhara significó un interregno en mis practicas velocipedas pues además coincidió con el reciente fallecimiento de mi hermano Pepe. Al sentirme con los pies tocando otra vez el duro suelo y verlos huerfanos de aquellas alas de goma con las que yo peregrinaba por la ciudad tuve que recurrir a la bicicleta de alquiler y todas las pequeñas monedas que mendigaba entre los miembros de mi familia iba a engordar la caja de ingresos del pequeño taller de bicicletas regentado por un mecanico alto, guapo y elegante que a mí me parecía como disfrazado de mecanico pues me lo imaginaba más bien en alguna de aquellas peliculas “de safari” que echaban en la sesion continua del cine Astoria los sábados por la tarde o en la sesión “de matinée” (dicho queda aunque en francés) los domingos por la mañana.&lt;br /&gt;Ni del patín ni de esta pequeña bicicleta que me dejó un recuerdo en la piel de mi cabeza recuerdo la forma en cómo desaparecieron de mi vida. Creo que mi padre era el que se encargaba de ello; creo que durante el tiempo que estuve en el internado desapareció junto con una escopeta de aire comprimido con la que (ahora lo recuerdo con bastante orgullo) fui incapaz de matar ningún volátil por más que lo intentara. Una tarde de verano, un niño del barrio que era aficionado a cazar con trampas me pidió prestada la carabina y delante mía abatió tres o cuatro gorrioncillos que cuando yo los ví crucificados entre las manos del niño me quitaron las ganas de tener escopeta para siempre.&lt;br /&gt;Pero estaba hablando de mis bicicletas....&lt;br /&gt;Luego llegó ya en forma de bicicleta de adulto una preciosa Bertin (francesa) comprada en el comercio de Tetuán y que un amigo de mi padre casi tan joven como yo, pasó por la frontera pedaleando y (como para disimular) mirando al fondo indiferente como el actor Jacques Tattí en sus famosas escenas de cartero de no recuerdo ya qué pelicula; con esta bicicleta terminé de confeccionar el mapa de mi ciudad pues ya trabajaba para entonces en el pequeño comercio de repuestos de automoviles que mi padre poseía en la castiza y popular Plaza Vieja (¡qué nombre!..Tan sólo uno me he encontrado que casi me gusta más que éste; ha sido en Málaga una calle del casco viejo llamada Plaza de Toros Vieja) de donde salí, con mis estudios de Magisterio ya concluidos para irme al servicio militar lo que supondría la salida definitiva de la casa paterna.&lt;br /&gt;Como todos los jóvenes de mi generación que tenían coche familiar yo también sentí la fascinación por el volante y los motores de combustión interna haciéndome olvidar por años este simpático vehículo movido a pedales para sentir las vibraciones del gasoil inflamado debajo de mi sillón de piloto; hasta aprendí (con ese mimetismo de la juventud) a tirar pedantemente sobre el mostrador de la cervecería de turno el manojito de llaves del vehículo para impresionar a la novieta de turno o a la que, aún sin serlo, yo aspiraba con hacerla tal. ¡Cuánta razón tenía mi entrañable maestro Josep Pla cuando decía aquello de...&lt;&lt;la&gt;&gt; ...¡¡¡Cuánta razón...!!!&lt;br /&gt;Cuando abandoné la casa paterna (y el coche de papá) para irme a trabajar a Barcelona hube de recurrir a mis recuerdos de velocipedista para mantenerme razonablemente vertical sobre las dos ruedas de una potente Sanglas-500 que adquirí con una indemnización que me llegó de la Academia de la que fui despedido después de haber abandonado una “ducati 125” que el padre de un alumno me vendió como de “segunda mano” a un precio asequible a la modesta nómina que cobraba por aquellos años.&lt;br /&gt;Y después de muchos años, habré de esperar a mi precoz jubilación y la adquisición de mi flamante autocaravana que ya ha salido en estas páginas con el nombre de El Mistral, para mi reencuentro con la bicicleta; esta vez será bajo las lineas aerodinamicas de Rosicler, nombre que me recuerda los rosados amaneceres que he contemplado izado sobre su sillín y moliendo los kilometros de asfalto con obstinado pedaleo. Con Rosicler he paseado por los bulevares de algunas ciudades de nuestra vecina Francia y he trotado por los caminos rurales de la isla de Mallorca, lugar paradisiaco para la bicicleta tanto por el paisaje como por la educación urbanisitca y la cortesía de sus automovilistas que ven con simpatía a este silencioso vehículo doblando las esquinas de sus rosadas masías en esos atardeceres mediterráneos de nuestras queridas islas cuyo paisaje invita a leer a Séneca, a Virgilio y cosas así.&lt;br /&gt;Jean Valjean,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-6024853645099441934?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/6024853645099441934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/03/rosicler-o-el-elogio-de-la-bicicleta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/6024853645099441934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/6024853645099441934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/03/rosicler-o-el-elogio-de-la-bicicleta.html' title='Rosicler o el elogio de la bicicleta'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4047129468379347763</id><published>2011-01-29T11:44:00.001-08:00</published><updated>2011-01-29T11:49:07.781-08:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Belle-de-Mar (3)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TURvJ5Rfc8I/AAAAAAAAAN4/SRo13z1R-NY/s1600/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5567697255120466882" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 361px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TURvJ5Rfc8I/AAAAAAAAAN4/SRo13z1R-NY/s400/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si le perdiésemos a la Muerte ese miedo ancestral que nos paraliza solo ante la amenaza de su posible presencia, si nos atreviésemos a mirarla de frente, con la indiferencia que se mira el autobús que va a llegar a la estación, estoy segura de que por el aspecto que presentan cada mañana los médicos y enfermeras que nos atienden podríamos calcular, con un poco de práctica, el número exacto de días que nos resta de vida. Pero, es tal el ansia de vivir que tenemos todos, que incluso cuando caemos víctima de un mal como éste que yo padezco y que tan brutalmente nos pone al borde de la Muerte, incluso entonces negamos la evidencia y los gestos y las palabras que a cualquier pondrían en estado de alerta nosotros, los enfermos los disfrazamos para que, contra toda razón, digan lo contrario de lo que están queriendo decir, o nos parezca que dicen aquello que en nuestro abatimiento queremos oir, ignorando la cruda y dura realidad que nos azota la razón nada más despertarnos cada mañana en estas celdas hospitalarias. Hasta en eso la Naturaleza es sabia que siempre encuentra un hueco para una avestruz asustada. Esta joven auxiliar, por ejemplo, que acaba de arreglarme la cama le ha faltado un ligero pellizco en las mejillas para echarse a llorar sobre mí. Cuando, al remeterme el embozo de la tapa, ha aproximado su rostro lo suficientemente al mío y la he mirado de frente al fondo de sus ojos ha desviado enseguida la mirada apretando fuertemente las mandíbulas como si temiera que en cualquier instante, al relajar los músculos de la cara, se le escapara de sus labios el terrible secreto que se le ha revelado esta mañana, al cambio de guardia, en la tertulia del puesto de enfermería. Cuando le cuento estas cosas a Mario dice que son imaginaciones mías y me amenaza con quitarme la pluma y el diario. Me dice que ahora debo concentrarme en mi curación y dejar los diálogos interiores -ironiza- para cuando esté en casa completamente curada. Y al preguntarle cuando ocurrirá eso, veo como una nube negra cubre su mirada. Intento disolverla con uno de esos falsos enfados míos que él conoce perfectamente y le pido que me acerque la cajita de caramelos.Ayer por la tarde me pusieron el último suero de quimioterapia. Poco antes de que sirvieran la cena había entrado en mis venas la última gota de fuego. Con no poco esfuerzo he podido comer un poco de tortilla y un yogur. Ya estoy comenzando a sentir nauseas al comer, y en algunas zonas de mi cuerpo ya han aparecido los picores y cierta quemazón que la medicina oficial nombra con el eufemismo de efectos secundarios y de los que ya me avisó la médica que me atendió el primer día. La noche la he pasado con mucha fiebre. Mario apenas si ha dormido, pues ha estado toda la noche poniéndome paños de agua helada en las piernas para bajarme la inflamación que me produce unos dolores terribles, y también en la frente para tratar de bajar la fiebre sin tener que recurrir al paracetamol. Ha habido durante gran parte de la noche movimiento de personas por el pasillo. Me ha parecido oir lamentos de sirenas por la parte que da a la plaza. Se ha debido producir alguna emergencia de la que, como en todos los casos, no tendré noticia alguna.Y volviendo a mis achaques, anotaré que la mañana ha sido algo más llevadera. Me dice la doctora Barrancos, cuando ha pasado esta mañana por la habitación, que posiblemente aumente el dolor de las piernas y que no debo preocuparme por ello, que cuando eso ocurra, será señal de que la médula ha comenzado ya a funcionar arrojando al flujo sanguíneo -transcribo literalmente- las defensas que ya ha comenzado a producir.Ya me han prohibido salir al pasillo, y han colocado sobre la puerta el letrero de "prohibida la entrada".Llevo ya casi una semana en este hospital y todavía mi mente se halla fuera de sus paredes. No acaba de acostumbrarse a la fría soledad de estos pasillos blancos, a este silencio de muerte habitado tan solo por el pitido agudo e insistente de los cardiografos, o como se llamen, y el golpeteo irregular de la expendedora de refrescos que, aunque no sea muy oportuno escribirlo en estas circunstancias, suena a ataud hueco. Claro que no creo que me acostumbre nunca. No nos preparan para estas situaciones tan extremas. Y quién sabe si no es mejor así.Nunca habría podido imaginar que mi soñado viaje por el norte de Europa tuviese este final de fiesta. ¡Dios mio!, pero si hace apenas diez dias que me paseaba con Mario, en una mañana soleada, por el barrio viejo de Estocolmo y que subíamos a la torre de su ayuntamiento para contemplar desde su mirador la hermosa perspectiva de esta ciudad que vive y crece entre pequeños lagos. Solo nos faltó aquella mañana entrar en El Salón de Actos donde tiene lugar cada año la entrega de los Premios Nobel; no fue posible, cuando llegamos ya lo habían copado dos excursiones de japoneses que lo miraban todo a través del objetivo de sus cámaras, del que solo despegaban sus ojos para responder ante cualquier contingencia con esa mueca facial que nosotros llamamos sonrisa y que a mí en cambio me ha parecido siempre una nota más de ese gregarismo tribal que tanto repele a mi individualismo.Aún permanece en la autocaravana nuestro equipaje sin deshacer. Tanta fue la urgencia con la que este mal reclamaba su lugar en mi vida que ni la ropa sucia hemos sacado todavía de su bodega.Y ahora me encuentro aquí, encerrada en la habitación seiscientos doce, imaginando, para matar el tiempo, capillas sixtinas y paisajes polares en esas nubes que pasan al otro lado de la cristalera, o tratando de imaginar por el ligero temblor de una mano que toma la mía o por la oscuridad de una mirada, el ritmo al que "ella", la innombrable me está ganando la partida, la velocidad a la que me está llevando hacia su trinchera, que para mí será la última.Mario me dijo anoche, mientras colocaba pacientemente paños frios sobre mi cabeza, que el próximo año hemos de hacer el proyectado viaje a las Islas Griegas, que no creyera yo que me iba a escapar, bromeaba. Pero sus palabras me sonaron a algo falso, a bambalinas de teatro barato, cómo si ni él mismo se creyera lo que estaba diciendo.Cuando escribo en estos cuadernos hay unos breves instantes en los que tengo la extraña sensación de que ya he fallecido y de que estoy contando trozos de la vida de otra persona que yo observara desde mi muerte, desde mi propia tumba. Es dificil de explicar pero es así como me ocurre. Ahora, por ejemplo, me ha parecido que la que ha viajado a Estocolmo ha sido otra persona distinta de mí y que yo era una cronista anónima, casi incorporea, solo una mente flotando en la nada que recreaba los últimos meses de la vida de esa persona. Y lo más sorprendente de todo eso es que, para nada me resulta desagradable tal sensación, es más....me resulta casi placentera, parece como si me liberara de algunos miedos que me visitan por las noches y de no pocas angustias infantiles que el estado en que me encuentro han desatado. Es posible que todo ello sea debido al poder de fascinación y de evasión que tiene la palabra cuando se vierte en el papel. Y sospecho que es así porque cuando cierro el cuaderno siento cómo si me precipitara desde el paraiso al mismo infierno, a este infierno de paredes blancas y agujas hipodérmicas. Mientras escribo siento como si le perdiera incluso ese respeto frio que se le tiene a este tipo de enfermedad. En cierta manera es como si ella me tuviera un poco menos en su poder. Con cada palabra que añado a mi narración alimento la ilusión de que puedo escaparme de sus frias manos que se niegan a soltarme. En cambio, cuando cierro este diario vuelvo a ser yo esa enferma que teme despedirse de la vida siendo aún demasiado joven. Y si no pudiera escribir, me inventaría una amiga, como hacia de niña, a la que poder contarle la historia de mis días de viva voz. La historia de quien sabe si mis últimos días. Era tal la fuerza de mi imaginación que había noches que casi la veía sentada a los pies de mi cama; con gesto triste si yo estaba triste y alegre si yo había pasado un buen día. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-4047129468379347763?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/4047129468379347763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/01/los-diarios-de-belle-de-mar-3.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4047129468379347763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4047129468379347763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2011/01/los-diarios-de-belle-de-mar-3.html' title='Los Diarios de Belle-de-Mar (3)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TURvJ5Rfc8I/AAAAAAAAAN4/SRo13z1R-NY/s72-c/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-9118898230357095095</id><published>2010-12-14T11:51:00.000-08:00</published><updated>2010-12-14T11:56:31.182-08:00</updated><title type='text'>Luíso   (1)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TQfLTBwK5gI/AAAAAAAAANs/C4KenmMHOYs/s1600/escanear0001.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 303px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5550628593505854978" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TQfLTBwK5gI/AAAAAAAAANs/C4KenmMHOYs/s400/escanear0001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cada vez que nacía o moría un miembro de la familia, Luíso, casi automáticamente era expulsado de la casa de sus padres y llevado, en un caso hasta la casona de El Parisiana, a pasar unos días (esa era la excusa) con la abuela Encarna, y en otros a cualquier domicilio emparentado o no con la casa solariega; por ejemplo, cuando su hermano Pepe, dos años mayor que él, se puso malo de la poliomielitis lo llevaron, primero a casa de Curro el guardamuelles que vivía en la acera de enfrente y cuando la gravedad del enfermo concentró delante de la casa a los vecinos del barrio lo trasladaron a él, en un taxi a casa de su madrina, la madre de su amigo Josemari, y no lo dejaron regresar hasta pasados siete u ocho días desde el entierro del niño. Ahora, con motivo del nacimiento de su hermana pequeña, Rafael, el chofer de la familia y empleado en la tienda que regentaba el padre en la Plaza Vieja, lo había traido a bordo del Ford a casa de la abuela Encarna, permitiendo Rafael, una vez pasado el Guardia Urbano apostado en el Cruce de El Morro, que Luíso gobernara el volante, el gran volante de madera barnizada tan característico de aquellos vehículos de casi principios de siglo, verdaderas reliquias que con su aspecto venerable le daba a sus tripulantes un aire de rancia nobleza; era cuadrado, muy alto, pintado de verde y con los asientos mullidos de pana, como los del cine Apolo. Había que arrancarlo con manivela; sus días como vehículo de paseo terminaron en un estrepitoso accidente que sufrió por unas barranqueras de los montes de García Aldave. Estuvo dos meses metido en un talle de mecánica y salió de allí reciclado como furgoneta de reparto. Lo compró un lechero.&lt;br /&gt;Luíso, cuando se encontraba en casa de la abuela Encarna, después de investigar superficialmente por las numerosas habitaciones de la casa (aprovechando para ello las siestas de la abuela) hurgaba también en el cajón de las herramientas del abuelo José y por los cajones de su mesita de noche de donde siempre sacaba alguna chuchería que indefectiblemente apestaba a yodo y cuya posesión negociaba pacientemente con la abuela:&lt;br /&gt;- Abuela...¿puedo quedarme con ésto?&lt;br /&gt;- ¿Y qué es? -&lt;br /&gt;La voz de la abuela llegaba hasta el cuarto en el que se encontraba Luíso con un cierto aire de ferroviario pues como telón de fondo sonoro la acompañaba el ¡Pushshshshsh! que exhalaba la ropa cuando la abuela apretaba contra ella la plancha de hierro recien tomada del fogón.&lt;br /&gt;-Una cachimba del abuelo....¡Ya está vieja!&lt;br /&gt;Luíso, en estos tomadacas casi fenicios que mantenía con la abuela, raras veces salía perdedor.&lt;br /&gt;El nacimiento de la hermana pequeña de Luíso había coincidido en el tiempo con la llegada al pequeño muelle de los pescadores del cadaver de un músico que se había ahogado en las aguas que quedaban al otro lado de la frontera, en tierras ya coránicas. Se trataba de un músico de La Legión que los fines de semana, y en compañía de otros músicos se sacaba un sobresueldo tocando en las salas de fiesta de un complejo turístico llamado “Kabila”. El día que ocurrió lo del músico hacía una tarde de verano sureño, una tarde de primeros de julio (su hermana nació por San Fermín) una de esas tardes allineras en las que todo el mundo se echa a dormir la siesta y solo se oye en las calles las voces de los niños, los pregones del pastelero Mahdani que regresa del horno con su cesta humeante y olorosa a la que las moscas le habían puesto sitio, o el canto de alguna chicharra de lenta agonía. En las terrazas de la playa, los camareros recogían los restos de la mesa y miraban con envidia a los bañistas que se demoraban en el agua.&lt;br /&gt;Luíso, con un martillo del abuelo entre las manos y sentado en los escalones del portal le daba forma a una pequeña barca construída con un bote de leche condensada; por más empeño que ponía no conseguía levantarle los conveses de proa y darle el aire tan marinero que veía en las de los demás niños; y éste era precisamente el atractivo que para Luíso tenía la casa de la abuela: que se encontraba en pleno barrio de los pescadores; los hijos de éstos construían con una habilidad y paciencia orientales los mejores barcos de latón que luego luchaban contra los más fieros temporales entre las manos de los nadadores de la playa de Piedra Gorda. Ese verano, el del nacimiento de su hermana, y con la ayuda de Cisco, el niño que vivía debajo de la casa de la abuela, hijastro de un calero, había construido una barca que casi le satisfacía pero a la que intentaba (ya se ha dicho) darle algo más de vuelo en los alerones de proa. Luego, y si conseguía un permiso especial de la abuela para trasladarse a la otra punta del barrio irá a recoger alquitrán al Tintero para galafatear bien todo el casco de “la Isabela” como había bautizado a la diminuta navecilla incluso antes de haberla construído; el nombre era un descarado plagio de Salgari o de Verne.&lt;br /&gt;-¡El músico! ¡Ha aparecido el músico!&lt;br /&gt;Luíso se asomó al balcón y vio a Cisco veloz como un joven Mercurio y gritando por toda la calle en dirección a la playa.&lt;br /&gt;-¡El músico! ¡Ha aparecido el músico!&lt;br /&gt;Luíso se acordó entonces de las conversaciones oidas en casa de sus padres a raiz de este accidente que tan popular se hizo entre sus habitantes los que, como en estos casos, magnificaron elevándolo a la categoría del mito: por los corrillos del Mercado de Abastos se hablaba de alcohol, de mujeres y, como si de un castigo divino se tratara, de la crecida del río y del fatal derrumbamiento del puente que se los llevó a todos mar adentro. Y la realidad era, como siempre, mucho más prosaica y mucho menos épica pues se trataba solamente de unos padres de familia, suboficiales del ejercito, pluriempleados de la Música que regresaban a casa completamente sobrios, después de haber concluido su jornada laboral con unos pocos billetes que ayudaran a equilibrar la economía familiar hasta el siguiente fin de semana cuando la fatalidad quiso que la rotura del firme del puente por el que necesariamente tenían que pasar fuese camuflada por un inmenso charco de agua que se confundía con el nivel de las aguas crecidas del río y por cuyo agujero fue absorbido el vehiculo con todos sus ocupantes.&lt;br /&gt;Luíso, despacito y andando de puntillas entró en el dormitorio conventual de la abuela Encarna que entre olores de alcanfor y del tomillo que prendía en la pila de la cabecera dormía con la boca completamente abierta.&lt;br /&gt;-Abuela, abuela....-le susurró al oido izado a medias en lo alto de la cama.&lt;br /&gt;La abuela, todavía dormida, murmuró algo parecido a una interrogación&lt;br /&gt;-Abuela, ¿me dejas bajar a la playa?&lt;br /&gt;La abuela se despertó, y sin moverse dejó de caer su mano sobre la cabeza de su nieto predilecto.&lt;br /&gt;-No mi rey. Ya sabes que tu madre no quiere. ¿Te lleno la bañera?&lt;br /&gt;Ese “tellenolabañera” era la moneda con la que la abuela Encarna, en estos casos compraba el buen conformar de Luíso. Y la verdad era que en estos casos a Luíso no le costaba ni tanto así ceder a la sugerencia de la abuela pues la casona de El Parisiana, como se la conocía en el argot familiar, disponía de una bañera como ya no se hacían; era de aquellas que descansaban sobre cuatro patas de león (o de algún felino parecido), casco de porcelana que el Tiempo había pintado de miel aguada en algunas curvas en la que Luíso ensayaba sus interminables naumaquias con sus pequeñas embarcaciones de hojalata. Allí, en el enorme y destartalado cuarto de baño que parecía sacado de unos balnearios decimononicos, allí podía estar todo el tiempo que quisiera, y mientras no regresara el abuelo, hasta podía derramar agua fuera de la bañera que eran la consecuencia logica de los terribles naufragios y combates navales que la imaginación de Luíso escribia sobre aquellas tranquilas y domesticas aguas cloradas a las que para darles mayor realismo no dudaba en azotarlas con las manos como un joven neptuno enfurecido. A veces, el agua llegaba a asomarse por las primeras baldosas del salón y en ese momento intervenía, como el orador de una conferencia de paz de aquella terrible batalla de lepanto que el nieto representaba en el baño:&lt;br /&gt;-Luíso, viene tu abuelo. Anda, vacia la bañera y recoge ese agua.&lt;br /&gt;Todas estas cosas las podía hacer Luíso en aquel refugio de libertad que para sus juegos representaba la casa de la abuela. Como en un nuevo paraiso bíblico solo una limitación le había puesto la familia, por mediación del consulado que la abuela ejercia sobre el niño, y era la prohibición más absoluta de traspasar en sus correrías por el barrio los terrenos y las calles que quedaban al otro lado de la Fábrica de la Luz que era como se conocía a un pequeño y modesto transformador que regulaba la tensión electrica que abastecía aquella parte de la ciudad; la Fábrica de la Luz (desconocemos la oportunidad de las mayúsculas) venía a ser para Luíso, la piedra miliar, el mojón geográfico, la piedra hita que marcaba, en fin, el limite de los terrenos por los que Luíso podía pastar sus correrías infantiles; ésta, y la Iglesia de San José hacia el interior marcaban la reserva, el territorio por donde el niño podía deambular sin miedo a transgredir las ordenanzas familiares....¡Vamos! la Fábrica de la Luz, se diría Luíso ya de mayor cuando comenzaba a ensayar sus primeras metáforas: &lt;&lt;como&gt;&gt;&lt;br /&gt;La voz de Cisco se dejaba oir por la parte de la Iglesia, adonde sin duda habría acudido para recoger a sus compinches más fieles, aquellos que a esa hora, como todas las tardes de vacaciones ayudaban al párroco a ordenar y fichar los libros de la pequeña biblioteca en la que Luíso comenzará a leer sus primeros libros de Emilio Salgari.&lt;br /&gt;-¡El músico.....!¡El músico ahogado! ¡Ha llegado el músico!&lt;br /&gt;Y tal como lo pregonaba Cisco parecía como si el músico hubiese llegado al pueblo por sus propias piernas; eso si, ahogado pero con una autonomía ambulatoria total; andando por la carretera que venía de la frontera y con tan sólo una ligera tos algo salina en sus pulmones. La realidad, por desgracia, era bien distinta.&lt;br /&gt;Luíso, asomado a la ventana del salón vio pasar bajo sus pies a toda una cohorte de chiquillos coránicos y cristianos que corrían en dirección al mar; éste, al fondo, refulgía como una lámina de plata incrustada entre la Fábrica de la Luz -¡siempre...la Fábrica de la Luz!- y la cochera de los autobuses municipales. Luíso volvió la cabeza hacia el dormitorio; la abuela, después de haber pronunciado su terrible decreto prohibitorio había caido nuevamente en un profundo sueño, fruto de la amplia batería de pastillas que tomaba para luchar contra la diabetes. Luíso se llegó hasta la cómoda y posó su mirada en sus fetiches particulares: la colección de fotos de los antepasados más cercanos de la familia medio quemados ya por el mar de mariposas que la abuela tenía encendidas delante de ellas todo el año. Luíso, como pidiendo permiso a aquellas ramas de su árbol genealógico, se persignó ante aquellas imágenes tostadas y con el salvoconducto espiritual en su conciencia salió de la casa bajando los escalones de dos en dos; una vez en la calle echó a correr detras de la pandilla de los hijos de los pescadores.&lt;br /&gt;-¡¡¡Esperad!!! ¡¡Eh!! ¡¡¡Esperadme...!!!&lt;br /&gt;Cuando Luíso llegó a la playa los allineros que vivían, al borde del mar, en las barracas de los pescadores se hallaban subidos todos sobre los tejados de chapa de sus míseras viviendas; cubriéndose del intenso sol con las manos fijaban todos la vista en la superficie del mar.&lt;br /&gt;-¡Va a entrar por el varadero! –decía alguno.&lt;br /&gt;Y Luíso, siguiendo siempre a los niños de los pescadores fue saltando de barca en barca hasta encontrarse en las aguas próximas al muelle por donde había de entrar el terrible mensajero de la Muerte.&lt;br /&gt;Haciendo él también visera con las manos, Luiso rastreaba las aguas próximas. Era un día de Levante. La mar estaba sumida en esa calma chicha que le da una apariencia viscosa, como de aceite. Toda la bahía que quedaba comprendida entre Cabo Negrón y Sierra Bullones semejaba una inmensa lamina de vidrio negro sembrada de un enorme campo de estrellas que refulgían encendiendose y apagandose en distintos puntos donde el sol se reflejaba; a veces parecía como si ese inmenso lienzo de vidrio se resquebrajara en algún punto por el que vomitaba una melena blanca de espuma teñida de azul en sus lomos. En el muelle ya estaban aparcados la ambulancia de la Cruz Roja y el “lanrover” de la Guardia Civil.&lt;br /&gt;-¡¡Algo flota sobre el agua!! Allí...allí......-gritó una voz anónima&lt;br /&gt;-¡¡Ahí está...!!!¡¡¡Ahí está....!!! –comenzaron a gritar, a continuación, desde las techumbres de las barracas.&lt;br /&gt;Dos enfermeros seguidos por el Secretario del Juzgado y por un guardia civil serio y con mosquetón al hombro (todos ellos embutidos en salvavidas color calabaza) descendieron hasta una barca atada al muelle. A una señal del Secretario, el pescador que esperaba sentado en la bancada del bote alzó los remos y, de una bogada fuerte, separó la barca del Varadero dirigiéndose hacia un pequeño bulto que asomaba unos doscientos metros mar adentro. A Luíso, le parecía un saco de harina hinchado como aquellos que se pudrían por la humedad en la trastienda de Ultramarinos Noguera. El guardia civil, ante los titubeos que mostraban los jóvenes enfermeros, cazó el siniestro paquete con un bichero y haciéndole una señal al remero, éste impulsó la barca hacia el cercano embarcadero. Luíso, a empujones y gracias a su extrema delgadez se deslizó sin necesidad de empujar a nadie, hasta las proximidades de la ambulancia; el muerto, sin cubrir, venía sobre una camilla y dificil resultaba distinguirlo de un gran pez; parecía que hubiese muerto apresado en una fantastica red confeccionada con algas, pues iba casi enterrado en un amasijo de esta planta submarina. Olía a mar, es la frase que repetíría Luiso en el Instituto cuando le contara a sus compañeros de clase aquella aventura veraniega. Y es que Luíso quedaría para siempre prisionero de aquellas fuertes sensaciones visuales...y olfativas. El desgraciado músico era una triste masa sanguinolenta donde ya no había ni ojos, ni labios, ni nariz, y entre cuyas guedejas de carne podrida asomaban los primeros huesos de la calavera; los dedos, como si el muerto se hubiese entretenido en comerselos mostraban los mordiscos de los peces y donde el hueso había resistido las fieras dentelladas asomaban unas astillitas blancas; la boca, completamente desencajada era una oquedad oscura por donde asomaban unas hilachas oscuras que eran restos de redes que algún gran pez abandonara sobre el cadaver como si de un siniestro trueque se tratase al cambiar la red por la propia carne....Luiso sacó fuerzas de si mismo para fijarse en la cara del músico, y le pareció como que el cadaver se reía de su propio fatal destino. Después de esta fortísima experiencia, Luíso buscará la foto de este músico, y, como si de una catarsis se tratara le servirá para borrar de su mente el horrible espectáculo que presenciara en el Varadero aquella tarde de estío. Poco a poco, acudiendo de vez en cuando a esta foto recortada del periódico local en la que se veía al joven músico formando parte de un conjunto musical en el pueblo y que él guardó durante años entre las páginas de uno de sus libros de texto, gracias a eso pudo conjurar aquella horrible visión que tantas pesadillas le produjera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-9118898230357095095?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/9118898230357095095/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/12/luiso-1.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/9118898230357095095'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/9118898230357095095'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/12/luiso-1.html' title='Luíso   (1)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TQfLTBwK5gI/AAAAAAAAANs/C4KenmMHOYs/s72-c/escanear0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-8467309729516830895</id><published>2010-11-26T01:34:00.000-08:00</published><updated>2010-11-26T01:59:22.647-08:00</updated><title type='text'>Segundas Crónicas de Allí</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-CikWbCGI/AAAAAAAAANk/48PkggrxHRg/s1600/WARRIOR.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 260px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543793196701255778" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-CikWbCGI/AAAAAAAAANk/48PkggrxHRg/s400/WARRIOR.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-BssqvM3I/AAAAAAAAANc/Wm7ZCRCY8i4/s1600/labellaotero.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 240px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543792271221011314" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-BssqvM3I/AAAAAAAAANc/Wm7ZCRCY8i4/s400/labellaotero.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-BEdvLrwI/AAAAAAAAANU/-ou3-inuGQU/s1600/Hispano-Suiza_Alfonso_XIII.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 270px; FLOAT: left; HEIGHT: 202px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543791580018355970" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-BEdvLrwI/AAAAAAAAANU/-ou3-inuGQU/s400/Hispano-Suiza_Alfonso_XIII.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-AnlRxQ3I/AAAAAAAAANM/9IHf-VPJZmo/s1600/eclipse1900.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 297px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543791083826266994" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-AnlRxQ3I/AAAAAAAAANM/9IHf-VPJZmo/s400/eclipse1900.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;&lt;1900&gt;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella Primavera de principios de siglo se recuerda en el pueblo de Allí por tres notables sucesos de losque la tradición oral de mis entrañables allineros guarda recia y entera memoria. Uno de estos sucesos fue la llegada de los primeros "Hispano-Suiza" que circularían por sus calles durante la primera mitad del recien estrenado siglo. Se trataba de los primeros vehículos de lujo que la famosa fábrica de automóviles enviaba desde Barcelona hasta nuestras cálidas latitudes del sur. ¡Ay!...Aquellos tiernos descapotables con ruedas de bicicleta, con dos grandes ojazos de hermosa perplejidad como lucían a ambos lados de su afilado morro, y con su capota, aquella capota de lona de color café con leche que sus dueños, a la que caían cuatro gotas desplegaban rápidamente, y que un aire tan de excursión y tan de campiña les daba a estos cochecitos, cuando parloteaban -¿quién sabe con quién?- con sus grandes cilindros de acero por entre los espesos pinares que coronaban -todavía lo coronan- el draconiforme istmo de nuestro querido caserio. Fueron tres -si no le fallan a este pobre cronista, los forros de la memoria- los vehículos que, mandados traer por riguroso encargo desde (reiteramos) su Fábrica enBarcelona fueron desembarcados en el Muelle de Poniente aquella mañana del veintiocho de mayo de 1900.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de ellos fue adquiridopor el Cónsul de uno de esos exóticos paises perdidos bajo los monzones, de nombre (el pais, naturalmente) enrevesado, gangoso y algo musical. Otro fue mercado en la franquicia del Puerto por el doctor Arenas que llegó a coleccionar con el tiempo hasta cuatro modelos distintos de Hispano-Suiza, y el tercero fue a parar a manos del Práctico del Puerto que llegó a tenerlo de limpio como las propias rosas después de una lluvia. Llegados a este punto tenemos que hacer constar de forma clara y precisa para el mejor entendimiento de nuestros futuros historiadores que cuando el Práctico murio del Cólera, -ladel 18 que fue de las más mortíferas- su viuda se lo vendería por seis mil pesetas (¡No se crean...! en aquellos tiempos era un potosí!) al taxista Pascual, que pensaba destinarlo al servicio de las bodas de alto pedigree con –naturalmente- una sustanciosa tarifa especial, pero que al comprobar el excesivo consumo en las "cuestas arriba" se lo traspasaría por el mismo precio al panadero Hassán, que lo legó en testamentaría (según reza pertinente documento con sus correspondientes pólizas al dorso eso si, algo amarillentas ya que este cronista ha calentadoentre sus artrósicas manos y que se encuentra depositado en laNotaria de don Francisco Avila, calle Teniente Ruiz, Segundo Principal) para su yerno, Ahmed Idris, funcionario de laAdministracion Indígena. Y aqui, justamente aquí, mal que le pese a este cronista, se nos pierde la pista de este tercer Hispano-Suiza que en tan señalado día había arribado a nuestras...(disculpen la insistencia del adjetivo) nuestras cálidas playas. Por cierto, ¿sabían ustedes que su verdaderamarca era "Castro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo hecho histórico (y el orden, puedo asegurárselo a ustedes es totalmente arbitrario, accidental) que ocurrió en la Villa costera de Allí, aquella lejana Primavera de 1900, el mismo día en que llegaron los "hispano-suiza" fue un eclipse total de sol; el primero del año, del que, como era de esperar, se hizo eco toda la Prensa nacional. Los periódicos locales de la épocatambién dieron cuenta de tan planetario suceso. El "Heraldo de Allí”, por ejemplo, que junto con "La Tribuna Allinera" serán de las pocas instituciones del pueblo que se salvarán de la locura pirómana del 36 nos lo explica la mar de bien: "Mañana, 28 de Mayo tendrá lugar un eclipse total de sol. La Luna, ocultando al sol durante quince minutos y veintinueve segundos, proyectará sobre nuestro país una sombra de ochenta kilometros". Y pasa luego a dar unas pormenorizadas explicaciones sobre la incidencia de tan popular fenómeno en las demás latitudes de este planeta azul, (incidencias de las que este cronista por reiteradas y monótonas les hace natural dispensa) extendiéndose a continuación en todo un recetario de leyendas, hechizos, brujerías, consejas yconsejos que el hombre a lo largo de los siglos ha ido tejiendo...(¡anda...que...también la frasecita!) referidas a este fenómeno de la Naturaleza. Terminaba el pedante articulillo conuna más que completa Miscelánea sobre los mil y un artilugios de fabricación casera todos ellos con los que se podía observar el fenomeno sin riesgos de quemarse la propia retina. (*)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las reacciones que el Eclipse despertó entre nuestros paisanos fueron de las más variadas y hubo, como vulgarmente se dice, "para todos los gustos", desde el religioso fanático y ultramontano -bichito que nuestras meridionales latitudes cría con mayor abundancia de la que sería deseable y que aprovechó el evento para presagiar ¿cómo no? otro fin del Mundo, éste de ahora (¡faltaria más!) más cruento, más devastador y más total y más todo que todos los fines de Mundos anteriores que en el Mundo habian sido. Desde ahí hasta el más hedonista (y hasta cierto punto con un mayor sentido práctico) de los allineros que, cuando gozaba de buena hembra, pasó todo el dia en la cama (por lo que pudiera barruntar) calladito y haciendo eso que hicieran Adán y Eva entre las espesuras verdes del Paraiso y tan mal sentó por lo visto a los de Arriba, pasando por el pardillo de turno que pensando en el después de la cósmica catástrofe, (y teniendo fe en la existencia de ese después, que ya es tener) comenzara a esconder sacos de azucar y de café en los sótanos de su comercio, esperando forrarse, el muy bandido, con el alza deprecios que la escasez y el hambre indefectiblemente habían de traerle. Ya les digo que hubo para todos los gustos, hasta los suicidas, que no faltan en estos casos, aunque en el pueblo, (gracias sean dadas por ello no se dio ninguno) de los que dio cumplida cuenta la prensa sensacionalista que por aquellos principios de siglo ya comenzaba a hacer furor en las mesas camillas de los más adinerados domicilios de la Calle Mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y junto con estos dos sucesos, magnificados en la lexicografía popular de Allí con refranes, dichos, muletillas, sentencias... (de las cuales las más de ellas han naufragado ya en los mares del olvido) ocurrió otro evento que por sí solo ya hubiese bastado, de tener otro fin que el que tuvo, para grabar, nunca se sabrá si con letras de oro o de sangre) el nombre de Allí en los analesde la historia bélica mundial, pero que no obstante siempre quese recuerda es felizmente hermanado, con los dos anteriores. Fueello el intento (estuvo en un tris de conseguirlo pero Dios no lo quiso) el intento de don Lamberto, ilustre allinero de rancio "pedigree" de echar para siempre a los oscuros fondos del Estrecho al "Albany" (ellos, los americanos, dicen "jálbani" que también son ganas) un Crucero "llanki" que en compañía de otras dos fragatas de menor porte y llenos los tres a rebosar de marinos y cañonescruzaban tan pacíficamente como pueden hacerlo estos barcos, lasdulces aguas de la jurisdicción allinera en ruta hacia Puertos de Levante. Claro que el eclipse total de sol y la llegada al pueblo de lostres primeros lujosos vehiculos a motor, hubieran pasado desapercibidos de no ser por las ínfulas belicistas de nuestro querido paisano que con su gesta grabó en el libro de nuestra historia, y en las memorias de sus paisanos los tres hechos, como ya hemos dicho, felizmente hermanados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros sucesos ocurrieron en la Villa por los meses aquellos de principios del siglo, pero que expulsados de la literatura popular de la Villa, duermen el sueño de los justos en los amarillentos pliegos de la Hemeroteca Municipal. Por ejemplo: Agustina Iglesias Otero, aquella galleguita de carnes dulces y ojos dealmendras, que ya había dejado de ser por ese principio de siglo, La Pitusa, para transformarse, desde los lujosos y cosmopolitas escenarios del Folies Bergere, en la Bella Otero que tantos (y tan aristocráticos) sesitos volvio locos con su figura por todos los más ricos salones de Europa- anduvo, lo que se dice en un tris de cantar sus bellas romanzas para el círculo melómano “La Unión Musical Allinera”. El Teatro Apolo de Allí, el Antiguo (el Nuevo Teatro Apolo que abriría sus lujosas puertas en la Calle Real, allado del Casino de los Oficiales no era aún ni un proyecto de proyecto) hizo "arduos esfuerzos” (copiamos literalmente de laprensa de la época) para ofrecer al distinguido público allinero, el deleite auditivo (?) de los bellos trinos de la sin par Bella Otero" pero no pudo ser; se quedaron compuestos y sin novios, ¡vamos! se quedaron "a verlas venir" los nuevos cortinajes que se habían comprado para recibir a la diva, los dorados palcos que no veían una brocha de pintura desde que el General Prim tomara Tetuán, las celestes tapicerías recamadas de finos bordados en plata y oro, y los rollizos angelotes rubios (dos; uno por cadaquicio) que daban entrada al Palco Real y costaron cada uno deellos un potosí (otro).&lt;br /&gt;Después de la fatal negativa de la Otero a cantar en el Antiguo Apolo, negativa que tanto dolor espiritual costó a los melómanos de Allí y tanto dolor crematístico al empresario del teatro, (si bien, ello le sirvio a Salomón Benoliel, para reponer toda una partida de gramófonos que vendió por aquellos días en su tiendecita pequeña y oscura que regentaba frente al Gobierno Civil) después de todo esto llegó al pueblo, quizas para consolar al vecindario de la tan amarga experiencia anterior, la CompañíaIbérica de Cinematógrafo: ESE, que sobre un telón blanco en los salones del Hotel Continental proyectó varios filmes que hizo soltar a los presentes chispas de sus manos de tanto como el propio entusiasmo les hizo aplaudir. Todavia algúnviejo allinero que entonces era un niño de muy pocos años, se acuerda de como Marcelito, el niño de los recados de la Joyeria La Imperial, se marchó con los del Cinematógrafo para no volver más al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*).- En la foto a pie de página del periódico consultado por este cronista se ve un grupo de horteras y de comerciantes elegantemente ataviados con pajaritas y mandiles blanquisimos, puesta la una mano en la cintura y con la otra mirando al techo del Mundo con uno de esos artilugios (los hay de muy diversostipos) clavado en un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-8467309729516830895?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/8467309729516830895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/11/segundas-cronicas-de-alli.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8467309729516830895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8467309729516830895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/11/segundas-cronicas-de-alli.html' title='Segundas Crónicas de Allí'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TO-CikWbCGI/AAAAAAAAANk/48PkggrxHRg/s72-c/WARRIOR.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3865594099955355647</id><published>2010-11-05T06:24:00.000-07:00</published><updated>2010-11-05T06:30:26.131-07:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Jean Valjean</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TNQGqeHk4mI/AAAAAAAAANE/rDZKgDqcPS0/s1600/escanear0001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5536057168654295650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 299px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TNQGqeHk4mI/AAAAAAAAANE/rDZKgDqcPS0/s400/escanear0001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;LA MONEDA DE CARONTE&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El último año que mi hermano Pepe pasó en esta vida, conmigo, transcurrió para los dos asistiendo a las aulas del Colegio que los Padres Agustinos tenían (y tienen) junto al Paseo de La Marina, del que yo entonces ignoraba que su nombre completo fuera el de Paseo de la Marina Española.&lt;br /&gt;En la cronología de nuestra tribu familiar fue, como si dijéramos, la época en la que nuestro padre, antiguo propietario de los primeros autobuses que hicieron la linea de Ceuta-Benzú-Ceuta, regentaba un Taller Mecánico y una pequeña tienda de Repuestos de Automóviles (que él llamaba chinchán, vocablo tomado sin duda de la lengua hablada por nuestros convecinos magrebíes) en la Plaza Vieja, enfrente del bar Casa Ortega y justo al lado del despacho de Renfe que era atendido por el señor Atencia y sus dos hijos. Animado, sin duda, por los avances económicos del negocio cuyos ingresos procedían en su totalidad de la por entonces pujante y bien alimentada flota pesquera ceutí, se animó nuestro padre a montar una Autoescuela, también la primera que se inauguraba en Ceuta, pues nuestro padre fue iniciador de muchos negocios que luego abandonaba por propia desidia y pereza, sordo a las justas quejas y reivindicaciones de nuestra madre que siempre había dado muestras de tener más seso y más cordura que su cónyuge. La Autoescuela se llamaba San Cristobal, y en su tarjeta de presentación, en lugar del popular “seiscientos” que tanta clase media paseó por las curvas de San Antonio, se veía pintado, en color oliva, un jeep americano con dos volantes lo que despertaba en mi infancia de lectura precoz una fascinación cegadora por aquel engendro mecánico que a mí imaginación se presentaba como un fantástico monstruo bicéfalo. Este confort económico del que gozó nuestra familia por aquellos años fue el que permitió a nuestros padres matricular a sus dos hijos más jóvenes en la prestigiosa institución académica que he citado al principio de este relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero...,a lo que iba....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chofer que manejaba aquellos “llips” (pues eran dos, y fueron adquiridos por mi padre en una subasta pública organizada por el Consulado de los Estados Unidos en Tetuán con restos de la pasada Guerra de Corea) el que manejaba aquellos “llips” era, además, el paedagogum, o sea el encargado de llevarnos todas las mañanas desde la Plaza Vieja hasta el Colegio en cuyo trayecto pasábamos invariablemente por los escaparates de la Pastelería El Vicentino que se encontraba junto al Banco Popular y frente a la Papelería Cortés donde, entrado ya en mi adolescencia lectora y grafópata adquiriría yo mis primeros libros de lectura, entre ellos mi primer Platero y yo de la editorial Losada de Argentina, cuya prosa me enamoró desde la primera página (“Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera....”) convirtiéndose desde aquel día en mi texto para las “copias” que hacía en la academia particular y que iban siempre decoradas con un Platero cubista en las posturas más inestables nacido de mi torpe factoría. Pero eso es otra historia. Decía que al pasar por la puerta de El Vicentino, yo, cada mañana, como un fiel devoto que acude a comulgar, me quedaba literalmente pegado a los cristales de la añeja confitería intentando trasladar, con tan sólo la fuerza de mi mente, desde su bandeja hasta mis rosadas y tiernas quijadas unos merengues de crema tostada de los que, por la vista que ofrecían, podía asegurarse que el artesano creador de aquellas pequeñas maravillas había destilado en su diseño, factura y cocción, lo más sutil de todo su magisterio profesional, sólo les faltaba a los dichosos pastelillos hablarme. Cuando Rafael consideraba que ya había saciado mi apetito visual (sólo el visual) me despegaba de la amplia cristalera con un suave tirón de la manga de mi abriguito amarillo del cual aún conservo como reliquia uno de sus botones. Mi hermano Pepe, aprovechaba la breve parada para repasar el mantra de alguna tabla de multiplicar que ese día le iba a caer (sí o sí como dicen ahora) en la clase de Matemáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mi hermano Pepe, con sus diez años ya cumplidos, cayó en cama víctima de la Poliomielitis, estuve algunas semanas, hasta que se produjo el fatal desenlace acudiendo al Colegio acompañado como siempre por Rafael. Y uno de esos días, el joven empleado se entretuvo con una amiga a la puerta de la Pastelería con la que yo venía manteniendo mis amores platónicos, y coincidió que nos acercamos hasta la puerta de entrada al obrador y mis narices infantiles se sumergieron en aquellos sabrosos perfumes y aromas que expelían sus hornos. La visión de aquellos merengues de crema tostada, aliñada con la nueva información que me llegara a través del olfato acabaron de darle a aquellas delicatessen unas formas y una consistencia que las transformaron en una fortísima tentación imposible de reprimir lo que me llevó a obrar en consecuencia pues esa noche, en casa, cuando todos dormían me levanté de mi cama y llegándome hasta la cocina con las luces apagadas y andando con los pies descalzos tomé del monedero de mamá la primera moneda que mis dedos teclearon en la oscuridad regresando a mi cama convertido ya a los ojos de mi conciencia en un delincuente convicto y confeso del delito de haber violado el sagrado recinto de cuero y cremallera con el que mamá, todas las mañanas, cuadraba con habilidad asiática la economía familiar para darnos de comer a toda la tribu con el menor gasto posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dormí con la moneda ardiéndome entre las manos, y por la mañana, muy temprano, cuando yo esperaba a mamá, que era la que me vestía cada mañana, entró en su lugar Pepa, la esposa de Curro, el guardamuelles, que vivía enfrente de nosotros. Pepa traía los ojos enrojecidos, como de haber llorado, y con las manos temblorosas me vistió precipitadamente y me llevó en brazos hasta su casa. Y por más que le preguntaba que por qué estaba ella en lugar de mamá, sólo me respondía con una frase que no olvidé nunca: Tu hermano Pepe está muy malito, muy malito....¡Ay! ¡Señor!....muy malito. Más tarde me enteraría de que aquella misma noche mi hermano Pepe había fallecido y que de nada habían servido los billetes de avión ya reservados por papá para llevarlo desde el aeropuerto de Tanger hasta Madrid a introducirlo en una máquina que popularmente se conocía entonces como el Pulmón de Acero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi mente asocié la muerte de mi hermano con el robo de la moneda (era una de aquellas peluconas o pesetonas que valían dos pesetas y dos reales, que decíamos: de dos cincuenta) y sin pensarlo dos veces, tratando de calmar las iras del Cielo por el ignominioso robo y pensando que la muerte de aquel angel fue el pago que se cobraron los dioses por mi bellaquería cometida aquí, en la Tierra, sepulté la moneda robada entre sus libros, cuadernos y lápices que mamá, junto con la cinta mortuoria que había abrazado al pequeño féretro, donde podía leerse: Tus padres y hermanos no te olvidan guardó para siempre en uno de los cajones del armario grande aquel que terminó como desván cuando nos mudamos a la calle Comandante Baro Alegret, cerca, muy cerca de donde vivía mi madrina, Mariquita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas tardes, mamá tomaba los aparejos escolares de mi hermano y los vertía sobre la cama y los volvía a ordenar y a reordenar...y en una de esas tardes, en la que yo me hallaba presente, se encontró con la moneda. Ella, sin duda pensando en darle a la moneda un empleo más util para la familia la iba a trasladar a su monedero pero ante mis insistentes ruegos volvió a dejarla en el plumier donde se guardaban los lápices y plumillas de mi hermano. Al preguntarme a qué se debía mi empeño en que aquella moneda se quedara en el plumier le respondí muy convencido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque de ese modo, Pepito volverá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente mi hermano Pepe no volvió jamás. Su equipo escolar junto con la moneda desapareció poco a poco, como desaparecen de los armarios las ropas de los difuntos: sin que nadie se entere, sin que nadie de la casa sepa dar razón de ello. Yo aborrecí aquellos pasteles de crema tostada sin haber llegado a probarlos jamás, y ahora, en mi vejez la única compañía que tengo de aquel hermano que el Destino me robara en plena infancia, es una foto de estudio de su Primera Comunión en la que luce aquel traje gris perla con el que, según me contara mi madre siendo yo ya un espigado adolescente que fumaba sus primeros pitillos fue amortajado el día de su fallecimiento, ocurrida en los comienzos de la Primavera del 57.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pie Jesu Dómine&lt;br /&gt;Dona eis requiem......&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean. (escritor)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3865594099955355647?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3865594099955355647/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/11/los-diarios-de-jean-valjean.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3865594099955355647'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3865594099955355647'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/11/los-diarios-de-jean-valjean.html' title='Los Diarios de Jean Valjean'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TNQGqeHk4mI/AAAAAAAAANE/rDZKgDqcPS0/s72-c/escanear0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4929007444543083293</id><published>2010-10-21T01:12:00.000-07:00</published><updated>2010-10-21T01:39:09.604-07:00</updated><title type='text'>En el catorce aniversario de.....</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TL_6VJ4QZWI/AAAAAAAAAM0/M1CtcSHqc0Q/s1600/Bounty.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5530414108770329954" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 276px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TL_6VJ4QZWI/AAAAAAAAAM0/M1CtcSHqc0Q/s400/Bounty.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Amigos de Ceuta Nostalgia, compatriotas con los que comparto desde estas páginas la nostalgia y el recuerdo por ese bello rincón que duerme en la orilla sur del Estrecho más viejo de la Historia, pequeño caserío marinero que es conocido como La Perla del Mediterráneo y que da nombre a este periodico, que desde el fertil y rico norte español abre sus ventanas que miran al sur para recoger los mensajes que las pavanas viajeras traen encriptados en el pentagrama cifrado de sus vuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigos: Hoy, veintiuno de octubre se cumple el catorce aniversario del fallecimiento, en su residencia de verano de Fuengirola, del ilustre hijo de Ceuta D. Juan Díaz Fernández, Profesor que fue del Instituto de Enseñanza Media y de la Escuela Normal de Magisterio, institución pedagógica ésta última, en la que el que suscribe lo tuvo como Profesor de Didáctica de la Geografía y de Didactica de la Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D. Juan Díaz, además de sus labores pedagógicas, era un enamorado del mar al que se entregaba con verdadera pasión cuando el ocio y la meteorología se lo permitían. Y por si lo anterior fuera poco cuando estas dos actividades le dejaban tiempo y lugar, (y si no era así ya se encargaba él de robárselas al merecido descanso nocturno) las dedicaba al periodismo. En la Hemerotéca de nuestro viejo y entrañable “FARO DE CEUTA”, han quedado ya para el porvenir y para disfrute de los jóvenes caballas amantes de nuestra historia local, páginas acertadísimas donde nuestro hombre con su gramática clásica y precisa y su honesta prosa de pan blanco ha dejado, repito, muy acertadas pinceladas impresionistas del quehacer y afan diario de la gente de nuestro pueblo, algunos, como él, también ya fallecidos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como en su día no pude responderle a su carta que tanto ánimo me dio para seguir escribiendo, quiero hacerlo ahora recreando una de ficción en la que me dirijo a él en su nuevo cargo de Bibliotecario Perpetuo del Cielo, cargo que a nuestro querido Profesor le pertenece por derecho propio. Vale.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A LA ATENCIÓN DEL PROFESOR DON JUAN DÍAZ FERNÁNDEZ: BIBLIOTECARIO PERPETUO DEL CIELO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Profesor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casualmente, de enlace en enlace, he ido a dar con el blog, a tu persona dedicado, y escrito y dirigido por tu hijo (supongo que es tu hijo) Carlos.&lt;br /&gt;Te imagino allá entre nubes, con tu estilográfica (seguramente una Parker-51) en la diestra y tu eterno pitillo entre los dedos de la otra, hilando sabiamente tu prosa antigua y clásica....¡Ah!, y mirando al mar, ese compañero que se traspira en tus artículos, en todos. Aunque en algunos no lo cites, el Mediterraneo está siempre presente con su olor a salitre y a brisa entre pinos.&lt;br /&gt;Recuerdo cuando te mandé mi primer manuscrito de Crónicas de Allí. El pobre había ido rebotando de editorial en editorial durante casi dos años. Tú, con la paciencia de un buen pedagogo y de un maestro te lo leiste de cabo a rabo, y luego me escribiste una carta que aún guardo entre las hojas de un ejemplar de Torre del Faro que había comprado en una librería de Algeciras en uno de mis viajes a Ceuta. Me reprochabas con palabras comedidas y con mucho amor, me reprochabas –digo- que ocultara mi nombre y apellidos bajo el seudónimo de Jordana Marbella, afición por este disfraz que como verás al final de esta carta no me ha abandonado nunca. Pero a lo que iba. Decías en esa carta que el texto era bastante bueno. Que no me desanimara. Que siguiera escribiendo. Y más cosas que la modestia me impide repetir en esta carta y que a mí me sirvieron para recuperar la seguridad que, hecha jirones, se había perdido en el peregrinaje de mi libro por los despachos enmoquetados de los editores. Yo no había leído nunca nada tuyo. Torre del Faro fue el primero. Regresar a la ciudad natal después de tantos años de ausencia, leyendo tus artículos tumbado en una mecedora de la cubierta del ferry (¡La Paloma! ¿recuerdas?), y viendo amanecer el Hacho por el horizonte azul, fue para mí una experiencia inolvidable. Recuerdo que Conchi, mi mujer (que desde el año dos mil cinco está también Ahí Arriba contigo) con su gracejo malagueño y su acento del castizo barrio de Huelin me decía, al verme tan enfrascado en la lectura y en el paisaje: &lt;&lt;¡Pues, hijo!! ¿Por qué no te quedaste en Ceuta? &gt;&gt;Creo que corrían los primeros meses del año mil novecientos noventa y seis, el fatal año en que nos dejaste. Terminabas la carta invitándome a acudir a tu casa de Fuengirola para conocerme personalmente y para hablar de Literatura. Al final no pudo ser...Para mí, en cambio, el año mil novecientos noventa y seis fue un buen año; en la Primavera recogí el Premio Amador de los Ríos de Narrativa, convocado por el Ayuntamiento de Baena y otorgado a mi novela corta EL LOCUTOR. Y fue también el año en que comenzaría un proceso que me llevará a dejar la docencia y dedicarme de lleno a la escritura. En el mes de junio de ese año me llegará un ejemplar de tu libro CAMBIO DE RESIDENCIA con una dedicatoria muy afectuosa que (¿por qué no?) ésta si, ésta no me censuro de reproducir en esta carta/homenaje que te dirijo. Dice:&lt;br /&gt;A mi buen amigo y ex-alumno Alberto Núñez, narrador agudo y hábil, con el deseo de que pronto pueda dedicarme un libro suyo. J. Díaz. Ceuta. Junio del 96.&lt;br /&gt;Pues esa deuda es la que pienso pagarte ahora, enviándole a tu hijo Carlos los ejemplares de los libros que tengo publicados, con una dedicatoria para tí, querido profesor, y con el deseo y la seguridad de que esos libros míos van a encontrar en tu biblioteca calor y cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabes? llegado a este punto no recuerdo si la Siniestra Dama me dio el tiempo suficiente para comunicarte ese Premio; me refiero al Premio Amador de los Ríos. Quiero pensar que sí, que de las dos o tres ocasiones en que hablamos por teléfono, una de ellas fue para hacerte partícipe de mi premio literario que –no nos cabe duda a los que te hemos conocido- te iba a dar un alegrón. El último recuerdo que tengo de tí (ya no sabría decir si en conversación telefónica o por carta) es la promesa que me hiciste de sacar, por entregas, en el dominical de El Faro, capítulos de mis Crónicas de Allí...¡Ah! y una reseña que hiciste de mí en tu periódico y que no consigo encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[ahora me viene a la mente, ese artículo tuyo en el que hablas de tu entrada, de adolescente, en el periodico para llevar tu primer articulo...el olor de la tinta que despedían las rotativas...]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Profesor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya voy a dejar de darte la lata con tanta prosa. Sólo te diré, aunque ya debes de saberlo, que con la ayuda de nuestro común amigo Jose Luis Sastre y de mi sobrino Victor, conseguí sacarle al Ayuntamiento los chavos suficientes como para publicar Crónicas de Allí. Que también publiqué El Locutor con el dinero del Premio y que, a mi costa, he sacado el último, Martín Requena in Memoriam. De todos ellos, como ya te he dicho, quiero dedicarte un ejemplar y mandarlo a tu hijo para que formen parte de tu biblioteca.&lt;br /&gt;Has de saber que el libro Crónicas de Allí, lleva en su portadilla, como un pequeño homenaje a tu persona, una frase sacada de tu libro Torre del Faro. Ya lo verás......&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Profesor y Bibliotecario Perpetuo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardame un buen sitio ahí, en esa Biblioteca Celestial que diriges. Búscame un buen sillón junto a un gran ventanal. Los próximos diez mil años espero pasarlos leyendo. El pequeño resto de Eternidad que me quede lo quiero dedicar a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que ¿cómo me enteré de tu muerte? Pues como ha pasado tanto tiempo y no me quiero confiar a la memoria...ese bichito tan endeble me limitaré a transcribirte una anotación de mis Diarios de aquel año:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, diez de noviembre de mil novecientos noventa y seis, paseando con Conchi por Los Baratillos de Málaga, un compañero del Colegio me da la noticia: El Profesor don Juan Díaz Fernández ha fallecido en su casa de Fuengirola. Descanse en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibe un fuerte abrazo de tu ex-alumno....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean (escritor)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Ceuta, 16 de Febrero de 1996&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido amigo y ex-alumno:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que tu carta me sorprendió, más que nada porque olvidaste firmarla con tu verdadero nombre, y eso de “Jordana Marbella” que incluso venía en el remite del sobre, no me decía nada. Tuve que recurrir a J.L. Sastre que me explicó quien eras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, en principio sí que te recuerdo, aunque tu rostro se me difumina en la memoria. Te asocio a otro ex-alumno que recuerdo mejor porque me lo he encontrado varias veces: Carracao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verdaderamente, de tí no había sabido nada hasta ahora que me has sorprendido con tu carta.....y con tu estupendo relato. Ambas cosas te las agradezco sinceramente, en primer lugar porque a un viejo profesor como yo, le resulta siempre grato, que sus ex-alumnos le recuerden y acudan a él para pedirle algo, un consejo, una opinión, etc....y en segundo lugar por el placer que me has proporcionado con el magnífico relato que me has enviado y sometido a mi dictámen. Por otro lado me alegra saber que has leido uno de mis libros (tengo tres más, y dos que aparecerán proximamente, uno de relatos y otro una novela corta). El que tú adquiriste TORRE DEL FARO es una antología de artículos periodísticos del que publiqué después una segunda parte con el título: TODAVÍA SE VE EL HACHO que no conoces. Pero antes ya se había publicado un libro titulado RELATOS que se agotó también rapidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a ése que me has enviado, pienso que es excelente, que tiene fuerza, sensibilidad, buen estilo narrativo y acertada descripción del ambiente familiar, paisajes, personas, etc....amén de emoción evocadora de los recuerdos de la ciudad donde transcurrió parte de tu vida. Creo que tienes una buena madera de escritor, y eso me alegra. Por lo tanto, no te perdonaría si por una razón u otra dejaras de escribir. Espero que me envíes el resto de esas “Crónicas de Allí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respecto a lo que dices de publicarlo en los periodicos locales, no me parecen idóneos para eso, ni lo admitirían por su extensión. Pero no te preocupes por eso, no vale la pena. Lo que sí te aconsejo es que concurses: hay por ahí, por España quiero decir, muchos concursos de cuentos y relatos con buenos premios. Prueba tu suerte, aunque yo recelo de los concursos (y eso que he ganado varios) o intenta que alguna editorial te acepte un libro de relatos. O, si tienes medios, edítalos por tu cuenta que no sale demasiado caro editar quinientos ejemplares de ciento cincuenta páginas. Eso es lo que yo hago, y suelo vender todos los necesarios para cubrir los gastos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, insisto, lo más importante es que escribas, que sigas escribiendo sin demasiada prisa por publicar. Da tiempo al tiempo; al menos con el sólo hecho de crear y escribir ya te proporcionarás satisfacciones íntimas y felicidades. Si de algo te sirve mi juicio sobre lo que he leido tuyo, te digo que me ha entusiasmado y que a partir de ahora te considero un buen escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jose Luis Sastre me ha contado algo de tu vida y andanzas, muy poco. Y lo que no comprendo es que ocultes tu nombre bajo un seudónimo ni que escondas el nombre de tu pueblo, Ceuta, bajo ese “Allí”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de unos pocos meses te enviaré mi libro de relatos CAMBIO DE RESIDENCIA que ya está en una imprenta de Sevilla. Y más adelante mi novela corta JUICIO Y CONDENACIÓN DE SISIPHO SMITH” que está a la espera, para ser publicada, de una subvención que he solicitado al Ministerio de Cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo suelo pasar un mes del verano en mi casa de Fuengirola. Ya te avisaré para que en junio vengas un día a pasarlo conmigo. Y entonces continuaremos hablando. Por hoy quede esta carta como contestación y agradecimiento a la tuya. Confío en que seguirás en contacto conmigo, así que ¡ánimo, y a continuar escribiendo!....Tienes un don privilegiado, el de crear bellezas literarias....aprovéchalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibe un fuerte abrazo de tu antiguo profesor y amigo.&lt;br /&gt;Juan Díaz Fernández,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-4929007444543083293?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/4929007444543083293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/10/en-el-catorce-aniversario-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4929007444543083293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4929007444543083293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/10/en-el-catorce-aniversario-de.html' title='En el catorce aniversario de.....'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TL_6VJ4QZWI/AAAAAAAAAM0/M1CtcSHqc0Q/s72-c/Bounty.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7688945889364860380</id><published>2010-10-03T06:33:00.000-07:00</published><updated>2010-10-05T05:42:50.818-07:00</updated><title type='text'>Sesión contínua         ( Calabuch )</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TKsWO0kUotI/AAAAAAAAAMs/xithO6nnWgs/s1600/calabuch_b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5524533811785016018" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 289px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TKsWO0kUotI/AAAAAAAAAMs/xithO6nnWgs/s400/calabuch_b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Esta mañana de domingo, al ir a comprar la prensa a mi kiosco habitual, después de haber tomado mi café con churros, me he tropezado, en la cesta de mimbre en la que el dueño del kiosco arrincona los saldos de los que pretende desprenderse ese día, me he tropezado, digo, con dos películas de la primera época de Berlanga del que me considero un admirador incondicional. Las películas son: Bienvenido Mister Marshall y Calabuch. Dejando constancia en estas líneas de que el hecho de escribir primero sobre Calabuch no implica preferencia alguna sobre el otro título, voy a importunar al paciente lector de este blog con unas notas sobre esta película. Y como no me considero un crítico de cine, ni mucho menos de aquellos que puedan desplegar ante el espantado lector una amplia bibliografía sobre este arte, por mí firmada, no puedo meterme en unos jardines de los que yo sé positivamente que puedo salir como salió (de donde y cuando saliera) el famoso Gallo de Morón, o sea, sin plumas y cacareando....¿No era así? De tal manera que sólo puedo hilvanar algunas ideas, bastante subjetivas, aliñadas con una pizca de metáforas para urdir la trama de eso que se llama artículo literario y que se ubica grosso modo entre el ensayo y la receta de cocina.&lt;br /&gt;Aunque no recuerdo el año exacto ni las circunstancias que rodearon mi primer encuentro con esta magistral cinta de Berlanga si me atrevo a postular, por el año en que se rodó, que debió de ser por los tiempos de mi Primera Comunión y el lugar, casi seguro el Cine Astoria de la barriada de Haddú, en mi ciudad natal, Ceuta, en alguna de aquellas tardes de sábado en las que mi madre nos preparaba a mi hermana y a mí una cestita de mimbre (la cestita de mimbre era propiedad de ella, de mi hermana, y procedía por lo visto de algún disfraz de caperucita roja estrenado en alguna fiesta familiar o de barrio) con algo de merienda y una botella de gaseosa de un cuarto de litro que cuando habíamos consumido en perfecta camaradería yo me encargaba de llenar de agua en los rancios urinarios del viejo cine.&lt;br /&gt;Nada más llegar a casa, me he encerrado con mi pequeño tesoro en la biblioteca; he bajado la persiana (como el que va a cometer alguna execrable fechoría y quiere ocultarse a la vista del vecindario) para recrear la completa oscuridad de una sala de proyección, o sea el ambiente del cine de barrio en el que vi por primera vez esta película en compañía de mi hermana que, más pequeña que yo, y dependiendo de mi tutoría para poder asistir al cine los días de entre semana, aguantaba con una estoicidad marmórea las tres o cuatro repeticiones de proyección con que yo impiamente la castigaba....Creo que con el maestro Berlanga tenía al menos la justificación de haberla martirizado con uno de los grandes maestros del cine europeo, que sin duda al menos para mí lo es junto al gran Federico Fellini.&lt;br /&gt;Pero, vamos a la película...&lt;br /&gt;Ese viejo profesor que ha huido de los "usa", ese papá noel de celtas cortos, alpargatas y eructos de sardina arenque, pero que encierra bajo su venerable calva todo el saber de los presocráticos, ese -en fin- Hemingway exquisito pasado por Diógenes llega a este pueblecito por el mar, como Ulises, y cuando toma posesión de sus playas comienza a presentarnos los personajes de esta historia que van naciendo a medida que él va marcando sus pasos por la isla, o lo que aparenta ser una isla, pues hasta ese torero, (Jose Luis Ozores) que parece como si dudara entre ser Cantinflas o ser Gila, y que ha formado una pareja “de hecho” con su joven vaquilla parece como si viviera en alguna arruga de los decorados, comiendo, en los descansos, su pan de soldado y su lata de sardinas en aceite, y echándole, mientras abre la lata, a su compañera bicorne, piropos de alameda provinciana. Además de que cuando hablan (me refiero ahora a los habitantes de Calabuch) cuando hablan de ir a Guardamar dicen de ir en barca...Lo que les digo...¡Una isla!&lt;br /&gt;Georges Comosellame, el famoso físico norteamericano huído –repito- de una terrible base secreta norteamericana (Véase: Rota) nos va presentando a los habitantes de este pueblo que parece sacado de un relato homérico, unas gentes que si calzaran sandalias y vistieran ligeras túnicas nos trasladarían -sin cambiar una coma del guión- a un pueblecito griego de la época de Sócrates.&lt;br /&gt;Nada más llegar, el señor Jorge se hundirá de hoz y coz en un duelo entre el Cabo de la Guardia Civil y dos paisanos que trabajan a plena luz del sol en el oficio más antiguo de estas costas, el estraperlo. Berlanga lo trata con toda la ternura y la magia de su maestría, y lo que podría ser una escena del tremendismo celiano, como el de La Familia de Pascual Duarte, el genial director lo convierte en una viñeta de Ibañez; parece como si estuviera preparada para disfrute del viejo forastero que lo contempla todo, como nosotros desde nuestra butaca, enternecidos por ese disparo que suena a caseta de feria y a verbena en el casco del romano, un romano de cartón y engrudo, un romano “de mentirijillas” como decíamos de niño. Con el alijo entre sus manos, el tío Jorge, (como terminará siendo conocido entre los naturales de esa isla) camina por la playa hacia el caserío para encontrarse con el Langosta, y en ese camino tropieza con otro personaje que por el oficio que ejercita en ese momento parece sacado de ese mismo relato de Homero que hemoso citado; se trata de un joven que está pintando las mejillas de una joven barca destinada a convertirse en el carro de neptuno nupcial de una joven pareja de calabucenses; aquí tenemos un Aquiles pintor, joven y optimista que con la sangre de sus ilusiones pinta la barca para unos futuros esposos y que confiesa con una risa angelical que las “eses” (pintar “eses”) se le da muy bien...&lt;br /&gt;Pero, sigamos con nuestro hombre.&lt;br /&gt;Nada más ver el rostro bondadoso de este intelectual yankee, exiliado del manhattan nuclear en que la posguerra ha convertido al mundo, adquirimos la firme convicción de que él lo arreglará todo, de que si en ese pueblo existía algún problema, la magia de su mirada colocará cada cosa en su sitio. Así vemos como todos los habitantes del pueblo se van transformando al contacto con la mirada y la sonrisa de este forastero que, después de pasar con el Langosta su primera noche en la carcel/fonda se levanta de su camaranchón con el optimismo del hombre que ha recuperado la fe en el hombre, con la vitalidad de Tarzán en su jungla, y cuando todo el Servicio Secreto americano anda tras su pista a él solo se le ocurre pedir de tomar un baño, y no le sorprende en absoluto las relaciones paternofiliales que el terrible guardia civil (lo de “terrible” es, naturalmente, una broma) ha establecido con su detenido. Si en ese instante, el Cabo (que hacía de monje en Marcelino Pan y Vino) se pusiera un delantal y le sirviera el desayuno no le parecería nada extraño. Por eso, cuando su amigo el maquinista le insiste para que no abandone el pueblo, él, deseando poder responder, suelta a pecho abierto: pero si yo no quiero irme de aquí. Me gusta Calabuch, me gusta mucho lo que aún sorprende más al joven maquinista del cine que al contrario que el anciano fugitivo sueña con grandes urbes como las que ve todas las noches en las películas que proyecta para sus paisanos.&lt;br /&gt;Por mi parte debo decirles que yo me he quedado extasiado con la vista panorámica que Berlanga nos ofrece de Peñíscola (Calabuch). Una panorámica de unos años en que yo no pude conocerla; creo que viviendo en Barcelona, y viajando en moto desde esta ciudad hasta el sur de la península me detuve una vez en esta villa pensando que me iba a encontrar la Calabuch de la película, pero, el amasijo de cemento y ceramica vertical me rompió la bella imagen que yo traía en mi cabeza.&lt;br /&gt;El farero que nos presenta Berlanga, más que un marino al que la marea hubiese expulsado a tierra, parece un pacifico librero "de viejo" de la Cuesta de Moyano de Madrid trasplantado a las costas de levante; juega al ajedrez y lee; no le gusta pescar y la torre de su faro, lejos del rompeolas, guiña torpemente su ojo de tercera categoría desde los callejones del pueblo, como un triste y solitario semáforo de plaza. En todo el transcurso de la historia, don Ramón (¡un farero con don!) no baja nunca de la torre ni siquiera cuando su amigo, el señor párroco, se acerca hasta la crujía del faro para reprocharle las trampas en el juego de ajedrez; porque esta es otra: contándose escasamente cincuenta metros la distancia que separa al faro de la iglesia, estos dos fieros contrincantes juegan al ajedrez por teléfono.&lt;br /&gt;La maestra de escuela me ha recordado (ahora por primera vez) a una niñera que teníamos en casa cuando entre mi hermano y yo juntando nuestras edades no conseguíamos formar un número de dos dígitos ¿Me explico? Esta joven se llamaba Ana, Anita, y tenía la estructura ósea de esa maestra de Calabuch, y también, como la maestra, llevaba aquellas faldas de vuelo hasta las rodillas con la delgada cintura recogida por un cinturón ancho y negro, y las cúpulas de sus pechos, en aguda punta geométrica, como mandaban los cánones de la época. Anita nos llevaba todas las tardes a pasear a los Jardines de San Sebastian (hay foto) al final de los cuales había una barranquera en cuyo fondo, semi enterrada entre la maleza se encontraba la antigua estación de ferrocarriles Ceuta-Tetuán, que con su arquitectura neoarabe le daba al conjunto todo el aire de una escena de jungla hollywodense, ¡vaya! de película del famoso arqueólogo de latigo y revolver....¡eso! de Indiana John...que no me acordaba. Anita tenía una hermana más joven que ella e igual de guapa que trabajaba como asistenta en un chalet que había (aún está) subiendo desde la Puerta de El Campo hasta el Morro. De regreso a casa siempre hacíamos una parada en este chalet donde la hermana de Anita nos recibía por la puerta de servicio. Y en la cocina, que a mí me parecía como las que veía en las peliculas americanas, aquellas que se conocían popularmente como “de teléfono blanco”, nos servían unos enormes vasos de leche acompañados de bizcochos mientras ellas hacían la tertulia cuyo tema era siempre los fueros y desafueros de sus respectivos novios; la leche debía de ser de la buena (no de la que nos llegaba, “en polvo” de la ayuda americana) porque nos dejaba el bigote blanco y pegajosillo. El novio de la hermana de Anita trabajaba de conductor en aquellos autobuses pintados de negro y rojo, como la bandera de la CNT y que hacían la linea Tetuán-Ceuta. Yo ya me he olvidado de su rostro. Algunas tardes saltaba las tapias del chalet, y después de apretujar a la hermana de Anita contra la encimera de la cocina, y si nosotros estábamos allí, nos daba a mi hermano y a mí unos cachetes cariñosos en la cara y, a pesar de los fregoteos con saliva que nos daba Anita, nos dejaba toda la tarde oliendo a gasoil de motor. Todo muy berlanga, si.&lt;br /&gt;Pero dejemos el terreno de la autobiografía para otros archivos digitales y sigamos con Calabuch.&lt;br /&gt;Parece –iba diciendo- como si todo el pueblo se fuese transformando a medida que el anciano científico va paseando por sus calles. La carcel, contra toda ortodoxia, permanece con las puertas abiertas las veinticuatro horas del día, y el único preso que tiene, que se relaciona con la carcel como un viajante de comercio se relaciona con su pensión (hasta el punto de que a veces llegamos a confundir al Cabo con una portera del Madrid decimonónico) acude a ella sólo para dormir y probar las delicatessen que la hija del Cabo prepara en la cocina, la cual se perfuma para su novio canalla con las goyerías que su padre le requisa al maquinista guapo, que le echa de vez en cuando películas de Juanita Reina para tenerlo distraído en el corral del cine junto a su subordinado intelectual mientras él con sus compinches arrima el alijo de contrabando hasta la playa. En esta ocasión la Teresa, según comentarios del Cartero, se perfuma el envés de sus orejitas con chanel número cinco acudiendo, ya lo hemos dicho, a los paquetes requisados al contrabando.&lt;br /&gt;Ya les digo, el pueblo entero parece sacado de la tira cómica 13 Rue del Percebe que tan popular hiciera, precisamente por esos años, el genial caricaturista Ibañez en las páginas de TBO.Y al final de la pelicula, (que es toda ella como un sueño feliz) el sueño se acaba, la ilusión se rompe, y ese duendecillo bueno que una mañana, como un cangrejo despistado apareció en aquella playa, se va por los aires, que es como se van los duendes. La Cruella Devil del Pentágono, con su Séptimo de Caballería a las órdenes de un Almirante americano que parece un empleado de Correos, se lo lleva por los aires a bordo de un helicoptero color marmita o de envoltura de chocolate.&lt;br /&gt;Termino:&lt;br /&gt;Cuando yo era niño, y cuando en presencia de nuestros padres, cualquier vecino o vecina pelma nos preguntaba aquello tan clásico de...&lt;em&gt;A ver niño..tú qué quieres ser de mayor&lt;/em&gt; todos contestábamos sin saber muy bien su significado: &lt;em&gt;Señora (o señor) servidor de mayor va a ser Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Si me preguntaran ahora aquello mismo, no lo dudaría ni un instante:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo, de mayor, quiero ser Calabuch&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Valjean (escritor) &lt;a&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7688945889364860380?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7688945889364860380/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/10/sesion-continua-calabuch.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7688945889364860380'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7688945889364860380'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/10/sesion-continua-calabuch.html' title='Sesión contínua         ( Calabuch )'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TKsWO0kUotI/AAAAAAAAAMs/xithO6nnWgs/s72-c/calabuch_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-1120814996649300148</id><published>2010-09-23T03:31:00.000-07:00</published><updated>2010-09-23T03:39:23.091-07:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Jean Valjean (Al sur del padre-1)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TJss-lZTJGI/AAAAAAAAAMc/nsEwj0Tb8j0/s1600/escanear0001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520055221974410338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 264px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TJss-lZTJGI/AAAAAAAAAMc/nsEwj0Tb8j0/s400/escanear0001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tenía pensado comenzar a escribir este libro después de tu fallecimiento, cuando hubieran pasado por encima de tus cenizas y de mis canas al menos diez o doce años pero...¿qué puedo hacer? te estás haciendo tan longevo y estás mostrando tal resistencia a la muerte que cada día que pasa me veo a mí mismo más cerca de mi propia tumba que a tí de la tuya. Debo recordarte que ya te has llevado por delante (discúlpame este pellizquito de humor negro) a dos hijos, sin contar a tu esposa. Y por si esto no fuera suficiente para argumentar mis temores, hay que decir que ya has intentado suicidarte una vez lo cual, en tu caso al menos, te vacuna férreamente contra sucesivos intentos. También he tenido en cuenta esa regla de oro del escritor que dice que la distancia tanto temporal como espacial crea la objetividad en el relato, que es algo que yo, por otra parte, no tengo demasiado claro. Pero, de todas formas, por eso no has de sufrir, en mi caso se cumple de manera harto satisfactoria pues, por lo pronto, casi dos mil kilómetros de Atlántico nos separan, y, por ahora, no hay peligro de que una aproximación física entre nosotros tenga lugar, pues a tí te tiene ya practicamente atado a un sillón esa artrosis que vienes arrastrando hace años y que no has tenido el menor pudor en dejármela como herencia, y a mí, como muy bien sabes, me da pánico subirme en un avión. De todas formas no descarto la posibilidad de que mientras escribo este relato la noticia de tu fallecimiento venga a revolucionar toda mi geografía sentimental y ello me obligue a romper todas estas páginas que llevo ya escritas y comenzar una nueva carta...O no.&lt;br /&gt;Es curioso, tú que eres el receptor virtual de esta epístola vas a ser el único que no la va a leer. Y voy más lejos en mis elucubraciones sobre el porvenir de este libro: es posible que cuando se publique, ya estemos los dos muertos ¿Sabes una cosa?, a este tipo de cartas, en el prólogo de Carta al padre de Kafka las llaman Cartas Muertas. Esta triste metáfora me trae a la mente todo ese cafarnaúm apestoso de tópicos romanticoides: el otoño, los jardines solitarios, un triste adagio de Mahler...¡Cartas muertas! O sea, que esta carta que te envío a tí, ya ha comenzado a morir desde la primera palabra; viene a ser como si ayudando en un parto tuviera entre mis manos, el cadaver diminuto y sanguinolento de un recien nacido. En mi caso prefiero que sea así, una carta muerta en la que te tenga ante mí, para poder hablarte, pero, eso si, solo como un receptor virtual, sabiendo que no has de leerla nunca, si, si, lo has oido perfectamente, nunca; porque si tuviera la más ligera sospecha de que pudiera suceder lo contrario, puedes estar seguro de que no la escribiría, no porque no me atreviera, soy bastante cobarde, pero no se necesita mucho valor para escribir, y aún te diría más: solo escribimos los que hemos huido previamente de la vida y queremos volver a ponerla en un orden que nos agrade un poco más o que nos produzca menos daño. Pues dicho esto te diré que no te la daría a leer simplemente porque no la entenderías, y te haría un daño gratuito, del que yo no sacaría nada. Puedes creerme, no es esa mi intención, no escribo estas páginas para lanzártelas al cuello como hojas de afeitar, ni me estoy erigiendo en juez de tus actos; en mi caso, además, no estaría justificado. Cruzarte el rostro con una carta como ésta, pero viva, palpitante, sería como echarte gasolina o cualquier líquido corrosivo en una herida: te escocería pero no te curaría, mejor dicho, no nos curaría, o, siendo menos presuntuoso por mi parte, es posible que la tirases a la papelera nada más comenzar a leerla y te lavases la conciencia con uno de aquellos calificativos que con tanta habilidad sabías dispararme cuando compartíamos la casa de mamá, si, si, digo bien, la casa de mamá porque, de tu comportamiento huidizo y espantado lo que menos se podía deducir era que tuvieras algún tipo de propiedad, siquiera fuese afectiva, sobre aquella geometría de ladrillos y cemento que los más optimistas llaman, por la fuerza de la costumbre, por pura inercia, hogar. La cruda y dura verdad es que contigo no he tenido la oportunidad de compartir ni casa ni nada, aunque fisicamente pastáramos los dos en el mismo pago; ¿para qué nos vamos a engañar? ¿no te parece? Ahora que lo miro desde la distancia de treinta y tantos años, analizo tu grado de integración en la familia y descubro que tú en ella venías a ser como "ese señor de gris" del que habla Gila en sus Memorias que -nos dice el genial humorista con un fondo de tristeza- vivía en el pasillo de su casa. ¿Dónde vivías tú en nuestra casa?, creo que ni siquiera llegaste al pasillo. ¿Dónde? Pobre padre, nunca te sentiste miembro de tu propia familia, parece como si algo dentro de tí, esa sabiduría interior que tenemos todos te dijera que el lugar que tú querías ocupar no te correspondía, que tú tenías papeleta de padre y querías ocupar un asiento de hijo. Algo dentro de tí ya te avisaba de todo esto, por eso creo que parabas poco en casa. Tú no tenías una familia, tú sufrias una familia. Todos, y algunos desde muy jóvenes, nos vamos haciendo en el hogar ese pequeño rincón aislado de los demás donde nos distraemos volviendo a contemplar las escenas de nuestra vida cotidiana; es el rincón donde sin que nos vean los demás, hasta nos reimos de nosotros mismos...o nos lloramos. Tú carecías de ese rincón, bien es verdad que también carecía de él tu hijo Guillermo, pero a diferencia de tí, él no lo necesitaba, pues lo tenía fuera de casa; siendo casi adolescente ya tenía su novia “formal”, ya no necesitaba pelearse contigo por la posesión de mamá, ya tenía junto a sí una joven hermosa e inteligente que acariciará tiernamente su frente y que con el tiempo se convertirá, haciendo alarde de una sabiduría precoz, en la sustituta de esa madre. ¿De dónde crees, padre, que le ha venido a tu hijo, el haber sido el único vastago de tu familia que ha sabido ejercer su papel de padre y educador con un éxito bastante notable ¿De dónde crees que le ha venido tan benéfica influencia? ¿De tí..? ¡Vamos, padre! No seas vanidoso. Tu hijo Guillermo ha sido, y es, y será hasta que se muera, un hombre tan enmadrado como el resto de sus hermanos; él, al igual que nosotros, no podía escapar de la influencia de una madre que segregaba tal densidad amorosa, una matrona que se pasó la vida rellenando los huecos que a tí te correspondían y que te negabas a cubrir; a ella le tocó hacer de madre y de padre: demasiado bien salió todo. Así y todo, Guillermo no iba a ser menos ...ni más, no iba a quedar libre de esa nefasta carencia de un referente masculino en su educación; estaba, al igual que nosotros, condenado al fracaso más estrepitoso, pero lo salvó esa adolescente que se unió a él cuando apenas contaba quince años y que de una forma instintiva supo decodificar el lenguaje secreto de aquella peculiar familia de neuróticos; casi sin ella misma ser consciente, bebía con fruición a lo largo de años, las lecciones y los ejemplos de aquella suegra que la recibió en el seno de la familia como si de una hija más se tratara. Si padre, si, tu joven nuera, en el más absoluto silencio se preparaba para, años más tarde, con una paciencia asiatica reeducar a tu hijo y construir junto con él, una familia estable en la que los hijos no perdieron nunca el norte en el camino de su educación, y a las pruebas me remito.&lt;br /&gt;Pero estaba hablando de tus relaciones (o más bien habría que decir: de la carencia más absoluta de cualquier tipo de relación, ¿no?) con la familia, y te iba a decir que tu rincón era la tienda, donde te refugiabas de la familia hasta los domingos, y dentro de la tienda, tu útero materno venía representado por aquel sillón agrietado y quejumbroso donde hilvanabas tu modorra las larguísimas tardes de verano. Más de la mitad de esa vida que he conocido de tí, la has pasado echado en ese sillón, lamiéndote las heridas y compadeciéndote de tí mismo. Pero...¿qué te estoy diciendo? si ni tan siquiera utilizabas el retrete de casa; tú “te lo hacías” en el de la tienda. Nunca he podido comprender como podías agacharte y aproximar las partes más íntimas y vulnerables de tu humanidad, a aquella oquedad negra y pestilente; aquel retrete infecto que tenías al fondo de la tienda, en aquel patinillo impregnado de olor a cañería, con la puerta comida por las ratas...Pues así y todo te ibas de casa, por la mañana, tan temprano, que, ya te digo, no utilizabas el servicio de la casa.....¿Tan intensos e irreprimibles eran tus deseos de perder de vista a la familia? ¿Qué te ocurría...? Eso es lo que trato de descubrir en este monólogo contigo que intento desarrollar a lo largo de estas páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibe un fuerte abrazo de tu hijo Jean Valjean.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-1120814996649300148?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/1120814996649300148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/09/los-diarios-de-jean-valjean-al-sur-del.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1120814996649300148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1120814996649300148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/09/los-diarios-de-jean-valjean-al-sur-del.html' title='Los Diarios de Jean Valjean (Al sur del padre-1)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TJss-lZTJGI/AAAAAAAAAMc/nsEwj0Tb8j0/s72-c/escanear0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-8984595888626850753</id><published>2010-09-03T01:43:00.000-07:00</published><updated>2010-09-08T01:55:56.139-07:00</updated><title type='text'>Cartas desde El Mistral</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TIdPfxxreRI/AAAAAAAAAMU/FJIheNSzJas/s1600/IMG_4557.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514463676094707986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TIdPfxxreRI/AAAAAAAAAMU/FJIheNSzJas/s400/IMG_4557.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En Migné (Francia) a bordo de El Mistral, 29 de Agosto del año 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigo Juan Carlos:&lt;br /&gt;Como podrás comprobar por la fecha de mi crónica, esta vez “se me ha pasado el arroz” en mi entrega para ese tu entrañable periódico en el que le has dado generoso refugio a este grafópata empedernido y a veces escritor Jean Valjean. Sólo sabré decirte que el retraso no se ha debido a ninguna causa digna de ser mencionada en estas crónicas, de manera que sólo puedo achacarla a la fascinación que ha producido en mi persona la vuelta a un país como éste, de Francia, del que mis pellejos no sabían nada desde hacía más de cinco años, o sea desde que falleció mi mujer.&lt;br /&gt;Es el caso, amigo Juan Carlos, -y entrando ya en materia narrativa- que hará un par de semanas pasé desde las tierras de Navarra, bajando y subiendo puertos por los valles del Roncal a las de Francia, eso es al Pais Vasco francés con la intención de recorrer una vez más las costas atlánticas hasta la Bretaña y la Normandía pues mi enfermedad me impide vivir durante el verano en las cálidas costas del sur del mediterráneo y he pensado, por ello, en buscarme algún refugio por estas latitudes (en Arcachón fue donde se refugiaron Dalí y Gala cuando los nazis entraron en París por el Arco del Triunfo, y no sé por qué se me ha ocurrido esto ahora) donde el frescor de sus playas me hagan más soportable esta enfermedad que la vejez me ha traído. Ese era mi proyecto, pero….¡mi gozo en un pozo!, pues la población veraniega de todo el territorio ribereño que se extiende desde Biarritz hasta el puerto de Calais pegado ya a Bruselas, y desde la última vez que estuve por estas tierras, en vida de Conchi, esa población estacional, sobre todo francesa y británica, se ha multiplicado por diez, y, como dice el castizo, esto ya no es lo que era. Yo, como tú ya habrás sabido deducir por mis escritos, soy una persona al que el exceso de densidad humana -sobre todo cuando entra en la calidad de masa, masa humana- le hace poco bien a su equilibrio sicológico, ¡vamos! que lo lleva bastante mal. Soy -¿qué quieres?- algo así como un lobo estepario que lee. Así que sin pensármelo dos veces, kilómetro a kilómetro y oyendo mi version audio de El Quijote en el equipo del coche, me he venido hacia el interior de este pais hermano y vecino nuestro. Esta crónica la he comenzado a escribir (después de haberme desayunado una tortilla de patatas y una taza de chocolate con dos croissantes) en el pueblecito de Migné donde he corrido las cortinas de mi autocaravana esta mañana para ver de amanecer Dios por encima del campanario de la Iglesia que, puntual a la cita daba ya los campanazos de rigor. Para que te hagas una idea de donde estoy: si Francia fuese una circunferencia Migné sería su centro, así que me encuentro en el interior del interior de Francia, y se nota la diferencia con la costa atlántica y turística, no ya en el paisaje pues a este pais lo ha cubierto Dios en toda su extensión de un verde y tupido manto de cesped y de árboles. Me refiero en el aspecto sociologico y otros conceptos terminados en ico. Para percibirlo sólo es necesario, tomar el cuaderno de notas y la estilográfica (ya sabes: la Parker 51) y pasear despacio por cada uno de esos mercados semanales que se forman en los pueblos -también de España- de una ciudad de la costa atlántica y otra del interior. La costa, demandante de mano de obra de servicios y poco cualificada ha sido receptora de un fuerte contingente de emigración cuyo sobrante ha tenido que acudir al socorro de montar su chiringuito en el mercado semanal, así que han desvirtuado mucho el concepto del viejo mercado semanal de la Francia rural de la época de por ejemplo De Gaulle y de ahí para atrás. En los mercados semanales de estos lugares que te digo se ve mucho calcetín de oferta, mucho reloj, mucho chandal, más o menos a lo que yo estoy acostumbrado a ver todos los miércoles en la popular barriada de Huelin en Málaga.Por el contrario, en el mercado -por ejemplo- del sábado (Le Marchè du Samedi) en Chauvigny, muy cerca de Poitiers, se encuentra todavía ese aire de mercado rural. Puedes ver a nuestro querido amigo Bernard Michaud, (pronúnciese: “michó”) granjero de Saint Poligny, que, cubierto con su traje “de domingo”, untado el pelo con sus pringues más olorosas, y subido a bordo del viejo Citroen y llevando como copiloto a Madame Michaud, se viene a echar la mañana a la “gran ciudad” de Chauvigny y, de camino, a mercar un par de rollizas ocas con las que hacer ese sabroso foigras que nuestro amigo Michaud hace como nadie. En el momento que pueda se escapará de los brazos de su oíslo y se marchará a catar el vino joven que su vecino el señor Truffaut (aquí léase: “trufó”) ha traido al mercado, o irse a apostar algunos euros en el juego de bolos que se organiza cada sábado, debajo de la vieja olmeda, junto a la iglesia. Madame Michaud aprovechará la efimera liberación conyugal para charlar con una parienta lejana que vive cerca del Cementerio y de camino echará algunos rezos y peinará algunas flores en el nicho de su pequeño Marcel que murió como soldado en Argelia a la edad de dieciocho años. ¡Lo reguapo que era su Marcel, y como suspiraban las muchachas de Saint Poligny el dia que llegó al pueblo la noticia de su muerte ocurrida en un aduar cerca de Orán. Madame Michaud lleva años luchando contra el Ayuntamiento en un contencioso para que incluya el nombre de su hijo en el monumento que hay en el pueblo, ese que dice: Saint Poligny a ses enfants morts pour la Patrie, con dos listas de nombres: los fallecidos en la guerra del 14 y los muertos de la Segunda Guerra Mundial. Pero aún no le ha venido ninguna respuesta desde París. En fin, amigo Juan Carlos, ya sabes aquello de:…Dios te dé pleitos y los gane…..¿No?&lt;br /&gt;La primera ciudad que visité cuando salía huyendo de la masa de veraneantes fue Burdeos. Burdeos es una ciudad grande, enorme, pero como ha ido creciendo poco a poco su perfil estético y su humanidad no ha padecido carencia alguna. Sin temor a equivocarme creo que es una de las que más se parece a París. Haciendo honor a los vinos de los que es denominación de origen, esta ciudad ha ido envejeciendo con bastante nobleza y dignidad. Sólo su casco histórico es ya de unas dimensiones más que notables pero es que la parte moderna ha crecido, como te digo, lenta y sabiamente no como algunos desagradables ejemplos que tú y yo conocemos de nuestro pais, y que también los habrá de haber en Francia, ¿por qué no iba a haberlos?&lt;br /&gt;En Burdeos estuve visitando el Centro de Exposiciones Jean Moulin, donde se ofrecia una colección de fotos y de películas sobre el Movimiento de la Resistencia contra la invasión nazi…¡interesante! Una de las empleadas que hablaba algo de español me sirvió amablemente de cicerone. Me ha quedado para visitar una próxima vez el Mercado de Libros Viejos de la Place des Capucins, al que -dicen- acuden cada domingo hasta los que no leen, por ver y dejarse ver. De todas formas, como pienso repetir mi visita a Burdeos (me queda por recorrer el Burdeos que vivió y dirigio como alcalde el ilustre Michel de Montaigne autor de los “Ensayos”) te prometo una cronica más detallada de esta interesante ciudad para próximas entregas.&lt;br /&gt;Desde Saint Jean d’Illac, que ha sido el pueblecito donde aparqué el Mistral para acercarme a Burdeos en autobús, me he dirigido hacia el este con la idea de atravesar Francia de oeste a este pasando por Poitiers hasta Chauvigny adonde llegué hace cuatro días y en cuya Laverie hice por unas cuantas monedas mi colada con toda la ropa sucia que llevaba debajo de mi cama.&lt;br /&gt;En su Caffé du Commerce (en todos los pueblecitos franceses hay un Café du Commerce o un Café de la Garè) conocí a Agatha, una joven que servía las mesas con diligencia y simpatía hija de francesa y de argentino (imagínate que mezcla de sangres, vamos, como juntar violetas y rosas) con la que pude hacer tertulia en la lengua de Cervantes. Por ella, por Ágatha vine a saber de la existencia de una villa medieval llamada Anglés sur l’Anglin, pueblo que según el Catalogo del Ministerio francés de Turismo es el pueblo más bonito de Fancia. Yo pude comprobar la veracidad de tal aserto pues anoche dormí en las proximidades de su antiguo cementerio con tumbas del siglo dieciocho y algunas hasta del diecisiete….Todas las casas que se agolpan al pie del ruinoso castillo datan también de esos siglos y se conservan con el mismo aspecto que debieron tener en su época, piedra desnuda y sin pintar, envejecida por el verdin que la humedad de siglos ha ido acumulando en sus resquicios. Sus casas parecen tal que sacadas de un cuento de los hermanos Grimm: tejados muy puntiagudos, altas y pequeñas buhardillas con ventanuco asomado a la estrecha callejuela empedrada y un bosque de chimeneas tosiendo humo por las mañanas como alegres comadres fumadoras.&lt;br /&gt;Ahora, como te he dicho me encuentro en Migné y cuando termine de teclear mi crónica salgo para Chateauroux (¿Castillo rojo?).&lt;br /&gt;No te he dicho que esta noche he tenido compañía. Te cuento: Anoche cuando preparaba mi camareta para dormir aparcó cerca del Mistral un coche turismo con dos jóvenes chicas alemanas como única tripulación. Por lo que luego deduje de mi conversación con ellas eran primerizas en esto del vagabundeo por las carreteras de Europa y -alguien las habría aconsejado- venían buscando dormir junto al amparo de alguna autocaravana que, como todos saben, somos gente mayor y de orden. Una de ellas hablaba perfectamente el español y fue la que se acercó hasta el Mistral para que metiera hasta la cena (la cena de ellas) en mi frigorifico una botella de vino blanco. Se llama Rosa (la que habla español) y le he pasado la dirección de mi blog y de tu periodico porque le he dicho que “las voy a sacar en los papeles”, esto es: que me voy a referir a su encuentro cuando haga mi crónica. Esta mañana he compartido con ellas uno de los tres melones que compré ayer en el mercado de Chauvigny y hace un par de horas que nos hemos despedido besándonos como buenos camaradas. Por indicación mía van al pueblecito de complicado nombre ese Anglés sur l’Anglin.&lt;br /&gt;Algo que no le pregunté a la joven Rosa porque me parecía una cierta grosería forzar su anonimato es si era hija o nieta de emigrantes españoles. A mí me lo pareció, más que por la habilidad en el manejo de nuestro idioma, en el gracejo y una cierta feminidad meridional que mostraba en sus gestos. Algún genoma iberico se le transparentaba en su encantadora sonrisa.&lt;br /&gt;Desde el pueblo de Bar-le-Duc, recibe, amigo Juan Carlos un fuerte abrazo para ti y para nuestros amigos de Ceuta-Nostalgia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta crónica ha sido terminada y fechada a bordo de El Mistral en Barle-Duc el dos de septiembre, en ruta hacia Verdún. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-8984595888626850753?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/8984595888626850753/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/09/cartas-desde-el-mistral.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8984595888626850753'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8984595888626850753'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/09/cartas-desde-el-mistral.html' title='Cartas desde El Mistral'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TIdPfxxreRI/AAAAAAAAAMU/FJIheNSzJas/s72-c/IMG_4557.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-1110149757957555585</id><published>2010-07-29T13:19:00.000-07:00</published><updated>2010-12-13T10:08:03.484-08:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Jean Valjean (Notas)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFPfBdzbxLI/AAAAAAAAAME/8Jv8J-ouUsA/s1600/paseo+del+24-1-09+002.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499984786222728370" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFPfBdzbxLI/AAAAAAAAAME/8Jv8J-ouUsA/s400/paseo+del+24-1-09+002.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; LA JOVEN ENCINA bajo cuyo pie reposan las cenizas de Conchi (la mujer con la que he compartido diez años de mi vida) se encuentra en el paraje conocido como La Fuensanta, en la Sierra de las Nieves, muy cerquita del pueblo de El Burgo (¡¡¡qué nombres!!!). Ayer muy de mañana fui a regarla, y la joven encina mostraba la misma lozanía y frescura que el día que la plantamos. Se bebió, sin rechistar, treinta litros de agua. Al despedirme de ella, besé una de sus pequeñas hojas y me recordó cuando besaba el lóbulo de la pequeña y bien formada oreja de Conchi. La primera vez que lo hice, posé mis labios también en una apenas ya perceptible cicatriz que desde la nuca bajaba por su espalda, recordatorio de los dificiles y crueles tiempos de su primer encuentro con el cancer; ella, entonces, hacía como que protestaba porque yo viera su cicatriz...Creo que fue la noche de ese día cuando, en la soledad de mi biblioteca compuse para ella el poema Belle-de-Mar que tanto la impresionó al leerlo. Y aunque Conchi ha muerto, Belle, estará siempre conmigo. Cuando en el silencio de mi pequeña biblioteca vuelvo a leer ese poema me viene como una vaga impresión olfativa del perfume que ella usaba y que yo uso ahora. Y cuando a la noche, cansado ya, abro la puerta de mi dormitorio creo que voy a encontrarla a ella, sentada ante su espejo, arreglando con mimo los pequeños arañazos que el Tiempo iba dejando ya en su bello rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Conchi le tenía mucho miedo al fondo del mar. En vida, me insistía siempre que hablábamos de estas cosas: "Mira de que mi familia no me tire al agua, como hicimos con mis padres. En tierra, yo quiero tierra" Dudaba -sin razón- que al no estar casados legalmente yo no pudiera imponer mi criterio en la sala de banderas de la familia, su familia. De los días previos al entierro de sus cenizas he encontrado estas anotaciones en mi Cuaderno de Notas: &lt;em&gt;HE pasado esta tarde de domingo preparando el tarro hermético que voy a enterrar junto con las cenizas de Conchi el próximo domingo. Además del texto que sigue he introducido en él, en ese tarro, una pequeña lechuza de bronce, animal totémico en el imaginario de Conchi, una moneda de curso legal para que Caronte la acomode bien en su barca, y un tarrito diminuto con unas más diminutas florecillas disecadas, junto con una pequeña nota biográfica en la que puede leerse&lt;/em&gt;: &lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;Bajo este árbol fueron depositadas el día 26 de junio del año 2005, las cenizas funerarias de doña Concepción Ramírez Sáenz, Maestra de Escuela, que nació en Málaga el día 18 de julio del año 1955 y falleció en la misma ciudad el día 31 de mayo del año 2005, víctima de una dolorosa enfermedad. Vivió, sufrió y amó. Descanse en paz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las encinas son mi árbol favorito por la constancia y la dureza con la que resisten las peores condiciones climáticas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JILIPONESES. Dentro del género turista, la subespecie jiliponés (cuyo plural es jiliponeses) representa la degradación máxima adonde ha llegado nuestro glorioso antepasado el Viajero. A los jiliponeses se los encuentra uno, por ejemplo, ante las murallas de Ávila, fotografiando todos la misma piedra, al mismo tiempo y desde el mismo ángulo, o caminando arrebañados siguiendo la ola de un paraguas rojo, o azul, o de un prospecto de hotel enrrollado. Aborrecen la soledad y es por ello que caminan en rebaño por las hermosas callejas de nuestros viejos pueblos. Beben Cocacola en La Rioja y comen en un Burger cuando viajan por un pueblecito pesquero de nuestras costas. Se aburren en los Museos pero han desarrollado una habilidad casi textil para disimularlo, y se agolpan como moscas en los escaparates de TODO A CIEN. El Viajero ha muerto: ¡Viva el Jiliponés!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;ACABO de leer de un tirón El Jarama la novela de Rafael Sánchez Ferlosio. Ha sido una de mis lecturas más tardías. Me ha parecido una buenísima novela. Es un cuadro impresionista de la España de posguerra. Creo que ese estudiante de Medicina que aparece al final de la novela llamado Rafael Soriano Fernández ha querido el autor dejar su firma..algo parecido a lo que hacía Hitchcock cuando en alguna escena pasaba por el fondo de pantalla con su traje de maestro de escuela. Durante toda la lectura he tenido la sensación de que veía una película de Berlanga. Si al final de la novela me hubiese encontrado con el José Isbert de El Verdugo que regresa también a Madrid con los siniestros hierros sonando en su maleta no me habría sorprendido nada. ¿Qué movió a Ferlosio a retirarse de la narrativa después de esta novela? Habremos de esperar a sus Memorias para desvelar ese misterio.&lt;br /&gt;Me recuerda el libro aquellas excursiones que hacíamos con nuestros padres al pinar de Garcia Aldave, cerca ya de la frontera con Marruecos, donde nos tomábamos la gaseosa calentorra y la tortilla fría y salpicada de hormigas, y en las que papá, que echaba la siesta sobre la corteza lagartacea de un pino, regresaba siempre a casa con la camisa manchada y pegajosa de resina, y en esos casos, el viaje de regreso era amenizado por las diversas recetas para quitar las manchas de resina con que no asaeteaban nuestros progenitores mientras el motor del viejo Ford protestaba en las cuestas que al entrañable coche le parecían demasiado impertinentes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;LA CAMARERA que sirve cervezas y bocadillos en el chiringuito de la Estación de Autobuses, cuando escancia mi "sanmiguel" en la copa, antes de servirmela, tiene algo de la Diane Keaton, que hemos visto en las pantallas complementando a Woody Allen; claro que sólo tiene el aire pues la actriz americana es más alta, más espigada, y esta camarera es, digamos, más proletaria, más horizontal. Tiene, cuando habla, un claro acento argentino que ella muy lejos de disimular, hace todos los esfuerzos porque reine en las ondas que en ese instante transportan sus palabras. Ha llegado ya a esa edad en que la mujer que fue hermosa, (y esta muestra apetecibles evidencias de que lo fue) agradece una mirada de apetito por parte del barón que se aproxima a sus terrenos de caza. Yo, desde que utilizo este kiosco para calmar mi sed le brindo algunas, miradas que ella acusa con mohines que tienen un encanto otoñal. No sé como se llama y tampoco sé si quisiera saberlo. Ha de vivir en alguna zona cercana a mi domicilio, pues alguna mañana me la he encontrado en el mismo autobús que yo tomo para ir a la ciudad, el ciento sesenta, ella sentada cerca de la ventanilla y acabando la toilette, utilizando la ventana como espejo de camerino improvisado. Por la edad que le supongo, no creo que pertenezca a aquella hornada de argentinos que, huyendo de los horrores de la dictadura, recalaron en nuestras costas por los años en que yo trabajaba de Profesor en Barcelona...o que perteneciera a los hijos de aquellos. Más bien parece que ha sido regurgitada al Atlantico por la crisis económica que viene azotando en los últimos años aquel pais hermano. Me los encontraba, en los tuneles del Metro, con su timbre de voz tan característico y sus jergas del estilo de: "¡vamos, che...¡no digás pavadas!". Entre la clase privilegiada se repartían el rol del exilio, los periodistas, los sicólogos y los dentistas. Ya se me ha olvidado el nombre de un alumno que tenía yo en el colegio y que soñaba con ser Maradona. Su padre vendía restos de ropa por los mercadillos ambulantes. Al final regresaron de nuevo a su pais. Y por más esfuerzos que hago no recuerdo el nombre de aquel joven que tenía tanta pasión por el futbol.&lt;br /&gt;Pero me había sentado para escribir sobre la camarera...&lt;br /&gt;Tiene las mejillas coloreadas de una campesina, con lo que pierde mucho de americanismo ese gesto a lo bogarth que hace cuando enciende el cigarrillo, al que ella, seguramente llamará pitillo.&lt;br /&gt;Con sus formas opulentas, me recuerda a esas holandesas de cofia y corpiño que aparece en los bodegones de los primitivos flamencos, y no doy nombres porque mi cultura pictorica es completamente roma desde el punto de vista de la erudición, lo cual no me impide temblar de emoción ante un nocturno de Regoyos o una marina de Pissarro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siempre que me tomo la cerveza en este bar, insisto por descubrir qué es lo que me lleva a hermanarla con Diane Keaton, pero aún no lo he descubierto. Tengo una potente imaginación pero yo no puedo controlarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TAMPOCO esta vez ha habido suerte en el certamen literario. No creo que llegue a publicar nunca nada de lo que escribo. Mi caracter es tan debil que no soporta más de dos veces las negativas de las editoriales, o los fracasos en los certamenes literarios. Tendría que remontarme a la infancia para encontrar las causas de este caracter mío que me lleva a carecer de las más mínimas defensas. Tendría que mandar mis escritos a las editoriales. Y, una vez echados en el buzón de Correos, olvidarme de ellos y ponerme a trabajar, a seguir escribiendo cosas nuevas. Pero eso, que para cualquier otra persona sería tan facil, para mí resulta practicamente imposible. Decía Freud, que cuando estás intentando encontrar la causa de alguna patología síquica y te viene un recuerdo de algún hecho acaecido en tu infancia, posiblemente ese hecho esté relacionado con esa patología...Y en mi caso, siempre que reflexiono sobre esta cobardía mía a enviar manuscritos a las editoriales y a los concursos, me viene a la mente un recuerdo de mi infancia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;ELOGIO DE LA LECTURA&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La lectura no te hará más feliz. De acuerdo. Pero al menos te ayudará a descubrir por qué no lo eres, lo que no deja de ser ya un principio para la curación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Otra vez de acuerdo, pero yo prefiero deleitarme con las mil palabras, sobre todo si vienen firmadas por Cela, o por Umbral, o por Josep Pla....&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL DESIERTO es el fondo de antiguos mares ya desaparecidos. ¿Y el espejismo? El espejismo es la venganza de los peces cuyos esqueletos pulverizados vamos pisando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;UN buho fabricaba lentillas. Otro buho las probaba. Y otro que muy cerca había, decía: ¡Les falta un poco de sal!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL cable de la luz es la autopista por la que circulan los electrones. Y la pila su área de descanso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL agua mineral es zumo de grifo embotellado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-EL encerado es el negativo del papel.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-De acuerdo. ¿Y el negativo del encerado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Hacedle la autopsia al borrador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Celebrar el Dia de la Naturaleza es algo así como si los virus de la Gripe se concentraran cerca del corazón del pobre enfermo a celebrar el Día del Hombre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con la desaparición del hombre desaparecerá Dios, pues la Razón ha sido la única capaz de crearlo.....y de descrearlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todavía le falta al hombre descubrir si la salvación de Noé fue un premio o fue un castigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para el Diario de un misántropo: Bienaventurados los que llegaron tarde al Arca de Noé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para ese mismo Diario: El problema es que el último animal que entró en el Arca, caminando delante de Noé fue una hormiga. Si hubiera sido un mulo...¡Qué alivio para este Planeta azul!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dios nos libre de las religiones monoteistas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso de que el peor estiercol para la tierra es el estiercol humano no es por lo que el humano come sino por lo que el humano piensa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hemos alcanzado las más altas cotas de velocidad para correr más y poder llegar antes que nadie a ninguna parte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Silencio es la puerta de entrada a la Sabiduría. Pocos consiguen abrirla pero aún son menos los que lo intentan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para el Diario de ese misántropo: Conversación oida en un rincón cálido del Arca de Noé minutos después de comenzar ésta a balancearse en las pro celosas aguas del Diluvio y en presencia de Noé que es sorprendido en pose biblica acariciando a un animal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Animal acariciado: ¡Joder éramos poco y parió el burro! -refiriéndose a la presencia de Noé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Burro.- Oye, a mí no me metais en el ajo que a éste no lo he traido yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;13 de diciembre.- Esta tarde, después de la revisión con mi neurologo he acudido a ojear las baldas de la librería Luces. He preguntado por una de mis lecturas pendientes de traducción: Las Memorias de Giacomo Casanova. Las tenían. Me las he comprado. Han sido "mis reyes" de este año.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-1110149757957555585?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/1110149757957555585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/07/los-diarios-de-jean-valjean-notas.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1110149757957555585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1110149757957555585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/07/los-diarios-de-jean-valjean-notas.html' title='Los Diarios de Jean Valjean (Notas)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFPfBdzbxLI/AAAAAAAAAME/8Jv8J-ouUsA/s72-c/paseo+del+24-1-09+002.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-281463192864521338</id><published>2010-07-28T10:30:00.001-07:00</published><updated>2010-07-28T10:49:11.161-07:00</updated><title type='text'>Cartas desde "El Mistral"   ( 1 )</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFBtaJEKypI/AAAAAAAAAL8/VHk1PEVsA90/s1600/IMG_4192.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499015440896805522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFBtaJEKypI/AAAAAAAAAL8/VHk1PEVsA90/s400/IMG_4192.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Amigo Juan Carlos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recien acabo de coronar el Puerto de Pajares, famoso por sus paisajes y por los grados de sus pendientes, y que comunica las provincias de Asturias con la de León, las cuales a más hermosa cualquiera de ellas. El Mistral, con la aguja de su temperatura me avisa que va demasiado cargado..y no le falta razón al pobre vehículo pero ya le he explicado muchas veces, cuando dormimos en esos bosques profundos que aún nos quedan por el norte, o en alguna plaza solitaria de algún pueblo abandonado -que también encontramos en nuestro peregrinaje- le he explicado que él (Ell Mistral) se ha convertido en mi vivienda y que debo llevar matalotaje, es decir ropas y calzados para todas las estaciones del año y para todas las geografías de nuestra patria. De todas formas cuando se pone muy insistente, me detengo un rato a la vera del camino y le abro la escotilla del motor para que se refresque con la brisa fresca de los chopos o de los pinos o de los…..&lt;br /&gt;De todos los puertos que he recorrido hasta ahora por nuestro hermoso pais que Dios bendiga, este de Pajares es el que más impresiona subirlo..o bajarlo, pues en pocos kilometros te encaramas a las nubes del cielo y a veces las dejas debajo de tu cola de escape.&lt;br /&gt;Al llegar arriba detengo El Mistral delante de un enorme edificio de estilo herreriano, antiguo hotel cafetería en la decada de los sesenta; ¡la de veces que habrá salido su estampa de “el escorial en chico” en aquellas peliculas de rocio durcal o de tony Leblanc. Está abandonado y -naturalmente- siendo carcomido por el Tiempo y por los vándalos ocasionales que, a su manera también trabajan a modo.&lt;br /&gt;Anoche dormimos (*) en las afueras de Oviedo, en la barriada de La Monxina y esta mañana el autobús numero siete me ha dejado en la calle Uría que, para que me entiendas, es como si en Ceuta hablaramos de la calle Real. Y andando al paso me he llegado hasta la Plaza del Fontán que es uno de los rincones urbanos rurales más bellos de los que he visitado hasta ahora. El escritor Pérez de Ayala hace una descripción muy fiel y muy poetica de este rinconcito de Oviedo en su novela Tigre Juan. Novela que, aconsejado por una amiga de esta ciudad que conocí hace días, he comenzado a leerla pero que, a pesar de considerarme yo un lector todo terreno, no he podido llegar siquiera a la mitad; creo que el Tiempo se la ha comido. El magistral escritor ovetense, en este caso, y en mi modesto parecer carga demasiado la pluma con los giros y vocablos locales y su prosa, lastrada por ese peso se hace renqueante y algo pesada.&lt;br /&gt;Pero te estaba hablando, Juan Carlos, de la subida al Puerto de Pajares. El día de hoy se prestaba a disfrutar el paisaje, pues las espesas brumas y nieblas que normalmente suelen inundar todos los pequeños valles que se forman entre las montañas o no habíanse formado esta mañana o -lo que es más plausible- dado lo avanzado de la mañana ya se habían disuelto. Los picachos más altos están completamente desnudos de vegetación, tienen el color del acero y cuando comienzan a derramarse por las laderas están cubiertos de una vegetación verde muy apretada; parece como si esa misma mañana, estos enormes cuchillos geológicos apuntados hacia las nubes hubiesen desgarrado la tierra esa misma mañana para salir a flote con toda la furia acumulada desde la última glaciación.&lt;br /&gt;Desde que han abierto el túnel que facilita el acceso a León sin tener que salvar este Puerto, el tráfico de camiones por esta Nacional nosécuanto ha disminuído notablemente, y así se puede subir disfrutando del paisaje sin tener que estar pendiente cuando subes de que un mastodonte de dieciséis ruedas tirado por un motor perkins se te eche encima.&lt;br /&gt;No sé si sabes que en los tiempos del transporte a caballos y mulas, en estos Puertos y en todos los demás de España -el de Despeñaperros lleva inplícito en su nombre la anécdota que te voy a contar- se criaban en los corrales de las dos o tres posadas que se repartían todo el camino, se criaban –digo- unos perros de presa que, cuando los caballos no mostraban toda la disposición anímica -¡pobres!- que se esperaba de ellos para vencer los peores repechos, se les echaban entre las patas para que a ladridos y a mordiscos animaran la macabra danza de los pobres bichos (los caballos) que no pocas veces se vengaban abriéndoles el cráneo de una coz a los otros pobres bichos (los perros) o mandándolos acantilado abajo con las tripas desflecadas en el fondo de cuyo abismo agonizaban durante días de las horribles heridas. El nombre de Despeñaperros es todo un documento sellado para siempre en la historia de esa parte de España que comunica Andalucía con Castilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*) Cuando empleo la primera persona del plural, como en este caso dormimos me refiero a mi persona y a la de El Mistral al que a fuerza de caminar juntos ya le he adjudicado atributos humanos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo nacido en el sur, no está uno acostumbrado a este verdor casi gastronómico, a esta lujuria de la Naturaleza que se muestra sin pudor alguno al sufrido viajante procedente de los desiertos meridionales. Me dan ganas de hacer como don Quijote, quedarme &lt;&lt;en&gt;&gt; y triscar por estos prados comiendo hierba y bebiendo de las fuentes. Ahora entiendo perfectamente aquellos calificativos rotundos de nuestros estudios de bachillerato de las dos españas (de las otros dos nos libre Dios) la España húmeda y la España seca que estudiábamos -¿te acuerdas Juan Carlos?- en aquellos flamantes textos de Geografía que nuestros padres adquirán para nosotros a principios de curso en aquella popular calle en pendiente, frente al cine Apolo y en la que se encontraba el Bar Jamón y un kiosquito montado cada otoño por un conserje del Instituto en nuestra querida Ceuta natal.&lt;br /&gt;Pero, retomo el hilo de mi narrativa:&lt;br /&gt;Cuando subo este Puerto de Pajares, la estrechez de la carretera, la pachorra curvilínea con la que sube, y la profundidad de los abismos que se abren debajo de las ruedas de mi Mistral, me hacen creer, con poco esfuerzo imaginativo, que voy subiendo hacia las nubes en unos de aquellos lentísimos y pesados bimotores de los principios de la aviación, pues al mirar por la ventanilla del lateral correspondiente solo veo los picachos de las montañas con la nata montada de las nubes y hacia bajo los caseríos empequeñecidos por la altura. Claro que eso no empecé para que, de pronto, como aparecía Hitchcock en algunas escenas de todas sus películas, me aparece en primer plano y llenando toda la ventanilla la cara gorda, amable y tierna de una vaca limusina con cara de uinston chrchil mascando hierba en lugar de su puro por una esquinita rosada de sus belfos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;………………………………………………............................................................Pero El Mistral, amigo Juan Carlos, corre más que el teclado de mi ordenador…tanto que ya me encuentro muy lejos del Puerto de Pajares. Quedan atrás los páramos de León; una inmensa llanura, o el antiguo lecho de un lago jurásico, donde el cereal, el buen cereal que Dios bendiga ya ha sido recogido y en el barbecho quedan, como restos de un dominó olímpico jugado por los dioses del estío, las alpacas doradas. Estos inmensos mares de pan llevar (estamos en Tierra de Campos) son pespunteados por ringleras de olmos que nos dan cuenta de la existencia, a sus pies, de algún arroyuelo que nos trae, fundidas y cálidas los últimos restos de nieve de las lejanas sierras, (Gredos, por ejemplo), o algún ramblizo seco, o un camino rural que lleva hasta ese caserío que se me presenta al fondo del cuadro sobre un alcor de curvas sensuales. Anoche dormí en una aldea llamada Las Cuevas, que se encuentra, como si dijeramos, a caballo, entre las tierras de Castilla y el Reino de Valencia en el que me encuentro ahora cuando tomo estas notas, acunado por el mantra áspero y monótono de las chicharras, perfumado el aire del Mistral por la resina de los pinos que nos rodean. Por la ventanilla izquierda me llegan ya los primeros olores (o que yo quiero imaginar) de la Albufera pues Valencia, y concretamente El Saler es el rumbo que llevo en el cuaderno de bitácora de mi embarcación terrestre, pues en ese pueblecito de la costa levantina es donde me voy a encontrar con un amigo de juventud de Haddú; tú lo conoces, se llama Salvador Evangelista y pertenece a esa entrañable peña de amigos que es Cadena de la Amistad.&lt;br /&gt;Y de Valencia seguiremos rumbo sur hasta llegar a nuestros cuarteles de invierno, Rincón de la Victoria donde meteré al Mistral en dique seco para preparar la próxima salida que será para primeros dias de septiembre, todo ello contando con que mi movedizo carácter no me eche al asfalto dias antes, que todo pudiera ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibe un fuerte abrazo de tu amigo Jean Valjean desde los aromáticos pinares de la morisca villa de Ayora. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-281463192864521338?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/281463192864521338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/07/cartas-desde-el-mistral-1.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/281463192864521338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/281463192864521338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/07/cartas-desde-el-mistral-1.html' title='Cartas desde &quot;El Mistral&quot;   ( 1 )'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TFBtaJEKypI/AAAAAAAAAL8/VHk1PEVsA90/s72-c/IMG_4192.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4387302998256468005</id><published>2010-06-26T05:04:00.000-07:00</published><updated>2010-06-26T05:22:37.414-07:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Jean Valjean</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TCXtE0GuhlI/AAAAAAAAAL0/rGiHp9RWDzo/s1600/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5487052387982935634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 361px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TCXtE0GuhlI/AAAAAAAAAL0/rGiHp9RWDzo/s400/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; A bordo de El Mistral, 20 de junio del año 2010.Ma petite:&lt;br /&gt;Hace tiempo que tengo algo abandonadas estas cartas que te vengo dirigiendo desde mi blog todas ellas con la esperanza, la vana esperanza de que algún día sean leidas por ti y contestadas. Así que, dado tu silencio yo vuelvo por do solía como dice el clásico, vuelvo a las andadas. Esta de ahora te la escribo en el pupitre ambulante de mi autocaravana con la que, como ya te habrás enterado por tu tía, ¡o no…! vengo recorriendo las ciudades y pueblos de España. Llevo ya algunos años en la carretera; la muerte de Conchi, aquel fatídico mes de mayo del año dos mil cinco ha convertido El Faro (mi pequeño chalet junto al mar) en un enorme y destartalado caserón en el que hasta mis pensamientos producen eco al chocar contra las frías paredes de la soledad. Y así, poco a poco, casi sin quererlo, he terminado viniéndome a vivir a las tripas de mi Mistral, y viajo en su interior como lo hacía Jonás en el de la ballena, pero eso es otra historia. Te digo que en esta ocasión me encuentro en la villa de Cuéllar, junto a una vieja iglesia a la orilla de cuyo pórtico hay una fuente de agua fresca y clara. Con cierta dificultad he conseguido meter al Mistral bajo las espesas copas de unos olmos viejos y serios que me refrescarán el descanso nocturno, pues por estas tierras de Castilla comienza ya a asomar la canícula.&lt;br /&gt;Esta vida de nómada que llevo con mi autocaravana me resulta cada día más atractiva. Al principio echaba mucho de menos mi pequeña biblioteca, mis paseos descalzado por la playa de Rincón, el café con churros en el viejo Café del Puerto de los Pescadores donde suelo escribir por las mañanas, y algunas cosas más, pero con el paso del tiempo he ido olvidando poco a poco todas esas delicatesen domésticas, y también poco a poco me voy organizando mejor; ahora, por ejemplo tengo a mi disposición todas las bibliotecas públicas del pais, donde me abastezco de lecturas, y cuando echo a faltar el mar, y si esa nostalgia me sorprende en el interior, tomo uno de los puntos cardinales y él, me lleva a una de las muchas costas que rodean nuestra península, que no otra cosa quiere significar la palabra península. Es tal el nomadismo que impregna últimamente mi vida que cuando haya terminado de escribir esta carta posiblemente me encuentre ya muy lejos de este lugar (*) pues, como te digo, enseguida siento la llamada del río de asfalto a cuya orilla como y duermo muchas veces.&lt;br /&gt;(*) Efectívamente: esta carta la concluyo en la Plaza Mayor de Turégano, asomando por el parabrisas de El Mistral la visión del terrible castillo fortaleza de cuyas mazmorras huyera (cuando huyera) Antonio Pérez el secretario de nuestro Felipe II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Has de saber, hija, que hace unos cuatro o cinco días (ya no me acuerdo) me llamó, desde Canarias, tu tía Mariló para que abandonase mi ruta habitual, que por entonces discurría por las tierras de Salamanca, y me acercase hasta la residencia de estudiantes en Madrid donde se encuentra alojada tu prima que, sabes, estudia Periodismo. Resulta que a tu prima le ha vuelto a repetir ese desfallecimiento que ya sabes que le dio el año pasado cuando se dirigía a la Facultad para realizar un examen de una de sus asignaturas (ahora las llaman créditos). Pero por lo que he hablado con tu tía y con tu prima y por los años de oficio en el Magisterio me parece que ni la cirugía ni la farmacopea tienen nada que hacer en estos vahídos pseudo románticos que le dan a tu prima camino del tribunal examinatorio (estoy pensando en aquellas doncellitas quinceañeras del siglo diecinueve que, vestidas de corpiño y polisón se desmayaban sobre las espaldas eburneas de un piano de cola blanqueado de partituras de Chopín, y con sus manitas (las de esa damisela) agarradas a un tomo en octavo de las rimas de Becquer, ya sabes: aquello de &lt;em&gt;volverán las oscuras golondrinas...&lt;/em&gt; aquel poemita escolar que nos gustó tanto en Primero de Bachiller y que, coronado el Sexto Curso, y torturado ya tropecientas veces con el poemita de marras te entraban ganas de hacerte un bocadillo con las jodidas golondrinas. Vamos que, a mi corto entender, yo tengo para mi santigüada que lo que le ha pasado a tu prima es que ha querido epatar a su glorioso paisano Pérez Galdós que, matriculado en la Facultad de Derecho se pasaba todas las noches en los Cafés y Teatros madrileños para, al final del curso, pegarse un atracón de Derecho Administrativo, o Romano e ir aprobando los cursos con un bien llevar y con la sana intención de que su padre continuara arrimándole cada mes el girito de marras. ¡Ah! ¡se me olvidaba! a este sin par genio de la Literatura aún le quedó tiempo, entre farra y farra, para escribir los Episodios Nacionales, que no está nada mal. Esperemos que a tu prima la adornen algún año los Laureles de la &lt;&lt;universitas&gt;&gt; y la veamos, en su tiempo y sazón, de turiferaria en alguna Redacción de Prensa de nuestro pais…o sí.&lt;br /&gt;Pero, evidentemente, no he comenzado esta carta para hablarte de tu prima sino de ti. Es el caso que me he enterado por tu tía que este año vas a comenzar otra carrera universitaria; ésta de ahora, por lo visto de una duración de cinco años. O sea que si mi memoria no me falla cuando termines esta carrera (si es que la terminas, cosa que dudo, y me reconocerás al menos que tengo motivos para dudar) tendrás la friolera de treinta y dos años…(¿treinta y uno?..bien…treinta y uno: concedido: submarino como animal de compañía)&lt;br /&gt;Nena, ¿tú crees que esa edad es la normal para haber terminado unos estudios e incorporarse al mundo laboral? ¿Tú crees, mi pequeña, que tiene algo de sensatez este afán tuyo de permanecer de por vida en la nómina estudiantil? ¿Crees, realmente que es tan larga nuestra vida? Yo pienso que no, que no es tan larga…&lt;br /&gt;Ya me gustaría que respondieses a mis cartas a través del blog, pero he perdido también esa esperanza.&lt;br /&gt;Sigo.Pronto (en el mes de septiembre) hará ocho años que Conchi y yo te acompañamos al campus universitario de Valencia donde formalizaste la matricula para una Diplomatura cuyo nombre no recuerdo pero que de haberla terminado muy posiblemente ya estarías trabajando. Y al cabo de ocho años te encuentro otra vez en la linea de salida…¿Hasta cuando? Te recuerdo que cuando entonces aún no había llegado Zapatero a la Presidencia del Gobierno, y a todos, nos parece ya el señor Zapatero más viejo que el hilo negro…..y tú sigues aún comenzando una y otra vez otra carrera universitaria, algo parecido a la tragedia de Sísifo, sólo que tú regresas (para volver a comenzar de nuevo) a la meta de forma voluntaria y a Sísifo eran los propios dioses los que lo atormentaban.&lt;br /&gt;Pequeña: Se te está pasando el tiempo de buscarte un puesto de trabajo que te facilite una independencia económica que es lo que verdaderamente importa, pero parece ser que estás anestesiada…y lo malo es que la persona que está a tu lado parece estar aún más anestesiada que tú.&lt;br /&gt;Nena. Cariño. Abandona esa idea de comenzar por enésima vez una carrera universitaria y búscate un puesto de trabajo que te permita de una vez independizarte económicamente. Yo te ayudaría los primeros meses. Puedes compartir un piso de alquiler con otras amigas, y con un sueldo aunque pequeño puedes comenzar ya a dirigir tú sola tu propia vida que es la meta que cualquier educador/ra debe plantearse ante su pupilo o su hijo/ja. ¿No crees?&lt;br /&gt;Ya sé que ahora corren malos tiempos para buscar trabajo pero es que tu situación no admite espera. Has de saber que te queda muy poco para cumplir una edad en la que ni siquiera te admitan en ningún puesto laboral…Y hasta para presentarse a cualquier Oposición tú estás llegando ya a la edad límite.&lt;br /&gt;Yo tengo muchas ganas de verte, de abrazarte de besarte, pero eso por ahora es imposible y bien que me duele. A tu madre le dije un día que yo nunca llegaría a ser padre-amigo y que si ella (tu madre) me cortaba el camino para ser solo padre, sin ningún calificativo, nos separaría a ti y a mí para siempre…y así ha ocurrido. Tú has esperado siempre de mí una actitud permisiva y bizcochable y al no encontrarla me has tomado por un enemigo. Y al enemigo…ya se sabe..&lt;&lt;ni&gt;&gt; Lo malo es, pequeña, que, descontada tu madre, la única persona a la que realmente le importa lo que a ti pueda sucederte es este &lt;&lt;enemigo&gt;&gt; que ahora teclea en el ordenador.&lt;br /&gt;Me gustaría que entendieras que todo el comportamiento tuyo de ahora y, en general, tu forma de ser, tu carácter, tus costumbres (buenas o malas…no las conozco) todo ello ha venido determinado por la educación que de tu madre has recibido, y digo de tu madre, y exclusivamente de tu madre porque como bien sabes yo no he intervenido (no me han dejado) para nada en tu formación. Puedes estar completamente segura de que si hubieras tenido otra persona como educadora, tú serías ahora una mujer muy diferente de la que eres; no quiero decir que fueras mejor o peor…eso poco importa, pero sí que serías diferente. Te quiero decir con esto que el noventa por ciento de lo que seamos de adultos nos viene dado por la educación (buena o mala) que nos hayan dado nuestros padres. A estas alturas, no voy a ocultarte, que la educación que de tu madre has recibido no puede ser peor; a los resultados me remito. Y mira que tu madre lo tenía facil, porque la materia prima con la que iba a trabajar (tú) era, ¡y sigue siendo! de la mejor calidad, quiero decir que eres una persona muy inteligente. Pero de nada le ha servido, porque la que falló fue ella, y ella, ahora debe de estar durmiendo bastante mal (lo mismo le pasó a mi hermano Paco) y tiene motivos para ello.&lt;br /&gt;Bueno, voy terminando. Sólo me resta insistir una vez más para que leas las cartas que te dirijo desde mi blog y las respondieses por escrito en el mismo blog o por el correo convencional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…Y que cuando realmente me necesites, no dudes en buscarme. No lo dudes ni por un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos besos de tu padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;La pintura es de Joaquín Sorolla&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-4387302998256468005?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/4387302998256468005/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/06/los-diarios-de-jean-valjean.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4387302998256468005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4387302998256468005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/06/los-diarios-de-jean-valjean.html' title='Los Diarios de Jean Valjean'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/TCXtE0GuhlI/AAAAAAAAAL0/rGiHp9RWDzo/s72-c/Joaquin_Sorolla_Walk_on_the_Beach.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7546520901165165147</id><published>2010-05-09T07:43:00.000-07:00</published><updated>2010-05-09T08:03:40.324-07:00</updated><title type='text'>EL  LOCUTOR   ( 2 )</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S-bMeITyy0I/AAAAAAAAALk/UTNKRp0YiLo/s1600/pintura+para+el+blog.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 309px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S-bMeITyy0I/AAAAAAAAALk/UTNKRp0YiLo/s400/pintura+para+el+blog.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5469283615486692162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las puertas del vagón se abrían y se cerraban en las estaciones con un escupitajo seco de aire eléctrico, vomitando, la gran oruga metálica, en cada una de ellas, en cada una de las estaciones, un amasijo de carne vestida, de carne autómata, que en el mismo instante de ser regurgitada y de tomar contacto con el suelo cobraba vida autónoma, como si de cientos y cientos de pequeños y cotidianos tántalos se tratase, desparramándose bulliciosa por los andenes sucios de cemento negro. Y a pesar de aquel bullicio pegajoso e incómodo que tanto solía molestarme casi siempre, esta vez, en cambio, ni tan siquiera notaba los empellones que la carne autómata, sin otro remedio, me iba propinando. Se trataba de una de esas "horas punta" en las que el gran gusano de hierro comía y vomitaba con una voracidad demoníaca y fueron tantos los empellones que yo recibía que una de las veces estuve a punto de ser precipitado bajo las ruedas de acero del "metro".&lt;br /&gt;Era yo (se decía por los mentideros de la Emisora) un tío macanudo para eso de "pinchar" discos. Tenía (insistían algunos) un sentido especial, como un sexto sentido, para saber qué tipo de música iba bien en cada momento del día y en cada precisa hora de la noche. Fue, una vez terminadas las grabaciones, cuando me dieron la buena noticia: entraría a trabajar como locutor todos los miércoles. "Si la cosa funcionaba", me había dicho el jefe de programas, me harían de plantilla. Y más adelante (añadía yo para mis adentros en uno de mis desafortunados, frecuentes y febriles arrebatos de optimismo infantil) con un poco de suerte, a la Emisora Central, a "la Casa", como la conocían los locutores veteranos cuando hablaban en su propio especial argot. A mí, sin embargo el tiempo, no me daría el tiempo suficiente para familiarizarme con ese vocablo, pero eso es ya otra historia...&lt;br /&gt;Cuando terminé de grabar los publicitarios marché para casa con tres billetes (de los verdes, aún no se conocían los rojos, mucho menos los azules)) en el bolsillo y aquel conjuntito de braguita y sujetadores negros que tanto le gustaba a Montse y que me sacaron los colores a la mejilla ante la vendedora cuando, con torpe mímica quise representar, ahuecando las manos sobre mi pecho, las abundantes y bien enclavadas ubres de mi Montse. Montse era de signo escorpio. "Como la Márilin Monrru" me decía ella, en broma, con dos pequeñas rosas flotando en la leche blanca de sus mejillas, cuando se desnudaba delante de mí, en la penumbra cálida de nuestro dormitorio.&lt;br /&gt;-Deja ya de mirarme así, sátiro- me decía.&lt;br /&gt;-No, que estás muy buena le respondía yo.&lt;br /&gt;A Montse le sentaba muy bien el conjunto interior negro, sería por su piel tan blanca, la verdad es que con él, con el conjuntito, estaba realmente seductora y a mí me ponía cachondo:"¡Se me encienden las carnes!" decía para responderle a otra broma de ella, bromas seudoeróticas que manteníamos al principio de nuestra vida en común, cuando las tensiones que llevarían irremediablemente a nuestra separación definitiva no habian hecho su aparicion, y las contradicciones que no nos habiamos confesado no habían comenzado, por tanto, a anidar aún en nuestras almas. Realmente Montse era una de las pocas mujeres a las que la piel blanca le sentaba estupendamente, y aunque tenía su poquita de barriga, caída y todo, (criada y alimentada con santa paciencia en el Lóndon Bar de las Ramblas durante su época de estudiante) aún parecía que aquello me excitaba más. La de gritos que pegaba el vecino (¡bueno! más bien la mujer del vecino) cuando Montse, en la dulce agonía de su climax, se vaciaba en mi boca dando estertores de placer. "Y hasta parecía, también, (comentábamos los dos ahogados por la risa y acariciándonos nuestros cuerpos) como si los gritos de la reprimida vecina nos pusiese más a tono, más cachondos. "Esa es, esa es", me susurraba Montse, al oído, cuando coincidíamos con la vecina en el ascensor. Y era entonces cuando la vecina, tan poco acostumbrada ¡la pobre! a tan escandalosas y eufóricas apologias del sexo; sorda ya (sin duda desde...años a juzgar por la edad medianera que aparentaba) a los broncos y mal ahogados gritos de su propia carne, mantenía los ojos clavados -durante todo el trayecto de subida o bajada- en el cuadro de mandos del ascensor, huyendo (como avergonzada)de las miradas francas, directas e incisivas de Montse que la retaba desde el creciente blanco de su sonrisa a una confesión general de la propia infelicidad.&lt;br /&gt;Esa noche, con la euforia, casi a punto estuve de pasarme la estación en la que tenía que hacer el cambio de linea. Y por poco, también, quedo apresado entre las puertas del vagón, que se cerraron con estrépito al filo de mi nuca. Inmerso en aquella torrentera de carne humana me dejaba llevar por los estrechos túneles cuyas orillas habían sido ya conquistadas, a aquellas horas de la noche, por los mendigos, los músicos ambulantes, los pedigüeños, de los cuales, muchos de ellos ya se habían echado a dormir sobre espesas capas de cartón de embalaje, para pasar la noche en el subsuelo de la ciudad, su única residencia; para algunos la última, de la que, en una madrugada cualquiera, lo sacarían los guardias municipales, en una camilla, para llevarlos directamente al depósito de cadaveres. Mientras caminaba, casi en volandas, medio aplastado por la gente y casi asfixiado por el agrio, característico, olor de cable tostado del "metro", iba pensando en Montse, recordando, con amargura, lo ocurrido la noche anterior: Nada más llegar a casa (con las prisas ni siquiera saludé a la portera que estaba barriendo el portón) me desnudé en el comedor, dejando la ropa, como un cadaver vacío sobre el mar amarillo y blanco de la tapicería del sofá, y me fuí, completamente en pelotas, hasta la cama. Montse aún no se ha levantado (me dije golpeándome con suavidad el pene para alegrarlo)...¡de puta madre!.&lt;br /&gt;Para no despertarla entré a oscuras en el dormitorio, levanté un poco el embozo de la cama y me acurruqué junto a ella, apretando mi pecho contra su espalda cálida y suave, sintiendo en la cabeza del glande el roce fresco de sus braguitas de seda que se hundían entre sus nalgas. Ella dormía profundamente, y de su cuerpo se desprendía un perfume caliente y dulzón de agua de colonia amortiguado por su propio y característico olor que mi olfato reconoció enseguida, con no poco placer. Al oprimirla contra mi cuerpo ella se rebullía, como hacía tantas veces, pero ahora, a diferencia de otras veces, no se volvió, no me buscó, y yo encajé el golpe sin rechistar. "Qué distinto era todo ahora -me dije, apartándome de ella y con la mirada clavada en las grietas del techo- que distinto de los primeros tiempos de nuestra convivencia, de nuestra vida en pareja; aquellos felices días -ya lejanos en el recuerdo- en que ella todavía me buscaba en la oscuridad de la noche, moviéndose por toda la cama con la agilidad de un reptil, de un hermoso y elegante reptil, abriendo -al encontrarse nuestros dos cuerpos- su boca y su sexo, gimiendo aquella por el deseo irrefrenable. En cambio ahora...¡que diferente!¡qué distinto!...Ella, medio desvelada, protestó sordamente cuando sintió mi cuerpo echado sobre el suyo, y yo no tuve más remedio que apartarme, triste y herido; claro que siempre podría haberla despertado, enérgicamente, como hacía ella cuando algo de mí le molestaba, pero eso, en mí era impensable. Toda aquella seguridad que tuviera antaño con ella, con mi compañera, toda aquella compenetración en los juegos del amor la iría perdiendo poco a poco (pero, eso si, de una manera implacable e irreversible) cuando en mi cerebro comenzó a cuajar, a tomar cuerpo la sospecha de que no "funcionaba en la cama", vamos, de que no funcionaba con el rol que de mí se esperaba, o que yo pensaba que de mí se esperaba, que viene a ser lo mismo. Montse callaba, Montse no me dijo nunca nada, fui yo quien tuvo que ir descubriéndolo todo poco a poco, y cuando esa sospecha se transformó en certeza, todo quedó explicado, muy explicado, rabiosa, amarga y certeramente explicado: nunca me había sentido atraído por la simple y llana penetración, y hasta me vanagloriaba de ello, las primeras veces, en aquellas relaciones mantenidas de forma esporádica con alguna camarada del Partido a la que se conocía, de manera fortuíta y casual, en cualquier manifestación politica, cuando, huyendo de los "grises", coincidíamos ambos en alguna portería, o en lo alto de alguna azotea -adonde habíamos acudido para escondernos de los antidisturbios que con sus uniformes y movimientos de robots mecánicos buscábannos como perros de presa por los bajos del edificio- para, (después de intercambiarnos nuestros nombres (nombres de guerra: falsos naturalmente) pasábamos juntos nuestra primera -y muy posiblemente última- noche.¿Ya se han ido?¡Coño, tía, habla más bajo!.Menudos cabrones, el otro día, engancharon a una compañera mía de la Federación del Metal, y en un portón como éste la pusieron "morada" a palos y luego ellos mismos la llevaron al Clinico.¿Bajamos?.¡Bueno!.¿Donde vas ahora?.Pensaba irme a casa, ya no tengo nada que hacer.Yo vivo aqui cerca, ¿vienes?.-¡Bueno!, ¿Tienes "maría"?&lt;br /&gt;...Pero Montse había sido mi primera compañera estable, con ella, hasta ese momento, todo había sido diferente, o eso al menos es lo que yo creía, o quería creer. El fracaso de nuestras relaciones sexuales se hizo patente -para ella sobre todo- cuando llevábamos apenas un mes viviendo juntos, compartiendo un piso (al principio con otros camaradas de "lucha política")en el extrarradio de la ciudad, en la zona obrera, el cinturón rojo como era conocido en los ambientes de militancia marxista. Por más que ella, con no poca paciencia, trataba de calmarme durante el acto del amor, yo (no podía evitarlo), veía el acto del coito como una violencia que estaba ejerciendo contra mi propia pareja. Qué ridiculo me sentía cuando íbamos a cualquier cine y...(aquella vez que fuimos al Cine Cataluña a ver una pelicula que -precisamente yo- había "criticado" de manera tan favorable y le había insistido a ella para que fueramos verla juntos), qué ridiculo me sentía cuando ella me reprochaba el que volviera la cara hacia otro lado cuando en la escena salia una pareja en el momento de efectuar el coito...&lt;br /&gt;En cambio poseía, quizá para compensar mi impotencia, (la palabra impotencia no sería exacta, pues no dejaba de tener fuertes erecciones) una especial habilidad para la caricia, para excitar a mi compañera; mis manos volvianse mil, al contacto con aquella piel de la que yo con tan solo mis dedos sacaba estremecimientos de placer, hurgando con la boca, con una curiosidad casi infantil (como la de ese niño que descubre por primera vez el cuerpo desnudo de su madre) por todos sus rincones; mi boca, entonces, pareciendo que cobraba vida movíase con plena independencia de mi cerebro y, obedeciendo tan solo a los instintos más primitivos que yo abrigaba en mi alma deslizábase por todos los recovecos de aquel cuerpo que tenia entre mis manos, cuerpo que volvíase gemelo del mío propio cuando yo lo catapultaba hasta los tempestuosos mares del climax, masturbando para ello el clítoris con la boca, con dentelladitas suaves, tiernas, para (al final) terminar recogiendo en la carne viva de mi garganta (retorciendome yo tambien de placer) las liquidas emanaciones de su sexo abierto y palpitante, mientras la boca de ella buscaba, con la respiración jadeante y los ojos cerrados, mi pene aún intacto...&lt;br /&gt;No, la verdad es que ya no me quedaron ánimos ni para darle aquella buena noticia, ¡mi buena noticia!: por fin iba a tener un trabajo estable en la Emisora, no hacía ni una hora que me lo habían dicho, al terminar el trabajo de aquella noche; se acabaron ya para siempre aquellas grabaciones esporádicas de publicitarios, aquellos anuncios de medio pelo mal hechos y peor pagados...¡ni tan siquiera a decirselo llegaría!. Ella nunca llegaría a enterarse.&lt;br /&gt;Después vendría el distanciamiento, las frases convencionales, los silencios prolongados, las tensiones, los fingimientos, sobre todo por parte de ella, de Montse; vendría la compasión, la lástima, el complejo de culpabilidad, el no sentirse partícipe de la soledad que a mí me estaba ahogando, las dudas de si alguna vez me quiso de verdad...y por último el romper los pequeños fingimientos o el sacar trocitos de la amarga verdad, aunque fuese de manera disimulada. Montse, un buen día (ya no podría recordar cuando) dejó de tomar las píldoras anticonceptivas, puso como excusa que la médica (ya empezaba a decirse "la médica", sobre todo en los ambientes feministas) le había interrumpido el tratamiento anticonceptivo para someterla a unas pruebas ginecológicas. Eso, al menos, fue lo que me dijo ella, pero yo, entonces, terminé asociando en mi mente todas las desagradables escenas que habían tenido lugar entre nosotros cuando estábamos en la cama, comencé a hilvanarlas unas con otras, pacientemente, saboreando el ácido que ellas me traían al corazón. Y cuando terminé mi trabajo de paciente artesano, cuando acabaron, por fin, aquellas escenas, de tomar consistencia y coherencia en mi mente, apareció con la certidumbre y la dureza del acero, "aquello", "lo innombrable", y que hasta ese instante habia sido, para mí sólo, naturalmente, una leve sospecha a la que se espanta como el abejorro molesto que nos entra en el salón una tarde de verano: el fantasma de la impotencia, mi imposibilidad para efectuar el coito, la negación total de mi pobre sexualidad a culminar la penetración. Montse, con la seguridad y el aplomo que la había caracterizado siempre, intentaba sacar "el tema" (eufemismo seudo progre muy empleado por los, entonces, jóvenes de la época) cuando la conversación recalaba en esos momentos relajados y de intimidad en que toda pareja, por muy mal que se lleven, suelen entrar. Montse (no podía dejar de reconocer yo) tenía una fuerza innata para enfrentarse a cualquier problema, a plantearlos, a racionalizarlos, a desarmarlos...miraba la adversidad de frente, siempre habia sido así.Sus años de práctica en las Asambleas de Estudiantes durante la época más áspera de la Dictadura, habrían de servirle (pensaba yo entonces muy equivocadamente, debido a que había mitificado siempre la militancia política) habrían de servirle para desenvolverse con cierta agilidad intelectualoide en estas cuestiones "cotidianas" las llamaba ella. En cambio yo, con tantos o más años de militancia politica a mis espaldas, (una militancia más dura, más radical, más "de obrero" que la militancia intelectual-universitaria de Montse) en cambio yo ante ella, me empequeñecía, me quedaba reducido a la más mínima expresion de mi personalidad, dejaba de ser en ese instante (en el instante en que ella me miraba con sus ojos de aguas limpias..,de frente) dejaba de ser aquel militante seguro y firme (que comentaba los libros de Lenin apoyado indolentemente ante la mesa de mármol de un oculto café en un aún más oculto barrio del extrarradio cuando acudía a la captación de algún "simpa") para quedar reducido a la dimensión intelectual y afectiva de un niño, de un niño asustadizo y pusilánime que sólo veía mi soledad, mi soledad egoista que para nada pensaba en el dolor que pudiera sentir ella cuando se veía obligada a hablar conmigo del "tema", como lo citábamos (ya lo he dicho)a veces, para no herir (ni autoherirnos) más de lo estrictamente necesario.&lt;br /&gt;Xenio, el Director de Programas de la Emisora, Primer Locutor de la Radio (el mismo Xenio que, cinco años antes, -amigo, entonces, inseparable- había sido un troskista melenudo, miembro de la Coordinadora Gay, lector del "Viejo Topo", degustador impenitente y apasionado de las baladas de George Brassens) y que ahora tenía carnet de socialista (yo, despechado por tan abrupto cambio comenzaba ya a llamarlo "sociata", a veces para herir mas en la ironía: "chosiata"). El mismo Xenio que ahora se pelaba en "LLongueras Coiffeur" (en su lujoso establecimiento de la Diagonal cruce Aribau) El mismo Xenio que ahora se curaba (o lo intentaba al menos) de su aún (a pesar de los años transcurridos) no asimilada (ni tan siquiera masticada, ni deglutida, ni digerida) homosexualidad con un sicoanalista de la parte alta de la ciudad que le cobraba seis mil pesetas por sesión y que él pagaba con su visa de oro perfumada de chanel (nunca supe qué número, el del chanel naturalmente). Pues ese, Xenio, me recordaba (no sabía entonces muy bien por qué, ya que fisicamente no se parecían en nada, aunque más tarde descubriría ese por qué) me recordaba a un brigada del barco de guerra en el que hice la mili; el brigada se llamaba don Urbano, y se había portado conmigo, durante mi estancia a bordo del "Júpiter" (vieja cañonera botada en el bando "nacional" durante la guerra civil y convertida luego en dragaminas, ¡la de tortas que me di entre Tenerife y Las Palmas, caminando torpemente por entre los railes de su cubierta de minas) se había portado bastante mejor de lo que normalmente se suele esperar en estos casos...hasta me avisaba por donde venía la Policia Naval cuando me lo tropezaba por las calles próximas al Puerto, yendo yo vestido completamente de paisano. Pero...¡chaval! ¿donde vas de paisano?, anda tira por ese callejón, que he visto en la Plaza al "llip" de la "péene".La de disgustos que me quitó de encima don Urbano.&lt;br /&gt;El Servicio Militar ha sido otra de las facetas de mi vida que siempre he recordado con no poco desagrado. Tuve posibilidades (casi todas las que quise) de hacer "la mili" en mi pueblecito natal, en la villa costera de Allí, pero, como siempre, desde muy pequeño me habia empeñado en ser, esta vez también, diferente a todos los demás, a todos mis hermanos; se ve que le tomé afición a eso de ser el "garbancito negro " de la familia; y con mis veinticuatro años a cuesta, y mi inmadurez afectiva y la intelectual (de la primera no llegaré a librarme nunca y de la segunda tampoco pero me servirá de excusa, nunca sabré si para bien o para mal, para meterme, como con calzador, en mi cerebro abotargado con las manidas consignas stalinianas, algunos cócteles mal ligados de Montaigne, Nietschzche y unas gotas amargas de Ciorán) había pedido voluntario para hacer la mili navegando ¡nada de enchufes! ¡nada de estar en casita discutiendo con mi padre, por unos gastos para los que yo no tenía dinero! ¡nada de andar paseando a la mujer del capitán "benefactor de turno" (Si quieres te puedo reclamar para nuestra Comandancia de Marina. No padrino gracias. ¿No te apetece hacer la mili como todos tus hermanos la han hecho?. No padrino gracias. María, ¿tu oyes lo que dice el majara éste?. Si padrino, lo ha oido) por los economatos militares y los mercadillos de pescado las mañanas de sabado! ¡nada de todo eso!. Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo: no hice más que bajar del autobús en el pueblecito costero donde tomaría el barco para atravesar el Estrecho (a mi regreso de haber hecho los dos meses de campamento en San Fernando, premiados con una semana de permiso por haberme apuntado al curso de cabo; se ve que los cabos escasean o escaseaban por entonces en la Marina) en cuya orilla opuesta se encontraba el blanco caserío de Allí. Nada más sacar el billete del ferry, sin esperar siquiera a encontrarme a casa, donde le podría aliviar al comunicarle la nueva noticia...cuando llamé a mamá por telefono. Como había ocurrido anteriormente en todas las huidas que hice de la casa paterna tenía que herirla, tenía que vengarme de ella, de sus dolorosas omisiones en mis conflictos habidos con el padre, con su marido (yo así lo creía entonces) y tenía que llamarla cuanto antes para darle la noticia, sabiendo en mis fueros más internos que ella sufriría lo indecible por el destino tan lejano que -casi de forma voluntaria por no haber estudiado nada durante el curso de cabo y haber quedado el último de mi Promoción- me habían asignado: la Base Naval de las Palmas de Gran Canaria. ¡Cuantas veces tuve que arrepentirme de aquella decisión tomada, exclusivamente por mi sin querer escuchar a nadie;¡bueno estaba yo entonces para oir consejas paternas!, ni siquiera filiales. Qué estupido me veía ante mi propio yo cuando me sorprendí a mi mismo, una oscura noche de octubre, con las luces de la ciudad lloviznando tristes sobre las aguas del puerto...a bordo de aquel barco, durmiendo incomodamente, comiendo peor, recibiendo órdenes estúpidas, vacías y carentes del minimo sentido común...¡voluntariamente! ¿voluntariamente? me atrevo a preguntarme ahora. Y lo peor de todo: veinte meses, (tal vez fueron algunos menos), uno sobre otro, con sus treinta dias cada uno, sin descanso, para estar arrepintiéndome hora tras hora y minuto tras minuto de haber decidido algo que luego no tuve la madurez de asumir, sin la valentía suficiente para, al menos, una vez "metida la pata" haberme adaptado sin gran esfuerzo a la nueva situación tratando de aprender, de sintetizar las experiencias nuevas que me vinieran; tratar, en fin, de enriquecer un poco (algo) mi vida. ...Todo lo contrario, pasé aquel tiempo sumido en un nirvana estúpido, en un aislamiento casi patológico que me impidió sacar al menos algo de provecho, como ya he dicho, del tiempo transcurrido en aquel viejo barco.&lt;br /&gt;Si, aúnque no sabía muy bien por qué, el director de Programas me recordaba mucho a don Urbano, el Brigada de Máquinas.&lt;br /&gt;"Habla poco por el micro...y pon música, mucha música" me había repetido una y otra vez, casi hasta el cansancio, el Jefe de Programación; "si llama alguien, le atiendes bien, dándole la razón en todo, si está cabreado cálmalo y si está desanimado cuentale un rollo para que tome un poco de "marcha" tu ya me entiendes".¿Y si es alguien que está echado sobre la barandilla de un décimo piso en un barrio del extrarradio pensando si se parte la crisma o se asfixia con gas....?¡Va, hostia, va...!, terminó diciendo el Jefe de Programación, déjate de coñas, tenemos que subir el indice de audiencia como sea, ¿lo entiendes?, como sea...bastante por culo nos dan ya los medios de comunicación socializados. Y ¿eso que es? le pregunté intentando hacer un chiste y apelando de camino a la antigua camaradería progresista que nos había unido antaño. Vete al carajo, me escupió.&lt;br /&gt;Al carajo si que lo mandaría yo a él (si pudiera hacerlo ¡claro!); mandaría a la "puta merda" a aquel barril de tocino que tan pronto como pudo (el tiempo que tardaron los burócratas del Partido en confeccionarle el carnet del "pesoe") se había pasado todos sus viejos ideales por el ano, para comenzar a chupar de una de aquellas cien mil -¡cien mil veces cien mil!- abundantes ubres que traía en su vientre rosado la magnánima, la tolerante, la democrática D E M O C R A C I A (una Democracia de esas de "bricolaje", ¡vamos! hecha a la medida de los que la metieron en la cama, a la medida de aquellos hijos de puta -como aquel que ahora tenía delante de mis narices- cuatro cerdos burgueses que estuvieron acumulando "imagen revolucionaria" en los tiempos postreros de la dictadura, por los años en los que los verdaderos revolucionarios tenian todos encima el montón de años suficientes como para no darse cuenta del truco del sombrerito y del conejo; imagen revolucionaria que fueron vendiendo en el mercadillo que traía consigo esta (cuando me sentía verdaderamente asqueado de todo la llamaba "cerdocracia") democracia a precio de oro, "cheguevaras" fabricados en serie y promocionados por la televisión nacional que justo un día después de las Elecciones del 82 ya estaban apuntados en el Partido Ganador...&lt;br /&gt;Si no fuera porque con lo que ganaba en la discoteca no tenía ni para tabaco...(con la limpieza de la discoteca porque cuando estaba de "dislloquei" ya me ventilaba una pellita gansa...ya, y luego, el día entero libre, descontadas las cinco horas de sueño). Pero a lo hecho ¡pecho! ¡ya no había remedio!, no quería arrepentirme de nada, ya estaba bien. ¿Quien sabe?, a lo mejor volvía de nuevo la dictadura, entonces, si, entonces la gente como yo volvería a estar de nuevo en alza. Otras veces pensaba lo contrario, que a lo mejor era que yo no había sabido adaptarme a los nuevos tiempos, a lo mejor era un enfermo mental que no se adaptaba a los regimenes de libertad, un descontento visceral y que sólo fraguaba bien en las situaciones adversas, o a lo mejor llevaba razón aquel sicoanalista de la parte alta de la ciudad que me "trataba" después de mi separación de Montse y lo que me ocurría era que no cesaba de buscar constantemente ese "enemigo-padre" al que echarle todas las culpas de mi "disfunción emocional", (palabra que copié de un librito de sicologia aplicada y la tenía siempre en la bocamanga para disfrazar tan supina ignorancia como me embargaba).&lt;br /&gt;Qué fácil había sido todo en aquella época, en la Dictadura; no hacer nada (nada de trabajo ni de estudio, se entiende) no exigirse nada, entregado tan sólo a la causa política, al panfleto, a la protesta visceral...tostándose en verano en las playas de Perpignán adonde acudíamos para ver la pelicula "maja" de turno, prohibida naturalmente por la pacata censura del pais natal. Y luego estaban los viajes más largos, y más viajes, y más viajes...criticando, en definitiva, la situación del propio pais desde otro pais, cualquiera, eso era lo de menos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#FF0000;"&gt;Esta vez le he pedido prestado su cuadro a uno de mis pintores favoritos, Claude Monet. Este se titula Impresión. Sol naciente, y data del año 1872. Con este cuadro nace el Impresionismo en la pintura. Merci.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7546520901165165147?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7546520901165165147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/05/el-locutor-2.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7546520901165165147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7546520901165165147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/05/el-locutor-2.html' title='EL  LOCUTOR   ( 2 )'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S-bMeITyy0I/AAAAAAAAALk/UTNKRp0YiLo/s72-c/pintura+para+el+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-1037758297860361767</id><published>2010-04-12T00:55:00.000-07:00</published><updated>2010-04-19T11:52:30.071-07:00</updated><title type='text'>Los Diarios de Belle-de-Mar (una novela en marcha: 2)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S8LTd8cXQ6I/AAAAAAAAALU/Bavhyk1CPfY/s1600/bazille2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459158209721222050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 282px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S8LTd8cXQ6I/AAAAAAAAALU/Bavhyk1CPfY/s400/bazille2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; No he dormido nada en toda la noche. En más de una ocasión me he sorprendido a mí misma, contando los guiños anaranjados que el semáforo de la esquina ha ido escupiendo a lo largo de toda la vigilia sobre el asfalto de la plaza, y cuyo resplandor intermitente ilumina también esta habitación convirtiéndola en un decorado de cine negro, como las que salen en esas películas de "buenos" y de "malos" en las que el anuncio fluorescente de un popular cigarrillo americano, colgado de la fachada, ilumina, a intervalos la covachuela oscura y estrecha donde tiene su oficina uno de esos detectives privados, ratas viejas del oficio al que la cámara siempre sorprende durmiendo sobre un sillón giratorio, con los pies echados encima de la mesa, una botella de uiski a medio consumir al alcance de la mano y el cenicero lleno de colillas; de fondo, una vieja trompeta tocará seguramente las notas de un "blues". Su imagen va surgiendo de la oscuridad y volviendo a desaparecer en ella, brúscamente al ritmo con que sucesivamente se va encendiendo y apagando el anuncio, que seguramente colgará de una fachada de ladrillos ennegrecidos, restos de un viejo edificio que sin duda se encuentra en las afueras de una de esas ciudades provincianas del medio oeste americano. Todo eso me ha hecho imaginar la iluminación nocturna de mi celda hospitalaria. Después mi atención se ha fijado en la sombra que las farolas de la calle proyectan sobre el trozo de techo que está justo encima de mi cama. Las rejas de la ventana, han formado otra, otra reja alargada que se estira y deforma a medida que se aproxima a la esquina. Parece el fondo del cartel de una película "de suspense". Y esta imagen me ha llevado a recordar una de mis películas favoritas: En el calor de la noche. He abandonado por la ventana el cuartucho sucio y oscuro de ese detective privado hollyvudense y, como la niña de la historia de Peter Pan, volando por encima de la ciudad, me he ido con Sidney Poitiers y el ayudante del sheriff a dar con ellos ese paseo nocturno que sale en la pelicula (y que ha pasado ya a la historia del cine) y en la que el inspector negro busca pruebas irrefutables para humillar al sheriff blanco. El coche, silencioso y oscuro como una plaga bíblica se va deslizando lentamente por las calles solitarias de aquella pequeña ciudad racista del sur americano. La mortecina luz de las farolas hiere la pintura negra del morro del coche de ese ayudante torpe y malo al que tanto le gustan las tartas de chocolate..o de fresa, no recuerdo bien. Cuando hemos llegado a las afueras del pueblo, al bar de carretera donde el camarero asesino juega al escondite con las tartas preferidas del ayudante del sherif, éste, el camarero nos ofrece, en primer plano, una sonrisa diabólica de "malo" "malísimo" que, sin embargo, hoy despertarían la hilaridad del publico joven, educado ya en unos efectos especiales de un realismo mucho más impactante. De pronto, ha comenzado a roncar sordamente mientras su rostro se me diluia en la oscuridad del cuarto, igual a como cuando niños, en el cine del barrio, se nos disolvía la imagen de la pantalla haciendo burbujas poque se había quemado el rollo de película y unos de los bellos gestos de la Ava Gardner, -por ejemplo- justo en el instante de besar apasionadamente al galán de turno, se nos iba por uno de aquellos ojos de pez muerto, entre los aullidos y el pataleo del público que reclamaban el modestísimo importe de la entrada. Entonces he caido en la cuenta de que los ronquidos procedían del motor del aire acondicionado de mi cuarto que hace un ruido como de animal agonizante y que, en cada eructo, expele un fuerte olor de retrete viejo, de orina oxidada.Acaban de dar las cuatro en el reloj de la iglesia, esa que está al otro lado de la carretera y que parece uno de esos Palacios Municipales de Deportes que ahora fabrican en serie los Ayuntamientos pobres y que los jubilados, a falta de jardines, utilizan para pasear su aburrimiento y para aliviar la próstata en sus esquinas de hormigón y césped artificial.La luciérnaga de cristal que tengo colgada encima del cabecero ha ido derramando, golpe a golpe, como una clepsidra su gota de suero en el interior de mis venas. Me la imagino a esa gota de medicina entrando en mi vena como esos toros de los encierros cuando se derraman por la plaza buscando por todos los rincones un objeto que cornear. Otras veces me las imagino como una masa de civicos ciudadanos que se derraman por las escaleras del Metropolitano como un río de paño y "nailon" en una hora punta. Así ellas van entrando ordenadamente por mi "metro" de tejidos y proteínas. Nada más entrar iran buscando por todos los pliegues rosados de mis venas. Me las imagino desde el interior como un tunel de nácar por el que discurre un torrente rojo y cálido que, como en las alcantarillas se bifurca en los diversos ramales perdiéndose en algunos remolinos que otros conductos, ocultos por el propio caudal de sangre, originan. De sus paredes, se desprenden unos platos blancos que surgen de la pared misma sin romperla, como si nacieran del propio tejido de la vena y caen a la sangre que se las lleva inmediatamente corriente abajo. Las paredes de las venas tienen una luz de neon, como esas nubes gris claro de los días de lluvia a las que el sol, oculto entre ellas, les da una luz blanquecina, dándole al cielo el aspecto de una fina lámina de marmol translúcida. A veces veo pasar flotando en la corriente unos pedazos de carne negra, desgarrones sanguinolentos. Son, me digo, esas células que, rebelandose contra la más elemental ley de la Naturaleza que es la ley de la supervivencia, por la que todo microorganismo por muy diminuto que sea tiende a vivir y a reproducirse se están alimentando de su propia muerte, envenenando el medio que a ellas les da la vida. Mi muerte supone la de ellas. ¿Será -me pregunto- el cancer, una forma de suicidio?Como tengo las venas "algo dificiles" -eso han dicho aquí en el Hospital- el enfermero de guardia ha estado toda la noche pendiente de mis brazos. Es un chico de pueblo, risueño y un poco ingenuo. Me gusta mirarle a los ojos y observar como agacha la mirada como un David adolescente. Tiene algo de joven efebo de película de Passolini; esa belleza rural, campesina, que huele a heno y leche agria. Es de los pocos que no enciende las luces cuando entra de noche a cambiarme el suero, y que se preocupa de que el batido de fresa, esa cosa tan horrible que sabe a fresa machacada con bicarbonato, lo guarden en el frigorífico para que esté fresco a la hora de la merienda &lt;&lt;...que -le dije una tarde- caliente, y con ese sabor no hay forma de tragarlo&gt;&gt;Veo mi propio dolor reflejado en su rostro cuando me quejo. Las facciones se le contraen en un gesto amargo. Se nota enseguida que es su primer destino y que aún no se ha endurecido lo suficiente como para desarrollar su trabajo en este tipo de trincheras sabiendo sortear los balazos del sufrimiento. En un momento se me ocurrió preguntarle si ya había presenciado alguna muerte pero tuve la discreción de callar en el último instante. Nunca me hubiera perdonado hacerle esa pregunta.Cuando llevo mucho rato escribiendo siento un hormigueo entre los dedos. Mario insiste en traerme su ordenador portatil pero rechazo su ofrecimiento. Todavía no me he acostumbrado a teclear mi vida, prefiero acariciarla con mi estilográfica, parece como si la dibujara. Hace dos o tres días que se ha comprado un portatil de no sé cuantos megas, pero debe ser algo importante por la cara de felicidad que pone cuando me lo cuenta. Yo le respondo que cuando me acostumbre a llevar encima la vigilancia permanente de un movil encendido, intentaré adentrarme en el mundo de los ordenadores. Pero que por ahora...Todavía he de consultar el libro de instrucciones para introducir en el movil el número de "pin".En la habitación de al lado han estado durante esta noche haciendo ruido de camas. Ya me conozco demasiado bien ese ruido; no se me despinta. Es el que hacen la limpiadora de guardia cuando prepara una habitación para otro paciente que entra durante la noche. Pero el que hasta ayer se encontraba ocupándola....¿Qué habrá sido de él? ¿Vivirá aún? ¿O quizás.....? ¿Sería un hombre o una mujer? ¿Joven? ¿Viejo? A los enfermeros es imposible sacarles una palabra...Y en el fodo creo que hacen bien. Cuanto menos sepamos de los demás, menos sabremos de nosotros mismos. Cuando ha llegado Mario he intentado leer en su rostro la lectura de alguna muerte pero no he encontrado nada. Creo que él, conscientemente, se guarda de saber nada. Es la mejor forma, pensará, de no traicionarse con los gestos en mi presencia.He vuelto a recordarle que no quiero recibir visitas de nadie, fuera de él y de mis hermanos. Porque aunque el pelo no ha comenzado aún a caérseme, el aspecto que ofrezco es de lo más deprimente. Me niego a que nadie fuera de mi familia me vea con este aspecto. Me tranquiliza diciéndome que en el puesto de guardia ya han introducido ese deseo mío en el ordenador para cuando algún visitante pregunte por mi habitación.Casi toda la mañana la he pasado mirando al techo y rumiendo pensamientos que de tan negros, de tan pesimistas, no me atrevo siquiera a reflejarlos en estas páginas.Una de las auxiliares que ha venido esta mañana para hacerme la cama y cambiarme las sábanas me ha regalado una estampita de Fray Leopoldo. El pobre fraile, con su cara de panadero viejo me mira desde el fondo sepia de la estampa y me parece como si viera en su mirada la solicitud de una resignación que a mí me falta. Como no sabía cual podía ser mi reacción, ha mirado con ciera timidez a Mario, como solicitando su aprobación y luego impostando la voz como una actriz de teatro ha vuelto a tomar el piadoso cromo de entre mis manos y lo ha colocado en la cabecera de mi cama haciendo escuetos comentarios sobre el catálogo de milagros del santo. Después, como para romper el hielo que se hubiera podido formar con su atrevimiento me ha comentado la última noticia del realiti show emitido anoche en un canal comercial de la televisión. Esta mañana, por primera vez, la acompañaba una de las recien ingresadas, jóvenes inexpertas que parece como si se ahogaran, cuando me ayudan a incorporarme de la cama; me toman con miedo de los brazos como si yo fuera un diamante o una joya única que se les pudiera romper entre las manos en cualquier instante. De todas formas la ternura les abrillanta la mirada, cosa que yo les agradezco con la mejor de mis sonrisas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;El cuadro que me he permitido tomar prestado para el encabezamiento de mi relato es un óleo del pintor francés Jean Frederick Bazille, nacido en Montpellier en el año 1841 y fallecido en el campo de batalla en el año 1870. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-1037758297860361767?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/1037758297860361767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/04/los-diarios-de-belle-de-mar-una-novela.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1037758297860361767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1037758297860361767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/04/los-diarios-de-belle-de-mar-una-novela.html' title='Los Diarios de Belle-de-Mar (una novela en marcha: 2)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S8LTd8cXQ6I/AAAAAAAAALU/Bavhyk1CPfY/s72-c/bazille2.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3556939671630621910</id><published>2010-03-16T10:48:00.000-07:00</published><updated>2010-10-02T09:38:42.123-07:00</updated><title type='text'>Crónicas de Allí       (1)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S5_REB1-lYI/AAAAAAAAALM/Ba5zECy0b30/s1600-h/escanear0001.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 264px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449303941286106498" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S5_REB1-lYI/AAAAAAAAALM/Ba5zECy0b30/s400/escanear0001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; El Pueblecito de Allí derrama su blanco caserío sobre la confluencia (palabra que es muy del agrado de historiadores de Casino) de dos mares que se besan en un Estrecho cuyas aguas han sido, a lo largo de la Historia, paso obligado de todos aquellos grupos humanos que se han movido por esta esquinita soleada del Planisferio.&lt;br /&gt;Dos montañas una con forma de mujer yacente, y la otra con apariencia de dragón dormido sobre el mar lo abrigan de todos los vientos de la Rosa, ¡de casi todos! formando además estas dos montañas una ensenada que llama como la buena madre llama a sus hijos a los barcos que cruzando el Estrecho desde un mar al otro, son sorprendidos por alguna tormenta en mitad de tan peligrosa travesía.&lt;br /&gt;Los allineros ni más ni menos que como el resto de los humanos se sienten muy orgullosos de la ranciedad de su Historia Local, aunque ello no sea obstáculo, naturalmente, para que alguno, más recatado con su árbol genealogico, se guarde mucho de revelar cómo llegaron sus antepasados al Pueblo, pues la negra mole del Presidio que se yergue sobre la cabeza de dragón, amenaza en todo momento con echar sobre los apellidos de los más indiscretos alguna pequeña mácula de ¡eso si! dificilísima borradura ¡no se si se me entiende!&lt;br /&gt;¿Ve usted esos hermosos pinos, que aspiran con llegar a las nubes cualquiera de estos días?&lt;br /&gt;Si señor, ya lo creo que los veo...¡la mar de bien!&lt;br /&gt;¡Pues...! ahi donde usted los ve...¡los plantaron los presos!&lt;br /&gt;¿Dice usted...? exclama el forastero muy sorprendido&lt;br /&gt;¡Lo que yo le diga...! Y...¿conoce usted, por un casual, a Fulanito de Tal? ¡si...hombre!... aquel que tiene el Obrador de Pasteleria junto al Casino...&lt;br /&gt;No señor ...no lo conozco pero...&lt;br /&gt;¡Bueno! da igual...pues ese, ese mismo, es hijo de presidiario, su padre, de joven, mató a un Guardia de Asalto en el barrio chino de Barcelona...&lt;br /&gt;¡Claro! que estos problemas que tienen algunos allineros con el pasado remoto que se empeña en querer convertirse en pasado reciente, cuando no, en presente fresquísimo lo solucionan quemando las Partidas de Nacimiento, ¡tan engorrosas!, de sus antecesores cuando alguna Guerra se las pone al alcance de la mano ¡iba a decir "...del mechero"! . En la última guerra se "aliviaron" de la Historia local de Allí, por este expeditivo método algo así como tres mil o cuatro mil presos que se empeñaban en subir a la superficie de los hechos historicos a la menor ocasión, ¡vaya! ¡una verdadera lata!&lt;br /&gt;Oiga...¿usted no será por un casual pariente de aquel cocinero del Presidio que mató a la mujer del Alcaide y la coció en el rancho de los presos..? Esto que le cuento sería cuando la hambruna del 40...¡no se si usted se me recuerda...!&lt;br /&gt;¡Calle, hombre, calle! ¡no diga usted tonterías!&lt;br /&gt;Pues...usted me va a dispensar...pero le juro que es usted clavaíto a ese fulano del que le hablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-oOo-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días de lluvia, el niño no se iba a jugar al Parque, ¡no!; ni tampoco a coger barro a "La Estufa", el lugar donde bañaban y pelaban a los quintos cuando éstos llegaban al Pueblo, ¡tampoco iba a "La Estufa!; no se iba con su patinete a las proximidades de la Casa Cuartel para perseguir a las hijas de los guardias civiles...; no se iba a ningún sitio de estos. Algunos de sus amigos aprovechaban los días de lluvia para ver cromos en el kiosco de Segundino "el del Zoquillo", o se refugiaban detrás del campo de futbol en la fragua de "el Sardinas" a ver como herraban a los caballos de los moros que venían de las kábilas más lejanas, al otro lado de las montañas; se metían dentro de la fragua a escuchar conversaciones "de mayores" para luego, comentarlas en el corro de la Escuela, con cuidado, ¡eso, si!, de que don Antonio no los sorprendiera...; pero él, el niño, tampoco se iba con ellos por más que insistieran sus amigos. Los más grandecitos de la calle se iban ¡que aburrimiento! a jugar al parchis con la hermana de Luiso, que ya estaba la hermana en quinto curso ¡ahi es nada! del Bachillerato, y se rumoreaba que ya tenía novio; ¡claro! que luego se enteraron que algunos, pellizcaban las entrepiernas de la hermana de Luiso, que se dejaba hacer, y salian luego todos de la casa colorados como manzanas y apagando con las manos alguna risita socarrona; de todas formas los mayorcitos ya habían perdido la magia del juego, no sabian divertirse...&lt;br /&gt;Los días de lluvia, el niño, no hacía nada de esto:&lt;br /&gt;Mamá... anda! ¡sácame la caja de las fotos!&lt;br /&gt;El niño, desde muy pequeño, ayudado por esta caja una caja de cartón, una caja de zapatos, que la madre renovaba cuando alguno de sus hijos visitaba la zapatería llegó a convertirse en el cronista oral de la familia; todo lo preguntaba, todo lo investigaba, nada escapaba a su curiosidad...&lt;br /&gt;Mamá, y este o esta, segun el caso ¿quien es?&lt;br /&gt;La madre, cuando no se acuerda, se lo inventa y ¡en paz!, pero tiene que ser una invención muy convincente si no, no sirve para calmar al pequeño historiador&lt;br /&gt;¡Anda ya! te lo estas inventando...¡seguro...!&lt;br /&gt;Bueno, pues...¡entonces...! pregúntale a tu padre, a la noche, cuando venga a cenar...&lt;br /&gt;Esto era lo que hacía el niño los días de lluvia:&lt;br /&gt;Mamá... Este paso era el más dificil&lt;br /&gt;Dime la voz de la madre viene apagada por los ruidos cotidianos de la cocina&lt;br /&gt;¿Puedo coger la lupa de Paquito?&lt;br /&gt;No, ya sabes que a él no le gusta que le andes trasteando su escritorio.&lt;br /&gt;¡Anda!&lt;br /&gt;Y es que, un día, que Paquito estaba con gripe Paquito es el mayor de sus hermanos y no fue a la oficina, le dieron permiso a él para no ir al Colegio ese día y hacerle compañía al hermano. Aquel día vieron juntos las fotos de la caja. Y en un momento determinado su hermano dijo:&lt;br /&gt;Trae una lupa que hay en el cajón de mi escritorio...&lt;br /&gt;Paquito tenía escritorio ¡cómo no...! , y un cuarto para él solo, también y lo dejaban de guardarse, en sus bolsillos, la llave del armario. El armario de su hermano Paquito despertaba la curiosidad del niño, se imaginaba que atesoraba en su interior algo fantastico e inaccesible. Cuando Paquito comenzó a afeitarse, papá le trajo una afeitadora electrica, y todos sus amigos de la calle estuvieron en casa para verla&lt;br /&gt;¡Anda chico! ahi es nada...una afeitadora electrica&lt;br /&gt;Claro que...Paquito, con sus dieciseis años, era ya todo un Funcionario del Gobierno; al niño esto de "funcionario del gobierno" le sonaba algo asi como a "Embajador Plenipotenciario de sus Augustas Majestades ante la Corona Real del Imperio Austro Húngaro" lo de austro húngaro lo había aprendido en un libro de Emilio Salgari no recuerda cual y le gustaba emplearlo cuando jugaba "a piratas". Cuando el niño fue creciendo se enteró de que eso de ser "funcionario del gobierno" no tenia mayor misterio...&lt;br /&gt;El niño sabía que si insistía, su madre rendía la plaza&lt;br /&gt;¡Anda! deja que tome la lupa de Paquito, no va a notar nada&lt;br /&gt;Está bien, cógela, pero luego se la dejas como él la tenía..¡ya sabes como se pone..!&lt;br /&gt;Paquito tenía las tardes libres, y las echaba en llevar la Contabilidad del Casino; con el primer sueldo que le pagaron le compró al niño el niño no lo olvidará nunca sus primeros libros de lectura; eran ocho, del número no tiene duda y eran de Emilio Salgari: "La Cimitarra de Buda", "Cabeza de Piedra"...&lt;br /&gt;El niño tomaba la lupa del escritorio de su hermano, teniendo antes la prevención de memorizar la ubicación exacta de la misma: "eso es se decía entre el cortaplumas y la agenda, la cabeza hacia el interior..."&lt;br /&gt;Armado con la lupa, abrigado el cuerpo por los faldones cálidos y suaves de la funda de la mesa camilla, y abrigado el corazón con el tintineo de la lluvia en los cristales, se sumergía el niño en la caja de las fotos. Las más antiguas siempre estaban al fondo; amarillentas, medio tostadas algunas por los cirios encendidos ante ellas el Dia de Difuntos, pobladas casi todas por excrementos de moscas, pegadas, las fotos, sobre cartón duro de la Unión Postal Universal. El niño volcaba la caja sobre la mesa, y las colocaba primero de nada boca abajo, y así las iba tomando, le gustaba la sorpresa.&lt;br /&gt;No las rompas, ten cuidado, que luego se enfada tu padre...&lt;br /&gt;Si mamá respondía el niño cuya imaginación había cortado ya amarras con el presente y, hundida ya en su mundo mágico, en su propio fantastico mundo navegaba libre por el infinito paisaje del Tiempo utilizando, tan solo, la lupa y aquellas viejas fotos antiguas, como aguja de marear.&lt;br /&gt;La primera que llega a sus manos es una vista de Allí, con el Presidio al fondo sobre el Monte.&lt;br /&gt;El niño llamaba a su madre que era bien lo sabía él la compañía imprescindible para ver bien las fotos y enterarse, también, de las historias que ellas encerraban.&lt;br /&gt;Mama..&lt;br /&gt;¿Qué...?&lt;br /&gt;¿Vienes..?&lt;br /&gt;Y la madre, con el delantal puesto aquel viejo y desgastado delantal gris y secándose las manos que le huelen a lejía, se sentaba también junto a la mesa camilla, como todos los días de lluvia&lt;br /&gt;Mamá, ¿cómo se llama esta calle?&lt;br /&gt;Es el Paseo "de Las Palmeras"&lt;br /&gt;Y...¿donde está la Estatua del General?&lt;br /&gt;Ahi no viene, esta foto es más antigua. ¿Ves ese edificio negro de la derecha? Eso era una Escuela&lt;br /&gt;¿Si?&lt;br /&gt;A esa Escuela iba tu padre cuando era como tú, y a la salida se remolcaba de los coches de caballo.&lt;br /&gt;¿Un coche de caballos como éste?&lt;br /&gt;Si, y si el cochero tenía malas pulgas le pegaba con la tralla&lt;br /&gt;¿Qu es una tralla?&lt;br /&gt;Un látigo que no duele&lt;br /&gt;Por el centro de la foto, que es el centro de la calle, viene hacia el niño un coche de caballos, junto a una camioneta cuadrada y negra como las que él ha visto tantas veces en las peliculas de Charlot&lt;br /&gt;Mira, un sombrero como éste lleva Charlot en una pelicula&lt;br /&gt;Se llama "canotier" contesta la madre tu padre también lo usaba cuando "me pretendía"&lt;br /&gt;¿Qué es eso de "...me pretendía"&lt;br /&gt;Pues, que ya "me hablaba"&lt;br /&gt;Y ¿que es eso de "...me hablaba"&lt;br /&gt;Anda, mira la foto, ¡tonto...! ¡pues que éramos novios! antes se decía así.&lt;br /&gt;La madre pasa su mano, arrugada y deformada por "la reuma", sobre los cabellos rebeldes del niño, y se rie de sus preguntas. Ya ha dejado de llover le dice al niño ¿no te quieres ir ajugar a la calle?&lt;br /&gt;El niño no contesta, sus ojos no se apartan ya de la ventanita de la lupa, "ventanita de barco" la llamó él cuando su hermano la sacó del escritorio.&lt;br /&gt;Hay un coche detenido... para el niño no existe ya el papel de la foto, solo la imagen; se ha convertido asi la "foto" en una ventanita al pasado ...hay un coche parado junto al Hotel.&lt;br /&gt;Ese era el Hotel de las Naciones, y el coche servía para recoger a los viajeros que venían en el Barco...&lt;br /&gt;¿Quién es este hombre, que está junto a papá?&lt;br /&gt;¿Ya has tomado otra foto?&lt;br /&gt;¡Claro! Luego, cuando te marches tú, vuelvo a repasarlas más despacio.&lt;br /&gt;La madre toma las gafas y mira la foto alargando el brazo. Le quedó esta costumbre desde que "andaba" sin lentes&lt;br /&gt;Se te van a caer las gafas, mamá. ¿Por qué no dejas que yo te las arregle? ¿eh?&lt;br /&gt;No que aún me las romperás más, ya lo hará tu padre. La madre tarda en recordar, ya hace muchos años que fue joven ¿este que está junto al autobús?&lt;br /&gt;La foto representa el Ford del año 25 que tenía el padre del niño en la Linea regular Allí Campo Exterior, es el mismo o parecido autobús que se llevo el temporal una noche en que el mar saltó a la carretera.&lt;br /&gt;Este es Antonio...Antonio Vera; y trabajaba con tu padre de conductor. Cuando estalló la Guerra, ¿sabes? la noche que bombardeaban los republicanos nos ibamos todos a la kábila de El Viú, tu padre nos llevaba en el autobús; y este Antonio era tan miedica que se quedaba en la kábila incluso cuando todos los hombres ya habían regresado al Pueblo. Tu padre no hacía más que mandarle recados con un leñador que le traía carbón para el autobus, pero Antonio Vera no bajaba; ¡lo miedoso que era! Una noche que cenó con nosotros en casa...(yo estaba ya embarazada de Paquito ¿sabes?) una sonrisa tierna aparece en el rostro de la madre que nació cuando terminó la Guerra; pues sonó la sirena de los bombardeos y él salió corriendo del comedor para meterse debajo de nuestra cama; tu padre y yo nos fuimos al sótano de la casa y Antonio, por más que lo llamamos, no consintió en salir de su "refugio". Cuando terminó el bombardeo se lo había hecho todo encima, ¡se puso...!&lt;br /&gt;¿Vive, todavía...?&lt;br /&gt;La madre tiene la mirada perdida en los recuerdos&lt;br /&gt;¿Quién...?&lt;br /&gt;¿Quin va a ser? Antonio Vera responde el niño desesperado de los sueños de su madre.&lt;br /&gt;No, después de la Guerra se embarcó en un petrolero....noruego, o sueco. Y una noche de temporal se cayó al mar y no lo encontraron jamás. Era muy bueno. ¡la de noches...! que me había dormido a Paquito en sus brazos cuando acompañaba a tu padre a casa.&lt;br /&gt;Está, el autobús, cerca de la playa ¿verdad mamá?&lt;br /&gt;¡Huy! esto está ya muy borroso, no puede distinguirse. Anda déjame que la mire con la lupa.&lt;br /&gt;La madre del niño, seca sus manos de la lejia en el delantal por segunda vez, le da mucho respeto que se pueda caer la lupa al suelo y romperse A ver a ver...si, es la playa. Y esta casa que asoma detrás del autobús era de los Peones Camineros. El autobús tenía ahi una Parada.&lt;br /&gt;¿Este fue el que se llevó el mar cuando aquel temporal tan fuerte?&lt;br /&gt;Pues no lo se, tu padre tenía dos autobuses. Pudo ser uno cualquiera de ellos.&lt;br /&gt;El niño vuelve a colocar otra fotografía debajo de la "ventanita de barco" que es para él ya se ha dicho la lupa. Y asomado a ella, a su pequeño "ojo de buey", observa los barquitos antiguos fondeados en la bahía:&lt;br /&gt;Mira, no son como los de ahora, ¡tienen velas! descubre el niño asombrado como los que describe Emilio Salgari en sus novelas.&lt;br /&gt;Las barcas de pesca, inmóviles sobre un mar calmo, con las jarcias desnudas e inclinadas, toman la apariencia de algo dormido, de algo que está en reposo.&lt;br /&gt;¿Donde estaba el Cuartel de papá?&lt;br /&gt;Al otro lado de la montaña, ahi no se ve.&lt;br /&gt;Oye, mamá, ¿tan pequeñito era el autobús de papá?&lt;br /&gt;El niño toma y suelta fotografias con mucha rapidez, picotea de ellas como un pajarillo en el secano.&lt;br /&gt;Pero...¿ya has visto la anterior?&lt;br /&gt;Pues ¡claro! dice él muy convencido y autosuficiente.&lt;br /&gt;"Ca..sino, Aa.fri.cano" lee el niño ¿Esta es la calle Real?&lt;br /&gt;Si&lt;br /&gt;Anda, ¡que estrecho!, Y ¡parece de juguete!&lt;br /&gt;¿La calle?&lt;br /&gt;No, ¡tonta! el autobús de papá, que parece de juguete, por lo pequeño claro. Este del caballo se ha parado para salir en la foto. ¿Lo ves cómo nos mira?&lt;br /&gt;La madre sonrie.&lt;br /&gt;Se parece mucho al lotero del Zoquillo. insiste el niño&lt;br /&gt;¿A quien dices, a Ramonete?&lt;br /&gt;Pero ya ese que se parece a Ramonete y la fotografía entera ha perdido interés para el niño, que la ha sepultado en la caja de cartón y ha vuelto a tomar otra, para seguir asaeteando a su madre con más preguntas.&lt;br /&gt;Oye, mamá, ¿por qué tienen todas, este color marrón?&lt;br /&gt;Porque son viejas.&lt;br /&gt;¡Hala! ¡ya estás inventando otra vez! no es por eso, Paquito me lo ha explicado.&lt;br /&gt;¿Entonces por qué me lo preguntas? responde la madre marchando a la cocina ¡déjame un rato, ¡anda...!, que tengo que coser una camisa de tu hermano, mañana tiene que hablar con su Jefe, le van a dar un aumento de sueldo ¿sabes?.&lt;br /&gt;La madre del niño se siente muy orgullosa de su Paquito, el mayor de los hijos. Paquito es ya todo un hombre que mete su buen dinerito en casa cada último de mes; y es, gracias a su Paquito, como ella lo llama que puede ir comprándole algunas cosillas a los más pequeñajos de la casa. "Es ya todo un hombre...si señor"&lt;br /&gt;"Puen...te de Al...mi...na" mira mamá, y está parado sobre él el autobús de papá. ¿Aquí tenía su parada el coche de caballos del abuelo?&lt;br /&gt;No, eso es un cuartelito pequeño que había junto al Café del Campanero. La Parada estaba en frente.&lt;br /&gt;Pues no hay ningun coche de caballo.&lt;br /&gt;Por que estarían dando viajes. Había muy pocos. El Pueblo era entonces muy pequeñito.&lt;br /&gt;Y el Cuartelito este ¿de que soldados era?&lt;br /&gt;Ahí se encontraba la Brigada Topográfica.&lt;br /&gt;¡Ah! exclama el niño satisfecho de ir asociando y estructurando en su cerebro la historia de la familia donde estaba el marido de la tia abuela Isabelita, el Candido, Candido Puchol?&lt;br /&gt;¿Quien te ha contado a tí eso?&lt;br /&gt;Pues la abuela, la abuela Encarna.&lt;br /&gt;¿Has ido a verla?. Está mala, ya sabes lo que le gusta que vayas por su casa.&lt;br /&gt;Si, pienso ir mañana, ¿si me da una peseta puedo cogerla?&lt;br /&gt;Si es una peseta si, pero más no ¡eh!, no quiero.., ¿me oyes?&lt;br /&gt;El niño levanta sus ojos grandes de su ventanita de barco, de la lupa&lt;br /&gt;Si. ¿el abuelo le da dinero?&lt;br /&gt;Ya sabes que están enfadados&lt;br /&gt;Y un brillo inoportuno surge en los ojos cansados de la madre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde tiempos inmemoriales otra palabrita muy del gusto de historiadores de Casino o de Cronistas de provincias los allineros se han estado zumbando la badana de lo lindo, o sea, ni más ni menos, que como el resto de los mortales. No sé cuantísimos años antes de Cristo ya vemos, en cualquier Manual de Historia que se precie de tal, al caserío de Alli, más pequeño que ahora,naturalmente, rodeado de murallas, también, llenas de allineros que tiran aceite hirviendo sobre otros allineros que se han quedado fuera. Cuando los de fuera consiguen entrar, ponen aceite a hervir y sofrien a los nuevos aspirantes a allinero que gritan al otro lado de las murallas, y así....ad infinitum.&lt;br /&gt;La última vez que se liaron a tortas unos allineros contra otros, lo dejaron todo dicho sea con respeto hecho unos"zorros" Oiga...¿y a éste, quién lo mató?&lt;br /&gt;Pues, el que está enterrado a su vera.&lt;br /&gt;¡Ya...!&lt;br /&gt;Y no se explica muy bien, verdaderamente, que un paisaje tan paradisíaco, pueda criar una raza tan belicosa como la de los allineros. Cualquier rinconcito de Allí, invita al sosiego, al arrullo tierno y amoroso, al descanso...rodeado, como lo está, todo el caserio de hermosas y tranquilas ensenadas de aguas transparentes; bosquecitos de pinos rumorosos y frescos a los que solo les falta su pequeño nomo sentado en un viejo tronco carcomido; sus barquitos de pesca, rompiendo unas aguas mansas como el aceite...La verdad es que tiene dificil explicación esta afición de los allineros al violentisimo deporte de hurtar la vida al semejante que se le pone a tiro de cañón....&lt;br /&gt;No se han conocido en sus contornos, de enfermedades infecto contagiosas como decían los manuales antiguos dignas de mayor renombre, si hacemos excepcion, ¡claro está! de la gripe del soldado que en el 18 mermó algo la poblacion cuartelera de Alli; unos pequeños coletazos de tuberculosis que como ocurre siempre se llevó a los peor alimentados y dejó a los mas rollizos; y algunos casos aislados de cólera que le entraban ya no por el Puerto cada verano a bordo de los mercantes turcos o chipriotas...&lt;br /&gt;Antiguamente, el caserío de Allí se reducia al que cabía cerca de su Puerto y el que se concentraba en las faldas de ese monte con forma de dragón dormido coronado por el Presidio. Todo lo que quedaba fuera se llamaba Campo Exterior, lo de "Exterior" solo se comprende en una terminologia militar, que de esto sabe el Pueblo lo suyo, Y para limitar el dentro y el fuera que tanta seguridad daba, a los de dentro, naturalmente, levantaron un Puente vigilado por un Cristo...&lt;br /&gt;A la que el sol comenzaba a esconderse, regresaban todos los allineros que habían pasado el día en el Campo Exterior, a refugiarse detrás del Cristo, levantando para ello el Puente que era levadizo, y hasta retirando las barcas de su foso, para impedirle a toda costa a los allineros "de fuera" que se convirtieran en allineros "de dentro". De esta época en que los allineros se peleaban unos contra otros enarbolando sus imagenes más sagradas, les ha quedado el tic de santiguarse cada vez que pasan por delante de ese Cristo. El Puente que, ¡gracias a Dios!,ya no es levadizo sigue por ahora bajado y con paso franco. Otros tics son algo más militaristas como el de ponerse en posición de "firmes" cuando les sorprende la bajada de la Bandera, delante de alguna dependencia militar; esto de ponerse "firmes" les gusta mucho a las allineras, pues dicen que sus maridos los allineros ganan así en marcialidad y elegancia...¡lo que son las cosas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dias de lluvia, el niño tampoco iba a cazar "alcudones" a los eucaliptos de Loma Larga con su amigo Josemari; si si, bien lo sabía él: los días de lluvia era cuando más "alcudones" se cazaban, pues los pobres estaban hambrientos y se tiraban como avioncitos japoneses al gusano de la trampa...&lt;br /&gt;-Oye- le decía Josemari, en la Escuela, escondiéndose de las miradas de don Antonio, tras las espaldas de Juanito Iglesias, el grandullón de primer curso -Mañana voy a Loma Larga a cazar alcudones, ¿vienes?, seguro que va a llover, y van a caer como moscas.&lt;br /&gt;-¡Chiisst!, calla, que está mirando don Antonio.&lt;br /&gt;-Pero...contesta, ¿vas a venir?.&lt;br /&gt;A Josemari le gustaba el niño como compañero de caza pues mientras esperaban, ocultos en la trinchera a que cayera alguno (algún pájaro) en la trampa, el niño le contaba las historias que había leido en los libros.&lt;br /&gt;-Conseguirás que nos castigue don Antonio a los dos...¡no sé si iré!, a la salida de clase te lo digo.&lt;br /&gt;-¡¡¡Andoooovaaaaaa!!!- Este era el primer aviso de don Antonio; voz ronca, cejas enarcadas,varita de avellano en la diestra, y el hígado medio comido ya por la cirrosis...&lt;br /&gt;-¡¡¡Ya nos ha pillado!!!- y se enfrascaba, el niño, rojo como una manzana, en su libro de lecturas: "Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera..."&lt;br /&gt;Los días de lluvia tampoco iba, a su pesar, -¡y muy a su pesar!- ala Biblioteca del Instituto; y ésto era algo que sí sentía no poder hacer. Muy pocas veces le había sorprendido la lluvia en el interior de la biblioteca, y cuando esto había ocurrido ¡qué sensación de bienestar! ¡qué impresión de seguridad!, estar sentado en aquellos sillones tan mullidos (¡no como los de la Escuela!) con su lamparita individual, y un pupitre para él solo...&lt;br /&gt;-Niño -le decía el bibliotecario, que era manco- si tu no vas a estudiar, y tan solo has venido para leer coge una mesa que no tenga tintero, y deja esa libre.&lt;br /&gt;Bueno, a él le daba igual. Tenía un pupitre, un escritorio para él solo, con aquel sillón tan acogedor...y el primer volumen (de los siete u ocho de la colección) de "Las Mil y una Noches" en sus manos. Todo un Universo por él (¡y para él!) recreado, con la ayuda de su imaginación (¡su portentosa imaginación!); aquel conjunto de palabras tan evocadoras que conformaban el libro.&lt;br /&gt;No, los días de lluvia, el niño, tampoco iba a la biblioteca...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;-En esta foto si se ve bien el nombre del Hotel: "Ma...jestic...hotel".&lt;br /&gt;Al niño le gusta sorprender a la foto, es decir, meterse dentro de ella casi sin que la foto se de cuenta, y buscar por las ventanillas de las casas ese rostro anónimo de alguien (muy probablemente desaparecido ya hacía años) mirando hacia el objetivo de la cámara.&lt;br /&gt;-Hay una señora detrás de una ventana.&lt;br /&gt;-¿Donde? -pregunta la madre que, por supuesto, no ve a la señora.&lt;br /&gt;-Aquí...¿ves?&lt;br /&gt;-Eso será una cagarruta de mosca, ¡son tan viejas estas postales! tu abuelo las llevaba en el bolsillo para vendérselas a los soldados que recogía con su coche.&lt;br /&gt;-¡Que no! ¡que no! ¿No ves la cabeza? ¡está mirando para nosotros!.&lt;br /&gt;La imaginación del niño (ya se ha dicho algo sobre esto) está muy lejos de la frontera con lo prosaico, con lo real y con lo palpable.&lt;br /&gt;-Ese día no hacía sol -comenta el niño.&lt;br /&gt;-¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt;-¡Ay! mamá, pareces tonta, ¿no ves que, siendo de día, no hay sombras en el suelo? ¿No ves que caminan las personas sin llevar a su sombra atada a los pies?.&lt;br /&gt;El niño, desde que descubrió la lupa de su Paquito, se había embebido con las postales antiguas de Allí. Siempre había soñado con viajar en el Tiempo; y cuando le habló a su hermano de este intenso deseo de transportarse por el pasado (el futuro no le importaba tanto), él (su hermano) le dijo que buscara en la biblioteca "La Máquina del Tiempo" de H.G.Wells. Lo encontró un día que bajó a la biblioteca y se lo leyó de cabo a rabo.&lt;br /&gt;Las postales antiguas de Allí (con aquella ventanita de vidrio) era, casi, casi la Maquina del Tiempo; lo que faltaba del casi lo suplía con su imaginación que era un mar hirviente. Pega el ojo a la lupa e inmediatamente desaparecía la realidad presente, la realidad que lo rodeaba, solo existía el pueblecito de Allí de hacía cincuenta o sesenta años que se dejaba observar mansamente como a través del vidrio de un acuario:&lt;br /&gt;-¿Es esta la parada de autobuses?&lt;br /&gt;-No- le contestaba su madre (desde la cocina) que ya se conocía de memoria todas las postales -Eso que ves es la Estación de "las Valencianas" que viajaban por el interior&lt;br /&gt;-¿Y el tren?&lt;br /&gt;-También iba, pero con la inauguración de "las Valencianas" y el cierre de las Minas de Castillejos fue perdiéndose poco a poco.&lt;br /&gt;-¿Es verdad que papá, siendo un niño, iba al Hospital O`donnell para asomarse por una ventana del depósito de cadaveres y ver los soldados muertos de la Guerra?&lt;br /&gt;El niño habia quedado muy impresionado la primera vez que oyó a su padre contar esta historia:&lt;br /&gt;Su padre era, entonces, un niño; de noche (sobre todo en verano) los enfermeros del Hospital O`donnell dejaban abiertas las ventanas del Depósito de cadaveres (pues si no hacían esto no había quien soportara aquel tufo que echaban los muertos. Y el padre del niño, junto con otros amigos de su barrio atravesaban, con no poco miedo, la huerta de "La Tetona", que lindaba con el Hospital, y se asomaban a la ventana del Depósito. La sala era grande, los cadaveres, completamente desnudos, eran echados, por los enfermeros, al suelo y rodeados de grandes trozos de hielo para conservarlos hasta el día siguiente en que eran trasladados al Cementerio; algunos tenían los ojos abiertos; estaban todos recien lavados; a otros les faltaba una pierna o un brazo, dejando ver el muñón sangrante de la rodilla o del codo. El que más impresionó a los niños (contaba su padre) fue un cadaver decapitado, con los jirones de carne echados entre los hombres...&lt;br /&gt;-¡Mamá...!&lt;br /&gt;-¿Qué quieres?&lt;br /&gt;-Cuando te mueras...¿me darás las fotos para mí?&lt;br /&gt;-¡Anda, no digas esas cosas, tonto...!&lt;br /&gt;-¿Me las darás...? ¿Eh? aunque te las pida Paquito...&lt;br /&gt;-Si, te las daré. ¡Qué querrás hacer tú con ellas...!&lt;br /&gt;La madre zurce la camisa de su Paquito, y sueña, mientras cose, con verlo algún día de Jefe de Negociado. Por Navidad, a su Paquito le regalan cosas importantes los comerciantes más ricos del pueblo: una pluma Parker, un juego de bolígrafo y agenda "con su bañito de oro" como dice ella; unas botellas de "uisqui". La madre se siente muy orgullosa y, ante el espejo de la consola, se arregla, rápida y nerviosa, las últimas canas de la sien antes de abrir la puerta de la casa:&lt;br /&gt;-¿Vive aqui el señor N***?&lt;br /&gt;Ella se hace entonces la desentendida para que el recadero vuelva a repetirlo.&lt;br /&gt;-¿Cómo dice?&lt;br /&gt;-Que si vive aqui el señor N***, de la Inspección de Aduanas.&lt;br /&gt;-Si, señor- responde ella con los ojos brillantes de orgullo -servidora es su madre.&lt;br /&gt;-Encantado, señora, tome, esto es para su hijo, de parte de la Firma Comercial B&amp;amp;C&lt;br /&gt;Esa noche, (en la cama, mientras le da friegas de alcohol a su marido) se lo dirá, de esa noche no pasa, que ese mes no hay que contar con la ayuda de Paquito; ella quiere que vaya al pueblo (se refiere al centro del pueblo pero se dice así entre los allineros) a encargarse un buen traje para este invierno; su Paquito habla todos los días con señores importantes; su marido le dirá que, bueno, que está bien, y le pedirá, a continuación, que no le apriete tanto en las friegas que le va a arrancar los cueros...&lt;br /&gt;-¡Mamá!, ¡mamá!, ¿en qué piensas?&lt;br /&gt;-En nada- miente la madre- ¿qué quieres?&lt;br /&gt;-¿Qué era "el sesenta"?&lt;br /&gt;La madre toma la postal. En ella se ven dos manzanas de casas, tomada la foto desde un jardín que se encuentra al mismo nivel que los últimos pisos; en medio de las dos manzanas de viviendas puede verse una estrecha callejuela que baja hacia el mar por la que transita gente, gente que apenas si son manchas de tinta y que miran -eso parece- al objetivo de la cámara fotográfica. Los pocos árboles que ha "pillado" el fotógrafo con su cámara, denuncian, con su esqueletica estructura desnuda de hojas, que estamos en otoño; una murallita corre de un extremo a otro de la foto, en ella puede leerse: "Hoy llega el sesenta".&lt;br /&gt;Una mujer se ha asomado a una ventana de su casa cuando ha visto al fotografo montar el trípode de su cámara.&lt;br /&gt;-"El sesenta era un Regimiento de soldados al que también se le conocía por el nombre de "El Fijo". Seguramente estaba en el frente de guerra y ese día se esperaba que llegase al pueblo.&lt;br /&gt;-¿Esa era la guerra en la que secuestraban a niños y a niñas y se los llevaban a sus kábilas?&lt;br /&gt;-Si, esa era...y ya no se sabía nada más de ellos. El día que tu padre y yo nos casamos, y fuimos a pasar unos días al campo, conocimos en una kábila (en la que habíamos parado a comprar huevos) a una muchachita llamada Jimo. Jimo nos contó a tu padre y a mí, que su verdadero nombre era Isabelita Canto, que siendo muy niña se la llevaron secuestrada pero que ya se había hecho mujer con ellos, y sentía como ellos, y no quería venirse para esta parte.&lt;br /&gt;-¿Y hablaba como nosotros?&lt;br /&gt;-¡¡Qué va a hablar como nosotros!!! ¿No comprendes que se la llevaron cuando era muy pequeñita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días de lluvia, el niño, tampoco se iba a la buhardilla a dibujar los barcos del mar. Esto únicamente lo hacía cuando lucía el sol; entonces si, entonces tomaba su bloc de dibujo, sus lápices, y unos prismáticos viejos de su abuelo, y, asomado a la ventanita de la buhardilla, iba dibujando los barquitos del mar;los grandes petroleros que pasaban por el horizonte escupiendo humo negro por la chimenea de su popa; las trajiñas de pesca, ruidosas y de alegres colores; las pesadas, oscuras y lentas gabarras, cargadas de carbón mineral. Cuando no había barcos dibujaba el camión parado en la carretera, o alguna casita perdida entre las montañas y que él aproximaba con sus anteojos. El maestro de la Escuela, don Antonio, lo animaba a dibujar y le había enseñado a difuminar colores con algodón, y a sombrear con carboncillo.&lt;br /&gt;No iba, los días de lluvia, ni siquiera, a recoger "tebeos" al kiosco del señor Antonio; se aguantaba con los repetidos y los volvía a leer. No jugaba a las escuelas con su hermana por más que ella insistía.&lt;br /&gt;La caja de fotos y la lupa de su hermano Paquito, el oido atento a las historias que contara su madre, era todo lo que le apetecía hacer en las tardes de lluvia...¡y merendar pan con aceite!&lt;br /&gt;Esta norma la de navegar en la caja de "fotos" solo se rompía aquellos días en que, siendo "de lluvia", la madre marchaba a casa de la señora Maru para "hacer punto". La señora Maru esposa de un Funcionario del Ayuntamiento, el señor Menendez, había hecho un Curso de Punto por Correspondencia, y estaba enseñando a la madre del niño que mostraba voluntad y buena disposición para aprender todo aquello que pudiera servir para encajar mejor la modesta economía de su numerosa prole; tenía muchisima "maña" para la cocina y reciclaba los platos con una habilidad, bastante extendida por otra parte, entre las mujeres de su generación. el niño, cuando tocaba comer cocido, la animaba a que cargara bien la olla con la intencion de que sobrase:&lt;br /&gt;Y a la noche, con lo que sobre, me haces "ropa vieja"&lt;br /&gt;Cuando alguno de sus hijos comenzaba a fumar y el padre le daba permiso para llegar tarde a casa ¡le hacían propietario de una llave de la puerta! ella, deshacía sus jerseys infantiles y los volvía a recomponer para los más pequeños. Si la madre del niño, hubiese estado ayundando a Dios a crear el Mundo, de seguro que, a Dios despues de construir a Adán, le hubiese sobrado barro para construir una tinaja... era un "libro de caja" la madre del niño".&lt;br /&gt;Pues esos dias "de lluvia" el niño marchaba a casa de su amigo Josemari, donde se jugaba a la lotería. Casi todos los niños de la calle a los que sorprendía las primeras lluvias del invierno con dos reales en el bolsillo iba a jugárselos a "ca Josemari"¡seguro...!&lt;br /&gt;Ya de mayor, cuando el niño leyera por primera vez "Rinconete y Cortadillo" le vendrían a la memoria estas timbas organizadas en casa de su amigo Josemari, cuando llegó al capitulo donde describia el autor como era y qué "se cocía" en el Patio de Monipodio.&lt;br /&gt;La abuela de Josemari "mamá Dolores" o "Mamaé" gobernaba, desde su oscura mecedora, aquella caterva de muchachuelos que con los céntimos en una mano y el carton o cartones en la otra se repartían por los lugares mas insolitos del salón: detrás de una butaca, debajo de la mesa, encima de la maquina de coser...ya se ha dicho: en los más insólitos!&lt;br /&gt;Los juicios emitidos por "mama Dolores" eran inapelables de todo punto, y el disidente si lo había y se atrevía a tanto era acallado rapidamente por los agudos ladridos de Pachín, el perro de la familia que desde las oscuras faldas de su ama mostraba los colmillos...los pequeños y afilados colmillos; más de una vengativa paliza se llevó Pachín cuando se atrevía, el solito, con su menuda persona, a pasear por las callejas proximas a su casa.&lt;br /&gt;Cuando comenzaba a oirse en la Radio la sintonía que prologaba el serial correspondiente a ese día, mamá Dolores interrumpía el juego devolviéndole a cada jugador su apuesta. Las primeras palabras pronunciadas por el narrador de la radio novela era, para los niños, la señal de dispersión, así cayeran chuzos de punta, expresión por otra parte muy allinera. Los chavales, unos tristes y otros alegres se despedían hasta la proxima timba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mira, mira, aquí está!&lt;br /&gt;¿Quién está ahí? responde con la voz cansada la madre desde la camisa de su Paquito&lt;br /&gt;¡Qué letra más bonita tenía la tía abuela Isabel... ¡mira! pone una fecha y una dedicatoria seguramente que para la abuela Encarna que era su hermana ¿no es verdad mamá? Escucha: "A mi apreciable y queridisima hermana en prueba de cariño"¿Esto es una "t" o una "s"?&lt;br /&gt;La madre toma la foto y la mira despacio, y el niño observa como los recuerdos se llevan a su madre y a la foto a la otra orilla del Tiempo...&lt;br /&gt;¡Eh! no te olvides de contarme las cosas de que te acuerdes.&lt;br /&gt;¡Si, si! ya te las cuento responde, cansada, la madre&lt;br /&gt;¿Su marido, el Candido Puchol o Pujol, fue el que se suicidó en Madrid durante una siesta?&lt;br /&gt;No, tonto, ese fue otro...Y es una "s" termina diciendo la madre y soltando la foto encima de la mesa... dice, "Su hermana"&lt;br /&gt;El niño sigue leyendo "su hermana Isabel, Melilla, diez de Mayo de mil novecientos...."&lt;br /&gt;¡Mam! ¡no se pueden leer bien las dos últimas cifras!&lt;br /&gt;La madre tampoco, y el niño cree leer "....novecientos uno"&lt;br /&gt;¿A qué fue a Melilla?&lt;br /&gt;Tenía un bar para soldados en las Cabrerizas; y los acompañaba al Frente de Guerra con una Cantina ambulante.&lt;br /&gt;¿Ella sola?&lt;br /&gt;Si, ella sola; tenía mucho genio la tia Isabel, anda mira la hora que es...&lt;br /&gt;El niño sale hasta el pasillo y consulta el reloj grande de pared, un reloj antiguo también, y al que el niño ya ha señalado para su futura testamentaria..&lt;br /&gt;¡Las seis y media!, ¡mam...me lo darás!&lt;br /&gt;¿Qu es lo que te voy a dar?&lt;br /&gt;El reloj, ya sabes, cuando yo sea mayor&lt;br /&gt;Anda no seas tonto, y no pienses mas en cuando seas mayor, todo llegar...&lt;br /&gt;El niño vuelve a sentarse y vuelve a tomar la foto de tia abuela Isabel. De todos los personajes de la saga familiar, la tía-abuela Isabel, es el fantasma familiar que más le atrae.&lt;br /&gt;¿Esta era la que se disfrazaba de Republica y se paseaba,vestida así, delante de las ventanas del Círculo Monarquico?&lt;br /&gt;Si, y un año la detuvieron los Guardias de Asalto. Y cuando la llevaban para la Comisaría que estaba entonces por el Revellín, le dió un beso a uno de los guardias y éstos la soltaron. Al día siguiente tenía al Guardia paseando debajo de sus balcones.&lt;br /&gt;¿Ya estaba casada con el Brigada de Topógrafos...?&lt;br /&gt;No, ¡tonto...!&lt;br /&gt;¿Y es verdad que era "de izquierdas"?&lt;br /&gt;¿Tú qué sabes de eso de los "de izquierda" pregunta la madre muy alarmada por viejos miedos?&lt;br /&gt;Me lo ha explicado Curro, el Guardamuelles, y también me ha explicado quienes eran "los rojos"&lt;br /&gt;Tú eso no lo digas por la calle, ¡corazón mio! y le arregla al niño un mechón rebelde de su pelo negro. ...No, no era nada de eso la tía Isabel, lo que ocurría era que en el Círculo Monarquico tomaba café un antiguo novio suyo, y lo hacía para chincharlo.&lt;br /&gt;¡Joper...! ¡y...que gorda estaba!&lt;br /&gt;¿Quien estaba gorda? responde, cansina, la madre sin levanta rojo de la labor&lt;br /&gt;La tia Isabel&lt;br /&gt;La tia abuela, era tu tia abuela...&lt;br /&gt;El niño tira con algo de cansancio la postal dura y amarillenta de la tia abuela Isabel sobre la caja de las "fotos", bosteza con algo también de aburrimiento y dirige su mirada hacia los vidrios de la ventana, hundido el mentón entre sus manos; tiene la mirada como perdida en el gris azulado del cielo.&lt;br /&gt;Ya ha cesado de llover; del tejado de la casa de enfrente, la vivienda de la señora Eufemia, la que tiene el marido embarcado en un petrolero noruego, se desprenden gotitas perladas de agua que se estrellan en las diminutas lagunas que ha dejado el temporal entre las grietas de la acera. Los eucaliptos del Parque han vuelto ya a su inmovilidad de cuadro, solo las hojas más altas, cimbran levemente todavía; los pajarillos que anidan entre sus ramas se han dispersado por los alrededores con un parloteo incesante, y se entrecruzan entre las geometricas estelas dibujadas por las golondrinas, por los vencejos; la voz aguda y clara de Jamido, el vendedor de pasteles, se oye tras las tapias de la huerta de Azuhara; parece como un lamento, o como el canto del muhadín de la Mezquita de Sidi Ibn Barek, que tan bien se oye desde la vivienda del niño; ese caracteristico "hay pastelillos" que el niño no olvidará jamás, aunque se diluya en el tiempo el rostro de Jamido, es la diana que levanta de su modorra a todos los niños del barrio que salen con su monedilla corriendo por entre las callejas a la busqueda del canasto cargado de bizcochos enmielados:&lt;br /&gt;¡¡Hayyyyyy, pastelillooooooos!!&lt;br /&gt;La madre, levanta su mirada de la labor y consulta con el reloj, si el moro de los pasteles, ha llegado puntual como todos los días, y el reloj no la deja por embustera; todo marcha en el barrio según ella piensa que tiene que funcionar; ahora saldrán al recreo los estudiantes de Bachiller de la Escuela de don Antonio, y se formara en su acera, como todas las tardes, la algarabia de peleas, gritos y risas de siempre, desde que su Paquito comenzara el Bachillerato en la misma escuela.&lt;br /&gt;La camisa de su Paquito le está quedando a la madre realmente bien; ese zurcido no lo va a notar ni siquiera esa mocita que él ahora ronda por las noches en la parte baja del Pueblo, "no señor" piensa ni esa lo va a notar; y tuerce el rostro en un leve gesto de tristeza; "claro" vuelve a decirse para consolarse se buscará novia y se casará, ¡como todos!. Lo que hace falta es que ella lo quiera, lo demás...."&lt;br /&gt;La voz del vendedor de pasteles se oye cada vez más cercana; el niño se levanta de pronto, y toma unos realillos del viejo portamonedas de la madre.&lt;br /&gt;Me voy a "ca Semari" y baja las escaleras agil y saltarín como un cigarrón joven.&lt;br /&gt;El cielo comienza a desgarrar sus acuarelas grises, asomando por entre sus jirones suaves sedas azules, al tiempo que los grandes nubarrones negros, como una piara de osos huraños y retorcidos sobre si mismo, se van escondiendo tras las montañas de Garcia Aldave. "Lo que hace falta es que lo quiera..." sigue pensando la madre del niño, que, ensimismada con el vaiven de su aguja, no se ha percatado ni siquiera de la salida veloz de aquel...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3556939671630621910?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3556939671630621910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/03/cronicas-de-alli-1.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3556939671630621910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3556939671630621910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/03/cronicas-de-alli-1.html' title='Crónicas de Allí       (1)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S5_REB1-lYI/AAAAAAAAALM/Ba5zECy0b30/s72-c/escanear0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4179383506381668062</id><published>2010-02-21T00:58:00.001-08:00</published><updated>2010-02-21T01:31:37.005-08:00</updated><title type='text'>EL PUENTE DE LA CORRIENTE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S4D2v8Z88bI/AAAAAAAAAKc/RMKHbk78Nlk/s1600-h/escanear0009.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 292px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440619653392822706" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S4D2v8Z88bI/AAAAAAAAAKc/RMKHbk78Nlk/s400/escanear0009.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Se llamaba así -El Puente de la Corriente- porque el mar, después de rodear las murallas de la vieja fortaleza, (resto del imperio colonial del siglo XV) salía por debajo de este puente con la mansa impetuosidad de un caudaloso río. Aunque para ser sinceros y, si se quiere, algo menos lírico habría que decir que el único movimiento de sus aguas era el producido por las mareas, y que lo que le faltaba para ser río lo ponía la imaginación del espectador ocasional, alimentada por la perspectiva tan cinematográfica que ofrecían esas murallas, tan cinematográfica que no nos sorprendería nada que en cualquier momento apareciera por una de sus almenas la figura de nuestro entrañable charlton heston con cara "de malo malísimo", empuñando una hoja de buen acero de Toledo y apuntando con ella al plumero de un turbante sarraceno.... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bajo las altas arcadas de hormigón de este puente (finas y apuntadas como arbotantes catedralicios) el agua apenas si llegaba a alcanzar, en el centro, una profundidad de tres metros, llegando hasta los cuatro cuando la draga de la Junta de Obras del Puerto había peinado el fondo con su bocaza de acero cableado y devuelto al interior de la bahía la arena que las sucesivas mareas habían ido depositando a los pies de la fortaleza. Desde la carretera, con el mar en calma, se veían las piedras, los peces, los erizos, todo, con una claridad de aire recien llovido, o recien lavado, con el placer añadido de que la refracción producida por la luz del sol lo transformaban en un precioso óleo impresionista en el que las formas adquirían movimiento, los colores se matizaban al ritmo de la marea y los peces eran fugaces relámpagos de color, rápidas pinceladas de luz que en la imaginación del observador adquirían las formas más caprichosas convirtiéndose en seres de otra zoología, de una zoología imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los primeros calores del verano, los chiquillos coránicos de la parte alta de la ciudad, habitantes de las barriadas más humildes, moradores de las favelas de chapa y barro enlechadas de cal, míseras barracas que durante la noche, (como las medusas, por partenogénesis), se multiplicaban por sí mismas y trepaban todas por las barranqueras cercanas a la frontera, los niños de esos barrios ocupaban la playa de esta parte de la ciudad desde las primeras horas de la mañana esperando la llegada de los turistas que venían hasta aquí atraidos por la propaganda que los tours operadores hacian del viejo presidio local. Cuando llegaba el primer autocar, mejor dicho, cuando se oía el ruido del motor del primer autocar, lo recibían con gritos de júbilo y comenzaba entonces un cruel y frenético maratón por las empinadas escalinatas que conducían a la carretera, terrible y desigual carrera en la que los más pequeños y los más debiles sufrían el zarpazo de la selección natural en forma de patadas, empujones o arañazos que terminaban en algunos casos por precipitar a alguno de ellos a la playa desde una altura nada despreciable, todo para ocupar un lugar preferente en aquella zona del puente en la que más turistas se hubiesen acumulado. Los improvisados saltimbanquis, delgados, morenos y brillantes como pequeñas anchoas (algunos cubiertos de temblores gelatinosos) una vez ganada la bien sufrida plaza se ponían de pie sobre la barandilla y se mostraban a su público aleteando con los brazos y sonriendo como ellos veían que hacían los trapecistas "de verdad" en las películas del cine Astoria o en el circo ambulante que por las fiestas de Agosto venían al pueblo. Algunos turistas miraban primero al niño y después al fondo del puente dos o tres veces, alternativamente, como sopesando con la mente la altura del trampolín y la poca o ninguna envergadura del trapecista que iba a acometer la proeza que ya todos habían adivinado y, una vez realizado el cálculo mostraban su admiración con un expresivo movimiento de cabeza o comentándolo con el compañero de excursión más próximo en ese instante. Cuando los tres o cuatro niños que se exponían semidesnudos sobre las barandas del puente, cuando todos ellos consideraban que ya habían reclutado la suficiente parroquia a su alrededor, se echaban una fugaz mirada entre ellos y perfectamente sincronizados y sin previo aviso, daban un salto hacia atrás y se lanzaban al vacío mezclando el propio grito de guerra de cada uno de ellos con los "oehhhs" de admiración y sorpresa de los espectadores; después de bordar algunas torpes piruetas en el aire rompían las aguas como pequeños meteoritos negros, haciendo todos perfecta diana en el centro de una flor de agua; a los pocos instantes aparecían con una sonrisa de esclavo agradecido de entre las espumosas aguas recibiendo por la proeza los aplausos del público nórdico. Los turistas, pertenecientes, todos ellos a una clase social modesta pero, al mismo tiempo, ciudadanos de un pais desarrollado económicamente y que port esos años recibe a sus primeros inmigrantes del subdesarrollado sur, los turistas, decimos, se compadecían de esta infancia tercermundista y de los esfuerzos que se veían obligados a hacer para sacarles a ellos un marco, un franco o un dolar, de modo que siempre caían dos o tres monedas gordas y brillantes como anillos de obispos que siguiendo en el aire la trayectoria de los niños aeróstatas hacían el sifón al clavarse en el agua y que éstos se disputaban peleándose entre ellos siendo rescatadas del mar con una rapidez electronica. Con las manos arrugadas como las de los viejos por tan prolongadas jornadas acuaticas se agarran a las rocas como lagartijas y con los pies van tanteando con cuidado el fondo, para no pincharse con los infinitos erizos -ya lo hemos dicho- que pueblan las piedras; nada más salir del agua, con el bañador caido y algunos sin él corrían en desordenada cuadrilla por las escaleras para ocupar antes que sus compañeros el mejor trampolín, aquel en el que el saltador se luce más y, a la larga, se consiguen más de esas monedas que es de lo que se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de como carpa de espectáculos aéreos para que los chiquillos coránicos de la ciudad les sacasen algunas monedas a los jubilados del rico Norte, además de para eso, servía el puente, por las noches, para otra actividad bastante más lucrativa aunque, también, bastante más peligrosa ya que sus oficiantes habían de moverse necesariamente, y como siempre lo han hecho desde la más remota antiguedad, en lo sutiles márgenes del Código Penal haciendo equilibrios imposibles sobre el filo de la navaja de esa zona tan volátil y etérea donde termina la legalidad y comienza el delito en el que no pocas veces y no pocos cofrades se precipitan de hoz y coz con las nefastas consecuencias que se derivan de ello. Les cuento: En noches sin luna, que, por razones obvias, son, y han sido desde siempre las más apropiadas para ejercer con un mínimo de garantías laborales esta viejísima profesión que tan memorables páginas nos ha dejado en la historia de la literatura de todos los paises, en esas noches, digo, desde la bahía y afilando bien la vista se podía ver, en las buhardillas más altas del puente, justo debajo de la carretera, una diminuta luz, triste y amarillenta revoloteando sin cesar de un lado para otro; parecía, empequeñecida por la distancia, una luciérnaga, ya saben, uno de esos gusanitos luminosos que alguna vez nos hemos encontrado por los bosques de nuestras latitudes en esas noches calurosas de verano y que un ambiente tan navideño le prestan al paisaje; por la regularidad de los cortos trayectos que recorría y por las equidistancias radiales de sus insistentes y repetidos giros daba la sensación de que esa pequeña luminaria noctívaga estuviera encerrada en una jaula tanteando las paredes de su prisión una y otra vez en todas las direcciones posibles desesperada por salir de su encierro. Esos recorridos se interrumpían todos de golpe en un mismo punto, volviendo una y otra vez al lugar de partida para insistir de nuevo en el empeño sin aparentar cansancio ni desfallecimiento a pesar de que no cesaba de golpearse, enloquecida, con los barrotes de esa supuesta jaula buscando al parecer un respiradero para la libertad que le ha sido arrebatada. Eso es lo que nos parecería a nosotros y a ese espectador ocasional la danza enloquecida de este pequeño montecristo si también nosotros dejáramos volar nuestra imaginación, pero, este humilde narrador, que se encuentra al otro lado del papel puede asegurarles que no hay tal luciérnaga ni nada que se le parezca; y si ese ocasional espectador nocturno que hemos supuesto al principio del relato y del que ya casi somos amigos tiene un poco de paciencia para soportar algunos minutos más la humedad del mar que en nuestro es abundante no tardará en descubrir que ese diminuto pábilo de luz, que esa mariposilla inquieta no se mueve al azar y alocadamente, ¡ni mucho menos! sino que, por el contrario sigue fielmente unas pautas, un ritmo, una secuencia; que sus movimientos, en definitiva parecen estar guiados por una mente racional; que esa vorágine anárquica que nos parecía al principio se resuelve al fin en un código de señales perfectamente estructurado, que toda esa coreografía conforma, digámoslo ya, un lenguaje, un lenguaje claro y preciso mediante el cual, esa inteligencia que hemos supuesto al otro lado de la luz, o muy próxima a ella trata de emitir un mensaje que, como todos los códigos de señales marítimas se repite una y otra vez sin cesar...;es, ya lo habrán adivinado, el señalero de los contrabandistas, una figura, un personaje casi literario que forma parte de la iconografía popular de nuestra villa desde los primeros documentos escritos que se conservan en su archivo municipal; es el serviola, el angel de la guarda de esos lobos de mar injertados en la camorra. Con su fanal de petroleo en la mano, y con una claridad y una precisión que nos sorprendería le da cuenta y razón a los estraperlistas, sus cofrades, de las condiciones que esa noche reune la costa para echarse al tajo, como si dijéramos; datos tan preciosos para los contraandistas como si hay carabineros de guardia o no los hay -y si los hay cuántos son- y por dónde va la ronda en ese instante; en fin,todo eso se le comunica al piloto de la embarcación que espera en alta mar; con esos movimientos que el señalero le imprime a su fanal le indica, en última instancia, si puede aproximarse a la costa para soltar el fardo en la playa o volverse para atrás tomando las de Villadiego, es decir, tomando las de la colonia británica, aquella que levanta el espolón de su roca sobre la otra orilla del Estrecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luiso siempre había admirado a estos dos sectores del paisanaje; admiraba con fervor a aquellos chiquillos que se lanzaban al vacío, retorciéndose y gritando como pequeñas sabandijas; estos acróbatas, casi adolescentes cobraban en su imaginación unas dimensiones inconmensurables, casi como aquellos heroes del celuloide que, en la pantalla del cine Astoria, los veia tirarse al mar desde la verga más alta del buque, con el cuchillo atravesado en la boca y entrando como una saeta en un mar infestado de tiburones hambrientos. Luiso, cuando las circunstancias le permitían ser testigo de estas proezas, se asomaba, con el corazón palpitante a la barandilla del puente y observaba como el pequeño coránico, una vez entregado al vacío, se iba empequeñeciendo cada vez más a medida que se acercaba al agua y como en el momento de introducirse en ella era ya apenas una pequeña semilla algo oscura y brillante incrustada en una blanca flor de espuma. Luiso no podía permanecer mucho tiempo mirando, pues desde aquella altura, hasta agarrado fuertemente a la barandilla sentía vértigo y una atracción fatal por aquel vacío azul que se abría a sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma admiración que sentía por los niños acróbatas, la sentía por los señaleros de los contrabandistas, cuyo único oficio era el que ya se ha dicho: subir, al llegar la noche, con una lamparita de petroleo, una botella de vino, algo de tabaco y algo de comida por los contrafuertes de hormigón gateando casi en el vacío hasta llegar al punto más alto y, una vez allí, acurrucados en una pequeña repisa de hormigón que había entre esta estructura y la bóveda que sostenía a la carretera, sentarse a comer y a fumar esperando los guiños luminosos que invariablemente le llegaban de mar adentro. Ese era el lugar más seguro para estos hombres pues desde ningún punto de la costa se los podía ver. En las conversaciones oidas a los mayores estos héroes adquirían aún mucha más fuerza en la imaginación de Luiso, pues el trabajo era arriesgado no por la altura sino porque desde el lugar de su escondite la plomada caía sobre el espigón y no sobre el agua de la ria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La playa que se extendía cerca de este puente era el lugar escogido por los alumnos del Instituto para "fumarse" las clases, sobre todo aquellas que por el contenido o la personalidad del profesor les parecían demasiado pesadas pero ello tenía un inconveniente y era que por encontrarse tan cerca del Instituto, su conserje, el señor Moreno acompañado de su eterna y fiel varita de bambú se asomaba a ella para (por expresas órdenes del Director) tomar nota de los díscolos alumnos que con tanta frivolidad se resistían al sano desasnamiento institucional remojando sus "ignaras testuces" (el entrecomillado es del Jefe de Estudios) en las aguas del mar. Sólo "el Orozco" y "el Matillas" (los niños convertíamos los apellidos en apodos), que compartían curso con Luíso eran lo suficientemente valientes como para escalar los contrafuertes de hormigón y ocultarse bajo los contrafuertes del puente tantas veces como les apeteciera para, luego, al día siguiente, durante el recreo, mostrar ante los atónitos ojos de los más pusilánimes los tesoros que los señaleros habían dejado esa noche en las bóvedas colgantes del puente: algún paquete de cigarrillos a medio consumir, una revista pornográfica, (escritas en un extrañísimo idioma que no era ni francés ni inglés) con manchas de aceite y de cera, cabos de vela, algún naipe arrugado y mordido.....quincalla que era vendida al mejor postor. Luiso una vez les compró, el día siguiente al de su cumpleaños, una caja de cerillas francesa con un desnudo femenino, mal dibujado con bolígrafo, sobre el fondo de la caja. "El Orozco" y "el Matillas" también eran los únicos que se atrevían a tomarles la mano a la joven profesora de Geografía, cuando ésta pretendía darles un cachete.....Y a rozarse con ella, disimuladamente, en las salidas y entradas colectivas por la puerta de clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Fumarse" las clases de la tarde, aquellas pesadísimas clases de las tardes de mayo y de junio en el Puente de la Corriente, comiendo lapas cocidas y fumando cigarrillos "Toledo" era el broche de oro, la toga viril, el cum laudem con el que cualquier alumno del Instituto de Enseñanza Media de Allí habría querido firmar el fin de sus fechorías como estudiante, más, por supuesto, que publicar un artículo en la revista "Hacer" que se editaba a multicopista en los talleres del propio Instituto. De todos los componentes de aquella kábila de rebeldes alumnos que refugiaban su rebeldía entre las tripas del puente, de entre todos ellos, los que no se atrevían a escalar para ocultarse en las bóvedas más altas eran irremediablemente cazados por el ojo del señor Moreno que apuntaba sus apellidos en su libretita "la cuadros". Y al día siguiente, en el patio del Instituto, durante la subida de banderas eran llamados "a capítulo" por el Jefe de Estudios, señor Bohorquez que, en presencia del Director y del resto del alumnado (todo muy castrense) le soltaba dos soberbias tortas, una por estribor y otra por babor, que les dejarían la cara caliente para toda la jornada. Y no ya tanto las tortas, las merecidas tortas, como decía el Conserje, sino la alegría del triunfo, la alegría de burlar el cerco de aquella libretita "a cuadros" y de su dueño el señor Moreno cuya respiración, cuando la cacería presentaba alguna dificultad, podían oir los proscritos desde la bóveda jadeando sobre sus cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sé que están ustedes ahí. Salgan inmediatamente. ¿Es que no me han oido? ¡Salgan!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué alegría debía de sentirse allá arriba, pensaba Luíso, teniendo la plena seguridad de que el Conserje, nunca podría identificarlos; vengarse así de tantos varazos de bambú recibidos en las piernas durante el invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El Orozco", que era hijo de militar, se marchó al año siguiente, junto con su familia, a vivir a otra ciudad, en la península. Transcurridos unos treinta años regresaría al Instituto de Enseñanza Media de Allí como profesor de Gimnasia. Para entonces el Instituto había ampliado sus instalaciones siendo construidas dos alas de edificio sobre unos terrenos del Regimiento de Automovilismo aquel, cuyos soldados llevaban un volantito dorado sobre fondo rojo en la solapa de la guerrera. Desde aquellos nuevos edificios (ahora sí y ¡estupendamente!) se divisaban, con unos prismáticos, perfectamente claras y diáfanas, las bóvedas de los contrabandistas del Puente de la Corriente. El señor Moreno estaba ya alimentando malvas en un nicho de la parte alta del Cementerio de San Antonio, a los pies del Presidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Joder! ¡Si pudiera ver esto el señor Moreno! - exclamaba absorto el Orozco-Profesor con los prismáticos clavados en las bolsas cárdenas de sus ojos- ¡si pudiera ver esto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo dice, señor Profesor? -le preguntaba la joven conserje (de impecable uniforme azul) que lo había acompañado para mostrarle aquellas nuevas instalaciones del viejo Instituto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada, no decía nada... -y sonreía el Orozco-Profesor con una sonrisa llena de ternura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso del último año pasado en el Instituto de Allí antes de ser enviado a un Internado al otro lado del Estrecho Luiso tuvo que vérselas con los contrafuertes de hormigón del popular puente; después de varios contactos con los subalternos más directos de Orozc y de Matillas fue admitido por éstos para formar parte de una "fumada" de clases; el gran evento iba a tener lugar sobre mediados de mayo. La razón de elegir ese mes no era otra sino que por esos mismos día el señor Moreno se había entretenido más de lo razonablemente permitido con su varita de bambú sobre las corvas de las piernas de los dos guerrilleros durante la ausencia del "pater" en una clase de religión, y los dos caudillos querían vengarse organizando y encabezando una numerosa "fumada" en el Puente de la Corriente y provocar al Conserje desde el casi inaccesible escondite.-Si alguno no tiene las pelotas suficientes...-había dicho "el Orozco" en un rincón de los urinarios del Instituto durante el recreo- para escalar los contrafuertes y ocultarse en "las bóvedas de los contrabandistas" más vale que lo diga ahora y se quede aquí....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El señor Moreno va a venir fino -añadía "el Matillas", menudito, moreno y de voz aguardientosa- esta mañana, en un descuido, le hemos echado bicarbonato en su termo del café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luiso había celebrado recientemente su cumpleaños y tenía la hucha bastante llena así que no le costó trabajo alguno aportar las dos pesetas que le pedían a cada componente de la expedición para contribuir a los gastos comunes tales como cerillas, tabaco y alguna barra de pan y latas de atún para comérselas tumbados en "las bóvedas de los contrabandistas" en un intento de emular a éstos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde del día "D" todos los conspirados se dieron cita en las barandillas que descendían hasta la playa y desde donde se divisaba en una amplia panorámica la cuesta que conducía a las puertas del Instituto. A Luiso le había tocado, como pareja de ascensión (pues se subía a los contrafuertes, como lo hacían los contrabandistas, por parejas, para sujetarse al compañero si se resbalaba) un compañero bastante menudo y medio miope al que ese día le olía el aliento a rábanos masticados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Coño, chaval! ¡Que mal te huele el aliento! ¡Aparta! -le había dicho inmisericorde "el Orozco"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué quereis que haga? Mi madre, todos los viernes, nos pone rábanos para comer.&lt;br /&gt;-Callaros, ¡joder! Callaros -interrumpió "el Matillas"- que por ahí viene el Conserje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, por la cuestecilla, limpiándose con el pañuelo la comisura de los labios y cimbreando el aire con su cañita de bambú bajaba el señor Moreno. Los conspirados, ante aquella presencia corrieron como saetas escaleras abajo hasta la playa, y una vez aquí comenzaron a escalar por parejas los contrafuertes de hormigón. Cuando Luiso y su compañero se encotraban a unos cuatro o cinco metros sobre el agua, éste se puso a temblar de miedo y se agarró a las piernas de Luiso.&lt;br /&gt;-No, no hagas eso -protestaba Luiso- que nos vas a tirar a los dos.&lt;br /&gt;-Espera Luiso, no puedo subir, se me han agarrotado los músculos de la pierna.&lt;br /&gt;-¡Bueno! quedaos abajo -gritaba Orozco que, reptando con una agilidad felina, se encontraba ya a mitad de trayecto- pero como os chiveis ya os podeis preparar...&lt;br /&gt;A Luiso y a su compañero de cordada los cazó el señor Moreno sin mayor dificultad.&lt;br /&gt;-No corrais, no corrais, que os he visto. Suba, señor Rando; y el gafitas ese cuyo nombre no recuerdo ahora. Suban los dos.&lt;br /&gt;Una vez en el Instituto, el Jefe de Estudios los invitaba a la más vil delación:&lt;br /&gt;-¿Quién más estaba con ustedes? ¿Eh? Díganlo.&lt;br /&gt;Pero al menos él, aunque lo tratara de intimidar el Conserje nombrándole por el apellido y tratándole de "señor" no se chivó y en su conciencia supo siempre que esa fidelidad no fue alimentada por ningún miedo a los tortazos de Orozco. Y el gafitas, cuyo nombre no recordó nunca y al que de mayor encontró trabajando como funcionario en el Ayuntamiento de Allí tampoco se chivó, quizás fuera por los pellizcos que Luiso le iba propinando clandestinamente durante todo el interrogatorio.&lt;br /&gt;La primera vez que Luiso acompañó a su hermano al Muelle de los Pescadores para que éste, por cuenta del padre de ambos, le cobrara unos dineros a un armador para el que había trabajado el taller familiar, se escapó unos instantes para ir a ver por dentro "El Refugio del Pescador" la mítica taberna portuaria donde se juntaban marineros de los cuatro puntos cardinales de la rosa, la rosa de los vientos.&lt;br /&gt;-Pero ¿dónde vas Luiso? -le gritaba su hermano desde la puerta de la Lonja.&lt;br /&gt;-Espera. Ahora vengo.&lt;br /&gt;Luiso, igual que le ocurrió de niño con aquella radio que su hermano desmontó delante de él dentro de cuyas tripas esperaba encontrarse a los locutores y cantantes en reducidísimas proporciones pero en carne y hueso y vestidos y sólo encontró una pequeña plantación de lámparas, diodos y válvulas que desprendían un intenso olor a lo que él inora todavía que se llama ozono. también le sucedió con esta tabernucha portuaria. Lejos de aquellos lobos de mar sacados de las páginas de Salgari o de Verne se encontró con unos seres grises, sencillos, municipales, con el mismo aspecto de fontanero o de albañil que tenían los pintores que a veces acudían a su casa para encalar, por Semana Santa; o como aquel otro menestral que venía montado en una bicicleta, y armado de unas cañas larguísimas apaleaba la lana de los colchones que previamente, mámá, ayudada por la muchacha había extendido por la azotea. También tenía Luiso mitificado en su imaginación a aquellos niños coránicos que cada verano ejecutaban aquellas proezas sobre el vacío en el Puente de la Corriente. Una mañana en la que se encontraba sentado, con su padre y unos amigos de éste, en la terraza de un bar en el centro de la ciudad se le acercó uno de esto chicos coránicos. Luiso lo reconoció enseguida, se trataba de uno de los más menuditos y no aparentaba tener más de diez u once años; pertenecía a esa etnia que se da cuando se cruza el negro con el coránico y que tan hermosos ejemplares ha dado al censo infantil de Allí.&lt;br /&gt;-¡Limosnosli! ¡Uaj limonosli! -y extendía la palma de la mano con una sonrisa ingénua que dejaba ver una dentadura pequeña pero blanquísima. Luiso, embutido en el cálido y suave paño de su abrio beige se arrellanó en el asiento gozando de la vista de su pequeño y particular héroe de los días de clase, pensando que sería gracioso que en cualquier momento saliera volando por los aires trenzando piruetas. Luiso, como si tuviera miedo a perderlo, apretaba dentro del bolsillo y en el hueco de su mano el billete de una peseta que esa mañana le entregara su madre antes de salir de casa, peseta que estaba destinada por la madre para ser depositada en "el cepillo" de la Iglesia y que él, ahogando en su alma un sentimiento de culpa escamoteara al presupuesto divino. Pensó entonces recompensar a su pequeño héroe con aquel dinero y sacó timidamente el billete del bolsillo en que lo tenía. El pequeño coránico, al ver el viso color sepia del billete asomando por el bolsillo iluminó la mañana con un brillo de ingenua codicia en los dos escarabajos negros de sus ojos y, más rápido que el viento arrancó de las manos de su admirador aquel billete salvador que podía solucionarle nuy bien los problemas económicos de ese día y del siguiente perdiéndose a continuación por un dédalo de coches aparcados en la plaza. Luiso, al verse sorprndido, sintió una rabia repentina.&lt;br /&gt;-¡¡Corre!! ¡¡Atrápalo!!-sintió la voz de su padre a sus espaldas.&lt;br /&gt;Luiso salió disparado como una flecha detrás de su adversario ¡Qué mal se movía en tierra! -pensó- le ocurría como a los peces. En la distancia que aún lo separaba de su presa lo vio introducirse en un portal sin tan siquiera mirar para atrás, torpe estrategia que Luiso aprovecho para sorprenderlo en su interior, arrinconado contra el cierre de chapa de un pequeño taller de zapatería.&lt;br /&gt;-¡No pegá al nenio, nasarani, no pegá al nenio! -gritaba en actitud suplicante el pequeño coránico, mostrando en su mano temblorosa el billete robado.&lt;br /&gt;¿Qué había quedado de su pequeño supermán volador? ¿Dónde se ocultaba aquella valentía que mostraba todas las mañanas ante aquel reducido público de turistas de medio pelo? ¿Dónde?&lt;br /&gt;-No pegá, pordió, tú no pegá.&lt;br /&gt;Luiso, sin tan siquiera mirar hacia el billete que se le ofrecía, dio la espalda a su presa y salió del portal decepcionado de su pequeño héroe derrumbado ante aquel cuchitril oscuro. Sentía la misma decepción que sintió cuando, siendo mucho más pequeño que ahora, cuando vivía completamente sumergido en el mundo mágico de su imaginación, su hermano desmontó la radio de la casa delante de él, y él, ansioso por ver a su "novia" que creía dentro de la radio y cuya voz lo había enamorado sólo encontró un amasijo de cables y de lámparas con un fuerte olor a ozono...&lt;br /&gt;-¿Lo has cogido? -le preguntó su padre sacando un cigarrillo de la pitillera.&lt;br /&gt;-Le habrás dado al menos un par de tortas..¡eh! -añadió el amigo del padre echándose un trago de vermut.&lt;br /&gt;-No pensaba yo que fueran así -se dijo Luiso en un tono de voz casi imperceptible.&lt;br /&gt;-¿Cómo dices? -le preguntó el padre con indiferencia.&lt;br /&gt;-Nada.&lt;br /&gt;-----ooo000ooo-----&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Oleo del pintor Joaquín Sorolla&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div 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Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S4D2v8Z88bI/AAAAAAAAAKc/RMKHbk78Nlk/s72-c/escanear0009.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3139164598313831262</id><published>2010-02-15T08:45:00.000-08:00</published><updated>2010-04-23T05:29:40.542-07:00</updated><title type='text'>VIDA Y MUERTE DE JEAN-BAPTISTE LECLERQ (Memorias de un Negrero. Capítulo I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S3l8A5gf_MI/AAAAAAAAAKU/_loHZJkgDJY/s1600-h/goletperfil.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438514379905563842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 321px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S3l8A5gf_MI/AAAAAAAAAKU/_loHZJkgDJY/s400/goletperfil.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sepan ustedes que yo me llamo Jean Baptiste Leclerq, pero a la gente de la mar, entre la que siempre me he movido, ese nombre no les dice absolutamente nada, los deja completamente fríos. Todos esos hermanos que, junto a mí, forman la extensa y temida cofradía de negreros y contrabandistas, todos esos que pululan por los puertos de esta costa, desde los helados fiordos del Norte, hasta las cálidas tierras del Sur cruzado ya el paralelo diez, toda esa grey de asesinos y mercenarios, muchas de cuyas biografías están escritas con sangre en los códigos penales de casi todos los paises, toda esa gente, repito, no me conoce sino por “El Francés” apodo con el que –me parece- pretenden afirmar mi parte francesa frente a mi otra mitad española que se la debo, ésta, a mi madre. Si alguna vez fondean ustedes en la rada de Hamburgo, pregunten en cualquier tabernucha de su puerto o en las de sus alrededores, pregunten por el marino Jean-Baptiste Leclerq; nadie les responderá, permanecerán mudos, pero a esos mismos díganles que les cuenten todo lo que sepan sobre "El Francés"; ¡ay! amigo, enseguida aparecerán por lo menos diez truhanes que les contarán las aventuras del negrero que se esconde bajo ese apodo; y les apuesto lo que quieran que de entre esos diez hay por lo menos dos que han navegado conmigo la ruta del ébano; y de esos dos, al menos uno, lleva en sus espaldas las huellas de mi látigo. No, no pongan esa cara de desagrado...¿qué se creían? ¿que la tripulación de un buque negrero se reclutaba entre los chicos de un internado de Oxford? Pues si creían eso andaban ustedes muy...muy equivocados. Un buen látigo y una escogida guardia personal de marineros vascos me han ayudado a sobrevivir en esta profesión y a no terminar mis días arrojado a las aguas del atlántico con un cuchillo de medio palmo hundido en las espaldas. Si,si, ya sé lo que están pensando...pero es que, el terminar colgado de una soga es algo que ya venía incluido en el sueldo, es algo...¿cómo les diría a ustedes?...es algo intrínseco, eso, intrínseco, consustancial al desarrollo de este trabajo y todos nosotros, mal que bien, lo hemos aceptado al tomar el mando de una de esas goletas cargadas con piel de ébano. ¿Me explico?&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando amanezca, para lo que faltan justamente dos horas y veinte minutos, los ingleses, que para esto de las ejecuciones suelen ser bastante puntuales, me van a conceder la honrosa distinción de morir en la horca, o, como dicen los manuales de Medicina Forense al uso, a ser colgado por el cuello hasta que el médico de este presidio certifique mi total e irreversible fallecimiento, instante en el que descolgarán de la soga mis restos mortales para, con toda la documentación oficial pertinentemente sellada y firmada po el alcaide de este presidio y por el médico mismo, entregarlos a las autoridades españolas las cuales, por expreso deseo mío los sepultarán en la Villa de Málaga, ciudad en la que nací un dos de mayo de hace ya muchos años, muchos...no recuerdo cuantos, ni me importa. En esa pequeña y blanca ciudad que duerme junto al mar, allí, enterrado entre naranjos y limoneros, entre viñas y olivares, esperaremos tranquilamente hasta que se abran las puertas del Tribunal Supremo que me pida cuentas de mis fechorías cometidas en este mundo.&lt;br /&gt;La sentencia, firme e inapelable, fue dictada hace ya más de dos meses por el Gobernador de “La Roca”. Pero, como tampoco carecen, estos británicos, -los britichs los llaman por aquí- de sentido del humor, han aplazado mi ahorcamiento hasta el día de hoy para hacerlo coincidir así con el aniversario de la conquista de este Peñón que, como ustedes no ignoran, fue arrebatado por las armas a la soberania del Cristianísimo rey Felipe Quinto, que Dios guarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ayer por la tarde, el carpintero del presidio, Maese Pitt, está levantando junto con su ayudante y en el centro del patio de armas el cadalso que, puntualmente, dará cuenta de mi persona y mandará mi alma a los infiernos. Maese Louise Jonathan Pitt, un truhán de media suela nacido en las colonias, que desde que amanece el día va eructando ginebra y que en su juventud anduvo ahorcando rebeldes independentistas por cuenta del Gobierno en los territorios que su Graciosa Majestad posee al norte del rio Ontario; ¡si, si! ¿De qué se extrañan? éste fue verdugo antes que carpintero; se ve que el olor a muerto lo echó del oficio. Aún atufa en la distancia corta, dicen algunos mal intencionados, y no son pocos los que se niegan a estrecharle la mano, sobre todo cuando lo ven camino del presidio, junto al carro de las maderas y con el serón de los clavos colgado del hombro. El propio cadalso, según me ha contado el oficial de guardia, una vez desmontado y desclavado, alimentará el horno y los fogones de la cocina del presidio; Bueno, no está mal, pienso yo, algo de mí irá sin duda prendido en ese asado que mañana por la noche se coma el alcaide de esta prisión. También me sirve de consuelo pensar que al menos voy a tener una muerte rodeada de todos los fastos de un rey: las baterías de esta fortaleza lanzarán al aire, con gran estruendo, toda la polvora que durante la noche los soldados del octavo regimiento de linea de su Graciosa Majestad han ido depositando en sus vientres de acero, y el pueblo de Gibraltar, tan aficionado como los otros pueblos a estos espectaculos ejemplificadores, va a tener mañana –digo- entrada franca a la Plaza de Armas de este presidio para verme bailar el minué con la Muerte, mientras se remojan el gaznate con un generoso trago de ron, o una pinta de cercveza negra, que estos días se está vendiendo en las tabernas del puerto a la mitad de su precio, junto con una partida de bacalao noruego que el Gobernador ha regalado a la población gibraltareña para que hasta en las casas más humildes se celebre con el estomago lleno el expolio que cometieron contra los españoles en el siglo pasado. Con un poco de suerte y según sople el viento de manera que mis pitracos se orienten al mar en el último instante podré morir contemplado los fuegos artificiales que se lanzarán al mar desde el Muelle de Poniente del Arsenal.&lt;br /&gt;El hecho de hacer coincidir mi ahorcamiento con una de las fiestas más importantes de este islote, no está en absoluto relacionado con la poca o ninguna dignidad de mi modesta persona, cuya existencia, hasta ahora, para nada le ha quitado el sueño, que yo sepa, a su Graciosa Majestad. La causa es completamente ajena a cualquier hito de mi tormentosa biografía: Por lo que he podido sonsacarle a este joven oficial que de vez en cuando acude a mi calabozo para cerciorarse de que en un arrebato de desesperación no haya derramado mis sesos por algún rincón de sus espesos muros, las relaciones entre las Monarquías británica y española no pasan por su mejor momento, y en Londres han querido vengar no sé qué desaire cometido por algún embajador de su Católica Majestad en el Palacio de Buckingham hace meses, ahorcando a un español el aniversario del mismo día en que ellos plantaron la unión jack en el punto más alto del Peñon y de un tamaño tal que los días claros de Poniente puede verse ondear desde el presidio de Ceuta, al otro lado del Estrecho. Claro, que solo ahorcan a medio español, porque mi otra mitad es de sangre francesa, bretona para ser más exactos. Mi padre, François Leclerqc, era natural de Saint Maló, un pueblo de marineros en el norte de Francia que le dio a este pais ilustres marinos e intrépidos navegantes, sin duda que para compensarla de los rebeldes nacionalistas bretones que ha ido pariendo para ella a lo largo de la historia. Mi padre, el tercer hijo varon de un farmaceutico ilustrado que participó heroicamente en el último levantamiento de La Vendèe, mi padre, digo, llegó a tierras de Andalucía acompañando a Napoleón como Cabo de Artillería cuando el emperador francés puso sus ojos en el trono español. Como presagio, sin duda, de que dejaría sus huesos en estas tierras, fue herido por unos guerrileros catalanes nada más atravesar los Pirineos, cerca ya de Puigcerdá. Yo no quisiera manchar la memoria de un difunto, y menos aún cuando ese difunto es mi padre, pero parece ser que en Madrid, formó entre las filas de algún pelotón de fusilamiento durante las tragicas jornadas de La Moncloa; de todas formas, si eso es cierto, bien caro lo pagó cuando, después de la derrota de Bailen y siendo prisionero de guerra fue entregado en Jaen a la ira del populacho junto con otros compañeros de cordada. Paseando con sus amigos de tropa por las playas de Malagueta conocío a la que será mi madre, Dolores Simón, más conocida por Lolita, la del Puerto, una joven que trabajaba en la Fábrica de Cigarros y que por las noches bailaba fandangos en una taberna del barrio de Los Percheles. A ninguno de los dos he llegado a conocer; mi madre murió de unas fiebres malignas a los pocos dias de darme a luz y mi padre, después de ser derrotado junto con su regimiento en la batalla de Bailén, murió linchado por el populacho enfurecido entre las murallas de la ciudad de Jaen. Antes de abandonar Málaga le dio tiempo a dejarme depositado en un Orfanato de la ciudad con mis apellidos registrados en el Juzgado de Paz. Durante todos estos años no he dejado de preguntarme si mi padre, cuando se fue lo hizo con la intención de venir a recogerme algún día.&lt;br /&gt;Hace poco, mientras cenaba, he tenido que atender al señor Villodres, el encargado de negocios del Consulado español en Gibraltar el cual, al carecer yo de pariente cercano alguno que me haga de albacea, ha venido a ultimar conmigo, personalmente, los últimos detalles del traslado de mis restos y de mi definitivo enterramiento en el Cementerio Civil de Málaga, ya que el Obispado de esa ciudad, que es la mía, me niega la sepultura en sagrado, como era mi deseo: Ya ven, a pesar de la vida tan disoluta que ha llevado uno, soñaba no obstante con un trocito de tierra en las espaldas de la Catedral, cerca del Muelle de Poniente, desde el que poder contemplar todas las tardes el regreso de las barcas de los pescadores, pero no ha podido ser. A renglón seguido, y algo ya más relajado, me dice que entre las últimas voluntades que se me conceden -añado yo que para consolarme del feo desplante qu me ha hecho la Madre Iglesia- está la de la propiedad del nicho que la Corona española me cede a perpetuidad para mí y para mis descendientes. El señor Villodres, en un enrevesado lenguaje diplomático trata de explicarme que las circunstancias de mi apresamiento, juicio y ejecución por una potencia extranjera con la que atravesamos uno de los peores momentos de nuestra reciente historia han sido las que han movido a nuestro gobierno a ese rasgo de generosidad tan inusual en condiciones normales, pues debo comprender, dice con una medio sonrisita de conejo asustado que mis antecedentes biográficos se salen de lo normal, a lo que yo asiento sin dejar de masticar el trozo de pollo inglés que en ese instante ocupan a mis dientes diciéndole que no tengo hijos ni sobrinos a los que legarle tan noble y piadosa herencia, pero que de todas formas me siento muy agradecido a su Majestad por tan hermoso gesto. Lo hace constar en sus papeles y me dice, mientras moja nuevamente la pluma en su tintero de mano que todos los gastos de traslado de mis restos corren por cuenta de nuestro Consulado. Llegado a este punto debo decir que de vez en cuando, el buen hombre, acompañándose de alguna tosecilla nerviosa, se disculpa por tener que despachar directamente con el interesado (este es el eufemismo que emplea cuando se refiere a mi persona) un asunto tan desagradable como el que nos ocupa, mostrándose muy sorprendido de la indiferencia que yo muestro en todo el desarrollo de una conversación que, por su contenido, debía de hacer temblar a cualquiera que no fuera yo. Eso decía. Como en cierto momento percibí en su mirada una pizca de curiosidad hacia mi persona le expliqué que, por mi profesión, había estado cerca de la Muerte tantas veces que dificilmente podía la situación presente alterarme el sistema nervioso. Han de saber ustedes que durante toda la conversación nos estuvo acompañando el siniestro tac-tac de los martillos de Maese Pitt y su ayudante. El señor Villodres, quedó tan afectado por la corta visita que se vio obligado a hacerme que cuando el guardia, atendiendo a su llamada, ha abierto la puerta del calabozo para que saliera pensé que iba a caer desmayado antes de llegar al umbral de la misma. Y el caso no es para menos: dentro de algunas horas él será quién tenga que cerrar la tapa de mi ataúd sobre mi amoratado cadaver aún caliente; la última imagen que de mi rostro dejo en este mundo será su cerebro el encargado de conservarla no se sabe por cuanto tiempo, yo se lo deseo corto. Cuando he terminado de firmar el último de los documentos que me ha presentado, le ahorro la desagradable sensación de apretar entre las suyas las manos de un ahorcado y lo despido con una sonrisa. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3139164598313831262?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3139164598313831262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/02/sepan-ustedes-que-yo-me-llamo-jean.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3139164598313831262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3139164598313831262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/02/sepan-ustedes-que-yo-me-llamo-jean.html' title='VIDA Y MUERTE DE JEAN-BAPTISTE LECLERQ (Memorias de un Negrero. Capítulo I)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S3l8A5gf_MI/AAAAAAAAAKU/_loHZJkgDJY/s72-c/goletperfil.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-8977575838943937669</id><published>2010-02-05T08:31:00.000-08:00</published><updated>2010-02-07T13:28:25.398-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Una novela en marcha.'/><title type='text'>Los Diarios de Belle-de-Mar (una novela en marcha: 1)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2ySWSooJYI/AAAAAAAAAJ8/xcDe7NNrFG4/s1600-h/escanear0015.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 379px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434879761986364802" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2ySWSooJYI/AAAAAAAAAJ8/xcDe7NNrFG4/s400/escanear0015.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;SUITE&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;Esta mañana hemos salido a pasear por la playa. Su hermana ha venido a casa para cortarle el pelo con la maquinilla de pelar hombres. Cuando ha terminado de ataviarla, Belle me ha llamado; yo he subido y he entrado en nuestro dormitorio pidiendo permiso, como en las casas de importancia. La he encontrado guapa y así se lo he dicho, y ella, con cierto desenfado, me ha llamado embustero, pero como jugando y con un ligero temblor de aguas en el fondo de sus ojos. Hemos ido a Torre del Mar. En el Paseo, todos nos miraban. Yo me sentía como si llevara de la mano algo muy importante. Belle anda como no queriéndose romper, y sin pretenderlo se hace fuerte, como algo clásico que se echara a la calle a pasear. Me mira con sus ojos grandes, hermosos pero tristes, muy tristes. Y me dice que me quiere. Y yo entonces la siento como una linda pompa de jabón que se me quiere romper entre las manos. Las gaviotas, jugando con la brisa del mar han tejido un palio de lunas blancas sobre nuestras cabezas. De pronto, el viento ha saltado a Poniente, las gaviotas se han dispersado con un espeso griterio, y un viento fresco y azul nos ha lavado a los dos la cara. La mañana ha terminado con la cotidiana compra del periodico y el aperitivo en un chiringuito solitario del Paseo Marítimo pero yo sé, en lo más hondo de mí, que algo de habanera inacabada ha tenido este paseo por la playa. Por la tarde, en casa, le he montado la sombrilla en la terraza que mira a la playa y ella, como una hermosa hada de los colores se ha sentado a poner orden en el azul del mar.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;LOS DIARIOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Parece como si este año el invierno se quisiera adelantar. Una lluvia fresca y menuda, un sirimiri triste y monótono está lavando en estos momentos, mientras escribo, los cristales de la ventana. Si pudiese abrirla, seguramente me vendría el vaho de pan caliente que exhala la tierra cuando caen sobre ella las primeras aguas del año, o tal vez pudiera aspirar, con no poco regusto, ese perfume agrio de la hierba recién cortada que el jardinero segó ayer por la tarde. Ese fresco aroma de campo recién llovido se llevaría, sin duda, este horrible aliento de muerte y antibióticos que exhalan las paredes. Pero no, no me llega ese perfume de jardín recien peinado, como tampoco me llega, como cuando estoy en casa, el olor del mar, por más que las gaviotas -Mario las llama, pavanas- me traigan su imagen cuando sobrevuelan el cielo del Hospital, a la atardecida, camino de un enorme vertedero que hay en el interior. No. No llega hasta aquí el olor del mar; aún está muy lejos, demasiado lejos. Cuando sopla viento de Poniente y el día amanece limpio y claro como un cristal puedo distinguir desde la cama apenas una delgada linea azul que corre por encima de los últimos edificios de la ciudad. En días de bruma esa línea se confunde con el cielo, la raya del horizonte se borra, y los barcos aparecen entonces como flotando en el aire; bueno, no en el aire exactamente, sino en una especie de puré licuado que va pasando del azul al naranja, y del naranja al violeta a medida que la tarde va muriendo. No es como en casa, no. En casa, si dejo el balcón de la terraza abierto puedo oir desde cualquier rincón y perfectamente los gritos de las gaviotas que deambulan a todas horas por la playa picoteando en las basuras. Y hasta puedo verlas, agrupadas cerca del espigón de la Ermita, al pie de su acantilado, agrupadas, si, pero andando cada una de ellas en direcciones opuestas, como si estuvieran reñidas, o como esos paseantes que el azar reune una mañana de domingo en una pequeña pero concurrida Plaza Mayor de pueblo. Solo se juntan con los primeros calores de la mañana; cuando levanta el día por la parte de Nerja se ponen todas mirando al Sol, como si éste fuera a hablarles de un momento a otro, obedientes como los profesores de una orquesta en esos brevísimos instantes que transcurren entre el golpeteo nervioso de la baqueta del director sobre el atril y el comienzo de la sinfonía, atentos todos a la varita del director que va a comenzar ya a dibujar en el aire del teatro la bella estructura musical. Hay un instante en el que todas las gaviotas están completamente inmóviles, y la formación, de tan geométrica, es casi militar, produce dentera contemplar un aire tan prusiano en unas aves tan pacíficas. Esa quietud mineral, quebrada tan sólo por el ligero temblor de alguna pluma salpicada de agua, o un arranque de vuelo que no cuaja, tiene algo de sobrenatural que se niega a ser apresado por medio de la palabra. Esta escena que se repite cada mañana termina siempre porque más tarde o más pronto llama la atención de alguno de los perros que corren en ese momento por la playa y que termina por caer de lleno en la tentación de romper esa arquitectura de movimiento congelado, con el mismo placer, suponemos, que sentimos los humanos ante la perspectiva de hacer añicos la enorme vidriera de una catedral gótica, o de abrir una herida en un saco de trigo y contemplar como se desangra en oro lentamente. Pues eso...que todo termina cuando algún chucho se mete entre ellas y se levantan todas a la vez, lentamente, hacia el cielo, como un encaje de bolillos para luego, a medida que van ascendiendo, disolverse en el aire, como un azucarillo en el agua...o como una nube en el viento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;....Y oigo la respiración cansada del mar que muere en sus orillas; como si se tratara de un gran monstruo marino que dulcemente agonizara a mis pies, así es el lamento del mar durante esas noches de insomnio. Cuando el viento de Levante sopla con furia y el mar se enfada, ruge entonces con tanta fuerza que parece como si lo tuviéramos al pie mismo de la terraza. Durante el invierno, en el silencio de la noche, todo el caserío se estremece con el estampido que produce el mar al chocar contra el acantilado de la Ermita. Muchas noches me he levantado, cuando no podía dormir, y he terminado por asomarme a los cristales de la ventana y distinguir, o creer distinguir, con no poca dificultad, allá lejos, en la negra oscuridad, una diminuta luz amarilla que sube y que baja con una frecuencia regular, que aparece y desaparece con un cierto ritmo de tic-tac de reloj. Y me imagino a los marineros de ese barco, porque es un barco, agrupados en el puente, junto a la caña del timón mirando para nosotros, para nuestro pueblo, al que verán asimismo en el horizonte como una pequeña tarta de cumpleaños sembrada de diminutas luminarias que tililan en la distancia y que, a medida que ellos se alejan de nuestras costas se va hundiendo lentamente en el horizonte como un atardecer extraño. Que grata sensación de abrigo y de compañía sentirán, sin duda, cuando, navegando en mar abierto, hundidos en la más impenetrable oscuridad, con la proa del barco agonizando entre las olas, con un cielo negro de presagios, descubran, allá al fondo del horizonte, una débil luciérnaga que se enciende y se apaga intermitentemente. &lt;&lt;em&gt;Ya no estamos solos&lt;/em&gt; -pensarán-&lt;em&gt; allí, dentro de aquel Faro hay ahora alguien que vigila nuestro paso por estas aguas&lt;/em&gt;&gt; Y seguirán navegando -pienso con el rostro pegado a los cristales- y verán como esa diminuta estrella que les grita desde el fondo negro se va hundiendo poco a poco por la popa del barco hasta desaparecer completamente. Y volverán otra vez, a sentirse inmensamente solos, bajo una inmensa bóveda negra que arde de estrellas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando se va aproximando la primavera son, entonces, los grandes trasatlánticos los que cruzan nuestras costas, lentos y enormes como hoteles de lujo a la deriva, con su derroche de luz, en los que se puede distinguir, con la ayuda de los prismáticos, y si hace una de esas noches limpias y claras, su cubierta solitaria por la que en ese instante transita algún pasajero ocasional, andando con esa torpeza con la que andan los buzos debajo del agua. Otras veces es una temblorosa silueta que se diluye tras las vidrieras. Y más abajo, pegadas a los costados del buque las aguas oscuras y brillantes como piel de reptil que se estrellan contra su casco. Recuerdo la primera vez que Mario se bañó conmigo en estas playas. Aún no habíamos comprado la casa, pero ya compartíamos algunos sueños, como ese, el de la casa, y andábamos todo el día haciendo proyectos para venirnos a vivir a este pueblecito costero. Él estaba esperando una pequeña herencia de su madre con la que pensaba dar la entrada para una autocaravana si entre los dos -me propuso- pagábamos las letras. Era una noche del mes de agosto. Hacía ya cuatro o cinco meses que habíamos formalizado nuestras relaciones y teníamos ya decidido irnos a vivir juntos a alguna casa aunque fuera de alquiler, pero, eso sí, sin casarnos, cosa que, por otra parte, era imposible pues él aún no había legalizado su anterior divorcio y ninguno de los dos estábamos dispuestos a esperar tanto. Me insistió mucho en que no quería tener hijos. Pobre Mario, ¡qué concepto tan malo ha tenido siempre de sí mismo como padre! Aquella tarde lo recogí con mi coche en el edificio antíguo de Correos, junto al Ayuntamiento. Lo acompañaba su hija, Clara, y traía aquella camisa tan horrible (a él le parecía de lo más "in") muy parecida en los colores y en los dibujos a las que llevaban aquellos conjuntos de boleros y sambas que en los años sesenta actuaban por las ferias baratas de los pueblos, comiendo de menú y durmiendo en la fonda de la Estación. En el Paseo Marítimo, cuando llegamos no cabía ya una persona más. Muy cerca de las terrazas, el mar era, desde donde nos encontrábamos, una gelatina oscura y espesa que respiraba con dificultad bajo el peso de la calima del verano. Hacia la parte de Poniente, el Faro de Mijas lanzaba sus destellos que con no poca dificultad conseguían romper la espesa humedad que flotaba sobre el mar. En nuestra orilla, el encaje roto de su espuma rebrillaba en algún punto iluminado por las farolas del Paseo. Grupos de adolescentes de cuerpos elásticos y pieles brillantes corrían por la orilla riendo y gritando amenazando algunos de ellos, sin duda los más bebidos, a sus compañeros con espontáneos intentos de desnudos que no llegan a consumarse. Algunos bautizan la testuz quieta del mar con los restos del vino de su copa. Cuando viajemos a Grecia descubriré que a todos estos pueblos es el mar lo que nos ha unido y el que ha esculpido en nuestro interior esa forma de ser que a muchos de mis paisanos le ha servido para sentirse acomplejado cuando han mirado al norte, a esa Europa consumista de brillantes automoviles y altos índices de colesterol. Aquella noche, en las terrazas de los chiringuitos, los camareros, con sus camisas blancas remangadas y sus pantalones negros podían en cualquier momento romper a bailar un siltaki sin que nadie se extrañara por ello pues la coreografía que se veían obligados a realizar para circular por entre las mesas rondaba ya muy cerca de esa jota aragonesa pasada por el Mar Egeo y que Anthony Queen hizo tan popular entre los españoles de mi generación; con las bandejas planeando sobre las cabezas pasaban con dificultad gritando los diferentes platos que llevaban entre sus brazos en un equilibrio casi imposible recogiendo, como pases de tauromaquia, el mar de sonrisas agradecidas de los primeros turistas de la temporada. La gente tomaba al vuelo las fuentes de calamares todavía humeantes o las pequeñas y perfumadas hecatombes de sardinas atravesadas por los espetos de caña. Las jarras de cerveza volaban practicamente por encima de las cabezas con sus glaciares de espuma temblorosos derramándose por los bordes. Entre el intenso olor del aceite frito penetraba de vez en cuando, sin saber de donde procedía, un suave perfume de jazmín que sin duda la brisa del mar le robaba a la tierra. Despues de cenar en uno de ellos nos fuimos a pasear por la orilla, con los pies descalzos, cómo haciamos en las verbenas de San Juan. No recuerdo como sucedio pero, hay un momento en ese paseo en que nos encontramos ya los dos, completamente desnudos dentro del agua y Clara la hija de Mario, algo cortada, nos mira sin saber si en ese momento toca reir o toca aparentar que no se ve lo que en realidad si se está viendo. Yo, en broma, le recordé que ella ya debería estar acostumbrada a las originalidades de su padre. Pero creo que fue mi comportamiento el que la desconcertó.Mario, que va algo más bebido que yo, se desnuda delante de su hija con esa naturalidad que presta la pequeña dosis de alcohol, y antes de zambullirse se da unos sonoros cachetazos en las nalgas. Luego nada unos metros hacia dentro perseguido por el blanco puding de su trasero a flor de agua, y, cuando cree que está lo suficientemente retirado como para impresionarme me invita a que le siga, cosa que yo no hago. Vuelvo a invitar a Clara y aprovechando la lejanía de su padre, al final también ella se desnuda y se baña con nosotros aunque manteniendo una distancia lo suficientemente cómoda para no ruborizarse en mi presencia. A lo largo de todo el paseo, columnas de humo perfumadas y grasientas ascendían hasta unos metros por encima de las casas disolviendose luego y rompiendo sus penachos, consagrado la sabrosa hecatombe de pescado. Las diferentes músicas se mezclaban y lo que llegaba a nuestros oidos era un batiburrillo verbenero...Me sentí muy joven aquella noche. Mario se empeñó en llevarse mis braguitas como recuerdo. Clara, que era la unica sobria de los tres, nos tomó de la mano y nos condujo hasta el coche; nosotros dos, solos, no lo hubieramos encontrado. Mario, esa noche, al igual que todas las verbenas de San Juan, me dice que le trae a la mente la novela de Marsé, &lt;&lt;Últimas tardes con Teresa&gt;&gt; y me habla otra vez del personaje Pijoaparte que le despierta mucha ternura por recordarle ciertos amores que él, también emigrante en Cataluña, tuvo con una burguesita que veraneaba en la Costa Brava con apartamento propio. Yo, como siempre, termino prometiendole que un año iré con él a pasar a Barcelona la Nit de Sant Joan y aún no hemos ido.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;Paseo a la orilla del mar, 1909. Joaquín Sorolla (1863-1923)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-8977575838943937669?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/8977575838943937669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/02/los-diarios-de-belle-de-mar-1-una.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8977575838943937669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/8977575838943937669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/02/los-diarios-de-belle-de-mar-1-una.html' title='Los Diarios de Belle-de-Mar (una novela en marcha: 1)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2ySWSooJYI/AAAAAAAAAJ8/xcDe7NNrFG4/s72-c/escanear0015.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7678614610002488093</id><published>2010-01-29T08:13:00.001-08:00</published><updated>2010-02-05T09:19:22.972-08:00</updated><title type='text'>Memorias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2MVewfq6aI/AAAAAAAAAJs/V9BhhtSzZtI/s1600-h/escanear0001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5432209193696946594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 253px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2MVewfq6aI/AAAAAAAAAJs/V9BhhtSzZtI/s400/escanear0001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El día que tocaba comer lentejas, mamá, la noche antes, congregaba a toda la tribu familiar alrededor de la gran mesa de la cocina, para que expurgáramos a las pequeñas legumbres de aquellos bichitos negros tan desagradables, duros como cabezas de clavo (y que nosotros nombrábamos con el enternecedor apelativo de “cocos”) que, cuando éramos niños, acompañaban indefectiblemente a esta leguminosa, amén de las piedrecitas que abundantemente engordaban su peso en casa del tendero y que se llevaron por delante, en la modesta masticación, más de uno y más de dos postizos dentales de nuestros abuelos. Yo, cuando oía los comentarios tan poco edificantes que pronunciaba mi padre sobre la elasticidad que presentaba la moral del tendero del barrio me lo imaginaba –¡al tendero ¡claro!- ejecutando, con alevosía, premeditación y nocturnidad, la operación inversa a la que nosotros nos veíamos obligados a realizar cada martes por la noche (los miércoles tocaba lentejas) es decir, sentado en la cocina de su casa y en compañía de su esposa, (o no) seleccionando cuatro o cinco kilos de piedrecitas pequeñas, semejantes a las lentejas, para verterlas en el saco donde dormían las legumbres, ajenas por completo a la contaminación de la que estaban siendo víctimas.&lt;br /&gt;Después de colocar sobre el tablero, la manta vieja de planchar, si era invierno, o el hule viejo de las excursiones, si era verano, y de colocar un cenicero cerca del abuelo, volcaba mamá en el centro de la mesa, aquel sinaí egipcio de lentejas, donde yo, aguzando la visión podía ver ya algún coco tratando de escalar aquella montañita de hidratos de carbono, destinada a convertirse bajo una sabia cocción vigilada por mamá en nuestro alimento al día siguiente. Papá, si no lo había hecho ya, enchufaba entonces la radio en un aplique que tenía la bombilla, que con los años se volvió negro y apestaba, como decía papá “a coche quemado” y mientras perseguía cocos o piedras, trataba de oir las noticias del "parte", pidiendo silencio cuando la gravedad de la noticia lo requería, como aquel año que mataron a Caryl Chessmann, el asesino de la luz roja, y papá estuvo comentando la vida carcelaria de este díscolo norteamericano durante tres o cuatro tertulias. Como si fuéramos a jugar al tute, cada uno de nosotros tomaba su montoncito de legumbres para purificarlo mientras participábamos en la tertulia familiar.El año en que mataron al Presidente Kénnedy, las lentejas ya venían limpias y empaquetadas, y el abuelo ya no estaba con nosotros.Era en estas tertulias nocturnas, en las que papá nos contaba historias de su juventud y de su infancia. En una de ellas oí hablar por primera vez del abuelo Francisco, "un chisgarabís", a juzgar por las opiniones de papá, que en su juventud había trabajado de camarero en un bar para señoritos en el centro de Sevilla, llamado La Venta de Eritaña, y que se gastaba el sueldo en frecuentar las otras tabernas con aquella atrabiliaria compañía que olía a perfume francés y fumaban tabaco de Vuelta Abajo. Los sentimientos que papá mostraba hacia el abuelo Francisco navegaban entre las contradicciones mas sólidas. Se ve que al ser tan niño no llegaron a su alma infantil el odio hacia el padre crápula que le quisieron inocular las hermanas de su madre, pues llegaba a hablar incluso con cierta admiración, debido sin duda al anonimato en el que siempre se movió ese ser que durante los tres primeros años de su vida hacía de padre, y no un padre precisamente ejemplar. Según oyera él, de niño, en casa de la abuela, su padre escondía parte de la semanada cobrada en el trabajo debajo de una maceta de donde lo iba sacando poco a poco para pagarse sus francachelas. Cuando papá se atrevía a hacer alguna crítica seria al comportamiento de su padre, lo hacía siempre guardando las formas y lleno de commiseración hacia la memoria de ese padre que -decía- sólo Dios sabía cómo habría abandonado este mundo y cómo le habría ido desde que abandonó el domicilio conyugal. A la edad de catorce años, su tía Catalina, que se parecía mucho a la Pardo Bazán, estaba suscripta al Blanco y Negro y plagiaba con el mayor descaro todos los vestidos que la Reina sacaba en esta revista, esa tía, hermana de su madre y que regentaba una posada en el pueblo por los años de maricastaña, lo llevó a él ante la mesa camilla de una medium; la medium, con los ojos vueltos hacia arriba y soltando regüeldos de ginebra, informó a papá, de que el abuelo crápula habia emigrado a Cuba donde vivía, con la nueva familia que él mismo había fundado, en una ciudad cuyo nombre papá tardó poco tiempo en olvidar, se supone que por lo enrevesado y exótico de su nombre.&lt;br /&gt;Cuando yo percibía que el montoncito de lentejas se iba acabando, con la fatal consecuencia de que mamá diera por terminada la tertulia, enseguida me levantaba y tomando un puñado del cartucho de papel estraza alimentaba el banco comunitario de legumbres, sirviéndole a papá las suyas y animándole a continuar su historia, más que por el argumento que ya nos sabíamos todos de memoria, por verle inflar el pecho, ahuecar la voz, e imitar el acento caribeño que él se imaginaba tenía el Embajador de Cuba (por el sólo hecho de estar residiendo en esa isla) cuando respondió a su carta inquisidora sobre el paradero del abuelo. "Consultados los libros de Registro de esta Embajada he de comunicar (coma) al interesado (coma) que no consta en dicho Registro ningún súbdito español que responda al nombre y a los apellidos reseñados. Lo que hago saber para...etc etc etc"Firmado y rubricado Excelentísimo señor embajador de España en la República de Cuba. El nombre del embajador también lo había olvidado. El pobre papá se había forjado un mito en su mente de niño con aquel padre que salió fugado del pueblo con los gritos de las cuñadas peinándole los flequillos de la chaqueta. En cambio se mostraba reacio a creer la otra versión que había circulado por los domicilios familiares y que lejos de ningún romanticismo caribeño aterrizaba y se movía entre la vulgaridad más grisacea, como era la de que el abuelo había muerto en un hospital de Alicante a los dos años de haber abandonado el pueblo. Parece ser que viendo ya cerca la hora de su muerte había escrito a la familia reclamando la presencia de sus hijos a los pies de su modesta cama hospitalaria, carta que las cuñadas resentidas ya se habrían encargado de hacer desaparecer y guardarse mucho de decirle nada a los huérfanos, de los cuales, las dos hembras mayores hubo de mandarlas al Orfanato de Sevilla, llamada la Gota de Leche o Casa Cuna de donde las sacaría papá, para llevárselas a vivir con él, cuando montó casa y negocio.Yo mismo, que defendía esta romántica versión traté de convencer con ella a papá siendo ya los dos mayores. Me devolvía una mirada desconcertada cuando yo le hablaba de la posibilidad de que el abuelo hubiese fallecido al poco tiempo de marcharse del pueblo, y argumentaba mi tesis con el hecho de que nunca había dado señales de vida. Cuando me entregué al vicio de la escritura, me desvié por un tiempo hacia la historia genealogista y comencé con muchas ganas la investigación de este abuelo paterno del que ni siquiera llegué a conocer en foto, pero, al final, cediendo a mi natural pereza y a mi inconstancia pronto me aburrí y lo dejé. Aunque no dudo de que, antes de nacer yo, ya se celebrarían en la familia estas tertulias nocturnas alrededor de las lentejas, mis recuerdos más lejanos en esta actividad nocturna se remontan a la casa que compartíamos en el número dieciseis de la calle Castillo Hidalgo, adonde nos fuimos de alquiler después de abandonar el domicilio de los abuelos que tan generosamente nos recogieron cuando nuestro padre vendió la casa en la que yo naciera. La cocina donde tenía lugar la reunión era de proporciones bastantes generosas y semejaba la camara de un barco pues se accedía a ella después de transitar por un largo pasillo que como la quilla de un buque atravesaba la casa de punta a punta. La escalera de madera que conducía a la azotea todavía reafirmaba más el aire marinero de la cocina. Y por si ello no fuera suficiente, en invierno, el temporal de Levante golpeaba toda la noche esta parte de la casa orientada al mar. En la esquina opuesta se hallaba una alacena cubierta con tela metalica donde mamá guardaba los alimentos con los que diariamente nos preparaba la comida. A esta cocina llegó nuestro primer frigorifico que todavía llamaban neveras. Era americano, de marca Frigidaire, y en él confeccionó mamá nuestros primeros polos de chocolate utilizando como moldes las bandejitas para fabricar los cubos de hielo; a veces me lo he encontrado en el decorado interior de alguna película americana de aquellos años y -¿qué quieren?- me ha dado mucha ternura. De esta casa saldré con dieciseis años para trasladarme junto con la familia hasta la nueva vivienda que nuestro padre había comprado en la misma barriada en la que nací y en la que estuve hasta que cumplí los cinco años. Un miembro de la familia había fallecido en la casa que abandonábamos y mis dos hermanos saldrían para casarse de la nueva a la que íbamos. De esa casa también saldré yo, una vez concluidos mis estudios de Magisterio, para no volver más. Para no herir el pudor de mamá, accedimos a su deseo de efectuar el traslado de noche, y como la distancia que separaba ambos domicilios no era importante porteamos a hombro todos nuestros enseres domésticos por los callejones de la barriada huyendo de las calles más concurridas.A medida que mis hermanos mayores iban contrayendo matrimonio iba conquistando yo parcelas de espacio en el domicilio familiar hasta que me hice con toda la planta baja con derecho a llave propia. Nuestros padres serán los últimos en abandonar esta casa para acompañar a nuestra hermana en su exilio a la búsqueda de un puesto de trabajo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;NOTA.-&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;em&gt;En mi última visita al pueblo, visita que hice acompañado de mi hermana, ella me pidió, cuando recorríamos el viejo barrio y llegamos a la calle Falangista Castillo Hidalgo, me pidió que le hiciera una foto delante de nuestra antigua casa en la que habíamos vivido siendo niños; mesándose con cierta coquetería el cabello entrecano de la sien se colocó delante de la puerta, y yo mientras hacía el encuadre me acordaba, al ver aquella señora en el objetivo, me acordaba de la niña que se ve en la foto que encabeza este relato abrazada a su muñeco. Aquel día me olvidé de decirle que se había fotografiado en el mismo sitio donde se fotografió mamá en la primavera del 56 cuando estrenamos la Kodak que papá compró en casa Ros y que nos llevamos en nuestro viaje a Ronda.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7678614610002488093?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7678614610002488093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/el-dia-que-tocaba-comer-lentejas-mama.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7678614610002488093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7678614610002488093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/el-dia-que-tocaba-comer-lentejas-mama.html' title='Memorias'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S2MVewfq6aI/AAAAAAAAAJs/V9BhhtSzZtI/s72-c/escanear0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4403497542295127792</id><published>2010-01-07T15:14:00.000-08:00</published><updated>2010-01-29T21:09:47.809-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un recuerdo de la infancia'/><title type='text'>Los Diarios  ( Verano del 56 )</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZsqgsxVBI/AAAAAAAAAJM/5E5QJlZwWIA/s1600-h/berninghaus1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5424142278802363410" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 353px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZsqgsxVBI/AAAAAAAAAJM/5E5QJlZwWIA/s400/berninghaus1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Me encuentro paseando con Conchi por las calles de Ronda, ciudad a la que hemos venido, desde nuestro lugar de residencia habitual, a bordo de El Mistral, un simpático vehículo autocaravana que desde hace dos años viene paseando nuestra dorada jubilación por las carreteras y autopistas de Europa. Aquí, en Ronda, disfrutamos hoy de un soleado día de otoño y la temperatura ambiental se ha estabilizado en una zona del termómetro que los naturales de este país estaríamos pronto de acuerdo en calificar como "fresco" o "de rebequita".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la calle de la Bola, que ya es peatonal, nos entregamos los dos a la pereza y a la molicie más absolutas: ella, Conchi, buscando nuevas sensaciones táctiles y visuales en las tiendas de artesanía y de tapices y yo ramoneando por los escaparates de las dos o tres librerías que me voy encontrando por el camino; y es que...ya se sabe, la cabra tira al monte, siempre al monte. En la plaza del Ayuntamiento, los turistas se asoman al famoso tajo y comentan con frases quemadas por el uso las características de este accidente geológico. Josep Pla, el gran escritor ampurdanés del que me declaro un ferviente admirador, decía que ante los fenomenos de la Naturaleza de cierta entidad, ante las manifestaciones de nuestro entorno que se salen de la grisalla diaria y municipal, ante eso, el ser humano, acostumbrado a esa mediocridad cotidiana, le resulta dificil encontrar el adjetivo adecuado, el nivel de estupefacción correcto y equilibrado, y sus comentarios, indefectiblemente, se mueven, todos, entre el lugar común y los tópicos más remanidos, entre la frase hecha y la socorrida muletilla, atajos expresivos que (no le oculto a ustedes) empobrecen el lenguaje. Y con la expresión corporal sucede otro tanto: se sirven de una gesticulación tan inflacionada, tan sobredimensionada que, alejándose de la elegante sobriedad que presentaban todos los componentes de aquella pléyade de viajeros románticos del siglo diecinueve (estoy pensando en la pareja formada por el Barón Duvallier y el pintor Gustavo Doré) alejándose de tan exquisitos predecesores se aproximan peligrosamente a nuestros antepasados arborícolas, a la familia de los grandes simios africanos, porque ese es, exactamente, el comportamiento de este grupo de turistas que acaba de bajarse de un enorme autobús de formas aerodinámicas y matrícula de números en negro sobre fondo amarillo que busca con dificultad una plaza de aparcamiento. Nada más bajar del autocar se lanzan en racimos contra los centenarios hierros que nos protegen de la fascinación y del vértigo que produce la visión del profundo abismo. Como traviesos escolares en una excursión meten sus cabezotas por entre los gruesos barrotes y cuando contemplan la profunda sima sobre la que están colgados, todos, en perfecta sincronización nos ofrecen una danza muda de las que, sin duda se ejecutan a diario en las aldeas que se encuentran al sur del río Congo. Y como en el lujoso pullman venían representados diversos paises, son también variadas las posibilidades de expresión, desde la gordita noruega, ya jubilada, que se retira hacia atrás, dando zancadas como si estuviera pisando brasas incandescentes, pasando por la profesora inglesa que se agarra de manera convulsa a su propio bolso (como aquel personaje de la literatura centroeuropea que pretendía romper el hechizo de la gravedad tirándose de los cordones de los zapatos hacia arriba) soltando unos grititos en falsete y dirigiéndole a su compañero unos cortos comentarios llenos de signos de admiración y de consonantes nasales, hasta el joven atlético que siempre se separa del grupo como queriendo volar sólo y cuyo idioma se aleja por lo menos treinta o cuarenta paralelos del solar noruego y que ahora hace el mono, nunca mejor dicho, amagando con tirarse al vacío, lo que arranca gritos de espanto entre lo más pusilanimes del grupo. En fin, esta ha sido la primera manifestación del turismo de masas que nos hemos encontrado al llegar a Ronda, y atravesar el puente de piedra que comunica con su parte vieja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la terraza del Hotel Reina Victoria, los rondeños más castizos...bueno, quizás la palabra castizos sea algo excesiva, digamos, los naturales de la villa que hunden sus apellidos en los estratos más profundos del árbol genealógico de la ciudad...(dejémoslo estar) pues esos, toman manzanilla fría hablando de toros y de cantaores con la voz muy alta para que los oigamos bien los transeúntes de este rincón de la plaza, transeúntes que, en su mayor parte somos forasteros. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;*&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al pasar cerca de la plaza de toros me viene, de golpe, un fuerte e intenso olor a orina de caballo, procedente de la parada que estos enternecedores vehículos de tracción animal tienen junto a la puerta de entrada al coso, y desde donde se ofrecen a los turistas para enseñarles las calles de esta ciudad desde un mirador más romántico, menos modernista. En el mismo instante en que ese dominante aroma comienza a entrarme por las narices me viene a la mente una escena de mi lejana infancia y que yo tenía completamente olvidada. Tengo siete años, y estoy, contemplando los caballos que están amarrados a unas anillas de la pared. Debe ser sin duda ese día, día de mercado pues todo el perímetro de la plaza de toros se encuentra literalmente enterrado en una espesa capa de pellejos, pezuñas y rebuznos; en cada anilla, hay por lo menos tres o cuatro animales enganchados; son, la mayoría, animales rústicos, de laboreo agrícola, muy lejos, por tanto, de esos soberbios ejemplares de la hípica inglesa: burros, mulos, yegüas y pencos de todo pelaje cabecean contra su particular muro de las lamentaciones que es para ellos la plaza, rumiando granos los que tienen saco atado al cuello y rumiando sueños de establo los que carecen de tan nutritivo collar;llaman mi atención de niño forastero la espesa capa de cal que cubre cada anilla, parecen los roscos de navidad. Como niño que procedo de un medio urbano, y que me acerco por primera vez a un caballo "de verdad" -como decíamos en el lenguaje infantil, ¡ojo! sólo los niños de ciudad- esa aglomeración casi cinematográfica de tanto cuadrúpedo hervíboro junto me tiene totalmente fascinado. No puedo recordar como sucedió todo, pero debió de ser muy rápidamente; de pronto me veo entre las patas de los animales; oigo el ruido que hace la espesa catarata de orina caballuna al chocar con el empedrado; a pesar de que las salpicaduras son tan espesas que ya estoy practicamente bañado en urea, yo mantengo los ojos cerrados y aspiro con deleite ese fuerte aroma que me ha dopado totalmente; oigo el golpe seco de alguna herradura cerca de mí, y cuando me muevo, siento en la frente el roce cálido de algún vientre, sumergo mi mano diminuta en el barbecho blanco de ese vientre y siento entre mis dedos el lejano eco de unas aguas profundas, algo, al otro lado se está moviendo y presiona sobre mi mano como queriendola atrapar. Cuando más embelesado me encuentro tratando de comunicarme con esa cosa o ese ser que desde el interior del enorme vientre me llama, una potente voz áspera y ronca grita cerca de mí: &lt;em&gt;Pero ¿qué hase ese niño debaho la llegüa? Pordió..y una llegüa preñá.&lt;/em&gt; Y a los pocos segundos de oir este grito una fuerza me atrapa por detrás y me saca bruscamente de tan dulce útero.&lt;br /&gt;Esto fue en el verano del 56.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora, Conchi y yo nos acercamos a las paredes blancas de la Plaza y compruebo tomandola con la mano -una mano comida ya por la artrosis y con los dedos deformados- una de aquellas anillas que aún permanecen colgadas de la pared; ya no tienen aquel rebozado de cal de entonces, las han pulido, y el acero, picado en algunos sitios, se muestra refulgente al sol.&lt;br /&gt;Papá, aquel año, nos había mandado a toda la familia para veranear en un pueblo de la sierra, de la montaña, y después de algunas consultas de las que a mí, por supuesto, se me mantuvo al margen, se decidió que ese lugar sería Ronda, topónimo que oía yo por primera vez, y que mi calenturienta imaginación, alimentada diariamente con las páginas de emilio salgari enseguida decoró con las montañas más inaccesibles, los animales más disparatados, y las más gallardas fortalezas. Los motivos de la elección, en una familia perteneciente a la clase media que sobrevivía de los ingresos de un modesto negocio eran puramente económicos; a saber: la muchacha que ayudaba a mamá en las tareas domésticas y cuyo nombre ya he olvidado, tenía familia en esa ciudad...lo demás cae de su peso; la muchacha viajaría con nosotros, no en calidad de "chacha" sino como un miembro más de la familia, estatus que, como se verá más adelante, abrió ante mí un amplisimo campo de posibilidades, ayudándome -ella a mí- a entrar de una forma casi poética en el, para mí todavía, ignoto bosque de la sexualidad femenina. A mamá, además de la responsabilidad de esta nueva hija que le había nacido por generación espontánea, le correspondia aportar algo al gasto diario de la casa. En Ceuta se habían quedado solos papá y Paquito, el mayor de los hermanos que ya era funcionario del gobierno, tenía periódico propio y llave de la casa. Entonces, "veranear" era todavía un signo de distinción, una especie de pedigrí social; la palabreja, en el pueblo, ya había entrado a formar parte de las conversaciones cotidianas en todos los comercios, bares y hasta en el Zoquillo de nuestro barrio de Hadú. La esposa del funcionario o del militar de graduación, cuando llegaba el verano ya comentaba orgullosa en la tienda de Herminia, que tendría que ir unos días al pueblo -se refería, naturalmente, al pueblo en el que ejercía el "veraneo"- para "darle una vueltecita a la casa". Y así, las demás esposas que no ejercían tan exquisito deporte se daban un mordisquito de envidia que disimulaban elevando el tono de la voz al pedirle a Herminia el cuarto y mitad de aceite que la tendera bombeaba desde el fondo de un bidón tan oscuro como esa envidia. Yo, también aprendí a decir entre los amiguitos del cole aquello de "veranear". Claro que la palabra en sí eran tan poco definitoria de las condiciones en que se ejercía ese nuevo deporte nacional que podía significar cualquier cosa, de tal manera que cada uno se imaginaba lo que mejor convenía a su paz interior, ese era justamente, mi caso. Mamá, aquel año, también pudo soltar, llena de orgullo, aquella palabreja de oro, aquel soberbio y prometedor infinitivo en su tertulia de la tienda de Herminia y oir luego, cuando se retiraba con su paquetito de lentejas, como si se tratase de su propio eco: &lt;em&gt;Loli se va con los niños a veranear a Ronda&lt;/em&gt; cerrado con el diapasón brusco de un eructo de aceite en la bomba de Herminia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El hombre que me había sacado de un tirón de debajo de aquella yegüa preñada se llamaba Ventura, la yegüa a la que yo estaba sometiendo a una peligrosa ecografía con mis manos era de su propiedad y tenía entrada franca (el jinete, no la yegüa) en la casa en la que nos alojábamos pues era amigo o conocido o pariente, no lo sé, pues nunca llegué a enterarme de en calidad de qué tenía silla reservada en la cocina para ir a comer cuando quisiere. Una tarde nos montaron a mi hermano Pepe y a mí en esa yegüa preñada y fuimos a unas casas de campo del extrarradio de la villa. Conchi trata de adivinar, mirando desde el mirador, a cual de todos los caseríos que veíamos me habían llevado siendo niño. Yo no lo recuerdo pero el paisaje es el mismo que antaño.&lt;br /&gt;Mi hermano Pepe iba sentado detrás, y detrás de todos nosotros -los jinetes y el caballo- venía otro, otro caballo, éste tuerto y atado por la brida a la cola del nuestro. Creo recordar que alguien le contó a los mayores que ese caballo tuerto era hijo de la yegüa preñada y había perdido el ojo de una coz que le propinó la madre para convencerlo de que ya no podía seguifr mamando de sus tetas. Guarda uno en la memoria bastantes recuerdos de aquel verano (creo que del 56, ya lo he dicho) pasado en Ronda, pero esta escena del caballo de aquel tal Ventura amarrado a la pared de la plaza de toros y yo, con todo el fervor de mis siete años, contemplando aquel hermoso animal que nunca había tenido ocasión de contemplar fuera de la pantalla del cine de mi barrio. Por lo visto, a la hora de la siesta, cuando todos dormían en casa, yo me escapaba y me venía hasta las murallas de este foso. Según me contara mi madre siendo ya algo mayor, fueron más de una y más de dos las veces que me tuvieron que sacar de entre las patas de dichos animales a los que me aproximaba demasiado peligrosamente. Imagino que mi madre debió de asustarse bastante con estas escapadas mías por las empedradas y recoletas calles de esa, entonces, hermosa villa, pues la famosa plaza de toros se encontraba y todavía se encuentra muy cerca del balcón que da al famoso Tajo. Cuando mis visitas a esta parte del pueblo, tomaron la peligrosa frecuencia de "a diario" para extasiarme ante las líneas de aquel para mí hermoso y desconocido animal, y mi madre comenzó a temer por su estabilidad emocional y por mi integridad física fue cuando me llevaron de excursión esta vez montado a lomos de él.&lt;br /&gt;Conchi insiste en preguntarme por cual de todos aquellos caminos fui de excursión con la yegüa y su potro tuerto.&lt;br /&gt;Me veo, con mis infantiles nalgas clavadas en el cuello del animal, sintiendo en la parte trasera de mi "niki" la humedad caliente del pecho de aquel hijo mayor de la familia que me había llevado; Pepe, el hermano que moriría al año siguiente víctima de la polio debía ir sentado en la grupa aunque yo no guardo en la memoria ningún recuerdo que asocie a mi hermano Pepe con aquellos paseos a lomos de la yegüa preñada. Siempre que voy a Ronda, me asomo al Tajo y trato de adivinar por cual de aquellas innumerables carreteritas polvorientas que se ven desde arriba, por cual de ellas, paseé a lomos de aquel caballejo agropecuario una tarde del verano del 56. Tampoco recuerdo muy bien qué grave acontecimiento había ocurrido en la familia para que mi padre nos mandara a todos de vacaciones. Cuando digo "todos" hago excepción naturalmente (ya lo digo más arriba) de mi hermano Paco, que ya era funcionario de la Delegación de Comercio y que se quedó "de rodríguez" con papá que en todos los años de su vida solo abandonó una vez el negocio y fue para acompañar a su primogenito a examinarse de unas oposiciones en Madrid.&lt;br /&gt;Durante mucho tiempo anduve en la creencia de que fue la muerte de Pepe, de Pepito la que movió a nuestro padre a mandarnos a toda la familia a veranear a Ronda aquel verano del 56 hasta que me tropecé en una lata de fotos con una en la que mi hermano Pepe y yo nos encontramos montados sobre la grupa de un paciente pollino a la sombra los tres de una hermosa higuera. Cogimos el tren en Algeciras después de una travesía en barco que a los niños nos divertía mientras los mayores rezaban unos y vomitaban otros. Aquellos trenes olían todos a tortilla de patatas y a tinto peleón mezclados con el aroma agrio que despedía el alimento rechazado por el estomago y que impregnaba todo el aire.&lt;br /&gt;Al llegar a Ronda y bajarnos del tren, sonaba en la radio de la cantina de la Estación “El Emigrante” de Juanito Valderrama, lo que hizo que siempre haya oído esta canción con cierto agrado. Aunque no lo recuerdo, muy posiblemente comeriamos tortilla de patatas envuelta en papel de periodico y vino con gaseosa. Guillermo se dio mucho pavoneo fumando por primera vez delante de mamá y llevando los billetes de todos en su cartera de imitación piel que vendían en los bazares indios de Ceuta y mostrándolos al revisor cada vez que lo pedía, uno de aquellos revisores que miraban a los niños con una cara de estar calculando el punto de cochura de aquellas traviesas carnes que correteaban por los departamentos de su tren haciendo gala de un descaro asesino. La casa estaba en la calle de la Bola que con sus empedrados, sus cales infladas y sus tejas bostezantes me servirían después para colocar en mi imaginación al tonto de la sillita verde cuando leía "Platero y yo", o en la frase aquella de "...por las últimas callejas del pueblo" del mismo encantador libro. Dormíamos en la parte alta de la casa, lo que se conocía como la cámara, y en algunos otros lugares de España como el soberado o desván. Mi hermana, que debía contar un año justo, pues nació el año anterior, dormía con mamá; mi hermano Pepe dormía sólo y yo pegadito a las jóvenes y cálidas caderas de nuestra "muchacha", repartidos todos en tres camas grandes que metían ruido náutico, como el de esos antiguos barcos de madera crujiendo sobre el mar del trópico en las noches de verano que parecían querer abrirse como un melón maduro. Quiero recordar que había un gato trasteando por la noche en el desván, pues nuestra llegada debió suponer para este pacífico animal la perdida de sus territorios normales y habituales de cacerías nocturnas.Por las noches, agarrado al dulce columpio de las caderas de mi joven compañera de cama, cubierta de nailon "del bueno", procedente de Gibraltar, oía los suaves ronquidos de mi madre, el balbuceo de mi hermana y de fondo el taca-taca de los cascos de los mulos en el empedrado de la calle, camino sin duda del campo. El pan que comíamos se amasaba en casa, y el hijo de la dueña lo llevaba de madrugada a cocer a un horno cercano. Alguna noche lo acompañé, y quedé impresionado por la vista que ofrecían las solitarias callejas del pueblo bañadas con la plata de la luna que refulgía en la cal de sus paredes. Nuestra "chacha", pienso yo ahora, estimulada sin duda por mis torpes e inocentes caricias nocturnas, una de esas tardes de siesta y mientras se bañaba en la cocina dentro de un barreño, me brindó mi primer desnudo femenino. Con el tiempo he llegado a olvidar en qué circunstancias llegué a su presencia, aunque dada la timidez que siempre he mostrado me inclino a pensar que no fue mi iniciativa la que me llevó hasta la cálida penumbra de aquel cuartucho. Esta experiencia, que fue desconcertante y placentera la relato en el libro Luiso. Era, naturalmente, la primera vez que se posaba en mi mano, como una paloma dormida, el sexo palpitante de una mujer. Aquel verano del 56 dio mucho juego; entre otras cosas también me llevaron a ver, en el Cine Apolo, la película &lt;em&gt;Los Diez Mandamientos&lt;/em&gt; de Cecil B. DeMille, cine cuyo patio de butacas, sembrado de columnas como una mezquita, hacía temblar a los parroquianos cuando llegaban de los últimos para adquirir alguna entrada; mamá y papá se turnaban siempre entre ellos dos para librarnos a los pequeños de la cuota de columna que ese día nos hubiera tocado a la familia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;El cuadro que corona este artículo es un óleo sobre tela del pintor norteamericano Oscar Edmund Berninghaus nacido en St. Louis (Missouri) en el año 1874 y fallecido en el año 1952. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;Thank you Mister Berninghaus.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a title="Editar entrada" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=925681310210625233&amp;amp;postID=9135125420293916226"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-4403497542295127792?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/4403497542295127792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/me-encuentro-paseando-con-conchi-por.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4403497542295127792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4403497542295127792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/me-encuentro-paseando-con-conchi-por.html' title='Los Diarios  ( Verano del 56 )'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZsqgsxVBI/AAAAAAAAAJM/5E5QJlZwWIA/s72-c/berninghaus1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-2122277984247872173</id><published>2010-01-03T15:22:00.000-08:00</published><updated>2010-01-03T15:28:34.780-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Una premonición?'/><title type='text'>Los Diarios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0Enn7AeVzI/AAAAAAAAAI0/bsxJbBk_JDk/s1600-h/cart1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422658993138849586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0Enn7AeVzI/AAAAAAAAAI0/bsxJbBk_JDk/s400/cart1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El estar situado biográficamente en los últimos escalones de la familia; o sea, ser de los miembros más jóvenes del clan tiene el inconveniente de que si una enfermedad no viene a echar por tierra el manido calculo de probabilidades va uno viendo a lo largo de su vida fallecer a todos los seres queridos de esa tribu, termina uno, sin más remedio, enterrando a todos esos predecesores con los que se ha compartido infancia, adolescencia, juventud...;pues bien, eso es justamente lo que le ha sucedido a este servidor de ustedes que ahora teclea en su ordenador para quién sabe si sentirse un poco menos solo en su casa este invierno, invierno que, por cierto, nos está viniendo algo líquido, si, si, líquido, literalmente líquido; la lluvia lleva ya tres días sin dejarnos, (en este preciso instante está llamando a mi ventana con sus mil y una patitas de cristal) y "el hombre del tiempo" nos dice, con las manitas cruzadas por delante como un monje benedictino, que tendremos agua hasta casi pasada la Nochebuena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero...nada; se me ha vuelto a ir el santo al cielo, y es que uno -¿qué quieren?- tiene el defecto de la disolución, le pasa a uno como le pasaba a aquel tonto que señalando el sol se quedó embobado mirándose una berruguita del dedo. En fin, les decía que a mí me ha sucedido eso (no me gusta repetirme). Hace apenas un mes falleció el último hermano varón que me quedaba en la Tierra, Guillermo, al que le brindé una nota necrológica en este blog hace cosa de quince o veinte entradas. Yo les invito a ustedes a leerla. En esa nota necrológica (perdonen otra interrupción pero me acabo de acordar de un escritor de la posguerra española que las necrológicas las bordaba, se llamaba César González-Ruano, se murió con un cigarrillo en una mano y la estilográfica "parquer51" en la otra, y si la memoria no me falla comenzó la carrera de periodismo muy joven, haciendo necrológicas para el ABC de la época). ¡Ya está!...Sigo....Pues eso, que nos hemos quedado solos los dos miembros más jóvenes de la familia, digo yo que será para que uno de los dos, el último que quede, apague la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche en que mi sobrino, por teléfono, me dio la triste noticia del fallecimiento de su padre, la mala nueva de tan fatal desenlace que, por otra parte todos esperábamos ya que se produjera de un momento a otro, pues esa noche, al pensar que ya sólo quedábamos mi hermana y yo a este lado de la Muerte, me acordé a renglón seguido de aquellas "sesiones continuas", las tardes de sábado (y algún día de entresemana en el que el monedero de nuestra madre se podía estirar algo más de lo saludablemente permitido sin poner en riesgo la cena de aquella noche) en el patio de butacas del cine Astoria, viendo "otra de romanos" con el "estive rive" en faldita plisada tumbando romanos con la delicadeza que una princesa acostaría margaritas en el cesped...¡vamos! sin arrugársele un pliegue de aquella insinuante faldita. ¡Ah! y de la acomodadora, aquella buena hembra de carnes duras y pelo color platino que se pegaba toda la tarde cazando prófugos del "gallinero" con su linternita de cinco duros comprada en El Tesoro Escondido que, lejos de estar escondido se hallaba a la vista de todos frente a la parada de taxis y al lado de la pastelería La Argentina....Esas tardes de sábado de una España en blanco y negro, como las del nodo, mamá nos preparaba a mi hermana y a mí, en una cestita de mimbre, resto de un disfraz de "caperucita" que mi hermana estrenara con notable éxito en sus primeros años de parvulario, (noble institución pedagógica que era conocida en aquel entonces por el más expresivo nombre de "escuela de las migas"), pues en esa cestita mamá nos preparaba la merienda, y después de aconsejarme a mí que "no la soltara de la mano" me entregaba el correspondiente óbolo para que la taquillera nos diera a su vez aquellos papelitos verdes que pasados los años, con el propietario ya muerto y enterrado aparecían en lo más hondo de los bolsillos de las chaquetas junto a las bolitas de alcanfor en el ropero familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermana, que era una niña de una dulzura poco corriente, aguantaba la coreografía del steve rives o del que fuera con una paciencia infinita, hasta que a eso de las diez o las once de la noche yo sentía una ligera presión en el hombro que me sacaba de las fantasias de luz y sonido que me tenían practicamente sepultado en la pantalla. Y, como siempre, era Guillermo, nuestro hermano Guillermo, que con su atractiva juventud de dieciocho años sumergida en aroma de tabaco americano, regresaba ya de de "dejar a la novia" como se decía entonces, y nos sacaba a nosotros del viejo cine para reintegrarnos al hogar familiar. Esa noche, a un servidor le caía la bronca encima por haber tenido a la niña tantas horas encerrada en el cine, pero al sábado siguiente...más de lo mismo. Y es que uno era incorregible. Pero no es de los esfuerzos pedagógicos que hicieron mis padres para educarme de lo que les quería hablar sino de un paralelismo que se me ha ocurrido a raiz del fallecimiento de nuestro hermano. Cuando éramos niños se nos hacía de noche a los dos en aquel viejo cine viendo la misma película dos, tres y hasta cuatro veces hasta que, muriendo ya el día, aparecía nuestro angel de la guarda bajo la forma de mi hermano Guillermo para reintegrarnos a los dos a la casa. Dicen que dormir es como morir un poco, por lo tanto ¿no será, en justa correspondencia, morir como dormir mucho? La vida nos ha dejado otra vez a los dos miembros más jóvenes de la familia en este mundo tal como estábamos en aquel viejo cine (que olía a orina y a zotal) las tardes de los sábados: sentados en nuestras respectivas vidas y contemplando el paso de los años en la gran pantalla del mundo. Se podría decir que la Vida sería ese inmenso y enorme "Cinastoria" donde hemos quedado aislados del resto de la familia, sumergidos en la noche artificial de la sala de proyecciones, viendo, ela y yo el paso del Tiempo hasta que, llegada nuestra hora, venga Guillermo que acaba de fallecer a recoger nuestras almas y llevarlas con el resto de la familia que ya están Allá. Aquellas sesiones continuas en el Astoria (que tampoco existe ya) tuvieron lugar cuando los dos apenas comenzábamos a caminar por esta vida.....¿no sería aquella situación una premonición, un aviso, un prólogo en el que ya estaba dibujado en breves trazos el final de la historia de esta familia que ha sido la mía? Por supuesto que no descarto la posibilidad de que se trate unicamente de una mera fantasía excretada por la mente cansada y aburrida de un jubilado solitario en la noche de Navidad pero, yo les digo como decía el clásico....."Si non e vero e ben trovato" ¿Eh que sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-2122277984247872173?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/2122277984247872173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/el-estar-situado-biograficamente-en-los.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2122277984247872173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2122277984247872173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/el-estar-situado-biograficamente-en-los.html' title='Los Diarios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0Enn7AeVzI/AAAAAAAAAI0/bsxJbBk_JDk/s72-c/cart1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-2054855495734406298</id><published>2010-01-02T07:34:00.000-08:00</published><updated>2010-01-08T14:20:09.835-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La maravillosa aventura de escribir en un blog'/><title type='text'>Los Diarios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz9vrGkRIcI/AAAAAAAAAIc/WmhC4kOdXEU/s1600-h/bierstadt3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422175262665155010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 290px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz9vrGkRIcI/AAAAAAAAAIc/WmhC4kOdXEU/s400/bierstadt3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El día veintitrés de enero del año que se nos ha ido comenzaba yo a escribir mis Diarios en este blog que, con no poca dificultad, lograra configurarme por esas fechas; es mi blog (santa rita rita rita...) y se llama, ustedes ya lo saben, los Diarios de Jean Valjean. Hasta ese instante, los diarios, los había ido escribiendo en la confortable soledad de mi biblioteca, protegido del ruido exterior por un manto de libros y acunado, entre adjetivo y verbo, por el balanceo de una joven yuca que el jardinero ha plantado recientemente junto a mi ventana. Ahora he abierto la puerta de mi casa, he tomado, como si dijéramos, mi pupitre, mis plumillas y mi tintero "pelikán" (¿se acuerdan de los tinteros "pelikán"?) y lo he sacado todo a la calle, a la plaza. Y ahí, al albur de todos los vientos y al calor de todos los soles me he sentado a escribir, como aquellos escribanos que, siendo yo un niño, cuando iba con mi padre a la ciudad de Tetuán, me salían al encuentro por las retorcidas callejas de su medina, cercanas al Zoquillo, sentados en el suelo, con el pupitre de madera entre sus piernas, el palillero echando la siesta en el pliegue de una oreja, hurgándose los dientes con una plumilla descatalogada, y ofreciéndonos, sonriente, los servicios de su escribanía, dispuesto ya para, al más leve gesto de nuestra parte despertar a su palillero con un esdrújulo contundente, encorbatarlo con una plumilla nueva, tomar un pliego virgen y, con su enrevesada caligrafía oriental, facilitarnos la comunicación escrita con la madre, con la novia, con el abogado o, simplemente, redactarnos, por unos pocos dinhares, un contrato de arrendamiento, o de compra, o de venta...todo muy a lo Naguib Mafhuz, ya saben: El Callejón de los Milagros y cosas así. Pues así es como me he sentido cuando he trasladado mi pupitre a esta plaza mayor de internet: un escribano de la medina de Tetuán. A mí, el oficio, ¿qué quieren que les diga? no me disgusta ni tanto así, soy un irredento grafópata, y además, todo ello con el aliciente añadido de que cuando, por la noche me voy a dormir, mi pupitre sigue ahí, en medio de la plaza, con su lucecita encendida por si alguien se detiene ante él, me quiere leer, me lee, y tomando recado de escribir le apetece hacer alguna glosa al hilo de lo que yo haya escrito ese día, glosa que a mí ha de servirme al día siguiente para seguir urdiendo la trama de mi prosa, porque de eso es, al fin, de lo que se trata, de seguir tejiendo prosa, sin cesar; escribir para vivir, o para existir. Pero, bueno, no nos pongamos metafísicos. Les decía, siguiendo con la metáfora, que ahí permanecerá día y noche, como esos semáforos de las grandes ciudades que tililan en ambar por las esquinas, dándole a la soledad nocturna de las ciudades ese aire tan cinematográfico, aunque, eso sí, protegido, el pupitre, de cualquier alevosa agresión por esos duendecillos de la red que duermen a los pies de su "ubedoble...." y que le piden el santo y seña a todo aquel intruso que quiera entrar en el cuartito donde guardo mis bártulos de escribir, en ese sanctasantorum que es mi cuenta google. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando yo impartía clases de Geografía en un colegio del extrarradio de Barcelona, hube de explicar a mis alumnos, dentro de unas lecciones programadas para ese curso, el papel tan importante que para la travesía del Átlantico tuvo la llamada Corriente del Golfo -la Gulf Stream- en una época en que las lineas regulares -pongo por caso- Londres-Nueva York, o Cadiz-La Habana la cubrían, en ausencia de los barcos de vapor, aquellos soberbios clippers de hasta cinco mástiles que, gracias a la mayor superficie de velamen y a las lineas aerodinámicas de su casco se tragaban las millas náuticas con una voracidad sorprendente. Les explicaba también que a pesar de la ligereza de estos buques sus capitanes no les hacían ascos a subirse, cuando la bonanza del tiempo lo permitía, a lomos de la Gulf Stream para aprovechar la corriente de este rio marino y ganar algunas horas en la travesía en un esfuerzo por llegar a su destino antes que cualquier otro buque de la competencia. Se me ocurrió entonces la idea de lanzar unas botellas a ese inmenso oceano, portando cada una en su vientre un mensaje debidamente protegido contra la humedad y dirigido al primer "a quien corresponda" que se encontrara dicha botella, con la idea de que mis alumnos comprobaran la veracidad de la moraleja que encerraba la lección de ese día. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Preparamos las botellas -que eran de Anis el Mono por lo de la transparencia de su casco- con su correspondiente mensaje en el interior, y ese mismo año, al concluir el curso escolar, y teniendo yo que viajar a Las Palmas de Gran Canaria para presentarles a mis padres la diminuta persona de mi hija Clara que acababa de nacer me llevé en el portaequipajes del coche la caja de cartón con las seis botellas mensajeras, las mismas que, a las diez o doce horas de haber zarpado del puerto de Cádiz, fui lanzando por la borda del "J.J.Sister" a intervalos de treinta minutos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Concluyeron las vacaciones, me incorporé a mis clases, llegaron otras navidades, otra semana santa, y no había respuesta, no llegaba eco alguno de nuestro grito lanzado en esta orilla del Atlántico. Mis alumnos se iban desilusionando y, cada vez más escépticos no me ahorraban el arponazo de algún comentario irónico sobre mis conocimientos oceanográficos que, dicho sea de paso, tampoco son muy amplios. Hasta que un día, el director del Colegio que estaba al tanto de tan magno acontecimiento se presentó en el aula de clase portando una carta que dirigida a mí, llegaba nada menos que desde los Estados Unidos de América.....El experimento había culminado con éxito. Una de las botellas, fue rescatada del mar en las costas de Miami, por un modesto abogado de Nueva Jersey que veraneaba en ese lugar y que, como se solicitaba en el mensaje, nos indicaba las coordenadas geográficas, hora, día, mes y año en que tuvo lugar tan singular pesca. En definitiva, la botella en cuestión había tardado un año en atravesar todas las millas náuticas que separan a ambos continentes pero, había llegado, y no cabia duda de que el cartero había sido, una vez más, la Corriente del Golfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;*&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pues bien, escribir en un blog (y la comparación me viene a raíz de esa experiencia docente que acabo de narrarles) viene a ser, también, como echar una botella al mar con la esperanza de que el mensaje contenido en su interior sea rescatado de las aguas por algún navegante solitario, lo lea y nos responda. ¡Si, si! No les quepa duda, tiene algo de robinsoniano, algo de novela romanticona inglesa, esto de verter sobre la pantalla del ordenador nuestras ensoñaciones, nuestra torpe sintaxis, nuestra humilde gramática, y esperar que el buen dios del azar nos traiga un “viernes” cibernético que los interprete, en definitiva que nos lea. Y es que somos ya tantos los que acudimos a este pupitre electrónico (el calificativo de “legión” ya se ha quedado corto, pues ni tan siquiera se aproxima a expresar el número ingente de grafómanos que a comienzos de este siglo veintiuno nos damos cita en este mirador, leedor de Internet) que tenemos las mismas posibilidades de crear una parroquia de lectores de cierta entidad alrededor de nuestros textos como la de que nos toque la Lotería Primitiva. ¿Por qué entonces nos empeñamos en hilvanar sujetos y predicados casi de forma compulsiva con una disciplina germánica, teutónica? Pues creo que por la misma razón que compramos el boleto de la loteria. En mi caso particular, además de alimentar como cada hijo de vecino, la vana ilusión de que alguien abra esta botella-página creo que esta afición a echar prosas desde mi ventana con la esperanza de que caigan sobre los ojos de un sufrido y paciente lector me viene de mi más tierna infancia, cuando escondía objetos por los rincones más insospechados de la casa familiar como por ejemplo en las tripas perfumadas de aquel enorme y oscuro armario de nogal (resto de la dote nupcial de la boda de mi madre adquirido por mi padre en el año 35 a un oficial del cuerpo de Regulares destinado en la ciudad marroquí de Larache y que, convocado por Franco, atravesaba el Estrecho de Gibraltar para unirse al levantamiento militar del “36“)donde yo sepultaba los objetos más variopintos y que previamente había envuelto, como esas muñecas rusas, en sucesivas capas de páginas del periodico local ya usado que, como la "uerreele" de mi blog se llamaba El Faro. (¡contra el vicio de escribir está la virtud de no leer!) Ese enorme armario de nogal (cuando se tienen apenas cuatro o cinco años de edad qué mueble de la casa familiar no le parece a uno enorme…¡enorme!) me acompañó durante toda mi turbulenta infancia. En el azogue desteñido de sus lunas, ¡bueno! de su luna, de su única luna, en singular, pues el pobre armario entuertizó de las dos que tenía por la década de los cincuenta, coincidiendo con el viaje a la capital de nuestro hermano primogénito que acudía a la corte a examinarse de unas Oposiciones tan difíciles que para siempre lo cubrieron en el vecindario de un halo heróico, como de ulises desterrado, Les decía que en su maltratado azogue pude contemplar los paisajes más íntimos de mi familia, desde la esfinge silenciosa de una joven madre subiéndose las medias negras por el blanco mármol de sus muslos, o derramando el azabache negro de su pelo por sus espaldas de nieve, hasta la convulsa coreografía de mis primeras masturbaciones adolescentes. Cuando llegaba la primavera y el frío abandonaba las paredes húmedas de nuestra casa, mamá, después de lavadas y planchadas, introducía en el vientre de aquel doméstico mueble toda la ropa de cama de cierta envergadura textil bajo las que, enterrados hasta las cejas habíamos invernado mis hermanos y yo en aquellas camas de cabezales cromados que un aire tan de internado le daba a los dormitorios. Después de apilarlas en las baldas más profundas, mamá, las regaba con una generosa granizada de bolitas de alcanfor cuyo olor siempre me ha recordado, no sé bien por qué, a los ancianos del Asilo. Ese armario de nogal oscuro -que debe de andar en algún lugar, vivo todavía- era como mi kinkong amable y protector, porque cuando llegaba el tiempo de las vacaciones escolares, ocurría muchas mañanas que al despertar me encontraba solo en la casa pues mi padre y mis hermanos mayores andaban en sus ocupaciones laborales y mi madre, que ignoraba todavía la portentosa imaginacion de la que era portador el último vástago varón de su prole, se había ido al zoquillo para hacer la compra, no sin antes haber echado dos vueltas de llave a la puerta de entrada de la casa. En esas circunstancias, yo, sin pensármelo dos veces, como otro jonás bíblico me introducía en el vientre de mi noble ballena de madera. Dentro del armario, enterrado en el cálido volcán de mantas y edredones y con las narices escocidas por las esnifadas de alcanfor, esperaba en la silenciosa oscuridad el retorno de mamá, bueno no tan silenciosa pues desde mi refugio oía, ahogados por la lejanía, los gritos cotidianos que emitía el barrio al despertar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pues si, también me he acordado ahora, al escribir en este blog, de aquel pequeño róbinson crusoe de manta y alcanfor que fui yo de niño; imagino el blog como otro armario en el que me he refugiado con mis escritos a la espera de que alguien abra la puerta de mi "guguel" y lea estos articulos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El cuadro que me he permitido tomar prestado para encabezar mi artículo es Molino rústico del pintor germano-estadounidense Albert Bierstadt nacido en Solingen (Alemania) en el 1830 y fallecido en Nueva York (EE.UU) en el año 1902.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Danke! Herr Bierstadt.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-2054855495734406298?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/2054855495734406298/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/los-diarios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2054855495734406298'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2054855495734406298'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2010/01/los-diarios.html' title='Los Diarios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz9vrGkRIcI/AAAAAAAAAIc/WmhC4kOdXEU/s72-c/bierstadt3.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-5336345298184769328</id><published>2009-12-13T08:02:00.000-08:00</published><updated>2010-01-07T13:52:39.139-08:00</updated><title type='text'>CUADERNOS DEL AIRE  (Unos diarios)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZXenbpHdI/AAAAAAAAAJE/uICnly9E_HE/s1600-h/pic1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5424118984706956754" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 319px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZXenbpHdI/AAAAAAAAAJE/uICnly9E_HE/s400/pic1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El garabato quemado de un chucho anónimo rastrea en la arena de la playa leyendo los signos cabalísticos de algún tesoro de huesos escondidos. Ya en la carretera, un coche intenta atropellarlo, y el chucho, después de esfintar ante las "pirelis" asesinas se pierde por los raíles del ferrocarril portuario lamentándose de su oscura suerte con un rosario de aullidos entrecortados.&lt;br /&gt;Los mendigos que viven en la playa no han renovado aún sus dibujos. Hoy, junto a la caja de cartón en la que piden monedas se encontraban los mismos atardeceres escolares pintados sobre cartón de embalar con los que estrenaron hace días la canasta de mimbre petitoria que se asoma a la baranda de la playa esperando con paciencia asiatica el trampolín de alguna moneda. Una vez les dí una, una moneda, y me dieron las gracias con un fuerte acento nórdico, algo así como "gajacias" crei entender. Llegaron el verano pasado desde latitudes desconocidas para mí. Construyeron unos enormes castillos de arena que parecían sacados de una película de "uoldísnei", (mísero parquetemático de pobres) y se sentaron junto a ellos a beber cerveza. De vez en cuando se acercaban al castillo con saltos elásticos y atléticos de estudiante becado, o de remero de Cambridge para retocar alguna ventana o una almena que el roce de alguna gaviota había despeinado. Después introdujeron la iluminación, con unas velas enfundadas en plásticos de colores compradas en las tiendas de "todo a cien". De noche, con las velas encendidas, tenía más aspecto de lugar de peregrinación mariana que de castillo para divertir a niños, pero, de todas formas algunas monedas les caían en la caja, se ve que las velas despertaban con sus pábilos temblorosos la vena sentimental de los paseantes. Cuando llegaron los primeros frios (claro, que en estas latitudes cuando hablamos de frío no hay que oírsenos muy en serio) se cobijaron debajo de las barcas de los pescadores, abandonadas hace años y con signos evidentes en algunas de haber comenzado ellas mismas a hacerse ya la propia autopsia pero que forradas de plásticos y cartones aún servirán de hogar para estos peregrinos del Norte. Poco a poco, día a dia, y noche a noche han formado legión y hoy, ya hay formado casi un campamento, y para no dejarnos por embusteo, precisamente esta mañana ya había aparecido otra caja con otros dibujos, también solicitando una pequeña ayuda.&lt;br /&gt;Sobre la estepa azul y líquida de la bahía las gaviotas juegan a ser cometas y se quedan suspendidas del aire con un leve movimiento de vaivén que les da aun más ligereza.&lt;br /&gt;En el Puerto, sobre el bostezo negro de las chimeneas de los barcos, asoman las gruas: bosque de imposibles dinosaurios que hurgan con sus picos de cables y rótulas de acero en las panzas abiertas de los cargueros sucios y abollados, de esos que cuando llevan petróleo naufragan en alguna costa dejándolo todo hecho unos zorros, ¡ay! esos petroleros, auténticos calvarios de las compañías aseguradoras que tienen que hacer auténticas filigranas del espionaje industrial para tratar de descubrir la bandera bajo la cual navegan o la nacionalidad del armador que la mayor parte de las veces solo Dios sabe por donde anda. El movimiento lento y preciso de estas gruas estilizadas me recuerdan el de los cirujanos cuando hurgan en la carne estropeada; comen estas gruas con una indiferencia sideral. El mástil velero de un yate millonario, de esos de decorados de películas siglo XIX, de una perfección jolivudense lanza el grito cursi de sus aparejos decimonónicos sobre la suciedad de los hierros remachados. El ferry de un pais islámico levanta su borda blanca de hotel de lujo, sobre la que destaca en negro la guirnalda de golondrinas de la grafía árabe de su nombre pintada sobre la mejilla morisca de su blanca proa. En el incendio del sol de la mañana, se recorta, sobre la calima casi agosteña, la negra silueta de un barco de guerra. De vez en cuando rompe el silencio el grito espantado de una sirena de barco asustada de sus propios ecos; los martillazos sobre el hierro herido y el vaivén cansado de un motor Diesel. El aire huele a pescado y a gasoil. Un banco de peces, un manojito habría que decir, se mueve entre las quillas de los barcos. Cuando algún objeto por minúsculo que sea les viene de arriba lo acusan con un temblor eléctrico de toda la manada que con su gregarismo piscicola lleva a todos los individuos de la manada en la misma dirección sea esa la buena o la fatal para sus vidas. ¡Se les ve tan humanos!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-5336345298184769328?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/5336345298184769328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/cuadernos-del-aire.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5336345298184769328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5336345298184769328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/cuadernos-del-aire.html' title='CUADERNOS DEL AIRE  (Unos diarios)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ZXenbpHdI/AAAAAAAAAJE/uICnly9E_HE/s72-c/pic1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7750943409344363209</id><published>2009-12-11T20:32:00.000-08:00</published><updated>2009-12-12T08:34:05.805-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Locutor'/><title type='text'>EL LOCUTOR de Alberto Núñez (Premio Amador de los Rios de Narrativa de 1996)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SyMf5e8rHSI/AAAAAAAAAGY/k1Ny8gqiiQA/s1600-h/portada+de+El+Locutor.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5414206249450020130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 284px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SyMf5e8rHSI/AAAAAAAAAGY/k1Ny8gqiiQA/s400/portada+de+El+Locutor.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;UNO&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Ese día, la ciudad no me parecía ya tan sórdida ni tan triste como me lo había parecido otras veces, y a pesar de que la noche anterior no me fue muy bien en la cama con mi compañera, hasta los pasajeros que diariamente se hundían conmigo en los túneles del "metro" se me presentaban ahora algo más alegres a como, con mi pesimismo de los últimos años, acostumbraba a verlos otros días. Me tomé una "sanmiguel" en el bar subterráneo de Torras y Bages, y me compré un disco de Albinioni en un bazar de ocasión próximo a la discoteca en la que trabajaba limpiando mesas y fregando suelos; todo por horas. Hoy, por primera vez, y desde hacía, no sabía ya cuanto tiempo, me encontraba con los ánimos suficientes como para mirar de frente (cosa que no solía hacer casi nunca) la desgracia y tristeza ajenas. Observaba, con delectación de poeta, casi, y hasta con el mismo interés que mostraría un sociólogo ante el fenómeno humano, a los obreros que regresaban a casa charlando por grupos en las esquinas del andén o comentando las noticias de algún periódico deportivo ya arrugado y manchado de café; miraba casi con gusto a los escolares que corrían -bulliciosos y felices- entre la gente, persiguiéndose y golpeándose con sus maletas hinchadas de libros...; y acompañaba con la mente, lleno todo yo de buenos deseos, a los últimos turistas del verano ya agonizante (era Septiembre) que consultaban en ese instante los planos iluminados de los expositores, mirándolos con la misma estúpida expresión en sus rostros con la que muy posiblemente, mirarían a la Gioconda, a la Torre de Pisa, o (más cercana, allí, en la propia ciudad) el patriótico templo de la Sagrada Familia; sus manos convulsas apretaban fuertemente un amasijo multicolor de planos, avisos de hoteles, y billetes de autobús...&lt;br /&gt;Esa noche (y a partir de esa noche, las de todos los demás miércoles) trabajaría en una Emisora Local de Radio como locutor nocturno; nada de importancia, un programa, de esos de relleno, de una a cuatro de la madrugada, dirigido a los "solitarios de la noche" como se llamaba a los componentes de esta audiencia en el argot profesional. Mi trabajo consistiría en atender las llamadas telefónicas de los oyentes, algo así como (me decía yo mismo riéndome entonces de mi propia ocurrencia) algo así como un teléfono de la esperanza; y "pinchar" los discos que solicitasen, con escasos y medidos comentarios (eso fue lo primero que me habían dicho "los jefes") por mi parte, tendiendo sobre todo a darle la razón al oyente y endulzarle un poco la noche. El trabajo, en cuestión, no era gran cosa (eso ya lo sabía yo perfectamente) pero aún así y todo...y tal como se estaban poniendo las cosas en el país...¡tortas se darían algunos por cogerlo!. Yo llevaba ya algún tiempo soñando con ese trabajo, tenía algunas esperanzas puestas en él. "Por soñar que no quede..." me decía cuando me encontraba con los ánimos suficientes como para poder ironizar sobre mí mismo...sobre mi propia persona...sobre mi propia vida. &lt;&lt;y&gt;&gt; .&lt;br /&gt;Hasta ese día, hasta el día en que me avisaron de la Emisora para hacer "la prueba" con la grabación de unos "publicitarios" (lo que yo llamaba "publicitarios" no eran otra cosa que mensajes del Ayuntamiento a los vecinos, algunos anuncios ecológicos (como puntos de venta de papel reciclado, locales de planificación familiar, y algunos talleres de cerámica y tapices que los progres rebotados de la "Gran Revolución del 75" impartían por horas en los locales de la Asociación de Vecinos) había trabajado en la radio de forma eventual, haciendo pequeñas sustituciones por las que me pagaban lo suficiente como para ir tirando (cuando las sustituciones bastaban) en aquel piso viejo del Ensanche. Si algún compañero de la Emisora, por cualquier motivo, no podía comparecer ante el micrófono me avisaban a mí. Cuando el técnico de sonido, Manel, no podía asistir el domingo a la retransmisión del Partido de Fútbol, porque la noche antes había bebido demasiada ginebra (de garrafa; su bolsillo no le daba para más) y la Encarna, una que conoció en una "mani" convocada por la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras, y que se teñía de rubio (ella era morena) los pelos de su coño, no le dejaba de levantarse de la cama -¡joder con la Encarna! ¡y no era la mar de fogosa la Encarna!- entonces, también me avisaban a mí.&lt;br /&gt;Me enteré de este trabajo por el teléfono. Me llamaron a la discoteca cuando yo aún no había llegado: "Vete a una cabina, ya sabes que el jefe no quiere que se llame desde aquí, y llama a la Emisora", me había dicho Enrique, el encargado de la discoteca, cuando me disponía a emprender la tarea diaria. Tiempo me faltó para soltar el cubo y la fregona y salir corriendo a la calle, como alma que lleva el diablo, buscándome, mientras corría precipitadamente entre el amasijo de chapa y vidrios de los coches aparcados (incluso algunos en las aceras), alguna moneda por los bolsillos. Recuerdo, perfectamente ahora, también, cómo protestaba el encargado de la discoteca por aquellas interrupciones en mi trabajo, y lo recuerdo porque mientras me soltaba todas las mierdas que su corto cerebro paría, iba tirándose pedos pues padecía de gases por las malas digestiones: eso se lo habia dicho yo nada más conocerlo: eso que tú padeces son gases, comes mal, y digieres peor. Los golpes metálicos de las latas de cerveza sobre el fondo de la nevera eran acompañados por los lamentos sordos, graves, quejumbrosos y agonizantes que iba vocalizando su grasiento culo.&lt;br /&gt;Introduje unas monedas y marqué el número de la Emisora.&lt;br /&gt;-Diga -se oyó al otro extremo del hilo tas el "clic" de la moneda.&lt;br /&gt;-Soy X***&lt;br /&gt;-Ah eres tú. Mira, que dice Xenio, que vengas el martes por aquí, por la Emisora.&lt;br /&gt;-¿Por la tarde?.&lt;br /&gt;-Si, si, por la tarde...es para ayudar en unas grabaciones.&lt;br /&gt;-¿Publicitarios? -pregunté yo con no poca timidez, timidez producida por el miedo a que no fueran publicitarios y pudiera perderme mi parte en la Subvención que daban para ellos el Ayuntamiento y la Generalitat.&lt;br /&gt;Necesitaba el dinero; aquel mes iba de "puñetero culo" como decía la portera de mi vivienda para humillarme cuando se refería al estado "salúbrico" (¡saluufrico! decia la muy puerca) de mi economía. Cómo si a aquella foca apestada de nicotina barata le importara algo el estado salúbrico de mi economía. Pero esa era la pequeña venganza que se permitía sobre mí persona cuando me sorprendía robándole cigarrillos de la mesa camilla de la portería ¿Qué...? ¡Ni para cigarrillos ¿eh?, este mes vas de puñetero culo "mal parit", me decía. Y seguía la portera (después de este comentario que ella creía para mí hiriente) barriendo la acera con el cigarrillo bailándole en una esquinita de sus labios gordos y blandos.&lt;br /&gt;-¡Si, si! publicitarios.¿Vienes...o qué?.&lt;br /&gt;-Si, si, que voy.-"De este mes no pasa (pensaba yo echado contra el vidrio de la cabina, sobre un anuncio, tamaño natural, de "slips" para caballeros mientras aguantaba la moneda para que no se la tragara la "vagina telefónica". Esto de llamar vagina telefónica a la ranura por donde se introducían las monedas, lo había leido en una novela policíaca y lo empleaba muy a menudo. De este mes no pasa. Joder, como marca paquete el tío -me decía mirando el modelo del anuncio que gastaba pecho lampiño y tenía el rostro iluminado por una sonrisa de Convención Electoral Americana- ¡bah!, ya será de algodón, a más a más que no hay quien marque paquete así. De este mes no pasa, este mes le compraré a Montse ese conjuntito tan chulo de braguitas y sujetadores negros que a ella tanto le gusta. Se lo tengo prometido desde hace dos meses, si, si, ella no dice nada pero...con la mirada nos entendemos...y las dos o tres últimas noches no hace más que recordármelo con sus silencios".&lt;br /&gt;-¿Que si vas a venir? -grita, desesperado, el teléfono.&lt;br /&gt;-Que si, que si.¡Es que estaba distraído!, Que si voy.&lt;br /&gt;-Porque si no...ya sabes, avisamos al "poli" ese lo hace por una botella de coñac.&lt;br /&gt;-Que no lo aviseis, coño, que ya voy yo... me había dado apenas tiempo a responder antes de que desde el otro extremo de la linea me colgaran el teléfono con evidentes signos de desprecio". &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7750943409344363209?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7750943409344363209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/uno-ese-dia-la-ciudad-no-me-parecia-ya.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7750943409344363209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7750943409344363209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/uno-ese-dia-la-ciudad-no-me-parecia-ya.html' title='EL LOCUTOR de Alberto Núñez (Premio Amador de los Rios de Narrativa de 1996)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SyMf5e8rHSI/AAAAAAAAAGY/k1Ny8gqiiQA/s72-c/portada+de+El+Locutor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-2625864889480616232</id><published>2009-12-08T12:01:00.000-08:00</published><updated>2009-12-08T19:28:12.253-08:00</updated><title type='text'>MARTÍN REQUENA IN MEMORIAM por Jean Valjean</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx604KLILUI/AAAAAAAAAGQ/jHSeWCXUwJ4/s1600-h/portada+del+Mart%C3%ADn.....jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412962679042616642" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 277px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx604KLILUI/AAAAAAAAAGQ/jHSeWCXUwJ4/s400/portada+del+Mart%C3%ADn.....jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace una semana que tengo en mi poder los quinientos ejemplares de mi nuevo libro &lt;em&gt;MARTÍN REQUENA IN MEMORIAM. &lt;/em&gt;Es una novela ya muy vieja. La escribí hace ya algunos años, y ha ido recorriendo, con escasa fortuna los despachos de todas las editoriales del pais. Se ha presentado a todos los premios literarios, bueno, a casi todos, primero con mucha ilusión, después con alguna menos, y al final, con el hálito vital del que va camino del patíbulo. Después de tan largo e infructuoso peregrinar se ha encerrado en uno de los cajones de mi escritorio y se ha echado una siestecita de dos años. Al final, me he decidido a romper la hucha y pagarle esta edición para que se pueda asomar al mercado de los libros decentemente vestido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando abrí la primera caja y tomé el primer ejemplar mi vanidad soltó un eructo de satisfacción. Le quité con mucho cuidado la sobrecubierta y sopesé con las manos la textura de su papel de portada; me acaricié el sentido de la vista con el color hueso marfil de sus páginas satinadas. Me sentí herido por algunas erratas que en mis correcciones de galeradas se me pasaron por alto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-2625864889480616232?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/2625864889480616232/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/hace-una-semana-que-tengo-en-mi-poder.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2625864889480616232'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/2625864889480616232'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/hace-una-semana-que-tengo-en-mi-poder.html' title='MARTÍN REQUENA IN MEMORIAM por Jean Valjean'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx604KLILUI/AAAAAAAAAGQ/jHSeWCXUwJ4/s72-c/portada+del+Mart%C3%ADn.....jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7832829042622932275</id><published>2009-12-04T12:39:00.000-08:00</published><updated>2009-12-13T12:04:56.819-08:00</updated><title type='text'>CRÓNICAS DE ALLÍ de Alberto Núñez</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx1F8TzRCJI/AAAAAAAAAF4/IKtSF8xNRtI/s1600-h/portada+del+CrÃ³nicas....jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412559229578971282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 284px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx1F8TzRCJI/AAAAAAAAAF4/IKtSF8xNRtI/s400/portada+del+Cr%C3%B3nicas....jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Allí" es un pueblo nacido de la memoria, y alimentado con la nostalgia. Sus habitantes se nos asoman al balcón de estas páginas para contarnos sus historias por boca del narrador que, siendo niño, también vivió en este pequeño caserío que se asoma al mar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Casi todas las historias se recogieron alrededor de una gran mesa de la cocina familiar, donde toda la tribu participaba del expurgo de los dos o tres kilos de lentejas que la madre, al día siguiente cocinaba con recetas antíguas e inéditas para alimentar con ellas a la numerosa prole. El cenicero del abuelo iba engordando su sinaí de tabaco quemado mientras él contaba las aventuras que corrió en su peregrinaje desde la aldea natal, al otro lado del Estrecho hasta llegar al pueblo a principios de siglo...¿de qué siglo?...da igual, uno de ellos. El padre contará por enésima vez la historia de aquel padre, el suyo, que cuando él apenas contaba ocho años de edad dimitió de todas sus responsabilidades familiares para irse al Caribe a buscar ni él mismo sabría qué. Aparecerá también la biografía del viejo espejo que, no se sabe cuando, pasó del dormitorio nupcial al más prosaico del retrete colectivo, ¡pobre! escondiendo su bronce puro, bajo una espesa capa de "titanlux" pasó más de cuarenta años como espejo de "uvecé" llenándose su enorme pupila con los acnés tempraneros y adolescentes de la familia y las últimas almorranas morideras de los más viejos del clan. Muertes y nacimientos; casamientos y divorcios; besos y desprecios...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A veces cuando en aquellas tertulias egipcias, a alguno del clan, se le ocurría hablar de cosas "de cuando la guerra", la madre, estrujando entre sus uñas gastadas un coquito cazado entre su porción de legumbres, mirará al jefe del clan por cima de las gafas y el jefe del clan censurará con un leve carraspeo o una tos nerviosa al osado ponente...y si la curiosidad lo mina, entonces, se levantará, cerrará bien los postigos de la ventana y hasta las grietas que dejara el último invierno e invitará al ponente a contar esa historia que él dice que sabe "de cuando la guerra...."&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7832829042622932275?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7832829042622932275/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/blog-post.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7832829042622932275'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7832829042622932275'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/blog-post.html' title='CRÓNICAS DE ALLÍ de Alberto Núñez'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sx1F8TzRCJI/AAAAAAAAAF4/IKtSF8xNRtI/s72-c/portada+del+Cr%C3%B3nicas....jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-396444605791337841</id><published>2009-12-01T09:45:00.000-08:00</published><updated>2010-01-03T16:08:52.208-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario de Spandau'/><title type='text'>Hallada una página inédita del Diario de Spandau (Nota de nuestro corresponsal en Berlín)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ExeOcPn0I/AAAAAAAAAI8/CS5FNMeKl1w/s1600-h/Brandenburger-Tor-251209-a19727389.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422669821673185090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ExeOcPn0I/AAAAAAAAAI8/CS5FNMeKl1w/s400/Brandenburger-Tor-251209-a19727389.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; En una librería de ocasión de la Augustusplatz de Leipzig, y en el interior de un Atlas escolar, edición numerada de 1949 de la Editorial Goethe de Berlín ha sido hallada, de manera fortuita, por un cliente habitual de dicha librería una hoja manuscrita cuya autoría, efectuadas las pruebas periciales pertinentes se ha adjudicado, de manera provisional y con todas las reservas que requiere el caso, al ya desaparecido Albert Speer (1905-1981) que fue, entre los años 1930 y 1945 el arquitecto oficial del Régimen Nazi, y que junto a Rudolf Hess y algunos más con los que compartió condena en la prisión militar de Spandau, formó parte del llamado gabinete militar privado de Hitler, algo así como el cerebro pensante del Estado Mayor que desde el mismo corazón del famoso Bunker diseñó y dirigió las invasiones y maniobras militares más sangrientas que se desarrollaron en la Europa de la primera mitad del siglo veinte. El manuscrito, en tinta azul sobre una hoja tamaño cuartilla de papel tela en buen estado de conservación y plegado en dos dobleces estaba oculto en un doble fondo de la contraportada de dicho Atlas mezclado con una coleción de mapas que formaban parte del apéndice de dicha obra. Se sabe que el famoso arquitecto utilizaba los medios más insólitos para sacar sus escritos de la prisión. El historiador que ha analizado el manuscrito, gran conocedor de la obra escrita del famoso arquitecto nazi, y que, por razones obvias, prefiere permanecer por ahora en el más absoluto anonimato, ha informado a nuestro corresponsal que muy posiblemente el mismo Speer introdujera esta página de su Diario en ese doble forro para evitar que en uno de los registros habituales a los que junto con sus camaradas estaba sometido fuese hallado por uno de los guardianes del lúgubre presidio; conviene recordar al respecto -insiste nuestro investigador- que el Reglamento Penal de la fortaleza de Spandau prohibía terminantemente a todos los presidiarios la posesión de papel y lápiz, con la intención, sin duda, de que no pudieran transmitir al exterior las condiciones del confinamiento fuera de los cauces oficiales de comunicación establecidos por las autoridades militares del Centro. No tiene nada de extraño, que una vez ocultada la hoja manuscrita en dicho envase secreto el propio autor, por no sabemos qué motivos, no lo recogió nunca por olvido o porque algo se lo impidió. Albert Speer, además de ganarse en Nuremberg la antipatía más feroz por parte de sus compañeros al declararse de forma voluntaria responsable de los hechos de los que le acusaba el tribunal, se hizo famoso durante su estancia en la prisión de Spandau por una peculiar estrategia que diseñó para estimularse a sí mismo en la ejecución diaria de unos ejercicios físicos que lo mantuvieran en perfecta forma física y, sobre todo sicológica: este hombre, que destacaba por su férrea voluntad y lúcida inteligencia se había fabricado en su imaginación una ruta alrededor del globo terráqueo siguiendo unas determinadas coordenadas geográficas para cuya señalización se servía de atlas y manuales de geografía descriptiva, estudiando además las costumbres y la cultura de todos aquellos países por los que en su imaginación iba caminando, con la intención -ya se ha dicho- de ocupar el cuerpo y la mente y alejarse así lo más posible de tan estrechos y sólidos limites como le marcaban los inexpugnables muros de hormingón y las puertas de acero blindadas de tan terrible fortaleza, caminata incansable que él estuvo anotando todos los días en su clandestino diario durante...¡veinte años! El atlas debió de formar parte de aquella extensa bibliografía que utilizó para diseñar tan insólita excursión, excursión que en no pocas ocasiones despertó la risa irónica de su compañeros de presidio sobre todo del más rígido de todos ellos, el mariscal de campo Rudolf Hess, al que Speer trató siempre con la mayor comprensión y tolerancia si hemos de creer lo que él mismo anotaba en sus diarios sobre las relaciones con Herr Hess como muy educadamente lo llamaba él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El colaborador habitual de nuestra agencia de prensa adscrito a la Corresponsalía de Alemanía Oriental ha tenido acceso a una fotografía de dicho documento y, una vez traducido, lo ha puesto a disposición de nuestros lectores. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La dirección de nuestro periódico brinda este valioso documento a nuestros lectores en España con la reserva normal que se impone en estos casos hasta que se confirme de forma fehaciente que nos hallamos realmente en presencia de una hoja manuscrita del famoso presidiario que tras veinte años de reclusión en la ya inexistente fortaleza de Spandau falleció, rodeado de los suyos, en el año mil novecientos ochenta y uno, justamente a los quince años de haber recobrado la libertad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;EL MANUSCRITO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;8 de diciembre de 1949&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Ayer nos trajeron la lista de los libros que cada trimestre nos adjudica la Biblioteca Municipal. Yo he aprovechado para solicitar, fuera de catálogo, las &lt;/em&gt;Memorias&lt;em&gt; de Rousseau y los &lt;/em&gt;Ensayos&lt;em&gt; de Montaigne. Confiemos en que me los traigan. A veces censuran algunos títulos. ¿Cómo? Pues...sencillamente dicen que no los hay. En la última remesa, y empleando la excusa que ya he indicado me censuraron &lt;/em&gt;Memorias de la Casa Muerta &lt;em&gt;de Dostoievski; ¡Y nos vigilaban los rusos! De todas formas con los años he llegado a descubrir, al igual que mis compañeros de presidio, algunos contactos del exterior para introducir en nuestras celdas todo aquello que pueda interesarnos. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Esta mañana, al levantarme, he descubierto que ha fallecido el viejo mirlo que hace cosa de una semana se refugió en mi celda huyendo de las intensas nieves que este año nos ha traido el invierno. Al principio pensé que estaría herido pero no tardé en comprobar que la única enfermedad que padecía era la de la vejez. Su cuerpo carecía ya de la fuerza suficiente para combatir el intenso frio que nos ha llegado este año. Mi intento de salvarlo, primero tratando de darle calor introduciendo en su pico un granito de pimienta negra que uno de los vigilantes rusos me ha traido de la cocina y luego alimentándolo con yema cocida no han servido de nada, todo ha sido en vano. &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Cuando lo he tomado entre mis manos estaba tieso, negro y reseco...parecía como de cartón. Lo he enterrado al pie del viejo abeto que hay junto al pozo. ¡Descansa en paz!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La tristeza por el fallecimiento de este desgraciado compañero de celda que la Providencia me había traido me ha llevado a caminar más kilometros en el circuíto que me he trazado en el jardín, y a transportar más cantidad de estiercol hasta donde tengo plantadas las flores. El número nueve me ha brindado una sonrisita de conejo y en un gesto muy expresivo se ha atornillado la sien con el pulgar mientras me veía correr.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Mañana termina la guardia de los rusos y vendrán los americanos. Todos ganamos con el cambio, lo primero, la comida....&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Anoche casi me sorprenden guardándome mis manuscritos en el forro de los pantalones. Nos han cambiado de uniforme, y en el viejo iban recosidas algunas hojas de mi Diario. Espero poder recuperarlas mañana y que (lo más ìmportante) que no la vean. Ello supondría el final de estos Diarios por la vigilancia a que sería sometido. No puedo permitir que eso suceda. Estos Diarios tienen que saltar la muralla de esta fortaleza y llegar al exterior; la escritura y la lectura me ayudan a mantener el necesario equilibrio sicologico para soportar tan largo encierro.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;El compañero de la celda número siete ha estado toda la noche quejándose. Los rusos lo llevan mal. Dicen que él fue el responsable de muchas muertes en el Frente del Este. Desde que lo operaron de apendicitis soporta mál el régimen de comidas ruso.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Mañana, por primera vez voy a recibir la visita de uno de mis hijos. Viene acompañado por el Director de su Colegio.¡Dios mio! y pensar que cuando salga de aquí ya tendré nietos que me habrán dado estos niños que ahora apenas llegan a los diez años.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Oigo ruidos en el pasillo.....Dejo de escribir.....&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-396444605791337841?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/396444605791337841/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/una-pagina-inedita-del-diario-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/396444605791337841'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/396444605791337841'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/12/una-pagina-inedita-del-diario-de.html' title='Hallada una página inédita del Diario de Spandau (Nota de nuestro corresponsal en Berlín)'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/S0ExeOcPn0I/AAAAAAAAAI8/CS5FNMeKl1w/s72-c/Brandenburger-Tor-251209-a19727389.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3748332947409458286</id><published>2009-11-28T14:00:00.001-08:00</published><updated>2010-02-11T03:25:17.000-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La abuela Encarna 1'/><title type='text'>Memorias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxGfdjW6BrI/AAAAAAAAAEw/QsxSv3eYnHU/s1600/paseo+del+24-1-09+012.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409279957505017522" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxGfdjW6BrI/AAAAAAAAAEw/QsxSv3eYnHU/s400/paseo+del+24-1-09+012.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; Mi abuela materna se llamaba Encarna, Encarnación Ortiz Díaz, y era ya una señora bastante mayor cuando sobre mi tierna persona comenzaron a alumbrar las primeras luces de la inteligencia, con ello quiero decir que para entonces yo carecía de la suficiente capacidad de raciocinio y de observación como para haber podido hacer de ella ahora un retrato algo más fidedigno del que voy sin duda a hacer; la distancia generacional entre nosotros dos era tan grande que no tuve ocasión de conocerla ni poco ni mucho, lo que siempre he sentido pues ella hubiera sido la transmisora oral ideal para la confección de la historia de la familia. Yo apenas contaba once años cuando ella falleció. Su aspecto físico inspiraba mucha ternura porque el padecimiento de la diabetes, que ella llevaba con mucha dignidad, le daba un aspecto de suma delgadez y extrema fragilidad. Cuando la abrazábamos parecía que se nos iba a deshacer entre las manos, como las alas de una mariposa antigua o una hoja seca de otoño. Raramente se enfadaba, al menos con los nietos, y cuando lo hacía, cuando quería mostrarnos su desagrado con cualquier comportamiento que hubieramos observado con ella se limitaba a marcharse a otra habitación de la enorme casona en que habitaba y allí, haciendo como que ordenaba el armario, o remetiendo una colcha que ya estaba remetida, mantenía un sordo monólogo con ella misma que se parecía muy poco a lo que se entiende por una regañina o una reprimenda familiar. Yo la quería mucho, e imagino que al resto de la familia le ocurriría otro tanto, aunque el hecho de querer a la abuela Encarna no significaba ningún mérito para nosotros, más bien creo que el amor que sentiamos hacia ella era puro reflejo del que nacía de ella misma hacia nosotros. La abuela Encarna ha sido una de las personas más dulces que yo haya conocido. Nunca la oí quejarse de nada e imagino que en la hora de su muerte, -digo imagino porque yo no estaba entonces en el pueblo, y aunque hubiera estado en el pueblo dados los pocos años que acumulaba sobre mi biografía tampoco me hubieran permitido acceder al dormitorio de la agonizante- mantendría la misma actitud de silencio y mansedumbre que había mantenido en vida, como pidiendo perdón por el espectáculo de su propia muerte. La noticia de su fallecimiento me la dió mamá, en una de sus visitas al Internado en que yo me encontraba por entonces. En las páginas de otro Diario he anotado cómo, cuando apareció mamá por el Internado completamente cubierta de negro, pensé que el que había fallecido era mi padre, suposición que engendró en mí unos sentimientos contrapuestos que por tenerlos ya estudiados en ese Diario del que hablo creo gratuito repetirlo aquí y ahora. Cuando siendo ya adolescente, comencé a frecuentar las lecturas de Pío Baroja, me sorprendió gratamente el parecido físico entre mi abuela y uno de mis autores favoritos. Mentalmente introducía la imagen de mi abuela en la foto de grupo que el escritor, ya anciano, se hacía junto a sus sobrinos y a su hermana, y notaba con no poca satisfacción que mi abuela con su delgadez y la sobriedad de sus gestos, no desentonaba nada en el clan de los Baroja. Claro que también pudo ser un espejismo inducido en mi mente por el origen vasco del apellido paterno de mi abuela: Ortiz.&lt;br /&gt;Mi abuela Encarna era una joven de dieciocho años cuando acompañó a sus padres desde la Villa de Mijas hasta Ceuta. En el año 1917 había tenido lugar la Conferencia de Algeciras: Francia y España se repartían el Protectorado de Marruecos y a partir de entonces el presidio de Ceuta y la zona del Protectorado Español en Marruecos, hasta la frontera del Borj,(a la que un tío mío, que murió hace algunos años en Valencia, fue destinado como Guardia Civil) se convierten en foco de alta inmigración para una gran parte de las familias españolas que cultivaban viñas en la otra orilla del Mediterraneo y a los que la filoxera echó de sus tierras hacia otras geografías más prometedoras, cuando no directamente al cementerio del propio pueblo. Cuando de niño me quedaba a dormir en casa de la abuela, ella me contaba, mientras cenábamos en la pequeña cocina, la travesía que hizo del Estrecho cuando llegaban al Pueblo procedentes de Mijas. La abuela, mirando a la lluvia que golpeaba los cristales de la pequeña buhardilla, decía que cuando ella venía en el barco, llovía todavía más, más..”más que cuando enterraron a Bigote” y luego seguía moliendo los garbanzos tostados para hacer un brebaje que ella, con la mayor naturalidad del mundo y sin temblarle el pulso llamaba café...y la verdad es que no tenía mal sabor. No pocos tazones de ese “café” con generosas raciones de pan tostado untadas de ajo y aceite crudo entraron a formar parte de mi estructura proteínica en aquellos años de mi infancia.&lt;br /&gt;Cuando yo comenzaba a ser testigo del drama familiar, la abuela Encarna y el abuelo José ya dormían separados; la abuela se quedó en la gran cama conyugal que algunas noches de invierno compartía conmigo, y el abuelo José se autoexilió a unos de los dormitorios que dejaron vacantes mis tíos y tías conforme se fueron casando. Cuando la Diabetes comezó a minar de forma alarmante la estructura vital de la abuela y -además de eso- la convivencia en el anciano matrimonio adquiría tintes preocupantes, sus hijos le aconsejaron abandonar la Casona de El Parisiana. El abuelo, hasta su fallecimiento, pasaría el resto de su vejez con nosotros, y a la abuela Encarna se le adjudicó la casa familiar de la tía Isabeline. Ya no se verían más, y, lo que es más doloroso, sus hijos no hicieron nada porque se vieran; esperaron hasta sus respectivos fallecimientos para juntar sus huesos en el mismo nicho. En el momento de tomar estas notas no sé si continúan en su nicho, o el impago de las tasas municipales han llevado sus huesos al osario común, no lo sé. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En invierno, cuando la tormenta de Levante azotaba aquella parte de la ciudad, mamá me enviaba a la Casona de El Parisiana con algunas viandas para la abuela y el expreso mandato de quedarme a dormir con ella; si a algo le tenía verdadero pánico la abuela en este mundo era a las tormentas, que, cerca del mar, donde ella vivía, eran soberbias, bíblicas...Si la tormenta traía nieblas, nos brindaba, además como música de fondo, los tristes lamentos de la Sirena del Faro de la Almadraba que servía para acompañar la soledad de los barcos que en ese momento transitaran por el Estrecho. La abuela, esa noche, encendía más mariposas de las acostumbradas. Cuando siendo ya mayor viajé por Grecia, me acordaré, al ver el interior iluminado de las pequeñas ermitas helénicas, del altar que la abuela tenía constantemente encendido con las fotos de sus muertos al pie de su enorme cama.&lt;br /&gt;La abuela, junto con sus padres y hermanos atravesaron el Estrecho en “El Capitán Parra” una vieja cañonera militar que había peleado en Cuba, y que en ese tiempo transportaba carga y pasaje entre los puertos de Algeciras, Gibraltar y Ceuta. Fue en esa travesía, en la que estuvieron a pique de irse al fondo junto con la cañonera, cuando la abuela Encarna se hizo devota de la Virgen del Carmen. En el fondo de su mesita de noche guardaba, cubierto con un escapulario del Carmen, un ladrillo bendecido para que, cuando estuviera agonizando se lo pusieran en los pies. Cuando mamá, en el Internado me habló de su muerte, le pregunté si le habían puesto aquel ladrillo bendecido en la planta de los pies, pero mamá no sabía de qué ladrillo le estaba yo hablando.&lt;br /&gt;Para combatir a los movimientos armados nacionalistas e independentistas que se levantaron contra Francia y España, estos dos paises destinaron numerosas tropas a esta parte del continente africano. Muchos de estos campesinos que emigraron a Ceuta, entre ellos el padre de mi abuela, Andrés Ortiz, montaron pequeñas cantinas cerca de los acuartelamientos para servirle comidas y vinos a la milicia. Cuando la tropa salía unos días de maniobras, por las kábilas que se hallaban pasado el Barranco de Anghera –lo que ahora es de soberanía marroquí- y estaban cuatro o cinco días fuera de la ciudad, mi bisabuelo se agregaba a la caravana militar a la que abastecía de casi todo en los descansos, desde papel y sellos para escribir hasta hilo color caqui para coser los botones de la guerrera. Mi bisabuelo comía y dormía en su carromato y uno de sus hijos, mi tio abuelo Salvador Ortiz, le llevaba cada día las mercancías que se iban agotando. Este antepasado mío, Salvador Ortiz, moriría en el año 1924, como legionario en la Batalla del Gorgues, cerca de Tetuán. No olvidaré nunca la recitación literal que del parte de Guerra hacía la abuela Encarna, sorbiéndose las lágrimas: “Hospital Militar de Benkarrich. Tetuán. En el día de hoy se emite Certificado de Defunción del Caballero Legionario don Salvador Ortiz Díaz, de la dieciocho bandera del Tercio de Extranjeros desaparecido en combate en la acción del Gorgues del dieciocho de septiembre de mil novecientos veinticuatro”&lt;br /&gt;Yo creo que la muerte del más pequeño de sus hermanos inauguró en l abuela aquella serie de lutos que ya no se acabaría nunca; a partir de entonces los muertos en la familia arreciaron.&lt;br /&gt;La primera vez que mi madre me habló del origen peninsular de su familia fue una tarde que subíamos en taxi por la Puerta del Campo; al pasar cerca del Instituto de Enseñanza Media donde yo escribiría las páginas más lamentables de mi adolescencia, mi madre mirando por la ventanilla del vehículo me señaló una pequeña barraca que había al borde mismo de la carretera; entre la penumbra del interior se destacaba lo que quería ser el mostrador de un bar. “Mira –me dijo- esa cantina era la de mi abuelo, Andrés Ortiz Barranquero, que se vino de los montes de Málaga cuando el gusano se le comió sus viñas”&lt;br /&gt;Con ese aparentemente intrascedente comentario mi madre me abrió las puertas de la curiosidad, y a partir de ese instante no cesaba de acosar a todos los miembros vivos de mi árbol genealógico con preguntas sobre la historia del clan. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3748332947409458286?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3748332947409458286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/memorias_28.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3748332947409458286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3748332947409458286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/memorias_28.html' title='Memorias'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxGfdjW6BrI/AAAAAAAAAEw/QsxSv3eYnHU/s72-c/paseo+del+24-1-09+012.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-1446117234402005171</id><published>2009-11-28T08:14:00.000-08:00</published><updated>2010-01-02T12:56:33.063-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La televitina'/><title type='text'>Descubrimiento de la Televitina</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxFOUuRKKZI/AAAAAAAAAEo/3vPGWhAIimU/s1600/crbst_2007-10-renard_20en_20mer_20tourment_c3_a9e01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409190745373026706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 137px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxFOUuRKKZI/AAAAAAAAAEo/3vPGWhAIimU/s400/crbst_2007-10-renard_20en_20mer_20tourment_c3_a9e01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; En los Laboratorios de Biología Molecular de la Universidad de Princeton (Arizona) y bajo la dirección del eminente Toxicólogo, Profesor Harold Newmann, se ha conseguido, por fin, aislar una molécula de televitina. Bajo este nombre se ocultaría, siempre según la nota de prensa hecha pública por el Departamento de Toxicología de dicha Universidad, se ocultaría un alcaloide sumamente activo, segregado por una hormona del cerebro cuando el individuo se encuentra en presencia de los rayos catódicos emitidos por ese popular electrodoméstico. La televitina (de ahí su nombre) sería la responsable, por ejemplo, de la adicción humana a los medios de comunicación visuales, más concretamente a la televisión, de donde toma el nombre. En exceso, este alcaloide ralentiza el riego sanguíneo del cerebro y, como consecuencia de ello, produce una más que notable disminución -en algunos casos evidente a simple vista- de las actividades intelectivas del individuo, anulando completamente su capacidad de crítica y de autocrítica. El cuadro clínico presentado por el enfermo afectado de intoxicación por televitina se reduce a: Disminución rápida del pulso cardíaco; laxitud de los músculos faciales; abultamiento del labio inferior así como descolgamiento del maxilar correspondiente, todo ello acompañado de una intensa e incontinente secreción salivar; aparicion del síntoma denominado de "visión de vaca" consistente en un aumento desproporcionado del humor vítreo, lo que dificulta notablemente la visión para cualquier otro objeto que se encuentre fuera del campo visual de la televisión, polo de intensa atracción para el enfermo; y, por último, ascenso, en algunas décimas, de la temperatura anal, síntoma, este último, característico de la intoxicación por televitina.&lt;br /&gt;Aunque la intoxicación por televitina, dado lo reciente de su descubrimiento, es, todavía, bastante dificil de curar, el Equipo de Toxicologia de la mencionada Universidad de Princeton recomienda no obstante tratar al enfermo con dosis espaciadas de Libronol en cápsulas, y Lecturicina inyectables, ambos son principios básicos en la anulación de los efectos estupidoadormecentes de la televitina. La Lecturicina, según investigaciones del propio Newmann, es una sustancia que se deposita en las estanterías de las bibliotecas, mostrando mayor pureza a medida que nos acercamos a los libros de Filosofía y, en general, a aquellos relacionados con las Humanidades y las Ciencias del Pensamiento. El Libronol, asi mismo, se ha descubierto en los márgenes de las hojas de los libros, siendo asimilado de forma natural por el impenitente lector que lo toma inconscientemente al mojarse el dedo para pasar las páginas en sus frecuentes lecturas. Los efectos terapéuticos del Libronol para el tratamiento de la intoxicación por televitina se descubrieron al observar que los amantes de la lectura, eran, todos ellos y sin excepción, bastante reacios a los medios de comunicación visuales, mostrando, en todos los casos, una repulsa casi visceral sobre todo hacia la televisión, cuya exposición no soportan arriba de los cinco o diez minutos, todo ello con un libro fuertemente apretado entre sus manos, sin cuyo antídoto no la soportan ni siquiera estando desenchufada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-1446117234402005171?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/1446117234402005171/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/descubrimiento-de-la-televitina.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1446117234402005171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/1446117234402005171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/descubrimiento-de-la-televitina.html' title='Descubrimiento de la Televitina'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxFOUuRKKZI/AAAAAAAAAEo/3vPGWhAIimU/s72-c/crbst_2007-10-renard_20en_20mer_20tourment_c3_a9e01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-5390364733417426833</id><published>2009-11-24T10:00:00.000-08:00</published><updated>2010-03-21T02:34:38.275-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Necrológica de mi hermano Guillermo'/><title type='text'>Los Diarios</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sw1goHH0T8I/AAAAAAAAAEI/ZPtadAkE2Ag/s1600/20091114111639712_0001.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 315px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5408084969764704194" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sw1goHH0T8I/AAAAAAAAAEI/ZPtadAkE2Ag/s400/20091114111639712_0001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sww0krGTIRI/AAAAAAAAAEA/S3vhnRvyqiA/s1600/20091114114324219_0001.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 393px; FLOAT: right; HEIGHT: 372px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407755057214202130" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sww0krGTIRI/AAAAAAAAAEA/S3vhnRvyqiA/s400/20091114114324219_0001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ha fallecido mi hermano Guillermo. Al escribir esta frase, con la que doy comienzo a una nueva entrada de mi blogg me suena toda ella a falso, algo así como si lo que estuviera escribiendo fuese mentira, todo mentira...¿Por qué? Creo que puede ser porque no me he dado a mí mismo la posibilidad de contemplar su cadaver. El pasado domingo por la noche me llamó mi sobrino desde C*** y me dio la noticia. Al final de la conversación me indicó la hora del entierro. Yo le respondí que no iría al entierro. No sé si se habrá molestado. No lo sé. En la foto de la izquierda, (El campo de fútbol de nuestro pueblo natal) él es el que mira hacia el objetivo del fotógrafo. La foto puede ser del año 1949 o 1950. Ese niño que mira a la cámara con un rostro donde todo es pura inocencia crecerá, se hará un hermoso adolescente, fumará sus primeros pitillos, conocerá a su novia...en definitiva, Dios le dará la oportunidad de completar su ciclo vital; verá, junto a su mujer, de crecer a sus hijos y a sus nietos, lo que no es poco....&lt;br /&gt;Y ahora, mientras escribo estas notas, el cemento de su lápida aún estará fresco, o sus cenizas aún no se habrán disuelto del todo en las aguas de nuestro mar, o quizás, algunas briznas todavía se encuentren posadas en alguna flor, o sobre alguna piedra que el sol del día haya calentado...no lo sé. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ha dejado este mundo a la edad de sesenta y ocho años y ya desde muy niño mostraba cierta precocidad para mover su cuerpo con una elegancia de la que carecíamos todos los hermanos. Cuando en mi adolescencia comenzaba a fumar mis primeros pitillos, me gustaba verlo a él golpear el filtro de su flamante cigarrillo rubio sobre el lomo niquelado de su encendedor electrónico o sobre el hemisferio rotundo y brillante de su reloj &lt;i&gt;cauny&lt;/i&gt; de pulsera. Era un amante de las corbatas y con él aprendí a enlazarme el nudo de la mía, -había uno que era el llamado "wilson" que él enlazaba con una habilidad cinematográfica con el pitillo en la comisura de los labios y guiñando un ojo para evitar el humo. En la distancia corta desprendía ese aroma, tan atractivo en el hombre joven, mezcla de tabaco de alta gama y perfume caro, cálido aroma de confort y lujo que yo descubrí por primera vez, o al menos lo reconocí como un signo de buen pedigrí cuando me acompañó una vez al Colegio Interno, y en el autocar que nos llevaba hasta el pueblecito de Chiclana me quedé dormido sobre su brazo acunadas mis narices infantiles por ese aroma del que vengo hablando, aroma que no encontraba en mi padre y que me lo brindó él; él fue para mí, en mi infancia, ese "papá" de lujo con el que uno se podía presentar en cualquier sitio y quedar bien. Entre los muchos recuerdos agradables que tengo de mi infancia ligados a este hermano recuerdo un juguete que él me construía con los carretes de hilo que mamá utilizaba en su vieja &lt;i&gt;sínger.&lt;/i&gt; Los ingredientes con los que fabricaba aquel juguete que a mí me entusiasmaba tanto eran, además del carrete de madera, un pedacito de lápiz, un trocito de goma elástica y una rodaja de vela de cera a la que le había sacado previamente la mecha. Con estos rudimentos tan simples, montados siguiendo el cánon que dictaba la receta aquella ruedecita adquiría movimiento de una forma para mí mágica, pues a tan corta edad yo ignoraba los principios más elementales de la Mecánica y mi mente no asociaba el avance de la máquina con la energía acumulada en la goma retorcida sobre sí misma aplaudiendo como un descosido cuando la veía escalar lenta pero inexorablemente todas las arrugas de la cama o los pequeños objetos que mi hermano iba colocando debajo de la voraz ruedecilla dentada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El primer viaje "a la península" -como decimos los caballas de pro- lo hice con este hermano: la familia acababa de adquirir uno de los flamantes "volkswagen" modelo escarabajo que la firma local Benet importaba de Alemania, el nuestro era de color crema y nada más sacarlo del consignatario se le asignó una mascota, se trataba de uno de aquellos perritos de peluche con la cabeza pendular y unos ojitos grandes y curiosones que desde el cofre trasero, asomado a la ventana saludaba a los viandantes con aquel movimiento de cabeza que los sucesios baches de la desidia municipal convertían en un discurso sin fin......El objetivo del viaje era llegar hasta Orense para asistir al bautismo de un tierno primo que la cigüeña acababa de dejarnos en aquella esquina de España (aún se decía España). Mi hermano Guillermo estrenaba carnet de conducir y con sus dieciocho primaveras muy bien llevadas iba acometer la proeza de atravesar todo el mapa en un vehículo que en la modesta economía del pais era considerado como "de lujo". Después de árduas negociaciones con mamá conseguí que ella desistiera del lugar de preferencia y me dejara a mí el puesto de copiloto, con la propina añadida de que podría ir manipulando a placer el estupendo aparato de radio marca &lt;em&gt;Blauckpunt&lt;/em&gt; todo un derroche de la industria alemana de la electrotecnia....&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todavía, ahora, cuando circulo con mi autocaravana por la llamada Ruta de la Plata, encuentro trozos de la antigua carretera que nosotros rodamos en aquella romántica excursión en la que el paisaje que se veía a través del parabrisas se ofrecía desierto de vehiculos, edificaciones y señales de tráfico. Los puentes (de piedra y factura casi romana) había que atravesarlos por turnos dada su estrechez..claro que era tan escasa la afluencia de vehiculos que no representaba ninguna dificultad seria. En Aldea de Elcano me dio una trompada un asno al que interrumpí en su almuerzo; en una fonda de Salamanca, me oriné, con los nervios, en la cama, y en la Fuente de las Burgas de Orense me escaldé un dedo con sus aguas.....Y a mi primo, "lo sacó mamá de pila" con la gracia de Jose Luis.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después hice más viajes con la familia pero este fue el primero que hice en compañía de mi hermano Guillermo, que acaba de fallecer. La primera y más intensa sensación que me ha invadido al enterarme de su muerte ha sido la de la soledad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Descansa en paz, hermano.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-5390364733417426833?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/5390364733417426833/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/memorias.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5390364733417426833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/5390364733417426833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/memorias.html' title='Los Diarios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sw1goHH0T8I/AAAAAAAAAEI/ZPtadAkE2Ag/s72-c/20091114111639712_0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-4780031433139786742</id><published>2009-11-22T00:55:00.000-08:00</published><updated>2010-01-02T13:02:27.675-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='carta abierta a la hija de....'/><title type='text'>Carta abierta a la hija de Jean Valjean</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz-0WCA04sI/AAAAAAAAAIs/1J135ZkbJEE/s1600-h/agasse4.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422250766967825090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 336px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz-0WCA04sI/AAAAAAAAAIs/1J135ZkbJEE/s400/agasse4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sw1kgTqIawI/AAAAAAAAAEQ/AF2qRKjhpeI/s1600/200px-Jan_van_de_Cappelle_001.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Querida hija:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Hace ya tanto tiempo que no te veo que ni tan siquiera puedo imaginarme el aspecto que tendrás ahora. La última foto que tengo de tí es la que Conchi nos hizo a los dos, juntos, en el camping de Colonia o de Coblenza, ya no lo recuerdo bien. Y me pregunto muy a menudo si alguna vez l&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;eerás estas cartas que yo lanzo al océano electrónico de internet, si alguna de ellas llegará hasta tus orillas, si abrirás estos mensajes en los que voy embotellando mis angustias y mis esperanzas con respecto a mis relaciones contigo con la ilusión de que algún día, (con mis cenizas reposando ya sin duda en el fondo de esta pequeña y tranquila bahía junto a la que vivo) podamos charlar tranquilamente sin que discutamos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;No creas....muchas veces he tenido la tentación de tomar el teléfono y llamarte pero al final siempre me he arrepentido de mi impulso y es que....volvemos a mi manía de siempre....¿tú me necesitas? Yo creo que si, yo creo que siempre hay que tener cerca al padre o a la madre pero lo que yo piense al respecto importa poco en este caso, lo que realmente me interesa saber es si en tí existe esa necesidad, y creo que no, o que tu madre...¡Dejemos a tu madre...! Estoy completamente seguro de que si los dos (tu madre y yo) hubiésemos coincidido en cómo había que educarte tú yo no estaríamos separados. Si mi actitud contigo hubiera sido la misma que tu madre ha seguido observando contigo todos estos años, yo tendría ahora el consuelo y la compañía de una hija a la que nunca he dejado de querer. Pero justamente ahí radica todo nuestro problema (suponiendo que el adjetivo de &lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;nuestro&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;nuestro&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; tenga sentido en el caso presente) precisamente en que has tenido una madre completamente permisiva, la llamada &lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;madre amiga&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;madre&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;y un padre que siempre ha estado muy lejos de querer ser el "amigo" de sus hijos. &lt;/span&gt;&lt;/madre&gt;&lt;/nuestro&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Ma cherie, n&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;o sé ahora mismo, ni puedo saberlo, cual será el estado en que te encuentres cuando leas esta carta pero puedo asegurarte que el &lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;padre amigo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;padre&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;ha hecho muchísimo daño en la educación de nuestros hijos; ¡no creas...! el Gobierno también ha colaborado lo suyo. Te lo dice un profesor jubilado.&lt;/span&gt;&lt;/padre&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;¿Sabes una cosa? Si tu madre hubiese manejado, con respecto a tu educación, la misma escala de valores que yo pretendí utilizar, tú, además de no haber perdido a tu padre, estarías ahora ya trabajando e independizada de tu madre. Edad para ello tienes más que suficiente, veintisiete años, ¡que se dice pronto! ¿Por qué me atrevo a asegurarlo? Porque habrías madurado. Tu madre, ma cherie, entérate bien de una vez para siempre, ha impedido, con su exceso de sobreprotección y permisividad, ha impedido que tú madurases y al mismo tiempo ha conseguido que tú veas en tu padre a un enemigo y no a la única persona, después (o junto a) de tu madre a la que verdaderamente le importa lo que a tí te pueda suceder en esta vida porque de lo que te suceda en el Más Allá no me puedo hacer responsable como tú comprenderás.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Hace algo más de una hora que he hablado por teléfono con tu tía y me ha confirmado las malas noticias que desde hace algún tiempo estoy esperando que me vengan dese Ceuta, mi pueblo natal: tu tío Guillermo se está muriendo: el cancer de pulmón que le fue detectado este pasado verano está derrumbando ya los últimos bastiones de su vitalidad; algunos días más y la plaza será rendida sin remedio. Con su fallecimiento que, como te digo, está para ocurrir de un momento a otro, solo quedaremos de la familia, tu tía Mariló y yo, el resto se ha ido marchando poco a poco. La lista comenzó con mi hermano Pepe que se "fue" con apenas diez años. La semana pasada bajé al pueblo para escanear algunas fotos antiguas de la familia y entre ellas había una en la que se ven el abuelo y mis dos hermanos mayores, Paco y Guillermo sentados en las gradas del Campo de Futbol Alfonso Murube de Ceuta. Al tío Guillermo, que en esa foto apenas contará nueve o diez años, está mirando a la cámara. ¿Sabes? de todos mis hermanos era -(¿es?)- el que más parecido guardaba con Pepe, el que falleció en el 57 con diez años.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;En el momento en que retomo este diálogo contigo, ma cherie, tu tío Guillermo ya ha fallecido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;¿Qué te podría decir para acercarte a un miembro de mi familia con el que no has tenido contacto alguno? No se me ocurre qué...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Posiblemente conmigo te va a suceder otro tanto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-4780031433139786742?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/4780031433139786742/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/epistolario.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4780031433139786742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/4780031433139786742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/epistolario.html' title='Carta abierta a la hija de Jean Valjean'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Sz-0WCA04sI/AAAAAAAAAIs/1J135ZkbJEE/s72-c/agasse4.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-3923785353291070525</id><published>2009-11-19T09:10:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T08:58:43.294-08:00</updated><title type='text'>Los Diarios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me ha costado dos días de teclear duro en el ordenador para poder acceder al escritorio de mi blogg. Desde enero de este año hasta el momento en que tomo estas notas no me había asomado a sus páginas y había olvidado ya los datos personales y secretos para acceder a la trastienda de esta ventana de la literatura.&lt;br /&gt;Estoy leyendo estos días DIARIO DE SPANDAU de Albert Speer que fue el arquitecto oficial del regimen nazi. Me llevaron a este libro la lectura de otro suyo anterior MEMORIAS.&lt;br /&gt;En DIARIO de....Speer nos va contando dia a dia las actividades, las lecturas y las charlas que mantiene con sus compañeros de presidio dia a dia a lo largo de veinte años que son a los que lo condenó el Tribunal de Nuremberg porque pudo demostrar que, además de no haber tenido responsabilidad directa alguna en el exterminio de los judíos, emprendió con notable éxito la salvaguarda de toda la infraestructura de Alemania cuando ya los aliados atravesaban el Ruhr. Con grave riesgo de su vida fue dando contraórdenes para que no se llevaran cabo los planes de "tierra quemada" que el dictador tenía preparada para su propio pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las páginas más duras de este libro son aquellas en las que describe las emociones que siente ante la visita de su esposa, que se produce una vez al año, y también aquellas en las que trata de seguir el crecimiento y la maduración de sus hijos a los que dejó siendo éstos muy pequeños.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-3923785353291070525?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/3923785353291070525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/me-ha-costado-dos-dias-de-teclear-duro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3923785353291070525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/3923785353291070525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/11/me-ha-costado-dos-dias-de-teclear-duro.html' title='Los Diarios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-9156553131955907987</id><published>2009-04-14T09:53:00.000-07:00</published><updated>2009-11-29T01:53:03.903-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cementerio de Salobreña'/><title type='text'>Cementerios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El Cementerio de la pequeña villa de Salobreña se levanta sobre un promontorio desde el que se divisia, a los pies, el caserío con el castillo en el centro. Por encima del castillo se recorta el fondo azul del Mediterráneo. La construcción data del año 1898 y en la misma placa en la que figura la fecha de inauguración constan los nombres del alcalde de la ciudad cuando tuvo lugar su levantamiento así como el del ingeniero que lo diseñó y el del cura párrico que por aquel año vigilaba el buen estado de las almas de los lugareños.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;He llegado a sus puertas sobre las doce del mediodía y he aparcado el Mistral bajo la sombra de un enorme pinar que hace guardia ante la cancela de este reposorio de muertos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cerca de la puerta de entrada corre una acequia de agua fresca; no se ve de donde viene y se pierde en dirección al caserío adonde acude a regar sin duda los pequeños huertos que festonean la villa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;He preguntado a una pareja joven si el agua es fiable para beber y me dicen que no, aunque no saben especificarme cual puede ser el impedimento químico o biológico que se opone entre el agua y mi estado de salud. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de comer una lata de judías acompañada por un par de copas de vino tinto de Chinchón continuo el camino hacia Granada por la carretera de la costa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la capital del reino nazarí el azar me lleva a aparcar junto al Instituto de Parasitología y Biomedicina Lopez Neyre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muy cerca discurre una autovía cuyo destino se me escapa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La tarde se está encapotando; unos nubarrones grises han llenado todo el azul que me brindaba la ciudad cuando llegué hace tres o cuatro horas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Anochece cuando entro en el aparcamiento de mi urbanización en Rincón de la Victoria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El viaje ha terminado. Ahora un tiempo de descanso en casa, entre mis libros que ya los echaba de menos. Vale.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-9156553131955907987?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/9156553131955907987/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/04/cementerios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/9156553131955907987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/9156553131955907987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/04/cementerios.html' title='Cementerios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-7386952784557745277</id><published>2009-03-02T09:43:00.000-08:00</published><updated>2009-11-28T12:06:00.878-08:00</updated><title type='text'>Los Diarios</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El Faro, 2 de Marzo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Este año está siendo generoso en lluvias. El cesped del jardin encerrado entre las casas que forman esta fase de nuestra urbanización ha crecido tanto que se ha convertido en un prado o dehesa que haría las delicias de cualquier población rumiante que metieramos en ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;La barca ha perdido la hermosa peluca de flores que tenía y ahora nos muestra su calva de tierra negra donde están comenzando a echar raices las hierbas salvajes cuyas semillas nos trae el viento por encima de los tejados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Los ecologistas del pueblo andan algo despistados con el índice pluviométrico que está asomando este año por las estadisticas municipales. Según ellos, la Naturaleza, como si de un Dios católico y "prevaticano segundo" se tratara nos iba a castigar con la sequía más pertinaz, y ¡claro! estas constantes lluvias les tira por tierra todas sus teorías de catastrofistas agnósticos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Esta mañana me he llegado hasta la Biblioteca municipal donde he encontrado la película que protagonizaron James Stewart y Doris Day a comienzos de los sesenta, me refiero a "El hombre que sabía demasiado" Es un film que me quedó grabado cuando siendo niño fui a verlo con mis padres a la última sesión del Cine Astoria. De la película apenas si recuerdo ninguna escena. Solo recuerdo el argumento: el hijo de un matrimonio americano de turismo en la ciudad de Tanger y que es secuestrado. El motivo de que me quedara grabada en el recuerdo para siempre no fue otro sino que se trataba de la primera pelicula "de mayores" a la que acudí en compañía de mis padres. Ese gesto de invitarme a ir con ellos a la última sesión del cine de nuestro barrio me llenó de orgullo.Ya me consideraban una persona con la suficiente capacidad intelectual como para ver una pelicula "de mayores". Y debió de ser así porque mi hermana, que entonces contaba solo siete u ocho años se quedó en casa acompañada por el mayor de mis hermanos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/925681310210625233-7386952784557745277?l=cuadernosdelfaro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/feeds/7386952784557745277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/03/los-diarios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7386952784557745277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/925681310210625233/posts/default/7386952784557745277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdelfaro.blogspot.com/2009/03/los-diarios.html' title='Los Diarios'/><author><name>Roger de Beaumont</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04716759333133972258</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/SxKNBGK_14I/AAAAAAAAAE8/2Klbqdj62Ks/S220/monet.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-925681310210625233.post-81631225306963535</id><published>2009-02-23T20:43:00.000-08:00</published><updated>2009-12-25T03:59:01.569-08:00</updated><title type='text'>Se presenta el autor de este blog</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Swj70BsN3RI/AAAAAAAAADg/R8jHdmmWlQ8/s1600/paseo+del+24-1-09+053.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5406848223883943186" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YaVRGS-QDFU/Swj70BsN3RI/AAAAAAAAADg/R8jHdmmWlQ8/s400/paseo+del+24-1-09+053.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aunque la foto nos lleve a ensar que estamos en presencia de uno de aquellos voluntarios que en el 36 vinieron desde otras tierras a luchar al lado de los republicanos españoles y que aprendieron, todos, a beber "rioja" subidos en un tanque ruso, creanme, no es el caso. Tampoco estamos delante de ese escritor republicano que espués de un largo exilio bebiendo mate o tequila viene a morir a la vieja patria, con su perilla a lo "jotasender" y las manos cruzadas detrás como un catedrático de Instituto liberal, de aquellos de la Fundación Fernando de los Ríos. No. No, señor. Lo que tenemos en el disparadero de la cánon digital es un animal mucho más pacífico y un personaje bastante más prosáico, a saber: un maestro de escuela jubilado que toma el sol de la mañana en el Paseo del Parque de la bella ciudad de Málaga y que se asoma a las balconadas de este blog bajo el seudónimo de Jean Valjean.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cualquier avispado lector se dará cuenta enseguida de que el dicho seudónimo, nuestro amigo lo ha tomado prestado del protagonista de LOS MISERABLES la famosa novela de Victor Hugo, una de las lecturas que frecuentara en su accidentada adolescencia, si bien nos vemos obligados a añadir que como amante de la música que es, parece ser que la eufonía del nombre también lo atrajo fuertemente: "Llanbalyán", "Llanbalyán" se repetía una y otra vez mientras deambulaba por la cocina de su pequeño apartamento preparándose el condumio cotidiano... ¡Ah! y se nos olvidaba lo más importante: El pesimismo, en la más negra de sus versiones (que es la que viene trufada del escepticismo más consistente) es una de las más destacables características de este hermoso ejemplar de vertebrado que se nos muestra en la foto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aunque nunca nos lo ha confesado (pues su pudor casi raya el misticismo) parece ser que nuestro escritor sueña con la remota posibilidad de que algún día, uno de esos animalitos de los que se alimentan los escritores, o sea los lectores, alguno de ellos, pose su mirada entre ingenua y curiosona en lás páginas electrónicas de este periódico del que él es, a un tiempo, el director, el único redactor, el becario y hasta el chico de los recados, como aquellos que en tiempos del periodista Gonzalez-Ruano le llevaban a éste, que escribía sus articulos en el Café de Gijón, el correspondiente cheque, pago del cotidiano y sagrado articulo. Claro que también es consciente de que una cosa es el sueño y otra bien diferente la realidad, porque la verdad es que los lectores tienen tantos prados donde poder posarse que nuestro querido Valjean -¡bien lo sabe él!- tiene unas posibilidades remotas, por no decir remotísimas.....&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-foot
